Veinte años después de su cierre, la reapertura de la frontera entre Argelia y Marruecos parece todavía muy lejana, pese al perjuicio que está causando a ambos países.

En agosto de 1994, Argelia decidió cerrar la frontera de unos 1.500 kilómetros entre ambos países, después de que Marruecos acusara a los servicios de inteligencia argelinos de ser responsables de un atentado en Marrakech, en el que murieron dos turistas españoles.

Argelia considera que Marruecos tiene que pedirle "disculpas" por haberla acusado erróneamente. Además, quiere disociar de las relaciones bilaterales el tema del Sáhara Occidental, una excolonia española que Marruecos anexó y que reivindican los independentistas del Frente Polisario, con el apoyo de Argel.

Rabat recalca que no es responsable del cierre de la frontera y critica la "mala voluntad" de su vecino, al que acusa de querer contrarrestar la influencia regional del reino, cueste lo que cueste.

En este contexto, ambos países, que totalizan 70 millones de habitantes entre los dos, se echan mutuamente la culpa de la situación actual.

"No somos responsables del cierre de la frontera y no haremos nada que pueda contribuir a exacerbar la tensión", aseguró a la AFP un diplomático argelino de alto rango.

A fines de julio, el rey Mohamed VI lamentó esta situación "extraña" que considera insoportable para el "ciudadano magrebí".

- Cannabis contra sustancias psicotrópicas -

Además de los desacuerdos sobre el Sáhara, la última controversia entre ambas partes fue motivada por el tráfico de droga, tras incautarse las autoridades argelinas de cannabis marroquí y las de Marruecos de sustancias psicotrópicas provenientes de Argelia.

"La necesidad de tener un Magreb integrado es más fuerte que nunca. El comportamiento de Argel y Rabat es totalmente anacrónico", fustigó Khadija Mohsen-Finan, del Instituto francés de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Iris), citando los "problemas socioeconómicos y de inseguridad", en particular las repercusiones del conflicto en Libia y el riesgo de "circulación de armas".

En efecto, la frontera entre Argelia y Marruecos está cerrada oficialmente, pero sigue habiendo tráficos de todo tipo, propiciados por la falta de cooperación entre ambos países.

"No nos hablamos", confirma una fuente ministerial marroquí. "Cuando nos encontramos en las reuniones, hacemos declaraciones grandilocuentes (...), pero 48 horas después ya nos hemos olvidado", agrega.

El año pasado, Argelia, un país productor de petróleo, reforzó unilateralmente las patrullas y cavó zanjas en la frontera para evitar el tráfico de combustible, lo cual tuvo un fuerte impacto en la región de Uchda, donde muchos habitantes viven del comercio transfronterizo.

El mes pasado, Marruecos anunció la construcción, en parte de la frontera, de un "alambrado" con "captores electrónicos", con el fin de "protegerse de las amenazas terroristas".

En pleno verano, se están llevando cabo obras entre Saida, en la costa mediterránea, y Uchda (este de Marruecos), constató la AFP.

Más hacia el sur, al anochecer, algunos vehículos y burros cargados con bidones vacíos siguen transitando por pistas hacia Argelia, pero son mucho menos numerosos que hace un año.

"Cuanto más suben los precios, menos clientes tenemos", lamenta Redouane, un revendedor de gasolina de 24 años.

Actualmente, la diferencia de precio con respecto a las gasolineras sería sólo de unos centavos.

El año pasado, diversos estudios estimaron que el comercio entre los cinco países de la Unión del Magreb Árabe (UMA), creada en 1989, representan 3% de sus intercambios globales, por lo cual se trata de la región menos integrada del mundo.

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