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Lucha antiblanqueo


La transparencia del mercado suizo del arte deja que desear


Por Isabelle Eichenberger


En muchas subastas, como esta de Christie's en Zúrich, ni siquiera se conoce la identidad de los compradores, que prefieren pujar por teléfono. (Reuters)

En muchas subastas, como esta de Christie's en Zúrich, ni siquiera se conoce la identidad de los compradores, que prefieren pujar por teléfono.

(Reuters)

Mientras aumenta el control de los flujos financieros, el arte sigue siendo un mercado opaco y permisivo con prácticas dudosas, como los pagos en efectivo. Esto coadyuva a que los precios se disparen. Algunos expertos suizos deploran que el comercio de arte no esté obligado a respetar las leyes contra el lavado de dinero.

“Manipulaciones, conflictos de interés, opacidad: todo esto se observa en el mercado del arte donde los pagos en efectivo son comunes. Me recuerda el secreto bancario de hace 30 años. Y aunque todo el mundo lo sabe, nadie quiere asumirlo a cabalidad”, dice categórica Monika Roth, abogada y profesora del Instituto de Servicios Financieros (IFZ), con sede en Zug.

Debido a una regulación cada vez más severa, los mercados financieros buscan otras opciones de inversión, especialmente desde la crisis de 2008. “El arte es especialmente atractivo porque no hay transparencia a la hora de fijar precios, y con frecuencia ni siquiera se conoce al vendedor o al comprador”, añade Roth, autora del libro ‘Wir betreten den Kunstmarkt’ (Entramos en el mercado del arte).

Suiza, una plaza discreta

Suiza es el sexto mercado más importante para las subastas, según el sitio especializado Artprice. ArtBasel es la principal feria mundial de arte contemporáneo. Históricamente, el país alpino atrae a los coleccionistas extranjeros por su estabilidad política, financiera y bancaria, así como por la calidad de sus infraestructuras y sus ventajas fiscales. Pero, debido a la tradicional discreción de su gente, no se encuentra en la edición 2014 de la Larry’s List, clasificación de los 10 países con más coleccionistas.

Lo cierto es que los precios viven un proceso de escalada. En mayo, la venta de obras de arte rompió varias referencias históricas. Por ejemplo, se vendió un Picasso en Nueva York por 167,6 millones de francos suizos y una escultura del suizo Alberto Giacometti por 132 millones.

En febrero se batió otro récord: La Fundación Rudolf Staechelin vendió ‘Nafea’, de Gaugin –una de las principales piezas exhibidas en el Kunstmuseum de Basilea– por 300 millones de francos. ¿Quién fue su comprador? Un coleccionista de Catar.

El mercado de la compraventa de obras de arte alcanzó 51 000 millones de francos suizos en 2014, según el TEFAF Art Market Maastricht, y el “52% fueron transacciones manejadas a través de ventas privadas de galerías, operaciones encabezadas por corredores de arte y en ferias”.

Ventas no muy “públicas”

En 2014, las subastas alcanzaron 15 200 millones de dólares, lo que representa un crecimiento del 26% con respecto al año previo, según el Reporte del Arte Mundial 2014 publicado por Artprice. Y durante la última década, la venta de obras de arte ha aumentado un 300%. “Actualmente, el mercado es más maduro y más líquido, y es capaz de ofrecer rendimientos anuales de entre 10 y 15% en obras cuyo valor supera los 100 000 dólares”, afirma su fundador y presidente, Thierry Ehrmann.

Sin embargo, Monika Roth lamenta que aunque los precios figuren sobre los catálogos, en el terreno práctico “las ventas no sean demasiado públicas. Con frecuencia ni siquiera conocemos quién es el vendedor ni el precio de venta. Y en las subastas siempre hay especuladores que presionan los precios al alza para garantizar el valor de sus inversiones», dice.

Multinacionales presentes en Suiza, como Christie’s o Sotheby’s (las acciones de esta cotizan en bolsa) afirman que aplican los controles necesarios para evitar acciones opacas, pero no entran en detalles. Salta a la vista que es solo la punta del iceberg de un negocio que también organiza ventas privadas para encarecer las obras.

Conflictos de interés

Irracional rima con emocional... Con frecuencia, los precios no corresponden al valor real de las obras. Para Anne-Laure Bandle, jurista y directora de la Fundación para el Derecho del Arte de Ginebra, la principal causa de la explosión de precios en el arte es el repunte que están experimentando las fortunas en todo el mundo. “Esto lleva a la gente a comprar más obras y a interesarse en ellas a partir de un cierto monto. Compran por gusto, pero también porque quieren explorar nuevos tipos de inversión”.

Pero es un mercado donde frecuentemente existen conflictos de interés. En marzo, Yves Bouvier, quien ofrece servicios de transporte y almacenaje de arte en los Puertos Libres de Ginebra (donde ocupa 20 000 de los 140.000 m2 existentes), fue acusado de fraude por el coleccionista ruso Dmitri Rybolovlev.

El caso Bouvier

Nacido en 1963, Yves Bouvier relevó a su padre hace 18 años al frente de la empresa Natural Le Coultre de Ginebra.

La firma, especializada en el transporte y el almacenaje de obras de arte, pasó de ocupar 400 m2 en los Puertos Francos de Ginebra a disponer de 20 000 m2 para sus operaciones. Su sistema ha sido tan exitoso que ya se ha exportado a las aduanas de Singapur, Luxemburgo y operará en breve en Shanghái y Pekín.

Natural Le Coultre tiene acceso constante a información privilegiada, por lo que funge también como intermediario, comerciante y organizador de ferias y exposiciones de arte.

Bouvier ha sido el principal promotor de un proyecto con valor de 150 millones de euros para establecer un gran centro de arte en la llamada isla de Seguin, una superficie de 11 hectáreas que antes ocupaban las fábricas parisinas de Renault.

En 2003 se reunió por primera vez en Ginebra con el millonario ruso Dmitri Rybolovlev, quien tenía interés en constituir una colección de arte. Bouvier le vendió 37 obras (de Rothko, Picasso y Modigliani, entre otros) por poco más de 2 000 millones de francos.

En febrero pasado, Bouvier fue detenido en Mónaco después de que Rybolobvlev le denunciara por “estafa y complicidad en actos de lavado de dinero”. 

Los Puertos Francos de Ginebra, fundados en 1854, fueron diseñados para almacenar mercancías en tránsito. Sin embargo, actualmente el 40% de los bienes que albergan son piezas de arte (que pasan casi todo el tiempo ahí).

Andrea Raschèr, especialista en Derecho del Arte y antiguo responsable de Asuntos Internacionales en la Oficina Federal de Cultura, asegura que una gran cantidad de objetos culturales comerciados dentro de los Puertos Francos jamás salen físicamente de este espacio, solo se negocian sus títulos de propiedad. “Incluso existen salas de exposición. Son estructuras paralelas que nada tienen que ver con el objetivo legal que dio origen a estos puertos francos, que se pensaron como un lugar para mercancías en tránsito y no como un sitio para almacenar objetos durante décadas”, afirma.

“Cada vez hay más transacciones en efectivo porque la gente está retirando su dinero de los bancos para invertirlo en los puertos francos”, añade. Un asunto que resulta especialmente delicado considerando que el cantón de Ginebra tiene el 86% de las acciones de estos depósitos.

Aumentar los controles aduaneros

En su Informe 2014, el Control Federal de Finanzas, órgano supremo de supervisión financiera de la Confederación Helvética, señala que estas “zonas aduaneras de excepción están en pleno florecimiento y hoy constituyen un negocio equivalente a 100.000 millones de francos”. De hecho, anticipa que aumentarán los controles aduaneros destinados a resolver “los espinosos casos de empresas activas en el negocio del almacenamiento de obras de arte y de metales preciosos, que en algunos casos están contraviniendo la ley”.

El Gobierno no ha definido cómo aplicará la nueva Ley de Aduanas que entrará en vigor en 2017. “Hace más de un año que recibió un reporte sobre los puertos francos y aún no dice nada al respecto. Es necesario que el reglamento delimite claramente la duración del depósito de mercancías”, insiste Monika Roth. “Suiza también debe someter a los principales actores del comercio del arte a la Ley contra el Lavado de Dinero”.

Aun así, el caso Bouvier ha conseguido que las autoridades ginebrinas actúen. La semana pasada, durante la asamblea general de los Puertos Francos anunciaron el nombramiento de un nuevo presidente, la obligación de que los accionistas se den a conocer y el reforzamiento de los controles en el mercado del arte.

Lucha antiblanqueo

Desde 1989, año en el que se creó el Grupo de Acción Financiera (Gafi), Berna ha adaptó su legislación a las recomendaciones emitidas por este órgano intergubernamental. Según lo previsto, a partir de enero del 2016, la nueva Ley de Lavado de Dinero incluirá delitos fiscales. O dicho de otra forma, Suiza pondrá fin a  la distinción que había entre el fraude fiscal (que siempre ha sido considerado delito) y la evasión (que era catalogada como una falta menor).

“Estamos ante un cambio total de paradigma”, afirma Stiliano Ordolli, jefe de la Oficina de Comunicación en Materia de Lavado de Dinero (MROS).

Pero la pregunta que surge es… ¿Se aplicará ley contra el blanqueo de dinero al comercio de obras culturales? “La reforma no cambia el estatuto que rige el mercado del arte, pero fija a los comerciantes un límite de 100 000 francos suizos para los pagos en efectivo”, responde Ordolli.

Esto significa que cualquier transacción que rebase esta cifra deberá pagarse con tarjeta de crédito, o el comercio tendrá que realizar las gestiones de debida diligencia correspondientes. En este caso, el comerciante debe decidir si rechaza el pago, o si lo acepta, pero pidiendo a su cliente que le responda una serie de preguntas que aclaren el origen lícito de los fondos.

Con el tope de 100 000 francos para los pagos en efectivo, Suiza se ubica muy por encima de las restricciones que impone la Unión Europea (7 500 euros) y Estados Unidos (10 000 dólares) para la compraventa de obras de arte.

“Está muy bien, pero no es suficiente porque existe un problema de falta de control. Se requiere una verdadera regulación para el mercado del arte, aunque solo sea para proteger a los profesionales que sí son honestos. Los grandes actores de este sector, como la feria ArtBasel, deberían pensar en esto, pues cuando el secreto bancario desaparezca totalmente, la atención se dirigirá hacia el arte, y eso va a doler”.

Museos y mercado

Los museos públicos se ven penalizados por el incremento de los precios que no pueden pagar. Tienen dos opciones: vender sus ‘joyas’ para seguir comprando arte contemporáneo o seguir el ejemplo de Estados Unidos, es decir, llegar a acuerdos con coleccionistas privados –a cambio de incentivos fiscales autorizados por el gobierno– para exponer sus obras.

El Kunstmusum de Basilea, que posee la principal colección de Suiza gracias a los mecenas locales, es uno ejemplo. Con el argumento de que su acuerdo ya había concluido, la Fundación Rudolf Staechelin, que le prestaba 18 obras de primer nivel desde hace décadas, informó al museo que recuperaría la icónica ‘Nafea’ de Gaugin para venderla por 300 millones de dólares, suma que la convirtió en la obra más cara del mundo.


Traducción del francés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch

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