Política local en Suiza: la asamblea municipal

¡Alzo la mano por mi municipio!




“La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Abraham Lincoln, 16º presidente de EE.UU.



Suiza se organiza políticamente de abajo hacia arriba, como una pirámide. La asamblea municipal está en la base de la democracia suiza y es el punto de origen de leyes locales, reglas y valores de los pueblos y municipios suizos.

Muchos suizos y suizas levantan sus manos por primera vez en estas asambleas, aprobando o rechazando propuestas. En ellas los vecinos se reúnen y negocian, sentando así las bases de su convivencia.

“Ciudadanos que pueden definir y cambiar sus comunidades por sí mismos: he ahí una excelente idea republicana”, señala el politólogo suizo Claude Longchamp. En la asamblea municipal la gente puede poner en práctica esa idea. La asamblea es soberana, decide autónomamente y, al mismo tiempo, ejerce el poder legislativo.

Unos periodistas de swissinfo.ch hemos visitado cinco pueblos y hemos hablado con las personas que participan en las asambleas. Mostramos a continuación los temas y desafíos a los que se enfrentan.

¿Un instrumento pasado de moda?

La asamblea municipal es una particularidad de la democracia suiza. En ningún otro país de Europa la autonomía de los municipios es mayor que en Suiza.

Entonces, ¿todo perfecto? No. Aunque la asamblea municipal sigue gozando de un alto prestigio entre la ciudadanía, hoy sin embargo se encuentra en crisis. En las últimas tres décadas los ciudadanos han ido alejándose de ella.

Y no se vislumbra el final de este declive. En los últimos 30 años, y como consecuencia de las fusiones, han desaparecido 800 municipios. Hay asambleas a las que asiste menos del uno por ciento de los votantes. En estos reportajes nos hemos centrado también en aquellas personas que no participan y que, por eso mismo, forman parte de la gran mayoría.

Renat Kuenzi


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Gipf-Oberfrick

¿Obtendrá Sangeetha el pasaporte suizo?




“Mis compañeros de trabajo cruzan los dedos por mí y me han dicho que no tengo por qué preocuparme”

Sangeetha Baskaran poco antes de la asamble decisiva

La atractiva joven destaca en el municipio rural del cantón de Argovia. Piel morena, pelo negro, dientes blancos y resplandecientes. Sangeetha Baskaran nació en Sri Lanka y a los cuatro años huyó con sus padres de la guerra civil. Dos años después la familia recibió permiso de asilo en Suiza, y se asentaron en una localidad rural de uno de los cantones más conservadores de Suiza: Argovia.

Ahora está casada, tiene dos hijos y trabaja como asesora de clientes privados en el banco Raiffeisen. Habla perfectamente suizo alemán, tiene escasa relación con Sri Lanka y ve el futuro de su familia en Suiza, donde actualmente está construyendo una casa con su esposo.

Por eso quiere ahora obtener la nacionalidad. Pero en Suiza eso no es tan fácil. Su esposo no puede aún solicitarla, porque lleva poco tiempo en el país. La propia Baskaran cumplió los requisitos no hace mucho, ya que durante su periodo escolar y formativo no llegó a pasar tres años seguidos en el mismo municipio.

Después de rellenar numerosos formularios, presentar documentación, rascarse la memoria para recordar los nombres de sus antiguos maestros y aprobar un examen estatal escrito, finalmente llegó el momento. La asamblea municipal de Gipf-Oberfrick ha dado por fin luz verde al proceso de naturalización de Baskaran y sus dos hijos.

Con abucheos

Unas horas antes del inicio, Sangeetha se encuentra visiblemente nerviosa. “Mis compañeros de trabajo cruzan los dedos por mí y me han dicho que no tengo por qué preocuparme”, afirma.

Pero es más fácil decirlo que hacerlo. El municipio de Gift-Oberfrick cuenta con alguna historia preocupante: en 2016 la asamblea denegó el pasaporte suizo a la holandesa Nancy Holten, una persona realmente bien integrada en la comunidad. Entonces se produjeron incluso abucheos. La activista por los derechos de los animales era considerada demasiado radical para el municipio y fue incluso humillada e insultada.

¿Miedo? No, a Baskaran no le gusta compararse con la activista holandesa. “Holten es una excepción”, dice. “Gipf-Oberfrick no es un municipio estricto, la tasa de naturalización es alta”. No obstante, ha dejado a los niños en casa.

Un triunfo en la manga

Baskaran considera una ventaja que sean los vecinos y no las autoridades los que decidan sobre su naturalización. “La gente me conoce en el pueblo, porque trabajo aquí, porque mi cara estuvo impresa en unos carteles publicitarios del banco Raiffeisen y porque mis hijos van aquí al jardín de infancia y a la escuela.

Y guarda además un triunfo especial en la manga: “Mi madre es guía escolar de tráfico, ayuda a los niños a cruzar la calle y todo el mundo la conoce”.

Crece la tensión

273 ciudadanos se reúnen en el gimnasio. Sangeetha Baskaran estrecha numerosas manos, recibe buenos deseos, saluda a sus conocidos. Conoce a mucha gente. “Ya sabes lo que pasa en Gipf-Oberfrick”, dice un vecino guiñándole un ojo, en alusión al caso de Nancy Holten. Baskaran no puede todavía sentirse completamente distendida y reírse con ellos.

Además de ella han solicitado la naturalización un matrimonio franco-austríaco y un joven turco. Se indica al pequeño grupo que tome asiento en el banco situado al final del gimnasio. “Estamos sentados en el banco de los acusados”, bromea la austríaca, sabiendo que su colocación es solo para facilitar la labor del contador de votos. Los solicitantes, lógicamente, no pueden todavía votar.

La austríaca se inclina sobre Baskaran y le dice al oído: “¿Eres la hija de …?” Baskaran no puede evitar una sonrisa. Es justo como ella ha dicho anteriormente: la conocen gracias a su madre.

Biografía expuesta

La alcaldesa dice algunas palabras sobre cada uno de los solicitantes. Donde nacieron y se criaron, su educación, aficiones y asociaciones a las que pertenecen. A Sangeetha Baskaran le gusta cocinar. “También platos suizos”, subraya la alcaldesa. “Su madre es mucho más conocida…”, y se ve interrumpida por risas y murmullos.

Luego sigue la discusión. “¿Hay alguna pregunta o comentario que hacer?”. Un ciudadano pregunta por las disposiciones legales. ¿Es legal conceder la ciudadanía a un joven menor de edad sin sus padres? “Sí, es legal”, responde la alcaldesa.

Recibido con entusiasmo

Los solicitantes deben abandonar la sala pues a continuación va a tener lugar la votación. Los ciudadanos levantan la mano si quieren aprobar la solicitud. En el caso de Baskaran hay tantas manos alzadas que ni siquiera es necesario contarlas. Los otros solicitantes también son aceptados con claridad.

Los ciudadanos saludan con un fuerte aplauso el regreso de los solicitantes a la sala. Sangeetha Baskaran parece sorprendida por los aplausos pero luego se ríe alegremente. “Gracias de corazón”, dice al micrófono. “Me alegro de poder ser oficialmente parte de vuestra comunidad”. La alcaldesa añade: “Incluso en Gipf-Oberfrick se puede obtener la ciudadanía con facilidad”. Nuevos aplausos.

Sibilla Bondolfi, texto y Thomas Kern, fotos

Kammersrohr

Democracia en la sala de estar




“¿De qué nos sirve un vecino rico si no participa? Aquí todos tenemos que remar en la misma dirección”.

 Ueli Emch, alcalde



Los participantes llegan al lugar de la reunión.

Donde termina la región de Mittelland y comienzan a alzarse las colinas del Jura se encuentra el pueblo de Kammersrohr, unas pocas granjas dispersas y algunas casas unifamiliares. Con sus 29 habitantes y un tamaño de menos de un kilómetro cuadrado, la localidad es uno de los municipios más pequeños de la pequeña Suiza.

Kammersrohr puede presumir de otra característica propia: la asamblea municipal no se reúne en el gimnasio, en una sala polivalente o en el salón del restaurante de la aldea, como es común en Suiza. Sencillamente porque nada de eso existe en la aldea. Los ciudadanos se reúnen en una habitación del domicilio de Dimitri Plüss y Marcelle Schläfli.

Obligación de prestar la sala de estar

Los dos jóvenes, ambos procedentes de la región, son inquilinos del centro municipal. La pequeña casa unifamiliar, que ha experimentado un brusco cambio, se alza en la ladera sur del Jura. Desde su sala de estar se pueden contemplar, hacia el sur, las blancas cumbres de los Alpes bordeadas por el Mittelland.

Pero ahora Dimitri Plüss y Marcelle Schläfli no tienen tiempo para contemplaciones. Su contrato de alquiler contiene una cláusula que les obliga a poner su sala de estar a disposición de la asamblea municipal dos veces al año. Una peculiaridad, incluso para Suiza.

Un sofá de cuero y algunas sillas

Esta noche toca otra vez. Se encuentran allí diez vecinos, todos se saludan con un apretón de manos y se tutean. Quedan todavía unos minutos para charlar un poco delante de la casa.

Poco antes de las ocho el alcalde, Ueli Emch, les invita a entrar. Dimitri y Marcelle se sientan en su sofá de cuero negro, el resto en sillas y sillones.

En la parte delantera de la mesa se sientan el alcalde, de profesión agricultor, y Alissa Vesaz. La joven secretaria, cargo público al igual que el alcalde, se dispone a redactar el acta de la asamblea en su computadora portátil.

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Antes del comienzo de la asamblea los vecinos tienen tiempo para charlar un poco. La anfitriona, junto al macizo de flores, se lo toma con calma.


También aquí el mundo se vuelve más complejo

Ueli Emch saluda a los presentes. Con diez personas en la sala, se encuentra reunido el 38,5% de todos los vecinos con derecho de voto –un porcentaje fantástico por lo que se refiere a la media nacional de participación en asambleas municipales.

Emch propone a uno de los presentes, sentado en la segunda fila de sillas, como contador de votos. La aprobación es unánime. Asimismo, el acta de la última reunión que tuvo lugar en la sala, redactada por Alissa Vessaz, es aprobada sin votos en contra.

A continuación, el plato fuerte de la noche: las cuentas anuales del último ejercicio. Aunque se trata de un mini municipio, los números y saldos de cuentas ocupan 51 páginas. Detrás de la montaña de cifras se encuentran informaciones e historias que narran el mundo de Kammersrohr.

En gran medida, sin infraestructura

Con la casa comunal, la pequeña comunidad ha confiado a los jóvenes inquilinos Dimitri Plüss y Marcelle Schläfli su mayor tesoro. Pues la casa, con su terreno, es el elemento más importante del patrimonio municipal, con un valor oficial de 371 000 francos.

Las columnas de números y sumas totales muestran, a pesar de su dimensión, cuán previsible es el mundo de Kammersrohr. Una calle, el centro comunal en el que ahora nos encontramos, las conducciones para el agua potable y las aguas residuales. Eso es todo. Sin más infraestructuras: ni escuela, ni campo de fútbol, ni sede de asociación alguna. Ni siquiera un campo de tiro, como tienen todavía muchos otros municipios.

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Buena ubicación, buenos beneficios

Lo que mantiene a flote al pequeño municipio es su ubicación de ensueño. “Vivimos de vecinos con una fuerte capacidad contributiva”, afirma Ueli Emch más tarde, durante el aperitivo. Es una persona que dice las cosas como las siente. “¿Pero de qué nos vale un vecino rico si no participa? Aquí todos tenemos que remar en la misma dirección”.

Además, los buenos contribuyentes garantizan que, en el aspecto financiero, Kammersrohr siga siendo una localidad próspera. Y esa es una razón más por la que Ueli Emch disfruta de su cargo. El alcalde sabe muy bien que la situación financiera da problemas a un número cada vez mayor de municipios rurales.

Una de las consecuencias de tener buenos contribuyentes, entre ellos un antiguo empresario y miembro de un consejo de administración, es la unanimidad en la aprobación de las cuentas.  En la sala, diez manos se alzaron cuando Ueli Emch presentó las cuentas anuales para su aprobación.

Tras agradecer sus servicios al contador de votos y a la secretaria, Emch clausura la asamblea. Ha durado solo 28 minutos.

Renat Kuenzi, texto y Enrique Muñoz García, fotos

El municipio en cifras

Kammersrohr: Con 0,94km2 es el municipio más pequeño del cantón de Solothurn.

Habitantes: 29, de los que 26 tienen derecho de voto. Actualmente no hay ningún niño en edad escolar.

Consejo municipal (poder ejecutivo): compuesto por tres miembros.

El pueblo más pequeño de Suiza es Kaiserstuhl, en el cantón de Argovia. Tiene solo 0,32km2, es decir, el equivalente a unos 40 campos de fútbol.

El municipio más grande es Scuol Con sus 439 kilómetros cuadrados es tan grande como la metrópolis de París.

Fin del recuadro



Bassersdorf

Una serenata


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“Cuando se trata de aprobar las cuentas anuales, los ciudadanos y ciudadanas no tienen mucho que decir”

Elvira Venosta, administración municipal de Bassersdorf




En verano tienen lugar en Suiza centenares de festivales al aire libre. Son auténticos imanes de público. En Bassersdorf, un municipio próximo al aeropuerto de Zúrich, las autoridades han buscado el mismo efecto: convertir la asamblea municipal en un evento para que acudan más ciudadanos.

En la distancia se oye a los aviones que despegan o aterrizan. Con sus más de 11 500 habitantes, Bassersdorf, en el cantón de Zúrich, es considerada una ciudad. Pero como su propio nombre indica (Dorf dignifica “pueblo”, en alemán), y a pesar de su crecimiento, se ha mantenido como lo que es: un pueblo. Y es ahí mismo, en la plaza del pueblo, donde tiene lugar la asamblea municipal de verano. A cielo abierto.

Con esa sensación de evento al aire libre las autoridades quieren lograr varios objetivos: por un lado, revitalizar la plaza del pueblo, rediseñada en 2016; por otro, centrar la atención en la política local. También podría contribuir a despertar entre los vecinos el gusto por esa política local.

“Los clientes fijos”

La ligereza estival de la política local se extiende también a los vecinos de Bassersdorf: en esta tarde de junio solo aparecen 85 personas con derecho de voto. “Los clientes fijos”, como los llama Elvira Venosta, responsable de la secretaría municipal. Esto representa solo el 1,2% de los más de 7 000 vecinos con derecho de voto. A la sesión del verano anterior acudieron 150 personas.

La escasa participación constituye para Venosta una ligera decepción. Pero también entiende que la reunión de junio es para aprobar las cuentas anuales. “Y los ciudadanos y ciudadanas no tienen mucho que decir”.

Después de algo más de tres cuartos de hora las cuentas anuales están atadas y bien atadas. Luego, planea sobre la plaza del pueblo un aire de fiesta veraniega: se descorchan botellas, previamente puestas a enfriar en cubetas. El municipio invita al aperitivo. Acaba convirtiéndose entonces en una velada social.


Thomas Kern Fotos, Renat Kuenzi Texto

Eggiwil

"A eso no vamos”




 "Yo ya no puedo conducir y tendría que caminar más de una hora para ir desde mi distante granja hasta la escuela del pueblo"

Una vecina


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En Eggiwil los votos son contados rápidamente.


Escarpadas colinas coronadas por un árbol, granjas dispersas con geranios en las ventanas, amplios prados hasta el siguiente caserío, dos puentes sobre el río: eso es Eggiwil, en el Emmental bernés, una población desperdigada con cerca de 2 500 habitantes.

Hoy se celebra la asamblea municipal. También se podría decir la asamblea fantasma. En la agenda solo figura las cuentas anuales, es decir, el balance financiero del municipio. La experiencia dice que a estas asambleas solo acude entre un uno y un dos por ciento de los vecinos con derecho de voto.

La mayoría silenciosa, de acuerdo

“La mayoría de las veces, la aprobación de las cuentas anuales despierta muy poco interés”, afirma el alcalde Niklaus Rüegsegger. “Si no hay cambios importantes en el presupuesto, la gente no siente una gran necesidad de venir a aprobar las cuentas”.

En ese sentido, y desde el punto de vista del gobierno municipal, el hecho de que solo unos pocos ciudadanos participen en la asamblea es interpretado como un voto de confianza hacia el propio ejecutivo local.

En el seno del gobierno municipal se ha discutido la posibilidad de no volver a convocar la asamblea de mayo. Pero hay ciudadanos que siguen viniendo a la asamblea desde hace años y después de la reunión se entregan a una animada charla. Y si en la agenda hubiera algo importante, entonces la gente acudiría. En algunas asambleas la participación ha alcanzado hasta el 16%, mientras que la media es del 4%.

Todos la quieren, pero nadie acude a ella

swissinfo.ch ha preguntado a los vecinos antes de celebrarse la asamblea. La mayoría de los que no asisten tienen una conciencia culpable y hacen hincapié en que sería realmente provechoso acudir a la asamblea. Muchos consideran importante que no participe solo una pequeña minoría. Pero ninguno de los entrevistados es partidario de suprimir la asamblea.

Entonces, ¿por qué se mantienen los vecinos tan alejados de las asambleas?

Sibilla Bondolfi, Texto y Thomas Kern, fotos




Martin Brechbühl,

Propietario de una empresa de construcción

“No puedo ir a la asamblea municipal debido a una cita. Normalmente voy, sobre todo cuando hay elecciones. No obstante, la aprobación de las cuentas anuales no me parece muy interesante. Confío en las autoridades y en que gestionen todo correctamente”.

“Cuando hay algo especial voy de todas formas. Por ejemplo, hace más de 20 años se discutió si el puente que conducía a la ciudad debía ser de madera o de hormigón. Como propietario de una empresa de construcción era para mí algo muy importante. Durante años circulé sobre aquel peligroso puente de madera de un solo carril. Ahora junto al puente de madera hay otro puente de hormigón”.




Verni Jutzi,

Propietario de una carpintería

“Como antiguo miembro del gobierno municipal (ex concejal) conozco el problema de la escasa afluencia a las asambleas municipales. Yo también me sentía frustrado cuando en la reunión había más concejales que ciudadanos. Por eso hoy asistiré a la asamblea, aunque en la agenda, con la aprobación de las cuentas anuales, no haya nada espectacular”.




Sonja Vogel,

Ama de casa y madre

“Confío en las autoridades y prefiero quedarme en un segundo plano. Esta noche tengo un ensayo musical, así que no podré asistir a la asamblea. Casi siempre es así ya que la asamblea suele celebrarse en viernes. Tendría que tratarse de algo muy importante. Por ejemplo, los niños, la escuela o algo parecido. Entonces asistiría a la reunión. Si la asamblea fuera por medios electrónicos, entonces participaría”.




Gottfried Hirsbrunner,

Pensionista

“Vivo con mi mujer en una residencia de ancianos. Hoy no voy a la asamblea porque a mis 90 años me siento demasiado viejo para eso. Cuando era más joven me gustaba participar. Antes quería cambiar el mundo. Hoy me doy cuenta de que no se puede. En el pasado la gente se interesaba más por el municipio. Tal vez sea culpa de los buenos folletos informativos para las votaciones. La gente está tan bien informada que no necesita acudir a la asamblea”.




Hans Kern,

Dirige un Bed&Breakfast

“Hoy no puedo asistir a la asamblea porque estoy invitado a una boda. Cuando se trata de asuntos más importantes que las cuentas anuales procuro arreglármelas para ir. Las elecciones, por ejemplo, son más interesantes. Sin embargo, como cada vez hay menos gente dispuesta a asumir cargos municipales, tenemos unas elecciones sin mucho debate”.

“Me acuerdo de una asamblea excepcional, que trataba de un centro de la tercera edad. En aquella ocasión se produjo mal ambiente y trajo mucho cambio de personal. Mi propia madre vivía en ese centro y por ella pude conocer cómo estaba la situación. En la asamblea pude hablar largo y tendido, tal vez demasiado, pero el alcalde me lo permitió”.

“Al final se produjo una auténtica conmoción, y la gente aplaudió a rabiar. Como consecuencia se despidió a la directora del centro. Ese es uno de los aspectos positivos de las asambleas, es una forma muy directa de democracia”.




Familia Zürcher

Ah, ¿es hoy cuando se celebra la asamblea municipal? Se nos había olvidado. Votar, sí votamos, pero asistir a las asambleas normalmente nos cuesta mucho. Bajamos al valle, a pie o en bicicleta, solo en ocasiones especiales, como cuando el abuelo recibió un diploma en el campo de tiro, o a mi marido le dieron un homenaje como luchador de Schwinger (lucha suiza)”.




Kurt Meier,

Propietario del restaurante ‘Bären’

“Es una tradición tomar una cerveza en el ‘Bären’ después de la asamblea. Así me entero de lo más importante y puedo charlar un rato, aunque acudo a las asambleas una de cada tres veces. La primera vez que asistí a una asamblea municipal era yo estudiante de noveno curso. Se discutió entonces la compra de una fonda. ¡Fue tan emocionante como un thriller! Tengo en mente acudir esta noche a la reunión. ¡Si no me olvido, claro!”.




Bernhard Wüthrich,

Carnicero

“Esta noche voy a asistir a la reunión del club de hockey sobre hielo. Nunca he estado en una asamblea municipal, no me interesan. Si se tratara de discutir la conversión de zonas edificables, entonces si acudiría. La mayoría de mis compañeros tampoco va a las asambleas. Pero sería una pena eliminarlas”.



Troistorrents

Nieve - bendición y maldición de la democracia en un pueblo



"Las tres localidades de Troistorrents, Val d'Illiez y Champéry han perdido una década luchando por sus propios intereses en vez de pensar a más largo plazo"

Luc Fellay, alcalde de Champéry

Troistorrents es la historia de uno de esos pequeños municipios de las montañas suizas catapultado hacia la modernidad en el transcurso de unas pocas generaciones. En la década de 1950 el turismo empezó a ponerlo todo patas arriba. Las cumbres se cubrieron de telesillas y remontes y sobre la llanura de Morgins surgieron casas de vacaciones como hongos.

Los ciudadanos deciden el camino a seguir

Pero el desarrollo no fue desordenado. Los ciudadanos se involucraron cuando había que decidir cuándo y dónde construir. En las asambleas los vecinos tomaron en sus manos el destino de la localidad.

Troistorrents se encuentra a la entrada del Val d’Illiez, un valle fronterizo de montaña que discurre en dirección a Francia. El municipio tiene un pie en el valle y el otro en las cumbres nevadas.

La distancia, a vuelo de pájaro, con la vecina localidad francesa de Châtel no es grande. La colaboración de los valesanos con las autoridades francesas sentó las bases del proyecto “Portes du soleil”, una estación de esquí franco-suiza que, con sus 600 km de pistas, es una de las más grandes del mundo.


Ciudadanos y “patricios” se reúnen por separado

En el cantón de Valais hay 126 municipios. Solo los once más grandes tienen parlamentos municipales elegidos. El resto dispone de las asambleas municipales donde los vecinos discuten y votan las propuestas presentadas por sus gobiernos municipales.

Troistorrents es un lugar familiar, donde todo el mundo se conoce, y donde los asistentes no dudan en hacer observaciones y preguntas críticas a sus ediles.

Normalmente a la asamblea municipal le sigue la asamblea de patricios de la localidad (Bourgeoisie). Se trata de una reliquia de los tiempos del Antiguo Régimen, cuando las familias nobles establecidas desde antiguo gobernaban el pueblo.

En invierno se registra aquí una intensa actividad: taquilla para subir a la montaña en Morgins.

La estación invernal, fuente de preocupaciones

El destino de la estación de deportes de invierno es el tema que desde hace algún tiempo domina las asambleas. Tras cuatro inviernos consecutivos prácticamente sin nieve, los remontes, en los que el municipio tiene una participación, acumularon unas pérdidas de cuatro a cinco millones de francos.

Además hubo que rehabilitar un viejo telesilla, pues se corría el riesgo de que le retiraran la licencia de explotación para el invierno siguiente.

Sin embargo, los recursos que hacían falta excedían la capacidad financiera del municipio, lo que obligó a pedir ayuda a los cuatro vientos, incluyendo a los propietarios de las viviendas de vacaciones de la localidad, una clientela fiel, que con los años se había convertido, por así decirlo, en parte de la familia.

De este modo, en el curso de varias asambleas de ciudadanos se acumularon promesas de financiación por valor de más de un millón de francos. La ayuda llegó a tiempo, aunque al final solo se ingresó la mitad de esa suma.

Y con el rescate financiero volvieron a funcionar ese invierno los remontes y telesillas. También volvió la nieve. Y con una abundancia como no se había visto en los últimos 20 años en Morgins ni en el resto de la mayor parte de los Alpes.

Troistorrents: un pie en el valle y el otro en las cumbres. 

Globalización a pequeña escala

Sin embargo, el rescate a medio y largo plazo tiene como base la fusión de las oficinas de turismo y las empresas de remontes. En toda la región alpina se repite lo mismo como una especie de mantra: la unidad hace la fuerza.

Sin embargo, las tres localidades del valle valesano, Troistorrents, Val d’Illiez y Champéry, “perdieron una década luchando por sus intereses particulares, en lugar de pensar a largo plazo”, se queja Luc Fellay, alcalde de Champéry.

En otoño del año pasado los tres municipios acordaron la unificación y aumento de la tasa turística. Con esos impuestos se financian en los complejos turísticos de las montañas la construcción, ampliación y mantenimiento de una parte de sus infraestructuras.

Importante impuesto por alojamiento

Turistas y propietarios de viviendas de vacaciones tienen que pagar al municipio una pequeña contribución por cada noche que pasan en la localidad. De este modo Morgins ha podido renovar o ampliar su centro deportivo, la piscina o las pistas de tenis. Previamente, la asamblea municipal había aceptado la propuesta de la tasa sin oposición, cosa que no sorprende ya que los votantes no son los mismos que lo que tienen que pagar.

Ruina en el centro del pueblo: gasolinera cerrada en Troistorrents.

Fisuras en la imagen del pueblo

Entonces, ¿hay entendimiento perfecto entre vecinos y gobierno municipal? No, no del todo. A principios de octubre los vecinos se enteraron con sorpresa que la última tienda que quedaba en la localidad iba a desaparecer. Pero no porque las ventas hubieran bajado. Al contrario, el negocio iba muy bien.

El motivo de fondo es otro. El banco, que es el propietario del local, necesitaba ese espacio para su ampliación. Los vecinos decidieron luchar por la supervivencia de una parte importante de la vida de su pueblo y en poco tiempo reunieron más de 1 000 firmas para presentar una petición de apoyo al gobierno municipal.

“Es una cuestión entre dos empresas privadas”, dice diplomáticamente el alcalde Fabrice Donnet-Monay. Pero por el momento no se ve una salida.

Queda en manos de la asamblea

Lo que es seguro, sin embargo, es que la tienda no se instalará en el terreno de las antiguas cocheras de la Bourgeoisie, en el centro del pueblo, que desde hace tiempo se encuentran en un estado lastimoso. El edificio quedó parcialmente derruido y todavía quedan restos alrededor. Muchos vecinos lo califican de “afrenta”.

Unos inversores habían previsto construir en ese local un edificio de viviendas. Pero en la asamblea municipal del verano pasado el alcalde tuvo que anunciar la retirada del proyecto. “Demasiado caro y muy bajo rendimiento”, dijeron los inversores de manera unánime.

Nadie sabe cómo continuará esta historia. Pero una cosa es segura: el destino de la localidad seguirá en manos de la asamblea municipal.

Marc-André Miserez, texto y Thomas Kern, fotos

Democracia local

¿Un instrumento del pasado?




"La pérdida de conciencia para asumir responsabilidades públicas de forma voluntaria pone en tela de juicio la eficiencia del municipio"

Claude Longchamp

“El concepto de autodeterminación democrática local choca cada vez más con la realidad de la vida de la gente de hoy día”, afirma el politólogo Claude Longchamp, quien cita las siguientes razones para las fisuras, cada vez mayores, que aparecen en la base de la democracia suiza:

Alienación: los municipios se están convirtiendo en “localidades dormitorio”. El espacio en el que viven las personas ya no es el espacio vital con el que se identifican.

Individualismo: hay cada vez menos conciencia para asumir voluntariamente tareas públicas. Esto pone en cuestión la eficiencia del municipio.

Falta de personal: en toda Suiza hacen falta de 3 000 a 4 000 voluntarios para ocupar cargos públicos de los municipios. Hay muchas comunas que se encuentran en situación crítica.

Pérdida de competencia: las tareas municipales son muy complejas. Los servicios de bienestar son un ejemplo clásico de las tareas tradicionales ejercidas antes por un municipio y que hoy están encomendados a profesionales (servicios sociales, autoridad de protección de niños y adultos (KESB, por sus siglas en alemán).

Pérdida de democracia: las soluciones de los tecnócratas son eficientes, pero significan también una pérdida de poder de los ciudadanos. Al mismo tiempo fomenta el distanciamiento de los ciudadanos de las instituciones y socava el ideal de milicia

Situación financiera deteriorada: afecta cada vez a más municipios, sobre todo a los que tienen menos de 500 habitantes.

Dudas legítimas: asumir un cargo público viene acompañado de menos tiempo libre, remuneración baja, mayor exposición pública, poca cobertura en los medios. Esto desanima especialmente a las mujeres. “Ciertamente, desean hacer algo por su comunidad, pero no quieren verse atacadas e incluso insultadas”, afirma Claude Longchamp.

Asamblea municipal: el formato, en sí mismo, tiene deficiencias objetivas. Los hombres, los ancianos, el comercio, así como las asociaciones y los bomberos están sobrerrepresentados. Los vecinos recién llegados, las mujeres y los jóvenes están infrarrepresentados.

Soluciones: implantación de un parlamento municipal y/o la fusión con otros municipios. En los países escandinavos los municipios se funden en grandes municipios y la administración es confiada a proveedores de servicios externos.

Debilitamiento de la democracia: Suiza funciona según el principio abajo-arriba. Este se basa en un sistema corporativo-cooperativo. Las mermas en la democracia local socavan directamente los cimientos de Suiza.

Perspectiva: “Los municipios que funcionan bien son importantes y seguirán siendo modélicos”, afirma Claude Longchamp.

Renat Kuenzi

La muerte del municipio

En el año de su fundación, en 1848, Suiza contaba con 3 205 municipios. Esa cifra se mantuvo prácticamente sin variaciones hasta 1990.

En los últimos 30 años han desaparecido casi 800 municipios, es decir, más de una cuarta parte. A principios de 2018 había 2 222 municipios.

Esta significativa disminución es consecuencia de las fusiones entre municipios, cuya fórmula se ha extendido con objeto de paliar los problemas financieros y de personal.

Sin embargo, las fusiones entre municipios tienen su precio, como demuestran ahora distintos estudios. Por ejemplo, se intensifica el declive en la participación política que se lleva produciendo desde hace 30 años.

Por lo general, se observa que cuanto más grande es un municipio, menor es la participación ciudadana.

Cerca de una quinta parte de los municipios actuales de Suiza han sustituido la asamblea municipal por un parlamento municipal semiprofesional. Esto afecta sobre todo a los municipios más grandes y a las regiones francófona y de expresión italiana.

Además, los parlamentos municipales no son la última palabra en política local; en algunos municipios se ha recuperado la asamblea municipal.

Renat Kuenzi

Fin del recuadro

Textos

Renat Kuenzi, Sibilla Bondolfi y Marc-André Miserez

Fotos

Thomas Kern, Enrique Muñoz García y Keystone

Producción

Renat Kuenzi y Felipe Schärer Diem

Traducción

José Manuel Wolff