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Niklaus Mueller
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Un reportaje de

Planes de negocios

Inmersión en un país que emerge

Susan Misicka (texto) y Daniele Mattioli (imágenes)


La ‘jaula de oro’ es en realidad un lujo. Sus ‘barrotes’ son a la vez un trampolín y una red de seguridad para ayudar a quienes anhelan desplegar las alas, considera estudiante suizo en Shanghái, China.

Para Niklaus Mueller, China es el lugar en el que hay que estar y en donde vive por tercera vez en cinco años. Como muchos suizos de su generación, este hombre de 32 años está ansioso por explorar el mundo y sacarle jugo a esa experiencia. Lo menos típico es que decidió nadar a contracorriente.

“Muchos de mis amigos querían permanecer en Occidente, pero yo quería volver a Oriente. China me fascina y aunque ya había pasado más de dos años en ella, sentí que podía profundizar mi comprensión de ese país y del lugar que ocupa en la economía global”, comenta a swissinfo.ch.

Muy bien ataviado y equipado con sus propias notas para la entrevista, parece alguien que considera las cosas con cuidado y se prepara en consecuencia. Su primera probada de China se produjo durante una pasantía en el bufete jurídico CMS, en 2011. Luego regresó a Zúrich para presentar su examen de abogado en 2012, pero el país asiático se quedó en su mente.

“Ya entonces estaba convencido de que tenía que encontrar una manera de retornar a China”, recuerda Mueller. Nuevamente en Shanghái, el CMS le brindó la oportunidad de iniciar su carrera como asociado a tiempo completo, lo que hizo durante dos años.

Sin embargo, partiendo del principio de que uno no puede quedarse para siempre en el lugar que conoció como pasante, Mueller se mudó de nuevo a Suiza para laborar en el banco Credit Suisse, en Zúrich. Pero después de un año, China lo seguía llamando y en 2015 se inscribió en el programa de ‘Master of Business Administration’ MBA en la ‘China Europe International Business School’ (CEIBS).

“Estoy muy interesado en la iniciativa empresarial y la innovación, y dado el actual desarrollo en China, creo es el lugar donde hay que estar”, explica este joven oriundo de Berna.

Su entusiasmo incluye también la cultura china, la historia y la lengua, en concreto, el mandarín.

“Parece que cada carácter de la escritura tiene una historia tras de sí y es posible recordarlos tratando de entender su historia”, indica. Hasta ahora ha aprobado cuatro de los seis niveles del aprendizaje y se prepara para el quinto, el cual exige el conocimiento de 2 500 signos.

Estudiante de administración en Shanghái


Para Niklaus Mueller, China es el lugar en el que hay que estar. Vive allí por tercera vez en cinco años. En esta ocasión, en el marco del programa de ‘Master of Business Administration’ en la ‘China Europe International Business School’. 

Niklaus Mueller (centro) practica el mandarín.
Durante una conversación.
En la biblioteca de la escuela.
Calmando la sed.
Tiempo para reflexionar.
¿Un recuerdo del mercado?
Mantenerse en contacto.
¡Como los yogures suizos!
Listo para el ‘pool’.

“Los chinos se sienten en su salsa con la incertidumbre y la ambigüedad, mientras que los suizos queremos precisar todos los detalles. No nos gusta mucho que haya demasiadas preguntas abiertas”

Red de seguridad de oro

Hablando de caracteres: Mueller es indudablemente ambicioso. Su carácter le ayudó a dejar atrás la ‘jaula de oro’ de Suiza.

“Puedo entender que la gente de alguna manera se sienta un poco limitada. Dicen que es difícil modificar las normas de comportamiento y ciertamente puede ser difícil”, anota. Sin embargo, considera también que los suizos deben estar agradecidos por la estabilidad política y económica del país.

“Esto nos ayuda. Tenemos el lujo de salir al extranjero y si no funciona, podemos volver a la confortable situación en Suiza. Estoy muy seguro de que encontraría un puesto de trabajo en un par de meses si volviera a casa” señala nuestro interlocutor y agrega: “Eso reduce buena parte de la presión cuando se vive en otro país”.

De hecho, podemos hablar de una “red de seguridad de oro”, algo de lo que no todo el mundo puede disfrutar. Mueller cita el ejemplo de una colega española que debió quedarse en China porque no logró hallar trabajo en España.

Optimismo y apertura mental

El gigante asiático disfruta de un período de creciente prosperidad y de mejores relaciones con otros países.

“Las compañías chinas están por toda Europa y el resto del mundo, y con el acuerdo de libre comercio firmado entre Suiza y China en 2014, creo que podría haber algunas oportunidades interesantes”, señala el abogado.

Destaca que mientras Suiza ocupa un alto rango en la innovación, es notable el espíritu empresarial de China.

“La innovación es una cosa difícil. En las noticias se lee que China es un imitador, pero si se observa lo que está pasando, se advierte que este país ha tomado una posición de liderazgo en ciertos sectores, como el comercio electrónico y las tecnologías financieras, Fintech. Las empresas chinas de este último tienen a menudo un nivel equivalente a las de Estados Unidos”. Para Mueller las firmas Alibaba Taobao, TencentWeChat y Didi kuaidi son respuestas de China a eBay, WhatsApp y Uber.

Al expatriado suizo le impresionan también las soluciones tecnológicas de las pequeñas empresas, como las aplicaciones para el pago de teléfono, disponibles en China desde hace años y de manera muy reciente en Suiza. En su opinión, esos avances pueden obedecer al optimismo y la apertura mental que caracterizan a China y que él mismo ha constatado.

“Los chinos se sienten en su salsa con la incertidumbre y la ambigüedad, mientras que los suizos queremos precisar todos los detalles. No nos gusta mucho que haya demasiadas preguntas abiertas”, dice Mueller. Recuerda haber observado ese contraste durante las negociaciones contractuales en el bufete de abogados donde trabajaba. “Se advertían claramente algunos choques culturales. A mí eso me ayudó a aflojar un poco”.

Las compensaciones

A la interrogante sobre lo que no le gusta de China, Mueller es cuidadoso con su respuesta. Establecido en un país donde muchas noticias son censuradas, no quiere correr el riesgo de ofender a sus anfitriones.

“Hay grandes masas: calles atestadas, el metro siempre lleno. Pero soporto todo eso porque no se puede cambiar”, comenta mostrando un rasgo de autocensura y diplomacia que seguramente le va a ayudar en los negocios.

Pero donde encuentra un margen de mejoramiento es en la política ambiental. Cada mañana, consulta una aplicación sobre la calidad del aire.

“Demasiado a menudo, la calidad es mala. A veces apenas se puede ver a más de 100 metros. Es peor en invierno que en verano. Hay días en los que no se pueden hacer actividades al aire libre, debido a la terrible calidad del aire, y otros en los que uno prefiere quedarse en casa”, lamenta Mueller, quien añora la naturaleza suiza.

Es una paradoja, comenta.

“Se ve la degradación de la naturaleza; este enorme crecimiento económico tiene un alto precio. Pero también hay señales positivas, como las grandes inversiones de China en las energías renovables y su reciente compromiso en la Conferencia sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas en París, en 2015”.

El bienestar de los animales es otro de los temas que le preocupan. Mientras aplaude el uso de cada parte comestible –por ejemplo las orejas de cerdo para ensaladas o las patas de pollo fritas – le inquieta la manera en que son tratados los animales en China.

“Sobre todo la forma en que los preparan y los mantienen. Definitivamente, hay cosas inaceptables”, sentencia y cita como ejemplo esos animales que permaneces en estrechas jaulas.

¿El futuro es... blanco brillante?

Como Shanghái es tan cosmopolita, Mueller no ha experimentado un choque cultural extremo, aunque le es difícil encontrar calzado a su medida (45).

Sin embargo, le sorprendió el interés generalizado de los chinos en tener una piel blanca, algo que descubrió en una tienda cuando buscaba una crema hidratante.

“Yo sabía que para las mujeres chinas es muy importante tener la piel muy blanca, por lo que tienen una gran cantidad de cremas de ese tipo. Pero hay una increíble variedad de productos también para hombre. Al parecer es algo importante para ellos”, sonríe este rubio de ojos azules.  

Cremas especiales o no, el futuro se ve brillante tanto para el abogado suizo como para el pueblo de China.

“Son optimistas. Saben que este es su tiempo y que tienen un brillante futuro económico”, dice Mueller entusiasta. “Es increíble estar aquí y experimentar esto de primera mano”.

¿Y cómo se adapta un suizo a una situación semejante?

“Si se quiere vivir en China hay que estar dispuesto a sumergirse realmente en la cultura. Por eso es importante tratar de entender la civilización y la historia y de aprender el idioma”.

Pero admite que Shanghái es una ciudad muy internacional y que contrasta con algunos de los lugares que ha visitado en la campiña china.

“Shanghái es un poco como una burbuja. No es típica de China. Es bastante cosmopolita y un crisol de culturas”.

Mueller deberá concluir su programa de MBA en 2017. No sabe lo que hará después. Es una persona curiosa, móvil, y posee un conjunto de habilidades que podrían llevarlo a cualquier lugar.