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Silvia Brugger
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Un reportaje de

Obstinada determinación

Historia de una competidora de la Iditarod

Philipp Meier (texto) y Trent Grasse (imágenes)


Silvia Brugger se convirtió en la primera mujer que compitió en la Iditarod, una competencia de trineos jalados por perros. ¿Cómo fue que esta ciudadana suiza terminó en Alaska?

Estimado Philipp: He aquí un resumen de la historia de mi vida. Es la primera vez que hago algo así y no sé realmente por dónde empezar.

Silvia Brugger inicia así el amplio texto en el que narra de manera epistolar su emigración a Alaska. Nos encontramos, como se hace actualmente, en línea. En este caso, en Facebook.

Tuve la suerte de que respondiera al llamado que había hecho a través de esa red social. Uno de sus antiguos compañeros de la Escuela de Comercio de Lucerna le mostró mi ‘post’. Luego produjo de forma natural lo que ahora se conoce como ‘user generated content’ (contenido generado por el usuario). En otras palabras, contó su propia historia. Yo solamente me permití solicitarle algunas precisiones, insertando mis preguntas y sus respuestas en su texto.

Nací en 1974 en Cham, Zug donde pasé mi infancia.

Somos cuatro hermanos y hermanas. Max es mi gemelo y las otras tienen cuatro y ocho años más que yo (mis hermanas también son gemelas).

Desde muy pequeña, y luego como adolescente, viajé mucho por Europa. Mis abuelos vivían en el norte de Alemania y nuestra familia poseía caballos islandeses con la que mis hermanas y yo participamos casi cada año en torneos en el extranjero.

Después de la secundaria, entré en la Escuela de Comercio de Lucerna con la idea de trabajar para Swissair. Pero, mientras tanto, decidí partir a la aventura. Acudí a una escuela de idiomas en Perth y atravesé luego Australia con una amiga. Teníamos 18 años.

Sin embargo, también tenía que pensar en mi carrera. Finalmente efectué mi aprendizaje comercial en el Carlton Elite Hotel de Zúrich y luego fui contratada por temporadas en el Badrutt’s Palace Hotel de St. Moritz.

¿Qué lecciones le dejó su pasaje por el Palace Hotel?

Déjeme pensar. Todo es un poco confuso, quizá porque salía casi todas las noches y bebía demasiada cerveza.

Diría que aprendí en Suiza cosas que no siempre se encuentran en Estados Unidos: la disciplina y la responsabilidad individual. Ambas son necesarias para triunfar en la vida profesional.

Por ejemplo, aquí en EE UU, ese negocio de las quejas me vuelve loca. Alguien pide un café en McDonald, se quema la lengua, presenta una demanda y recibe un millón de dólares en compensación ????? No comprendo. Ahora esas historias son corrientes. Ya no hay sentido común.

Durante un viaje a Canadá en 1997, conocí a la familia Willis, de Anchorage, que no solamente tenía caballos islandeses, sino también perros de trineo. Bernie y Jeanette Willis me invitaron espontáneamente a pasar unas semanas en Alaska. Era la primera vez que iba.

Después de una última temporada en el Palace Hotel, emigré a Alaska en 1999, me casé con Andy el mismo año (el hijo mayor de Bernie y Jeanette).

En 2001, Andy y yo establecimos nuestro propio ‘lodge’ (alojamiento destinado al turismo). Compramos el terreno y el inmueble en una subasta y lo vaciamos, limpiamos, reparamos y renovamos durante un año.

Mi propio ‘lodge’ de pesca y de caza: era un sueño de la infancia y nunca pensé que lo realizaría. Mi vida estaba llena de aventuras: un ‘lodge’ para nosotros, pescar durante el verano, cazar en primavera y otoño y en invierno, entrenar a los perros de trineo.

Andy y su familia están muy comprometidos con la Iditarod, carrera de trineos famosa en el mundo entero. Al cabo del tiempo, todos los hombres de la familia participaron. En 2007 y 2008 tuvimos un equipo de perros más bien bueno y me tocó entonces conducirlos a lo largo de las 1000 millas de esa ruta. Yo fui la primera suiza en participar en la Iditarod.

Mi vida en Alaska


“Me llamo Silvia Brugger y desde hace 17 años soy una suiza en el extranjero. En Alaska. Durante 10 años administré una ‘lodge’ (alojamiento para turismo) de caza y pesca en el Norte de Anchorage con mi exmarido, un alaskeño. Desde nuestra separación vivo y trabajo en Anchorage, la ciudad más grande del estado más septentrional de Estados Unidos. Sin embargo, cada que puedo salgo a la naturaleza y me complace invitarlos a echar una ojeada a mi vida”. 

Como responsable de ventas de cerveza de la firma K&L Distributors, me encargo también de la publicidad. En la foto, tomamos medidas para instalar un anuncio.
Cada lunes por la mañana, reunión del equipo de ventas para planificar la semana.
En charla con un buen cliente, Bryan Swanson, propietario de tres tiendas de bebidas.
También tenemos intercambios con nuestros abastecedores.
Encuentro con los representantes de la cervecería californiana Lagunitas.
En 2015, K&L Distributors adquirió cerca de 2,7 millones de cajas de cerveza.
Cada vez que me es posible salgo a la naturaleza.
Por ejemplo, para pescar en ‘Bird Creek’.
‘Bird Creek’ se encuentra a 20 minutos de Anchorage. Es un lugar conocido por la pesca de salmón plateado.
Yo abatí a este oso negro hace unos 10 años. Estos tres golden retrievers son mis mejores amigos.
Solamente los ‘mushers’ (competidores) que concluyeron la Iditarod, una famosa carrera de trineos, tienen derecho de poseer este número de placa especial en Alaska. El número 22 es el de mi mejor clasificación, en 2008.
Me encanta pasear con mis perros.
Los perros de color claro se llaman Myla (16 años) y Óscar (hijo de Myla). Ya no van a vivir mucho tiempo, por lo que decidí incluir un nuevo perro en la familia. Alina fue muy bien recibida por los dos más viejos.
Los perros velan por que yo salga mucho y, al mismo tiempo, para mí es importante que salgan lo más posible a la naturaleza.


¿Qué es lo que le fascina de los perros y las carreras de trineo?

¿Los perros de trineo? ¡Gua! No, realmente no sé por dónde empezar. Es como con los caballos, primero fue una afición. Los Willis tenían perros de trineo desde hacía mucho tiempo y al principio fue para mí una forma de olvidarme de los caballos.

Siempre me gustó ocuparme de animales. En el apartamento en el que crecí solamente podíamos tener gatos. Tuvimos nuestro primer perro (golden retriever) cuando nos mudamos a una casa. Tenía yo cerca de 16 años.

Está claro que no se puede comparar a los perros esquimales con los perros de compañía. Los primeros son “perros de trabajo”. Son criados durante generaciones para jalar trineos y trabajar.

Pero es simplemente magnífico salir con los perros = 30 o 40 millas.

Soy una persona a la que le gusta moverse y me gustan los retos. Por eso no quería solamente divertirme con los perros y rápidamente participé en carreras pequeñas (200 a 300 millas). Para ello formé un equipo de unos veinte perros con los que más tarde hice la Iditarod. Los preparativos duraron siete años en total. Yo misma crié a todos los perros y mi marido y yo los entrenamos.

¡Se experimenta todo tipo de cosas diferentes cuando se sale con los perros! Es una verdadera aventura que a veces puede también ser peligrosa. Hay muchas cosas que pueden salir mal. Uno se pierde fácilmente en esas regiones salvajes. También ocurre que los alces se pongan agresivos y ataquen a los perros, los hieran o incluso los maten. Y, obviamente, hace frío: no es raro que las temperaturas desciendan hasta -30 o -40 grados centígrados. De noviembre a enero, los días son muy cortos (de las 10:00 a las 15:00 horas) y hay que entrenarse de las ocho de la mañana a las seis de la tarde. Es duro.

¡Pero ese exigente trabajo vale la pena! Cuando el invierno está más avanzado (febrero y marzo), los días se hacen más largos. En años normales, las condiciones de la nieve son ideales y las temperaturas son agradables (-10 o -20 grados). Cuando es así, no puedo imaginarme nada más bello que salir a una “carrera” con una docena de perros en plena forma. ¡Es el silencio absoluto, no se escucha nada más que la respiración de los perros! Se me pone la piel de gallina. Cuando se está fuera de noche, a menudo se pueden observar las auroras boreales.

Además, participar en una carrera es también, por supuesto, un reto personal, ¡sobre todo cuando es legendaria como la Iditarod! Mil millas es un tremendo recorrido. Dependiendo del tiempo y de las condiciones, el ganador emplea unos nueve días. Terminar la carrera es la verdadera recompensa de la misión cumplida.

Me tomó 10 días terminar las 1000 millas. Puede ver los detalles en internet en www.iditarod.com (encontrará mi nombre, Silvia Willis en los archivos correspondientes a los años 2007 y 2008).

El 2007 fue mi ‘rookie year’ (año de novato). Cada día es una nueva aventura y como novato, uno nunca sabe lo que le espera. El tiempo no era tan malo. Pero fue uno de los años más fríos. Muchos de los participantes (hombres y perros) tuvieron problemas de sabañones. A la llegada, tenía toda la cara hinchada. También tuve una infección grave en la mano izquierda que requirió una incisión de urgencia en un puesto de control. El que me trató no era médico, sino un voluntario que ponía a disposición su tiempo libre y tenía un pequeño botiquín de primeros auxilios.

Pero al final, esa vida terminó siendo demasiado estresante para nuestra pareja y Andy y yo nos separamos. Salí del “mundo salvaje” para instalarme en la ciudad y ahora llevo una vida “civilizada”.

Me encantaron las carreras de trineos y las extraño. Pero la vida con los perros era también muy exigente. No podíamos salir de vacaciones porque teníamos que alimentarlos todos los días. Y en verano, cuando hacíamos una pausa en el entrenamiento (hacía demasiado calor), era temporada alta para nuestra ‘lodge’.

Ahora trabajo como responsable de ventas de cerveza en la K&L Distributors y tengo seis empleados.

¿Qué hace exactamente?

J&L Distributors Inc. es una empresa de distribución de bebidas alcohólicas en Alaska. Yo soy responsable de la venta de cerveza a unas ochenta tiendas en Anchorage, Wasilla y Palmer.

Aquí están informaciones adicionales que podrían darle una idea de mi historia.

¿Qué aspectos extraña de Suiza?

Muchas cosas. En comparación con Alaska, los transportes públicos suizos son inmejorables. Alaska es tan grande que sería imposible financiarlos. Extraño también las muchas rutas de senderismo que hay en Suiza. Hay muchas montañas y naturaleza en Alaska, pero todo está tan aislado y puede ser tan peligroso (animales salvajes). Como suiza, me encantan los chocolates. Me lleno los bolsillos cuando estoy en Suiza antes de tomar el avión para volver a casa en Alaska.

A menudo comparo Alaska y Suiza y me pregunto en dónde prefiero pasar el resto de mi vida. ¿Es que tengo que regresar a Suiza para estar más cerca de mi familia? ¿Dónde tendré las mejores condiciones económicas y el mejor sistema de salud? Además de esas, me planteo otras interrogantes. Es difícil encontrar la “buena” respuesta. Los dos países (Estados Unidos y Suiza) tienen sus lados positivos y sus lados negativos. No es fácil encontrar el justo medio.

En EE UU es más fácil realizar mis sueños y ser libre. Cuando escribo ‘EE UU’, me refiero a Alaska. Yo no podría imaginar vivir en grandes ciudades como Nueva York, Los Ángeles o Chicago. Alaska es comparable a Suiza. Me gustan especialmente las montañas.

Me parece que Suiza está muy regulada. El Estado prescribe demasiadas cosas. Suiza es relativamente pequeña y está muy poblada. Me da claustrofobia cuando vuelvo.

¿Cómo mantiene contacto con sus amigos y familiares en Suiza?

Prácticamente solo por Facebook. ¡Y me gusta mucho! Es bueno saber lo que sucedió con mis antiguos compañeros de clase. Sin Facebook, no tendría ni la menor idea. Y ‘hangouts’ (plataforma de mensajería) me permite estar en contacto regular con mi padre y mis hermanos y hermanas. Cada dos meses nos encontraremos en línea el domingo por la mañana.

Yo vivo en los EE UU desde hace 17 años, e incluso si EE UU no es perfecto, es más fácil para mí lograr aquí mis sueños. No sé cómo expresarlo mejor, no encuentro las palabras. En Suiza ya estaba todo planificado: la escuela, el aprendizaje, la búsqueda de trabajo, y luego, trabajar toda la vida y ahorrar para la jubilación.

La situación económica y política en Europa me preocupa más que la de EE UU.  Pero el mundo entero está cambiando. Todos resultamos afectados, dondequiera que vivamos. En Alaska dependemos de los recursos naturales y luchamos ahora contra un enorme déficit presupuestario de miles de millones de dólares. El futuro es incierto y todo el mundo está preocupado. Pero la situación en Europa también me preocupa. Creo que por eso es bueno que Suiza no sea miembro de la UE (Unión Europea). Eso la protege un poco de las influencias económicas negativas. Pero Suiza está en Europa, está rodeada por Estados de la UE y sufre su influencia.

Yo no salí de Suiza porque no me gustara. Tuve la oportunidad de ampliar mi horizonte y la tomé. Estoy orgullosa de mis orígenes, amo a mi país y me gusta ir a Suiza, pero al final de cada visita me alegro de volver a “mi hogar” en Alaska.