AFP internacional

Un soldado, el 17 de noviembre de 2015, enfrente de la torre Eiffel iluminada con los colores de la bandera francesa, como tributo a las víctimas de los atentados de París del 13 de noviembre

(afp_tickers)

Un año después de los atentados de París, los supervivientes y los familiares de las víctimas luchan día a día para combatir el dolor, el miedo y el odio.

Tres comandos yihadistas mataron la noche del 13 de noviembre a 130 personas. Más de 400 personas resultaron heridas, de las cuales unas 20 siguen hospitalizadas, y 600 siguen recibiendo ayuda psicológica.

Sin olvidar a aquellos que perdieron a un hijo, marido, hermana o padre. Éstos son algunos fragmentos de sus historias, un año después.

- "Ganas de salir corriendo" -

"Hay días en los que tengo miedo, en los que tengo ganas de salir corriendo o de romper todo, como todo el mundo. Intento controlar mis emociones". La esposa de Antoine Leiris murió en la sala de conciertos Bataclan, dejándolo solo con un hijo de 17 meses. "No tendrán mi odio", escribió este viudo en una carta en Facebook que dio la vuelta al mundo.

Hoy, este hombre de 35 años estima que esas palabras "ya no le pertenecen", sino que corresponde a cada persona "mantenerlas vivas".

Después de los atentados, Leiris se encerró en sí mismo y en su hijo. "El mundo nos había herido". Pero, "después de este primer acto reflejo", tuvo que "comenzar a abrirse nuevamente a los demás". "No queríamos permanecer para siempre aislados", contó a AFP.

Leiris, periodista, publicó este año un libro en el que relata los 12 días posteriores al atentado en el que perdió a su esposa Helene, desde el momento en que los medios empezaron a hablar de una toma de rehenes hasta el momento en el que le tuvo que explicar a su hijo que su madre no volvería jamás.

- "Me quedé seis meses en casa" -

Estelle Arzal salió indemne del bar La Bonne Bière, en donde cinco personas murieron el 13 de noviembre bajo las balas de los yihadistas. Aunque físicamente está bien, su vida no ha vuelto a hacer la misma. Durante seis meses, se quedó "en casa sin hacer nada", "como en una caja", cuenta esta mujer de 28 años.

A veces se le caen las lágrimas, "en cualquier lugar y a cualquier hora". Estelle intentó estabilizarse tomando ansiolíticos, antes de probar otras terapias como la acupuntura. Subió de peso y se separó de su pareja.

Se cambió de casa y se instaló en una "residencia con mucha seguridad" en las afueras de París. "Me he vuelto paranoica", confiesa. París se convirtió para ella en "un lugar que le provoca mucha angustia". "Los transportes, los bares... todo se ha vuelto difícil".

Estelle trabaja ahora a media jornada en una escuela. "Me siento aparte, como si por un lado estoy yo y del otro los demás". Pero está decidida a salir adelante. "No quiero ser una víctima para siempre".

- "La vida es casi más bella" -

"Estoy feliz de estar vivo", asegura Claude-Emmanuel Triomphe, de 58 años, que recibió dos balas cuando bebía una copa en la terraza de un bar. Su pie derecho se quedó casi paralizado y debe someterse a sesiones de terapia física dos veces a la semana.

Sin embargo, este hombre prefiere guardar en su mente el recuerdo de su "ángel", una doctora italiana que le hizo un torniquete con servilletas. En un principio no quiso recibir ayuda psicológica, porque estimaba que "no la necesitaba".

"El 14 de noviembre ya estaba de buen ánimo". Pero finalmente comenzó una terapia a mediados de enero. "Si tienes la suerte como yo de tener una segunda oportunidad, la vida es casi más bella", asegura.

- "Como estar en una película de James Bond"

Maureen Roussel trabajaba en un jardín infantil antes del concierto del grupo Eagles of Death Metal en el Bataclan. Ya no. Ahora, preside la asociación que creó, 'Life for Paris', que ayuda a las víctimas del 13-N.

Seguir ejerciendo su profesión perdió el sentido para ella. "Me di cuenta de que frente a un peligro, no podía ni siquiera protegerme a mí misma. Por lo que tener a niños bajo mi responsabilidad se volvió insoportable", explica esta joven que tiene una hija.

Cada vez que pasa frente a una escuela, Maureen "tiene miedo de que pase algo". En los lugares cerrados, mira sistemáticamente dónde están las salida de emergencia. "Tengo la impresión de estar en una película de James Bond, que todo puede estallar en cualquier momento", afirma.

afp_tickers

 AFP internacional