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Música pop suiza


Bandas que marcaron a David Bowie y Kurt Cobain




Yello 1991: Boris Blank (izqda) y Dieter Meier fueron los precursores de la música tecno. (Museum für Kommunikation bern)

Yello 1991: Boris Blank (izqda) y Dieter Meier fueron los precursores de la música tecno.

(Museum für Kommunikation bern)

Pregunte a cualquiera quiénes son los pioneros de la música pop en Suiza y lo más probable es que citen al dúo de música electrónica Yello y al grupo de rock postindustrial The Young Gods. Pero los artistas que hoy quieran seguir sus pasos deben enfrentarse primero a una industria musical en declive.

En una tienda situada en un sótano de la ciudad vieja de Berna suena un disco de blues de los años 20. Del techo cuelgan medias de mujer. Biblias, pilas de camisetas y discos de vinilo se mezclan alegremente. Nos encontramos en el universo del Reverend Beat-Man, uno de los empresarios musicales de Suiza.

El cantante de blues trabajó durante sus años de juventud para un sello independiente que producía cintas, antes de fundar el sello de música de raíz, Voodoo Rhythm, en 1992. Beat-Man tenía dificultades para difundir su trabajo y, al darse cuenta de que otros músicos tenían el mismo problema, decidió dar el paso y convertirse en productor.

Desde esa fecha, el sello independiente ha lanzado a cientos de artistas suizos e internacionales. “Creo que hemos vendido más de un millón de discos. Parece mucho, pero en realidad seguimos siendo un sello pequeño”, explica Beat-Man.

Este hombre de 46 años compagina el sello discográfico y su propia carrera musical. Ha creado un género completamente nuevo que fusiona ‘pshychobilly’ con el punk de garaje. Gracias a Youtube y Spotify afirma haberse dado a conocer en el extranjero y poder así conseguir giras regulares. En esta época de descargas gratuitas y venta de discos en caída libre, es en las giras de conciertos donde los músicos hacen dinero hoy. 

“La gente ya no sabe lo que es un producto. Es una noción que han perdido porque, dado que ahora todo es digital, no pueden tener nada entre las manos. Pero luego vienen a un concierto y ven que vendemos camisetas o discos y les gusta. Se dicen: “Wow, esto es un verdadero producto… algo que puedo llevar a casa y conservar para siempre”. En cambio, con lo digital todo puede desaparecer por un fallo informático. Como sello discográfico es difícil hacer comprender este mensaje a la gente”.

“Ser músico hoy no es algo para gente de poco carácter”, prosigue Beat-Man. Sus comienzos fueron duros e implicaron cosas como dormir en el suelo de un lavabo y cobrar muy poco dinero durante años por tocar. Tardó entre 10 y 15 años en conseguir honorarios aceptables.

Y es que muchas bandas de nuestro país mantienen un trabajo diurno. “Un problema en Suiza es que es relativamente simple ganar mucho dinero con un trabajo convencional. Ganar 10 000 francos al mes es posible, mientras que como músico apenas llegas a 2 000. Piensa que solo el alquiler representa unos 1 500, por lo que te quedan apenas 500 francos para vivir. Muchos músicos suizos son incapaces de aguantar estas condiciones. Prefieren tener una vida confortable”, reflexiona Beat-Man.

¿Elitista?

Daniel Fontana ha sido un observador privilegiado de la escena musical suiza durante décadas. Su sala de conciertos Bad Bonn se encuentra en medio del campo, a kilómetros de la ciudad más cercana. Pero los amantes de la música no dudan en tomar la ruta para ver conciertos de bandas suizas e internacionales. Durante tres días al año, Bad Bonn recibe a 2 500 fans que vienen a disfrutar de un festival de primer nivel. Los pases para los conciertos se venden en cuestión de horas.

Para Fontana, la música pop es “un entretenimiento de las élites” en Suiza. “Lo cierto es que no hay mucha gente salida de las clases populares en el mundo musical. En la mayoría de los grupos es muy raro encontrar alguien salido de la calle. Y en Zúrich, la mayoría de los músicos que conozco provienen de familias ricas”, observa el promotor.

En su opinión, las bandas no progresan principalmente por dos razones. “La primera es que los músicos están tan cómodos que no se mueven lo suficiente por Suiza y los países limítrofes para presentar su música. La segunda, es que tienen expectativas poco realistas de triunfar muy rápido, cobrar honorarios astronómicos y poder retirarse a tiempo si las cosas van mal”.

“Necesitamos más locos que hagan buena música. La mayoría de la gente no está lo suficientemente loca”, sentencia Fontana.

Yello y The Young Gods – dos de los grupos que triunfaron fuera de las fronteras suizas – empezaron como proyectos experimentales. No les interesaba convertirse en bandas de éxito, destaca el patrón de Bad Bonn.

El año pasado, Fontana formó parte del comité de expertos encargado de identificar a los músicos punteros del panorama nacional helvético. El elegido se alzaría con el primer Gran Premio de la Música. La lista final incluyó a 15 intérpretes de todos los estilos, desde música clásica y folclórica hasta experimental. El ganador fue Franz Treichler, líder de los Young Gods, quien se llevó los 100 000 francos por su trabajo pionero en la música y las artes iniciado hace ya 30 años.

“Para mí fue muy importante nominar a artistas que realmente viven lo que hacen, como Beat-Man o Franz Treichler. Estos tipos viven a fondo su música. No piensan en si a la gente le va a gustar o no lo que hacen. Simplemente lo hacen. Darles el premio fue una especie de provocación para la escena musical suiza”.

Los pioneros

El Museo de la Comunicación de Berna ofrece actualmente la primera retrospectiva sobre la música pop jamás realizada en Suiza. Este acontecimiento puede ser interpretado como un signo de normalización, ya que este estilo ha llegado a la madurez.

La muestra presenta la evolución desde el primer grupo femenino, las Honolulu Girls, en 1960, hasta hoy. 

Pero la impresión dominante al ver la exposición es que en la mayoría de músicos suizos las influencias estéticas provienen de otras latitudes. Aunque un puñado de ellos se atrevió a ir en otra dirección.

Los Young Gods inspiraron a artistas de la categoría de David Bowie, o el guitarrista de U2, The Edge. Mientras que Kurt Cobain citaba al grupo postpunk  Kleenex como una de sus influencias. Hoy, sus canciones son retomadas por el grupo ‘avant-punk’ en ascenso “Deerhof”. Por su parte, el grupo de metal extremo Celtic Frost ha influenciado a muchas otras bandas de metal con su apuesta vanguardista.

Los pioneros de la electrónica Yello influyeron enormemente en las músicas de baile que usaban sintetizadores y samplers. Paul Hartnoll, del dúo dance británico Orbital, comenta a swissinfo.ch: “Yo diría que Yello está entre los cinco primeros grupos de electrónica que me marcaron. Todavía recuerdo escuchar los discos de Yello y pensar: “¿Qué es esto, qué están haciendo, cómo lo hacen?”.

“Yello forma parte de esa oleada de músicos que pudieron influir en el desarrollo de la música ‘house’. Yello siempre tuvo estos elementos ‘disco’ en su música. Gracias a ello puede decirse que fueron realmente una gran influencia en la esencia de la música de baile. La han creado a su manera, mucho antes”, analiza Hartnoll.

La retrospectiva en el Museo de la Comunicación fue idea del músico y escritor Sam Mumenthaler. Este coleccionista ha prestado muchos de los materiales que forman la muestra. Mirando a los últimos 60 años, Mumenthaler se queda con dos momentos clave en el desarrollo de la música pop en Suiza. Los conciertos de los Rolling Stones y Jimmy Hendrix en Zúrich, en 1967 y 1968, respectivamente, y una actuación posterior de Bob Marley.

“Cuando Jimmy Hendrix tocó en 1968, la policía tuvo un comportamiento bastante agresivo, debido a los tumultos que hubo en el concierto de los Rolling Stones de 1967. O sea, que en 68 vinieron realmente muy duros, y eso motivó las protestas sociales que dieron inicio al movimiento de 1968 en Zúrich”, rememora Mumenthaler.

“En 1980, tuvimos otro movimiento juvenil en Suiza. Fue bastante fuerte y en su origen estuvo relacionado con el concierto que Bob Marley dio en mayo de 1980. ‘Get up, Stand up!” (Levántate, ponte de pie) fue una consigna evidentemente bien entendida por los suizos”.

Renacimiento, no revolución

Según el periodista especializado en música Benedikt Sartorius, en el mundo musical de nuestro tiempo en Suiza no se pueden esperar cambios de tal magnitud. “En ninguna parte vemos una revolución en marcha en la música pop. Además, es difícil hablar de una escena musical suiza. Existe una gran cantidad de escenas musicales menores dentro de ella, y hay muchas redes en los ámbitos local y regional”, explica.

A esta dispersión contribuye sin duda la mezcla lingüística propia de Suiza, lo que hace que sea muy difícil tener éxito a escala nacional. Pero la lengua mayoritaria, los dialectos del suizo alemán, ha recorrido un largo camino en la música pop. Aunque durante mucho tiempo, el dialecto fue un tabú y las bandas del país preferían cantar en inglés.

Un prejuicio con el que rompió Polo Hofer, quien en los años 70 se lanzó a cantar en alemán con bandas populares como Rumpelstilz o Züri West. De hecho, elegir en qué idioma cantar es aún un dilema para muchas bandas suizas. Todavía hoy, muchos artistas eligen el inglés pensando que les dará más posibilidades de éxito a escala  nacional e internacional.

Sin embargo, el año pasado el dialecto tuvo una suerte de minirenacimiento, de la mano de bandas como King Pepe, Jeans for Jesus y Stahlberger, opina Sartorius. “Pienso que ahora es un buen momento para cantar en suizo alemán. Este año es un buen año, pues hay toda una nueva generación de bandas que hacen pop en ‘Mundart’ (dialecto), con buenas letras y nuevos fondos musicales. Es un acercamiento más fresco al ‘Mundart’, que también está relacionado con el hip-hop”.

Puede que no haya habido grandes movimientos en la música pop en los últimos 10 o 15 años, pero “en las micro esquinas del mundo musical algo está creciendo y esto nunca va a detenerse”, se entusiasma Ane Hebeisen, crítico musical del diario ‘Der Bund’, de Berna.

“Con las nuevas tecnologías, las nuevas ideas, la nueva locura, la nueva fuerza de los jóvenes y todo eso, no veo el futuro de la música pop con pesimismo”, sentencia Hebeisen. “Cada año descubro novedades que me vuelven loco. Incluso en Suiza. Y aquí no todo son copias. De hecho, hay músicos suizos muy originales trabajando y creando”. 

Momentos clave del pop suizo

1957: Primer rock instrumental, “Chimpanzee Rock” de los Hula Hawaiians

1960: Nace Honolulu Girls, primer grupo femenino.

1967: La policía pierde el control de las masas durante el concierto de los Rolling Stones, en el Hallenstadion de Zúrich.

1967: Suiza vive las primeras manifestaciones de ‘paz y amor. Se funda el Montreux Jazz Festival.

1968: Las protestas por la violencia policial durante el concierto de Jimi Hendrix en Zúrich provocan revueltas sociales .

1968: Nace ‘Hotcha’, revista de la revista música underground, cuyo póster diseña el artista suizo H.R. Giger.

1970: Mini-Woodstock en el lago de Constanza.

1971: Se incendia el Casino de Montreux durante el concierto de Frank Zappa (momento que inmortalizó el grupo Deep Purple en ‘Smoke on The Water’.

1970: Se funda la agencia de conciertos Good News.

1975: Polo Hofer y su banda Rumpelstilz graban el primer disco en el dialecto suizo alemán.

1975: Se funda Krokus, banda de rock duro de Solothurn, que en los años 80 llena estadios en Estados Unidos. Es hasta hoy la banda suiza de mayor éxito internacional, con 14 millones de discos vendidos.


Traducción del inglés: Rodrigo Carrizo Couto, swissinfo.ch

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