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Malas conductas


Cómo detectar fraudes en la investigación


Por Jeannie Wurz*


Los académicos, bajo presión, para publicar o quedar en el olvido. (Keystone)

Los académicos, bajo presión, para publicar o quedar en el olvido.

(Keystone)

En abril, la prestigiosa Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ) anunció que investiga el proceder de uno de sus profesores sospechoso de fraude en sus publicaciones.  Si bien los comportamientos académicos deshonestos no son novedad, Suiza recién ha adoptado una respuesta más sistemática al problema. 

El caso de la EPFZ concierne a un profesor de Biología, acusado en el foro en línea PubPeer de haber manipulado imágenes que acompañaban artículos de su coautoría. De acuerdo con el Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS) de Francia, que financió parte de las investigaciones, la estafa afecta a una treintena de artículos publicados.

El 9 de abril, la EPFZ anunció la constitución de una comisión de averiguación encargada de evaluar las alegaciones en contra del científico, aparecidas desde enero de 2015 en PubPeer y Retraction Watch. La investigación aún está en curso.

Por su parte, la CNRS realiza sus propias pesquisas.

El problema, mundial

Falsificar o fabricar datos es un engaño, pero también el plagio o la usurpación de identidad, sin olvidar el conflicto de intereses, es decir, cuando una investigación es patrocinada por la empresa responsable del producto analizado.

Uno de los mayores escándalos de fraude en el ámbito de la publicación científica identificado hasta ahora en Europa es el del anestesista alemán Joachim Boldt. Tras una larga investigación, perdió su empleo en la clínica de Ludwingshafen y 88 de sus 102 artículos, publicados en revistas científicas, fueron retirados. Boldt supuestamente comenzó a falsificar datos a partir de 1999.

En 2009, una síntesis?? de 21 estudios publicados en diferentes países concluye lo siguiente: cerca de 2% de los científicos entrevistados admitieron haber falsificado o modificado los datos o los resultados de sus investigaciones al menos una vez en su carrera, y el 34% admitió otras prácticas discutibles.

¿Por qué los científicos ponen en riesgo su trayectoria, falsificando datos?

“Sin importar la actividad humana de que se trate, la gente quiere destacar en lo que hace”, responde Mirjam Curno, directora editorial en Lausana. Según ella, muchos de esos comportamientos antiéticos se deben a la presión ejercida por los donadores de fondos y los comités de evaluación institucional y de promoción.

De este modo, “obligados a asegurar el financiamiento de sus trabajos y sometidos a contratos de corto plazo, los académicos se ven forzados a renovar con regularidad estos apoyos”.

Cómo reaccionar

¿El fraude de publicaciones es un problema recurrente en Suiza?

“No más que en otras partes”, responde el profesor de Derecho Kurt Seelmann, que preside la Comisión de Integridad Científica del Fondo Nacional de Investigación (FNS). “Se presume que hay numerosos casos, que nosotros debemos seguir”.

Las instituciones de investigación suizas han desarrollado líneas directrices y procedimientos para seguir los casos sospechosos. “Antes de 2009 no había procedimiento formal”, explica Susan Killias, consejera general de la EPFL. “Estoy aquí desde 2000 y jamás había escuchado al respecto”.

La Comisión de Integridad Científica del FNS fue fundada en 2013.

Al tomar paulatinamente consciencia del problema de fraudes, las universidades, las revistas científicas y los organismos de financiamiento comenzaron a participar activamente en la detección de prácticas reprobables.

“Creemos que la punición debe existir, pero lo más importante es la prevención”, declara Susan Killias. Publicamos regularmente llamados en internet o enviamos e-mails a la comunidad científica para recordarle sus deberes”.

Tras la introducción de un procedimiento formal en 2009, la EPFL?? solo ha conocido tres casos de profesores sospechosos, dos de estos sin fundamento. “Si usted toma en consideración que cada año publicamos unos 2 000 artículos, esto no es realmente nada”.

Intercambio de informaciones

El COPE (Comité a favor de la ética en las publicaciones) elabora documentación que sirve de sustento al debate y alimenta una base de datos que han sido objeto de discusiones éticas.

“Numerosas cuestiones a las que se ven confrontados los editores son transmitidas a las instituciones de investigación”, anota Mirjam Curno, miembro del consejo del COPE. El Comité desarrolló líneas directrices sobre la cooperación entre les institutos de investigación y las revistas.

Pero en Suiza, el intercambio de informaciones sobre fraudes de publicación no son siempre fáciles de transmitir, a causa, en parte, de la estructura federalista del país, anota Kurt Seelmann. “Desde el punto de vista del FNS, no es un problema. Nosotros solicitamos informaciones y las damos. Pero las universidades, que son cantonales la mayoría, con frecuencia no tienen la autorización para darnos esas informaciones”.

Desafortunadamente el fraude científico está extendido por todas partes, constata Mirjam Curno. “Lo importante es que las instituciones tengan procedimientos para investigar de modo rápido y justo los casos sospechosos y comunicarlos de modo claro”.

*Aclaración: La autora del artículo, Jeannie Wurz, fue editora del boletín ‘Ethical Editing’ de 2009 a 2012 

Procedimientos y líneas directrices en Suiza

El EPFZ dispone desde 2004 de un procedimiento para tratar las sospechas de fraude.

La Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) tiene una directiva sobre la integridad de la investigación y las buenas prácticas científicas, que fija los principios de base para la planificación, la ejecución, la presentación y la evaluación de las investigaciones. Esas reglas se aplican a toda persona implicada en la investigación en la EPFL: profesores, estudiantes, personal científico, asociados e invitados.

El Fondo Nacional Suizo de Investigación Científica (FNS), que destinó 819 millones de francos a financiar proyectos en 2013, dispone de reglas para proceder contra conductas incorrectas en el proceder de solicitantes y beneficiarios de estos subsidios.

  

Identificar el fraude a la publicación

Numerosas organizaciones, como la EPFL y el FNS, han invertido en programas informáticos que evalúan los manuscritos y los comparan con una base de datos de textos ya publicados para evitar plagios. “Con el material que hoy se encuentra en línea y los programas que tenemos, el plagio es fácil de detectar”, explica Mirjam Curno, directora editorial de la revista ‘Frontiers’, publicada en Lausana.

swissinfo.ch

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