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Mare Nostrum versus Tritón


¿Quién salvará a los migrantes del cementerio mediterráneo?


Por Stefania Summermatter, de regreso de Pozzallo


En un año, el número de inmigrantes que desembarcaron en Italia se ha prácticamente triplicado: de 60 000 en 2013 a 165 000 a finales de octubre de 2014. (Reuters)

En un año, el número de inmigrantes que desembarcaron en Italia se ha prácticamente triplicado: de 60 000 en 2013 a 165 000 a finales de octubre de 2014.

(Reuters)

Al dejar caer Mare Nostrum, Europa ha dado la espalda a la mayor operación humanitaria lanzada en el Mediterráneo, que permitió rescatar a 150 000 personas. Con Triton, la prioridad vuelve a ser el control de las fronteras. Reportaje desde Pozzallo, Sicilia.

La fragata Aliseo ha atracado en el puerto de Pozzallo a primera hora de la mañana. Estamos a inicios de octubre y la operación Mare Nostrum tiene los días contados. En popa – agolpados uno junto al otro – hay 435 migrantes, entre ellos ocho mujeres y un niño. Provienen, en su mayoría, del África subsahariana. Zarparon hace una semana de las costas libias: tres días a bordo de una embarcación precaria y cuatro a bordo de una de las 32 naves que la Marina italiana ha destinado a Mare Nostrum.

“Viajaban en tres balsas y estaban estancados a 70 millas de las playas libias, en aguas internacionales. La primera cosa que hicimos fue tranquilizarlos, porque el mínimo movimiento puede ser fatal. En una de las balsas había agua; llegamos justo a tiempo”, afirma Mario Giancarlo Lauria, capitán de la fragata Aliseo.

Durante más de un año, Italia se volcó en rescatar a inmigrantes en el Mediterráneo y buscó, en vano, la solidaridad de la Unión Europea (UE). La respuesta de Bruselas fue el lanzamiento de Tritón, una operación encargada de patrullar las fronteras marítimas y luchar contra los traficantes. Estará a cargo de la agencia europea para la gestión de las fronteras exteriores (Frontex) y hasta ahora cuenta con la participación de 15 Estados europeos, entre ellos Suiza, y un presupuesto mensual de 2,9 millones de euros, un tercio menos que la operación italiana Mare Nostrum. Desde el 1 de noviembre, la búsqueda y el rescate ya no son prioritarios.

“Mare Nostrum era una misión humanitaria y militar, que nada tiene que ver con Tritón. El objetivo de Frontex es asegurarse de que nadie entre en territorio europeo sin ser descubierto. Está claro que, en caso de riesgo de naufragio, los inmigrantes serán rescatados, como prevé el derecho internacional, pero este no es el objetivo de Tritón”, explica la portavoz de la agencia europea Frontex, Izabella Cooper.

Por esta razón Tritón se mantendrá a 30 millas marítimas de las costas italianas, mientras Mare Nostrum se extendía casi hasta Libia, donde rescató a los 435 inmigrantes que desembarcaron en Pozzallo.

Rostros sin nombre

La nave lleva horas parada, cuando los primeros jóvenes africanos comienzan a descender, en pequeños grupos de cuatro o cinco. Los ‘carabinieri’ les toman una foto: un rostro y una pulsera de cuatro cifras, para una especie de identidad provisional. Mientras se traslada a un primer grupo a Messina – a más de 200 km de Pozzallo – los otros se dirigen a la carpa de Médicos sin Fronteras (MSF) para los primeros controles sanitarios.

Las condiciones de llegada dependen mucho del viaje y de la región de procedencia, explica Chiara Montaldo, que dirige desde hace un año el equipo de MSF en la localidad siciliana. “En general, los subsaharianos son los que están mejor, a pesar de que han cruzado el mar en condiciones peores, porque disponen de menos recursos económicos. La mayoría son hombres jóvenes y, por tanto, se recuperan más rápido de la dura travesía”.

Y luego están los sirios. “Por norma, pueden permitirse embarcaciones mejores y transcurren menos tiempo en alta mar. Pero a diferencia de los subsaharianos, entre los sirios hay también personas de edad avanzada, que padecen patologías crónicas como diabetes o hipertensión, y niños cuya vacunación ha quedado interrumpida a causa de la guerra”.

El tercer grupo es el de los eritreos, que junto con los sirios representa casi la mitad de los inmigrantes. “Llevan los signos de la violencia psicológica y física. Muchos han sido violados – incluso hombres – y torturados, en Eritrea y en Libia”.

Pozzalo, ciudad de desembarco

La localidad turística se ha convertido en uno de los principales puntos de desembarco desde el lanzamiento de la operación Mare Nostrum. Un fenómeno que ha dado vida a muestras de solidaridad, pero también a alguna reacción de intolerancia.

Mare Nostrum

  • Objetivo: rescatar inmigrantes en alta mara
  • Países implicados: Italia
  • Presupuesto: 9,5 millones de euros al mes (114 en total)
  • Dispositivos: 32 naves militares; 2 submarinos; helicópteros y aviones
  • Personal: 900 militares al día, 24 horas
  • Radio de acción: aguas territoriales e internacionales, cerca de la costa libia.

“Estamos pagando un precio muy alto por ser una ciudad acogedora y solidaria. Este verano, las cifras de turismo cayeron, porque la gente tiene miedo de encontrarse con los inmigrantes y los cadáveres que flotan en el muelle. Pero no es así”, afirma el alcalde de Pozzallo, Luigi Ammatuna.

Es verdad, en el centro de la localidad no se ven refugiados, por lo menos en los primeros días de octubre. Los últimos que llegaron están recluidos en el albergue, a la espera de ser transferidos a otro lugar. No pueden salir, ni siquiera intercambiar dos palabras con quienes están del otro lado de la cancela. “No es la voluntad del municipio, sino la práctica”, se defiende Ammatuna.

La emergencia de los prófugos, sin embargo, también ha generado un nuevo negocio en la región, gracias a la apertura de centros de acogida y a la presencia de personal humanitario. Aun así, el alcalde ha solicitado una compensación a Roma para relanzar el turismo en esta pequeña ciudad siciliana. “Sentimos cierta distancia por parte de las instituciones italianas. Europa jamás se interesó por la cuestión de la inmigración y ha dejado sola a Italia, que a su vez nos ha abandonado a nosotros, que estamos en el frente”.

Mare Nostrum: ¿efecto bumerán?

Lanzada en octubre de 2013 tras el naufragio de 368 personas frente a la costa de Lampedusa, la operación Mare Nostrum ha permitido salvar a más de 150 000 inmigrantes y detener a 500 traficantes.

La decisión valiente que adoptó el entonces Gobierno de Enrico Letta ha tenido consecuencias. En un año, Italia ha gastado 112 millones de euros en Mare Nostrum, 9,5 millones al mes. Y en virtud del tratado de Dublín, hubiera tenido que asumir la responsabilidad y los costes de acogida de estas personas. Incapaz desde hace tiempo de hacer frente a la emergencia migratoria, Italia se ha visto confrontada con un aumento significativo del número de llegadas: de 60 000 en 2013 a 165 000 a finales de octubre de 2014. Y así ha dejado de mantener al día el registro sistemático de datos en el banco EURODAC, lo que le ha valido la ira de algunos países europeos, Suiza entre ellos. Sin huellas digitales, que testimonien un primer paso por Italia, los inmigrantes no pueden ser devueltos.

Tritón

  • Objetivo: patrullar las fronteras y luchar contra el tráfico de seres humanos
  • Países implicados: 15, entre ellos Suiza
  • Presupuesto: 2,9 millones de euros al mes
  • Dispositivos: 7 naves, dos aviones y un helicóptero
  • Personal: dato no disponible
  • Radio de acción: a 30 millas de la costa italiana

También ha disminuido el apoyo a Mare Nostrum, sobre todo en el seno de la UE. Varios políticos están convencidos de que la operación italiana ha incentivado el tráfico de inmigrantes.

Para el profesor Ferruccio Pastore, director del Foro Internacional y Europeo de Investigación sobre la Inmigración, en Turín, es extremadamente difícil medir científicamente un posible efecto imán. “En cambio, es incontestable que la situación en países como Siria o Libia ha empeorado en el último año, lo que ha llevado a un creciente número de personas a huir. Sin contar que, tras la caída de Gadafi, en la costa sur italiana no hay un Estado que actúe como un muro de contención”.

También la Unión Europea tiene parte de responsabilidad en el creciente número de desembarcos, subraya Denise Graf, jurista y experta en asilo de la sección suiza de Amnistía Internacional. “Europa ha construido una fortaleza en torno a sí: Hay una verja en Grecia, una en Bulgaria, una en Ceuta y Melilla. Estas fronteras se suman a la impenetrable que existe entre Israel y Egipto. Los Estados europeos, Suiza incluida, han restringido al máximo el derecho de reagrupación familiar y la posibilidad de solicitar legalmente asilo en las embajadas. La única salida que tienen quienes buscan refugio en Europa es la vía ilegal del Mediterráneo.

La pescadilla que se muerde la cola

En los últimos meses, el número de náufragos ha vuelto a crecer, a pesar de Mare Nostrum. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha registrado más de 3 300 muertos en 2014, de los cuales 2 700 desde inicio de junio. “Pero seguramente el número es más alto”, afirma Chiara Montaldo. ¿Cuántas veces los migrantes nos dicen que eran cinco en la embarcación? ¿Dónde fueron a parar los otros dos?”Ahora, con el fin de Mare Nostrum, la situación podría agravarse en alta mar, especialmente en los primeros meses, cuando la información no habrá llegado aún a Libia y los traficantes especularán con la ignorancia de los migrantes. Las organizaciones humanitarias internacionales – entre ellas ACNUR – deploran la falta de voluntad por parte de los Estados europeos para prevenir y evitar más muertes en el Mediterráneo, con una política clarividente y coordinada.

“La Unión Europea no puede cerrar sencillamente los ojos y fingir que los naufragios no se producen”, afirma Denise Graf, de Amnistía Internacional.

Es indiscutible que resulta difícil gestionar a largo plazo una operación como Mare Nostrum y, en cierto sentido, es el símbolo de una política europea, cuando menos, coja. Es la pescadilla que se muerde la cola, dice Chiara Montaldo, mientras mira las olas que se estrellan contra el muelle. “El sistema actual obliga, prácticamente, a los migrantes a echarse al mar y arriesgar su vida. Y una vez allí, sal a salvarlos. ¡No los obliguemos a echarse al mar!”

Desde hace unos días, Pozzallo ha recuperado la calma y la cuenta Twitter de la Marina italiana ha dejado de sonar al ritmo del número de desembarques. Del otro lado del estrecho de Sicilia, decenas de miles de migrantes albergan la esperanza de alcanzar Europa. Y el fin de Mare Nostrum no detendrá sus sueños ni su desesperación.


Traducción del italiano: Belén Couceiro, swissinfo.ch



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