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Mario Botta cumple 75 años “Tengo la suerte de vivir donde nací”

Mario Botta

Nacido el 1 de abril de 1943 en Mendrisio, el Tesino, Mario Botta es uno de los arquitectos suizos de mayor proyección internacional.

(Ti-Press)

Mario Botta es uno de los arquitectos más famosos de Suiza. Ha construido edificios en todo el mundo: villas, bancos, museos, casinos... Pero a los que más apego tiene es a los edificios religiosos, tal y como explica en esta entrevista concedida a swissinfo.ch con motivo de su 75 aniversario.

swissinfo.ch: El 1 de abril cumple 75 años. ¿Es un acontecimiento importante para usted?

Mario Botta: Tal vez sea importante para mis amigos, pero para mí es un día bastante normal. Creo que es importante tomar conciencia del envejecimiento, incluso aunque se tenga la impresión de ser todavía joven. He trabajado con fuerza y ese ha sido mi destino. No he visto pasar el tiempo. El tiempo ha volado.

swissinfo.ch: ¿Cómo vive usted el hecho de envejecer?

 “Las iglesias han perdido parte de su función, pero siguen siendo símbolos de nuestra memoria colectiva”

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M.B.: Envejecer no me hace gracia. Veo que el tiempo que me queda es cada vez más limitado. En ese sentido, no hay mucho que celebrar. Para un arquitecto es aún peor: los proyectos arquitectónicos llevan mucho tiempo y eso me molesta, porque siempre quiero ver mis proyectos hechos realidad. Hay muchos más en proceso. ¿Ve esos planos detrás de mí? Son los de las nuevas termas de Baden.

swissinfo.ch: La edad oficial de jubilación en Suiza es de 65 años, y muchas personas se jubilan anticipadamente. No parece, sin embargo, que los arquitectos respondan a este perfil…

M.B.: Mi teoría puede ser algo arriesgada, pero me parece que los arquitectos viven más tiempo. Pienso en Wright, Le Corbusier o Mies van der Rohe. Creo que se debe a esta tensión de ver el trabajo realizado. Los filósofos queman sus ideas más rápido. El gran maestro Louis Kahn dijo que la arquitectura no existe. Lo que existe es la obra del arquitecto. Así que no solo la idea, también el proceso. La arquitectura es la historia de su propio tiempo.

swissinfo.ch: Con motivo de su cumpleaños hay abierta en Locarno una exposición sobre arquitectura sacra dedicada a usted: iglesias, capillas, mezquitas, sinagogas… ¿Por qué decidió centrarse en la arquitectura sacra?

M.B.: La Casa Rusca de LocarnoEnlace externo se puso en contacto conmigo porque quería abrir su espacio expositivo a la arquitectura. Mi primera idea fue crear una exposición sobre mi no-arquitectura, sobre elementos de diseño como sillas o mesas, pero también sobre la organización de exposiciones y decorados de ópera. Cuando presenté el proyecto, me di cuenta de que ese no era un tema clave para mí. Así que pensé en proponer otro que realmente sí me interesa: los espacios de culto y de memoria. Porque para mí había una pregunta básica, ¿cómo hacer una iglesia después de Picasso?

swissinfo.ch: Entonces, ¿la arquitectura de los lugares sagrados tiene un valor particular para usted?

M.B.: A través de los edificios de culto, tengo la impresión de haber identificado las raíces profundas, pero también los límites de la arquitectura. Los conceptos de gravedad, umbral y luz, como generadores de espacio, el juego de las proporciones y la evolución rítmica de los elementos hacen que el arquitecto redescubra las razones primarias de la arquitectura. Los edificios de culto son también símbolos contra la banalización que se ha generalizado en la arquitectura.

swissinfo.ch: Sin embargo, las iglesias y los lugares de culto, en general, han perdido mucho significado en una sociedad cada vez más secularizada.

M.B.: Sí, es cierto, las iglesias han perdido en parte su función, pero siguen siendo símbolos de nuestra memoria colectiva. La iglesia que vemos en un pueblo, aunque ahora sea poco frecuentada, en su día fue un lugar de gran importancia, era donde la gente se reunía. Era uno de los principales elementos constitutivos de una ciudad. El ayuntamiento, el teatro y el museo son edificios que pertenecen a nuestra historia, especialmente en Europa. Por eso nos interesan y visitamos las ciudades históricas. Porque forman parte de nuestro pensamiento colectivo y de nuestra historia.

swissinfo.ch: ¿Vale esto también para las iglesias?

M.B.: Veo una necesidad de espiritualidad inherente al ser humano. Cada edificio religioso, más allá de la confesión a las que esté destinado -judaísmo, cristianismo, islamismo-, se pone como paradigma de una manera de interpretar esa necesidad, de dar forma a los valores colectivos de nuestra vida, de modelar la luz y el espacio para extraer de él un significado simbólico reconocido y compartido.

swissinfo.ch: ¿Es usted más religioso ahora que en el pasado?

“Las iglesias más feas que conozco han sido construidas por arquitectos muy religiosos”

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M.B.: No. Esta pregunta es irrelevante para mí. Provengo de una cultura cristiana occidental. En el pasado no sabía exactamente qué eran el islamismo y el judaísmo. Sin embargo, he construido mezquitas y sinagogas. Es posible cuando se tiene un enfoque arquitectónico. Se trata de preguntarse cómo ordenar un espacio.

También he construido bancos sin ser banquero. Puede sonar gracioso, pero las iglesias más feas que conozco han sido construidas por arquitectos muy religiosos. Tengo mucho respeto por los lugares de culto, que para mí son también lugares de silencio.

swissinfo.ch: En su obra arquitectónica, ciertas figuras geométricas como el círculo, el cilindro o la lente surgen una y otra vez. ¿Por qué?

M.B.: La geometría me ayuda a controlar mejor el espacio generado por la luz. Hay dos elementos que dan fuerza a la luz: la geometría y los materiales. La geometría sirve para dar claridad, equilibrio y legibilidad a la obra. En cuanto a los materiales, prefiero el ladrillo y la piedra que viene de la tierra.

swissinfo.ch: Cuando se presentó la exposición en Locarno, dijo que para usted suponía mostrarse desnudo. ¿Qué quiso decir con eso?

M.B.: La exposición es una especie de examen. Se trata de obras sacras, que siempre he hecho porque me las pidieron. Desde 1986, he participado regularmente en estos proyectos. Para mí, el desarrollo se hace por categorías. Al principio, fueron casas unifamiliares, luego bancos, finalmente bibliotecas y espacios de exposiciones que he construido por todo el mundo.

swissinfo.ch: Después de una carrera de 50 años, ¿entre sus obras hay alguna que aprecie de manera especial?

“Cada obra tiene su razón de ser. Es como un hijo: tal vez no es el mejor, pero aun así se le quiere”​​​​​​​

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M.B.: El próximo proyecto. Me encantaría hacer otro lugar de culto en el que tal vez poder interpretar de manera diferente la idea de contemplación, de sacrificio, de silencio.

swissinfo.ch: ¿Hay, por el contrario, obras que ya no le gusten?

M.B.: Cada obra tiene su razón de ser. Es como un hijo. Puede que no sea el mejor, pero aun así se le quiere. Todos los proyectos son hijos de proyectos anteriores. Sin embargo, hay un primer proyecto especialmente importante para mí en lo que a lugares de culto se refiere, es la iglesia de MognoEnlace externo, en el valle del Alto Maggia, que reconstruí desde cero después de una avalancha.

swissinfo.ch: Usted nació en Mendrisio y desde hace unos años vive allí de nuevo. Tiene su estudio en esta pequeña ciudad del sur del cantón del Tesino, pero trabaja por todo el mundo. ¿Qué importancia tiene para usted estar arraigado aquí?

M.B.: Para mí, es una riqueza y un privilegio. Me siento afortunado de poder vivir aquí donde nací. Es un lugar de recuerdo. Me gusta no ver las montañas al sur. Aquí siento el Mediterráneo, aunque no lo vea. El Mediterráneo para mí es, todavía hoy, el centro de la Europa cultural. Ulises y la Odisea son parte de mi imaginación.

Está claro que hoy somos ciudadanos del mundo. Mis maestros, Rino Tami y Tita Carloni, solo trabajaron en el Tesino, mientras que yo lo hago en todo el mundo. Acabo de recibir un encargo en Shanghái. Si solo trabajara en el Tesino, no podría tener mi oficina en Mendrisio y dar empleo a unas 20 personas. También estoy orgulloso de vivir cerca de Milán. Siempre digo que vivo a las afueras de Milán.

Mario Botta

Mario BottaEnlace externo nace el 1 de abril de 1943 en Mendrisio, cantón del Tesino. Estudia en Lugano y luego en la escuela secundaria artística de Milán. Sigue sus estudios en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, donde se gradúa en 1969. Durante su estancia en Venecia, conoce y trabaja para Le Corbusier y Louis I. Kahn.

En 1970 abre su propio estudio en Lugano. En 1976 es nombrado profesor invitado en la Escuela Politécnica Federal de Lausana.

Su trabajo incluye muy diversos tipos de edificios: casas familiares, escuelas, bancos, edificios administrativos, bibliotecas, museos y lugares sagrados. Entre sus obras más importantes están el Museo de Arte Moderno de San Francisco (Estados Unidos), la Catedral de la Resurrección en Évry (Francia) y el Museo Jean Tinguely en Basilea.

Ha recibido numerosos premios y distinciones internacionales. Entre ellos, el Chicago Architecture Award, en 1986. Vive y trabaja en Mendrisio (Suiza). Está casado y es padre de tres hijos.

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Traducción del francés: Lupe Calvo

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