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Hace 50 años, deslave


Mattmark, dramática página de la historia de Suiza


Por Sonia Fenazzi, Mattmark e Ins


La construcción de la presa de Mattmark, en el Alto Valais, costó la vida de más de un centenar de personas, 88 de las cuales de un solo golpe, el 30 de agosto de 1965, sepultadas bajo una avalancha de nieve. (Keystone)

La construcción de la presa de Mattmark, en el Alto Valais, costó la vida de más de un centenar de personas, 88 de las cuales de un solo golpe, el 30 de agosto de 1965, sepultadas bajo una avalancha de nieve.

(Keystone)

El 30 de agosto de 1965, dos millones de metros cúbicos de hielo y escombros se desprendieron del glaciar de Allalin, en el Valais, sepultando las obras de la presa de Mattmark. La mayor catástrofe de la Suiza moderna cobró 88 vidas y, de alguna manera, se convirtió en el símbolo de los episodios trágicos de la emigración italiana.

“Esta tragedia es parte de nuestro pasado, pero nunca podremos olvidarla”, dice Martin Anthamatten, alcalde de Saas-Almagell, la comuna valesana en la que se encuentra Mattmark. Nuestra entrevista tiene lugar en un restaurante que hoy flanquea la presa y ofrece una soberbia vista panorámica del lago y el valle.

No solamente para las familias de las víctimas es inolvidable el deslave de Mattmark, sino también para aquellos que de una manera u otra, fueron testigos.

En ese entonces, Martin Anthamatten tenía solamente seis años. Sin embargo, cinco décadas más tarde, lo recuerda: “En mi cabeza escucho todavía el ulular de las sirenas de las ambulancias”, comenta. El consejero municipal Stefan Andenmatten tenía 17 años y menos de una hora antes del cataclismo, se hallaba todavía en el lugar. Era estudiante y cuidaba las ovejas durante la pausa estival.

“Subí a buscar a mis animales y había cruzado toda la zona bajo el glaciar para conducirlas del otro lado”, dice mientras nos muestra el camino. “Quería detenerme, como siempre, en el comedor de los trabajadores. Gracias a un buen amigo, el padre de Martin (Anthamatten), que insistió en llevarme, acabé por bajar al pueblo. Tuve una suerte increíble. Pero el impacto para mí y para todos aquí fue terrible”.

Testigo ocular

Ilario Bagnariol, conductor de excavadoras, trabajaba en la presa desde 1963. Nos recibe en su casa de Ins, en el cantón de Berna, donde vive desde su matrimonio en 1971. Este friulano, de Fiume Veneto, tenía 23 años cuando, ante sus ojos y en unas cuantas decenas de segundos, la obra de construcción desapareció bajo una capa de hielo de 50 metros de espesor. El enorme deslizamiento pasó a pocos metros de donde se encontraba. Hasta que vio un camión proyectado a lo lejos advirtió la potencia de la avalancha.

Cincuenta años más tarde, revive la escena hasta en los más mínimos detalles. Todo quedó muy presente en su memoria, hasta el punto que cuando nos lo describe pareciera una película. Para Ilario Bagnariol, sin embargo, lo peor estaba por llegar. El joven obrero italiano se encontraba entre los rescatistas que cavaron entre el hielo y los escombros para recuperar los cuerpos de los compañeros muertos. “En la obra éramos como una gran familia. Todos unidos, italianos, suizos, turcos y muchas otras nacionalidades, sin distinción”, subraya. Los sólidos lazos de afecto hacían aún más insoportables esas visiones de desesperación. “Se quedarán en mí mientras viva”, dice el friulano.

Hoy en día, fuera del Valle de Saas y del círculo de los trabajadores de la presa de Mattmark, pocas personas recuerdan aún las imágenes de la tragedia que, en aquella época dieron la vuelta al mundo y provocaron una gran emoción. Dos países estaban de luto: Suiza, teatro del drama, con 23 muertos, e Italia, que pagó el precio más alto con 56 de las 88 víctimas fatales. Cuatro españoles, dos austriacos, dos alemanes y un apátrida también perecieron.

Sentimientos de injusticia

Unidas en el duelo y los impulsos de solidaridad en esos días trágicos, Suiza e Italia se dividieron cuando se trató de determinar si la catástrofe había sido realmente imprevisible o si se podría haber evitado, para condenar a los eventuales responsables.

Los talleres, las oficinas, los comedores de la obra, así como los dormitorios de los obreros de una empresa habían sido construidos en el curso del desagüe del glaciar. ¿Era el riesgo demasiado grande? ¿Por qué las autoridades habían dado luz verde? ¿Las empresas habían controlado el glaciar, como prometieron? ¿El deslizamiento había sido provocado por los cambios climáticos, por la excavación de morrenas o algo más? Las preguntas y las hipótesis se multiplicaron. Después de un proceso de instrucción que duró siete años, un juicio se inició en 1972. Diecisiete personas fueron llevadas al banquillo de los acusados. Todas fueron absueltas. El mismo año, en recurso, el Tribunal Vantonal de Valais confirmó la sentencia original.

Los apelantes -las familias de las víctimas- tuvieron que hacerse cargo de la mitad de los costos legales. Suiza apareció entonces particularmente inhumana a la vista del mundo y especialmente de Italia, como escribió en 2010 el historiador Toni Ricciardi en su tesis doctoral publicada en 2013 por las ediciones Laterza, Associazionismo ed emigrazione.

En ese clima, todo era importante, excepto las personas, la mano de obra

Mientras que la prensa italiana no ocultó su indignación, los medios de comunicación suizos permanecieron “más discretos, limitándose generalmente a retomar solamente despachos de la Agencia Telegráfica Suiza (ATS)”, indica por su parte, Carlo Capozzi, en una tesis de maestría publicada por la revista ‘Annales valaisannes’ de 2014. Los costos legales fueron pagados por el Estado italiano.

La hora de las investigaciones científicas

La investigación científica

Con ocasión del 50 aniversario de la catástrofe de Mattmark, un grupo interdisciplinario de investigadores de la Universidad de Ginebra inició un análisis exhaustivo de los documentos de archivo que relatan el trágico suceso. Establecieron dos objetivos: “En primer lugar, determinar el papel que el accidente tuvo en la historia de la construcción de la Suiza contemporánea y, con ello, de su Estado social, y en segundo lugar, restituir la memoria de los hechos, yendo más allá de la mera notificación de los eventos”.

La principal publicación derivada de esta investigación es el libro de Toni Ricciardi, Sando Cattacin Baudoui y Rémi Baudouï, ‘Mattmark, 30 de agosto de 1965. La catástrofe’, publicado por las ediciones Seismo en francés y alemán, y presentado estos días a la prensa.

En lo que toca al italiano, Toni Ricciardi publicó este año ‘Morir en Mattmark. La última tragedia de la emigración italiana’ (Donzelli Editore).

Carlo Capozzi subraya cómo el desastre de Mattmark representa un elemento revelador de la política de migración de Suiza, las condiciones laborales a las que los trabajadores extranjeros estaban sujetos y el desarrollo de los movimientos xenófobos de los años sesenta. La catástrofe de Mattmark permitió “a la población comprender finalmente que la electricidad producida por las presas de montaña (...) puede tener a veces un precio muy alto”, escribe el historiador del Valais.

“La historia del éxito de Suiza nace de una carrera por la energía que solamente podía ganarse con la producción a ritmos infernales. Para ello, había que contar con una mano de obra que Suiza no tenía”, explica el profesor Sandro Cattacin, codirector del trabajo de investigación ‘Mattmark, 50 años más tarde. Un análisis sociohistórico’.

“En ese clima, todo era importante, excepto las personas, la mano de obra. La seguridad y las condiciones de vida de los obreros eran secundarias”, precisa el profesor de Sociología en la Universidad de Ginebra. “Pienso que Mattmark refleja todo el drama de las condiciones de trabajo y de vida de estos hombres indispensables para hacer avanzar el sueño de una Suiza rica”, agrega Cattacin.

En general, la opinión pública está lista para reflexionar de manera crítica y autocrítica sobre un período de la historia de su país cuando han pasado cincuenta años. Es decir, “cuando los protagonistas de glorias y éxitos, pero también de errores fatales están muertos. Porque antes, la memoria está aún muy viva. En lo que concierne a Mattmark, llegamos ahora a ese punto preciso”, observa el sociólogo.

La investigación que codirige es uno de los primeros estudios científicos sistemáticos sobre ese periodo de la historia de Suiza. La apertura, prevista en 2022, de los archivos de las actas del proceso de la tragedia de Mattmark puede permitir a los investigadores descubrir otros aspectos importantes.

Un récord amargo  

La presa de Mattmark, construida para generar energía eléctrica, es el más grande dique de tierra y piedra de Europa. Gran parte del material fue extraído de la morrena sur del glaciar de Allalin.

La corona está situada a una altitud de 2 200 metros sobre el nivel del mar. El lago artificial tiene una capacidad para 100 millones de metros cúbicos de agua. Las instalaciones de la empresa ‘Kraftwerke Mattmark AG’ producen un promedio de 649 millones de kWh de energía al año y abastecen a más de 150 000 hogares.

Durante la ceremonia conmemorativa del 50 aniversario de la tragedia de Mattmark, el 30 de agosto de 2015, será desvelada una nueva lápida que ofreció la 'Associazione Bellunesi nel Mondo', en el lugar mismo donde tuvo lugar la avalancha que costó la vida a 88 personas. (Genaro Praticò)

Durante la ceremonia conmemorativa del 50 aniversario de la tragedia de Mattmark, el 30 de agosto de 2015, será desvelada una nueva lápida que ofreció la 'Associazione Bellunesi nel Mondo', en el lugar mismo donde tuvo lugar la avalancha que costó la vida a 88 personas.

(Genaro Praticò)


Traducido del francés por Marcela Águila Rubín



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