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Medicamentos biosimilares ¿Es Suiza demasiado rica para ahorrar?

Mujer trabajando en laboratorio

Una empleada de Biocon.Ltd trabaja en el centro de investigación de Bengaluru, India, país que domina el mercado de los medicamentos genéricos desde hace décadas, pero que hoy muestra un retraso considerable en la producción de biosimilares.

(Abhishek N. Chinnappa /Reuters)

Es un ejemplo que muestra cómo el sistema de sanidad suizo se ha convertido en un juego en el que cada actor contribuye a aumentar los costes, pero en el que todos se niegan a asumir su responsabilidad. Suiza no aprovecha la posibilidad de ahorrar millones de francos que supondría la utilización de medicamentos biosimilares, en lugar de medicamentos biológicos mucho más caros. Existen en este caso incentivos equivocados que son típicos de un sistema enfermo.

Emily Whitehead padecía leucemia. Esta niña estadounidense de seis años había sufrido numerosas sesiones de quimioterapia sin experimentar mejoría alguna. Los médicos ya habían aconsejado a sus padres buscar plaza en la sección de cuidados paliativos. Fue entonces cuando ocurrió el milagro: en el marco de un experimento, los médicos trataron a la niña con virus de inmunodeficiencia humana genéticamente manipulados. Hoy Emily tiene 13 años y se encuentra perfectamente.

Esta es una de las historias en la que los pacientes gravemente enfermos han podido ser curados gracias a nuevos medicamentos llamados biológicos. Los medicamentos salidos de la biotecnología han revolucionado la medicina, sobre todo, en el tratamiento del cáncer, la artritis, la diabetes, enfermedades cardíacas y problemas de crecimiento.

Medicamentos biológicos y biosimilares

Los medicamentos biológicos son aquellos producidos por medio de la biotecnología. Los biosimilares son imitaciones de esos medicamentos biológicos, una especie de medicamento genérico. Pero a diferencia de un medicamento genérico de fabricación química, que es idéntico al producto original, un biosimilar se contenta con parecerse al original. Esta es la razón por la que los biosimilares necesitan procedimientos de aprobación más complejos que los genéricos.  Y a pesar de que los biosimilares siguen siendo productos caros debido al costoso proceso de producción y de autorización son, según Swissmedic, al menos un 25% más barato que el producto biológico de origen.

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Pero estos finales felices tienen un coste elevado: los medicamentos biológicos son extremadamente caros de producir y de desarrollar. Aunque sean pocos los pacientes tratados con ellos, representan el 20% del coste de los medicamentos, con una fuerte tendencia al alza. Esta es una de las razones que explican que las primas del seguro de enfermedad aumenten año tras año y que haya muchos suizos que ya no se las puedan permitir.

Durante una conferencia de prensa, un representante de la compañía de seguros de salud Helsana advirtió que efectivamente el progreso médico tiene un precio y que si no se ahorraba “dentro de nada no se podría ofrecer ya innovación”.

Ahorrar con biosimilares

Una forma de ahorrar dinero consiste en utilizar lo que se denomina ‘biosimilares’, que son un tipo de medicamento biológico del estilo de los genéricos. Y puesto que muchas patentes de medicamentos biológicos caducan, la aseguradora Helsana considera que los biosimilares ofrecen una gran posibilidad de ahorro.

Según sus cálculos, en 2016 se habría podido ahorrar cerca de 35 millones de francos si, en lugar de los productos originales, se hubieran utilizado de manera coherente los biosimilares disponibles en el mercado. Las previsiones para el año 2020 hablan incluso de una posibilidad de ahorro de 300 millones de francos.

Alexander Salzmann, representante de Sandoz Pharmaceuticals, ha manifestado también a swissinfo.ch: “Hemos hecho cálculos y prevemos que podría ahorrarse al año unos 100 millones o más”.

Sin embargo, los biosimilares son todavía muy poco utilizados en Suiza, lo que contrasta bastante con otros países europeos. Por ejemplo, en Noruega se utiliza casi el 100% de biosimilares en lugar de medicamentos biológicos. En cambio, en Suiza solo hay autorizados a la venta unos pocos biosimilares y rara vez son prescritos por los médicos. ¿Por qué? Dependiendo de a quién se plantee la cuestión, el culpable siempre es otro (como sucede habitualmente en el caso de la sanidad en Suiza).

gráfico sobre medicamentos biologicos
(swissinfo.ch)

Preguntas y respuestas para saber por qué la posibilidad de ahorro que ofrecen los biosimilares no se utiliza en Suiza:

-         ¿Por qué las empresas farmacéuticas presentan pocas solicitudes de autorización de biosimilares en Suiza? Para ellas el mercado suizo no es atractivo. Actualmente tienen que pagar a SwissmedicEnlace externo las mismas tarifas de registro para las nuevas autorizaciones que para medicamentos que contienen nuevos principios activos. Solo a partir de 2019 habrá una reducción. Al mismo tiempo las empresas tienen que vender los biosimilares un 25% más barato que los productos originales. Y para colmo, si una empresa farmacéutica modifica el procedimiento de fabricación del producto original, no tiene que volver a solicitar su autorización, sino que basta con notificarlo a las autoridades. Por consiguiente, es menos caro modificar un original que sacar una copia al mercado.

-         ¿Por qué los médicos y los hospitales prefieren recetar el original en lugar de biosimilares?  Los médicos y los hospitales carecen de incentivos financieros para prescribir biosimilares más baratos. Incluso resulta más lucrativo dispensar el original, que es más caro. Según la Federación de Médicos Suiza (FMH), los médicos prefieren recetar medicamentos que están en el mercado desde hace tiempo y a los que se conoce bien, porque dan mucha importancia a la seguridad de los pacientes.

-         ¿Por qué los pacientes no exigen un biosimilar más barato? Los pacientes no tienen que pagar una franquicia más alta por el medicamento original más caro, como sucede con los medicamentos normales para los que existe un genérico. Además, los farmacéuticos no pueden sustituir los productos originales caros prescritos por los médicos y hospitales por copias menos caras, como ocurre con los productos genéricos. Para eso no hay base jurídica. Por otro lado, siempre existe la preocupación de carácter médico sobre la modificación de la medicación durante el tratamiento.

El Consejo Federal (Gobierno) ha reconocido estos problemas. Pretende eliminar los falsos incentivos y ha lanzado una consulta sobre una modificación legislativa. “Los ajustes que aportará esta modificación y el momento en que estarán listos depende de la aprobación o rechazo del Parlamento. Por término medio la revisión de una ley lleva, como mínimo, unos tres años”, señala la Oficina Federal de Salud Pública.

¿Cuál sería la solución?  Una cosa es segura: la revisión va a traer muchos debates. Ya se ha formado un comité de oposición a los precios de referenciaEnlace externo para los medicamentos. Mientras que los precios de referencia son recibidos con entusiasmo por las aseguradoras, las empresas farmacéuticas se oponen firmemente.

Estas empresas prefieren incentivar a médicos y pacientes para que se concentren en biosimilares menos caros. “Podemos hablar de una franquicia diferenciada, como ocurre con los genéricos”, afirma Alexander Salzmann. “También podemos discutir sobre diferentes modelos de seguros; seguro que ahí hay muchas posibilidades”. Una idea que también es analizada por las compañías de seguros de salud.

Pero, durante la conferencia de prensa, Jan Triebel, médico jefe adjunto del servicio de reumatología del hospital Triemil (Zúrich), puso sobre la mesa un problema fundamental. Recordó que las compañías farmacéuticas son sociedades anónimas que procuran dar beneficios a sus accionistas y que, por consiguiente, desean obtener el precio más alto posible para sus productos. “¿Es lícito ganar dinero con el sufrimiento de la gente?”, se preguntaba Jan Triebel, sin dar respuesta a su pregunta.


Traducido del alemán por José M. Wolff

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