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Mercado laboral en Suiza


Franco fuerte: ¿trabajar más o ganar menos?




El fabricante de audífonos Sonova deslocaliza una parte de su producción de Zúrich a China y Gran Bretaña. (Keystone)

El fabricante de audífonos Sonova deslocaliza una parte de su producción de Zúrich a China y Gran Bretaña.

(Keystone)

Desde la apreciación del franco, el sector industrial ha trasladado miles de empleos a otros países. Para salvar puestos de trabajo en Suiza, los sindicatos exigen una cotización más débil del franco. Muchas empresas amplían la jornada laboral. Y los recortes salariales deben dejar de ser un tema tabú, incluso para los directivos, sostiene un empresario.

La plaza industrial suiza se reduce

Febrero 2015: La empresa de construcción metálica Jakem cierra su fábrica de Münchwilen, cantón de Argovia. Se eliminan 80 empleos.

Marzo 2015: Bernex Bimetall AG desplaza su producción de piezas especiales para la industria plástica a la República Checa. Se pierden 51 empleos en Olten. El fabricante zuriqués de prótesis auditivas Sonova deslocaliza una parte de su producción a China y Gran Bretaña. Se pierden 100 puestos en Zúrich.

Abril 2015: El grupo industrial Pfisterer prevé recortar 100 empleos en Malters (Lucerna) y Altdorf (Uri) y trasladarlos a la República Checa. La sociedad de mantenimiento de aviones SR Technics abre una central de servicio en Belgrado y suprime 250 empleos en Zúrich.

Junio 2015: Arbonia Forster y su filial Ego Kiefer, fabricante de puertas y ventanas, traslada 320 empleos de los cantones de Vaud y de Turgovia a Eslovaquia y el este de Alemania.

Octubre 2015: El fabricante de máquinas Rieter suprime 150 puestos en Winterthur.

Noviembre 2015: el fabricante de empaques alimentarios Tetra Pak quiere cerrar su centro de producción en Romont, cantón de Friburgo, lo que supone eliminar 123 empleos.

Desde hace unos meses, la lista de empresas industriales que suprimen empleos en Suiza no deja de crecer. Los recortes se acentúan en las pequeñas y medianas empresas. En el sector de la maquinaria, los equipos eléctricos y los metales (conocido como MEM), se han perdido 7 000 plazas durante el primer semestre de 2015, confirma la Oficina Federal de Estadística.

La mayoría de las empresas afirman que la culpa de ello lo tiene el ‘shock’ que provocó la decisión del Banco Nacional Suizo (BNS) en enero de abandonar el tipo de cambio mínimo entre el franco y el euro, tras la cual de 1,20 francos la divisa europea pasó a cotizarse a 1,05 francos.

“Los efectos de esta medida fueron de un día para otro, y los precios de los productos suizos aumentaron de forma súbita un 20% en el mercado europeo”, recuerda Ivo Zimmermann, jefe de Comunicación de la organización paraguas Swissmem. El citado sector exporta el 80% de lo que produce, y dos tercios de estas ventas se dirigen a la zona euro. “El abaratamiento que experimentaron las materias que importamos compensa solo parcialmente el alza en el tipo de cambio”, dice Zimmermann.

“Las empresas tenían que reaccionar y lo han hecho”, añade el portavoz de Swissmem. Este organismo realizó una consulta en julio entre sus agremiados, y tres cuartas partes confirmaron que han bajado sus precios para no quedar fuera del mercado. Sin embargo, una de cada tres empresas, los márgenes se han reducido tanto que esperan pérdidas para el cierre del año.

Talleres vacíos

“Ninguna estadística muestra por ahora lo que pasa realmente con las pequeñas y medianas empresas manufactureras”, anota Michael Girsberger. El director general de la firma bernesa de muebles Girsberger Holding AG habla de la crisis que supone que aumente el número de desempleados.

Si quieren volver a ser rentables, afirma, las empresas industriales tienen que deslocalizarse para reducir el costo de las nóminas, que en Suiza es muy elevado. “Aquellos que ya tienen sitos de producción en el extranjero los están fortaleciendo, y quienes no los tenían, los están creando”, dice Girsberger, quien recientemente transfirió 12 puestos de trabajo a su filial alemana.

Nueve meses después de la decisión del BNS de modificar su política cambiaria, es cada vez mayor el número de talleres vacíos en Suiza, porque las empresas industriales están trasladando operaciones, por ejemplo, a Alemania, Francia, Europa del Este o Asia, donde la mano de obra es más barata. “Y una vez deslocalizados, estos puestos de trabajo no regresarán a Suiza”, puntualiza Girsberger.

La organización paraguas confirma esta política de deslocalización a la que hace referencia el empresario. En los últimos años, las industrias MEM han visto cómo sus efectivos en el extranjero crecen sin parar. Actualmente se trata de una plantilla que suma ya 560 000 plazas. La tendencia, según el portavoz de Swissmem, Ivo Zimmermann, no es nueva y tampoco será coyuntural. “Cada vez más empresas se preguntan si están en capacidad de continuar su actividad industrial en Suiza con márgenes de rentabilidad. Y algunas de ellas ya desaparecieron”.

¿Cómo detener esta erosión? Michael Girsberger es contundente: “Si queremos que los productos suizos sean competitivos, hay que reducir los costos”. Y el camino consiste en ampliar los horarios laborales o reducir los salarios. “Una extensión de la semana laboral a 45 horas por el mismo salario parece inevitable”, sentencia.

Según Swissmem, al menos 70 empresas de este sector ya han prolongado sus horarios este año sin aumentos salariales. Una difícil decisión que contó, no obstante, con el respaldo de los diversos representantes del personal, dice Ivo Zimmermann.

Para Michael Girsberger, las reducciones salariales temporales deben dejar de ser un tema tabú. “Es necesario recortarlos un 5% para ver resultados positivos”, dice el fabricante bernés de muebles.

Pero Corrado Pardini, miembro del comité directivo del sindicato Unia y diputado socialista, no quiere oír hablar del asunto. “Los recortes salariales solo agravaran el problema. Tendrán como consecuencia una reducción de la demanda interna, que en el presente es el principal sostén de la economía”, afirma. El sindicalista augura que tal estrategia generará más paro y “daños irreversibles a la economía, porque lo que se deslocaliza son empleos de alto valor añadido”.

Pardini responsabiliza al BNS de todo lo que sucede y lo exhorta a “corregir el error capital” que cometió el pasado 15 de enero, ya que considera que el sector exportador vive condiciones de competencia desleal. En su opinión, los bancos centrales de otros países toman decisiones en función de las necesidades de sus economías, “cosa que no está haciendo el BNS”.

Las empresas, no obstante, no pretende que el BNS regrese al tipo de cambio mínimo. Solo solicitan que el banco central “se mantenga atento y utilice los instrumentos a su alcance para debilitar el franco”, precisa Ivo Zimmermann, de Swissmem.

El BNS se dice consciente de la compleja situación internacional, en una respuesta por escrito a swissinfo.ch, y deja entrever que está dispuesto a intervenir en el mercado de divisas para debilitar el franco. “Los dos pilares de la actual política monetaria son los tipos de interés negativos y la voluntad de mantenerse activo en el mercado de divisas para reducir la evidente sobrevaluación del franco, lo que asegura una estabilidad de precios a largo plazo”.

Las cartas sobre la mesa

Sin embargo, esperar que el BNS adopte medidas es una esperanza que no cambia la situación actual. “Una empresa sana puede vivir durante algún tiempo con pérdidas, pero no a largo plazo”, alerta Michael Girsberger.

El empresario entiende que los sindicatos no estén a favor de recortar temporalmente los salarios o incrementar la jornada laboral. Pero es necesario que empresarios y trabajadores se sienten a charlar para encontrar soluciones que convenzan a las dos partes, afirma.

Asimismo, dice, los empresarios deben cambiar su forma de pensar y hacer lo necesario para que los empleados y sus representantes confíen en ellos. Deben disponerse a poner sus cifras sobre la mesa, y no solo en tiempos difíciles. Si los trabajadores ven con sus propios ojos la situación financiera de la empresa, la posibilidad de que colaboren siempre será mayor. Y los directivos y los dueños de los corporativos deben dar ejemplo y ser “los primeros que estén dispuestos a sacrificar algo”.

Michael Girsberger asegura que las negociaciones siempre son difíciles e intensas, pero la experiencia final es positiva, incluso cuando ha tenido que negociar con Unia. “Esto se debe justamente a que hacemos lo necesario para que los representantes sindicales tengan total acceso a nuestros libros contables”.

Ivo Zimmermann considera que lo que dice Girsberger tiene sentido. “Es fácilmente imaginarse que si una empresa debe tomar medidas impopulares, como ampliar los horarios laborales o reducir los salarios, todo será más fácil si pone las cartas sobre la mesa de la forma más honesta posible”.Desde hace unos meses, la lista de empresas industriales que suprimen empleos en Suiza no deja de crecer. Los recortes se acentúan en las pequeñas y medianas empresas. En el sector de la maquinaria, los equipos eléctricos y los metales (conocido como MEM), se han perdido 7 000 plazas durante el primer semestre de 2015, confirma la Oficina Federal de Estadística.

La mayoría de las empresas afirman que la culpa de ello lo tiene el ‘shock’ que provocó la decisión del Banco Nacional Suizo (BNS) en enero de abandonar el tipo de cambio mínimo entre el franco y el euro, tras la cual de 1,20 francos la divisa europea pasó a cotizarse a 1,05 francos.

“Los efectos de esta medida fueron de un día para otro, y los precios de los productos suizos aumentaron de forma súbita un 20% en el mercado europeo”, recuerda Ivo Zimmermann, jefe de Comunicación de la organización paraguas Swissmem. El citado sector exporta el 80% de lo que produce, y dos tercios de estas ventas se dirigen a la zona euro. “El abaratamiento que experimentaron las materias que importamos compensa solo parcialmente el alza en el tipo de cambio”, dice Zimmermann.

“Las empresas tenían que reaccionar y lo han hecho”, añade el portavoz de Swissmem. Este organismo realizó una consulta en julio entre sus agremiados, y tres cuartas partes confirmaron que han bajado sus precios para no quedar fuera del mercado. Sin embargo, una de cada tres empresas, los márgenes se han reducido tanto que esperan pérdidas para el cierre del año.

Talleres vacíos

“Ninguna estadística muestra por ahora lo que pasa realmente con las pequeñas y medianas empresas manufactureras”, anota Michael Girsberger. El director general de la firma bernesa de muebles Girsberger Holding AG habla de la crisis que supone que aumente el número de desempleados.

Si quieren volver a ser rentables, afirma, las empresas industriales tienen que deslocalizarse para reducir el costo de las nóminas, que en Suiza es muy elevado. “Aquellos que ya tienen sitos de producción en el extranjero los están fortaleciendo, y quienes no los tenían, los están creando”, dice Girsberger, quien recientemente transfirió 12 puestos de trabajo a su filial alemana.

Nueve meses después de la decisión del BNS de modificar su política cambiaria, es cada vez mayor el número de talleres vacíos en Suiza, porque las empresas industriales están trasladando operaciones, por ejemplo, a Alemania, Francia, Europa del Este o Asia, donde la mano de obra es más barata. “Y una vez deslocalizados, estos puestos de trabajo no regresarán a Suiza”, puntualiza Girsberger.

La organización paraguas confirma esta política de deslocalización a la que hace referencia el empresario. En los últimos años, las industrias MEM han visto cómo sus efectivos en el extranjero crecen sin parar. Actualmente se trata de una plantilla que suma ya 560 000 plazas. La tendencia, según el portavoz de Swissmem, Ivo Zimmermann, no es nueva y tampoco será coyuntural. “Cada vez más empresas se preguntan si están en capacidad de continuar su actividad industrial en Suiza con márgenes de rentabilidad. Y algunas de ellas ya desaparecieron”.

¿Cómo detener esta erosión? Michael Girsberger es contundente: “Si queremos que los productos suizos sean competitivos, hay que reducir los costos”. Y el camino consiste en ampliar los horarios laborales o reducir los salarios. “Una extensión de la semana laboral a 45 horas por el mismo salario parece inevitable”, sentencia.

Según Swissmem, al menos 70 empresas de este sector ya han prolongado sus horarios este año sin aumentos salariales. Una difícil decisión que contó, no obstante, con el respaldo de los diversos representantes del personal, dice Ivo Zimmermann.

Para Michael Girsberger, las reducciones salariales temporales deben dejar de ser un tema tabú. “Es necesario recortarlos un 5% para ver resultados positivos”, dice el fabricante bernés de muebles.

Pero Corrado Pardini, miembro del comité directivo del sindicato Unia y diputado socialista, no quiere oír hablar del asunto. “Los recortes salariales solo agravaran el problema. Tendrán como consecuencia una reducción de la demanda interna, que en el presente es el principal sostén de la economía”, afirma. El sindicalista augura que tal estrategia generará más paro y “daños irreversibles a la economía, porque lo que se deslocaliza son empleos de alto valor añadido”.

Pardini responsabiliza al BNS de todo lo que sucede y lo exhorta a “corregir el error capital” que cometió el pasado 15 de enero, ya que considera que el sector exportador vive condiciones de competencia desleal. En su opinión, los bancos centrales de otros países toman decisiones en función de las necesidades de sus economías, “cosa que no está haciendo el BNS”.

Las empresas, no obstante, no pretende que el BNS regrese al tipo de cambio mínimo. Solo solicitan que el banco central “se mantenga atento y utilice los instrumentos a su alcance para debilitar el franco”, precisa Ivo Zimmermann, de Swissmem.

El BNS se dice consciente de la compleja situación internacional, en una respuesta por escrito a swissinfo.ch, y deja entrever que está dispuesto a intervenir en el mercado de divisas para debilitar el franco. “Los dos pilares de la actual política monetaria son los tipos de interés negativos y la voluntad de mantenerse activo en el mercado de divisas para reducir la evidente sobrevaluación del franco, lo que asegura una estabilidad de precios a largo plazo”.

Las cartas sobre la mesa

Sin embargo, esperar que el BNS adopte medidas es una esperanza que no cambia la situación actual. “Una empresa sana puede vivir durante algún tiempo con pérdidas, pero no a largo plazo”, alerta Michael Girsberger.

El empresario entiende que los sindicatos no estén a favor de recortar temporalmente los salarios o incrementar la jornada laboral. Pero es necesario que empresarios y trabajadores se sienten a charlar para encontrar soluciones que convenzan a las dos partes, afirma.

Asimismo, dice, los empresarios deben cambiar su forma de pensar y hacer lo necesario para que los empleados y sus representantes confíen en ellos. Deben disponerse a poner sus cifras sobre la mesa, y no solo en tiempos difíciles. Si los trabajadores ven con sus propios ojos la situación financiera de la empresa, la posibilidad de que colaboren siempre será mayor. Y los directivos y los dueños de los corporativos deben dar ejemplo y ser “los primeros que estén dispuestos a sacrificar algo”.

Michael Girsberger asegura que las negociaciones siempre son difíciles e intensas, pero la experiencia final es positiva, incluso cuando ha tenido que negociar con Unia. “Esto se debe justamente a que hacemos lo necesario para que los representantes sindicales tengan total acceso a nuestros libros contables”.

Ivo Zimmermann considera que lo que dice Girsberger tiene sentido. “Es fácilmente imaginarse que si una empresa debe tomar medidas impopulares, como ampliar los horarios laborales o reducir los salarios, todo será más fácil si pone las cartas sobre la mesa de la forma más honesta posible”.


Traducción del francés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch

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