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Un combatiente de las fuerzas leales al Gobierno de unión nacional (GNA) libio dispara con su lanzagranadas a las posiciones de miembros del grupo Estado Islámico en Sirte, Libia, el 16 de agosto de 2016

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Las fuerzas progubernamentales libias acorralan a los combatientes del Estado Islámico en algunas zonas de Sirte, pero una derrota del EI no supone el fin de este grupo yihadista en Libia, estiman los analistas.

Después de haber conquistado zonas extensas del territorio de Irak y Siria, el EI se apoderó en junio de 2015 de Sirte, ciudad natal del exdictador libio Muamar Gadafi, en el centronorte del país, a orillas del Mediterráneo.

Casi de un día para otro, los europeos se toparon con una base de la organización extremista a unos 300 kilómetros de sus costas. La preocupación era todavía mayor en el vecino Túnez, donde el EI multiplica los atentados; y aún más en Libia, ante la amenaza de propagación del yihadismo.

Un año y dos meses más tarde, la situación ha dado un vuelco y el EI está a punto de perder Sirte frente a las fuerzas del Gobierno de unión nacional libio (GNA), un ejecutivo apoyado por la comunidad internacional y con sede en Trípoli desde el 30 de marzo.

Las fuerzas del GNA lanzaron una ofensiva el 12 de mayo y entraron en Sirte el 9 junio. Desde el comienzo de agosto cuentan con el apoyo de bombardeos estadounidenses y han expulsado a los yihadistas de su cuartel general, arrinconándolos en una pequeña zona cercana al mar.

Si el Gobierno de unión nacional logra reconquistar completamente la ciudad, se beneficiará de ello para intentar paliar su impopularidad entre la población.

Libia cuenta con un Gobierno paralelo en el este del país que cuestiona la legitimidad del GNA. Además, muchos libios que lo apoyaron inicialmente están decepcionados por el mal funcionamiento de los servicios públicos, la penuria de liquidez en los bancos y la inseguridad reinante.

Una victoria en Sirte también debería permitirle obtener más apoyo internacional para encarrilar la economía.

Pero la amenaza del EI no desaparecerá de repente.

- Intimidación -

Aunque el grupo sea derrotado en Sirte, "cabe esperar una mutación de su estrategia en una campaña de terror y de intimidación más difusa e intensa", declaró a la AFP Ethan Chorin, presidente de Perim Associates, una agencia de asesoramiento y análisis sobre Oriente Medio y África, y exdiplomático estadounidense en Libia.

Recuerda que "los combatientes del EI (...) demostraron que son capaces de fundirse en el decorado" para pasar desapercibidos.

El EI cuenta con militantes de otras zonas de Libia, aunque es difícil saber cuántos.

Hace unos meses, fuentes francesas y estadounidenses calculaban que había entre 5.000 y 7.000 yihadistas del EI en toda Libia.

El viernes, el portavoz adjunto del Pentágono, Gordon Trowbridge, habló de "varios cientos de yihadistas en Sirte" y de entre "1.000 y unos miles" en Libia.

El EI puede contar con un vivero en Libia, sobre todo en las regiones fuera del control de la autoridad central.

"Dáesh (acrónimo árabe del EI) perdió Sirte, pero no Libia, sobre todo el sur (...) donde se encuentra su semillero", estima Abdel Bari Atwan, experto en movimientos yihadistas.

Algunas tribus de Sirte como los Magariha, conocidos por su lealtad a Gadafi, se sienten marginadas por el Gobierno de unión nacional y podrían "incitar a sus hijos a unirse al EI".

- ¿Violencia acentuada? -

"A pesar de que se supone que la liberación de Sirte dará un impulso al Gobierno de unión nacional, es muy probable que las milicias victoriosas (que participaron en la batalla contra el EI) desafíen al GNA" más tarde, destaca por su parte Jason Pack, fundador de la web Eyeonisisinlibya.com.

Para librar la batalla de Sirte, el GNA tuvo que apoyarse en diferentes grupos armados, como las milicias de Misrata, una ciudad situada a medio camino entre Trípoli y Sirte.

Estos grupos pueden verse tentados de demostrar que "en Libia son ellos los que mandan en los combatientes que detentan el poder político y no los que se presentan con títulos y trajes bonitos", añade Pack.

Chorin está de acuerdo con él. Una victoria en Sirte "no cambiará las cosas, al contrario, (...) podría generar (...) una fase todavía más violenta". Sobre todo porque las fuerzas del oeste, favorables al GNA, podrían combatir a las partidarias de las autoridades paralelas del este.

En 2011 los países occidentales se contentaron con una intervención a corto plazo, pero ahora si deciden intervenir -añade- debe ser para garantizar "un desarrollo que pueda invertir el ritmo de la radicalización".

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