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Por Brad Brooks

RÍO DE JANEIRO (Reuters) - Es un presidente al que pocos brasileños quieren y sustituye a una mandataria a la que no muchos pocos consideraban adecuada para seguir en el cargo.

La destitución en el Senado el miércoles de Dilma Rousseff, la presidenta menos popular desde que Brasil volvió a la democracia hace tres décadas, colocó en el poder a un político casi tan impopular, su vice Michel Temer.

Los brasileños deberán acostumbrarse ahora a este hombre de 75 años, de voz baja y expresión de esfinge, que completará el mandato presidencial hasta 2018.

Si bien no suele decirlo de forma explícita, Temer ya ha mostrado, desde que fue nombrado presidente interino cuando Rousseff fue suspendida en mayo, que inclinará al país más grande de América Latina hacia la derecha.

A diferencia de Rousseff y su predecesor del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, Temer esconde la mayoría de sus cartas, una habilidad adquirida durante décadas como uno de los principales negociadores en el Congreso brasileño.

"Brasil ha tenido siempre presidentes carismáticos, o, en el caso de Dilma, presidentes con una fuerte personalidad. Sabías lo que pensaban porque lo decían", comentó Sergio Praca, experto en ciencias políticas de la Fundación Getúlio Vargas. "Temer es difícil de descifrar (...) No tiene una personalidad pública. Es enigmático para mucha gente".

Mientras Rousseff testificaba en su juicio político el lunes, diciéndole a los senadores que expulsarla sería dar marcha atrás a una década de avances sociales para los pobres, Temer se ponía un gorro de waterpolo en la cabeza y festejaba con los medallistas brasileños en los Juegos Olímpicos de Río.

Incluso mientras Rousseff aseguraba ser víctima de un "golpe", un reservado Temer dijo poco sobre uno de los días más intensos en los 30 años de democracia moderna de Brasil.

Temer dijo que estaba "absolutamente calmado" y prefirió en su lugar celebrar el trabajo en equipo de los deportistas olímpicos, como un ejemplo del "espíritu de unidad" necesario en la quinta nación más poblada del mundo.

Sin embargo, es probable que descubra que la unidad será difícil de lograr en un país profundamente dividido entre izquierda y derecha, mientras una dolorosa recesión priva a muchos votantes de la clase trabajadora de las ganancias económicas logradas en 13 años de gobierno del PT.

"En este momento no hay ningún líder que pueda unificar Brasil, ciertamente no Temer", dijo Praca. "Para una parte de la población, sea justo o no, está ligado a la idea de que ha habido un 'golpe'. Su reto no es sólo aprobar reformas. Su reto es la supervivencia política".

CONTRASTE DE ESTILOS

Rousseff, de 68 años, era una líder hosca que no tenía pelos en la lengua con los subordinados que cometían errores. Temer, que habla en el rígido portugués formal de un ex profesor de derecho constitucional, no podría ser más diferente tanto de Rousseff como de la mayoría de sus compatriotas.

Hijo de inmigrantes libaneses que llegaron a Brasil en 1925, Temer es el menor de ocho hermanos. Comenzó su carrera política en la década de 1960.

    Primero fue asesor de la Secretaría de Educación del estado de Sao Paulo en tiempos del gobernador Adhemar de Barros, uno de los políticos que inspiró el dicho brasileño: "Roba, pero hace".

    Pero detrás de su imagen antigua y su pelo cano peinado hacia atrás, Temer no es exactamente lo que uno esperaría viendo su seria imagen pública.

Padre de cinco hijos, está casado con una ex aspirante a reina de la belleza 43 años más joven que tiene su nombre tatuado en su cuello. En los últimos años incluso publicó el libro de poesía "Anónima intimidad" ("Anônima intimidade").

Sus concisos versos fueron escritos sobre servilletas de un avión mientras viajaba de la capital Brasilia a su base en Sao Paulo. Incluye alabanzas a las formas femeninas y alusiones indirectas a la polarizada política brasileña.

Cultiva un perfil bajo pero no es ajeno a la vanidad. Años atrás, se sometió a una operación de nariz que corrigió su tabique desviado y, según reconoció, mejoró su aspecto.

BUSCANDO CONSENSO

Temer perfiló sus habilidades durante más de una década en la dura Cámara baja del Congreso brasileño, donde fue aliado tanto del presidente centrista Fernando Henrique Cardoso como de Lula, mentor y predecesor de Rousseff. Se ganó la reputación de saber estar por encima de las luchas.

Los que han trabajado con él dicen que rara vez levanta la voz, no maldice ni recurre a las teatrales técnicas de sus pares durante los debates, como las exhibidas por ambas partes durante el juicio político a Rousseff.

Durante 15 años lideró el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), un grupo amorfo sin ideología consistente, pero con más escaños que nadie en el Congreso.

Desde el retorno de Brasil a la democracia en 1985, el PMDB se ha contentado por lo general con dejar que otras formaciones se queden con la presidencia mientras gestiona el poder legislativo, logrando fondos ventajosos y el control de ministerios y presupuestos a cambio de su apoyo en el Congreso.

Sin embargo, ahora el PMDB planea tener su propio candidato presidencial en 2018.

Aunque Temer aseguró que no se presentará, sus seguidores dicen que su larga carrera trabajando de forma transversal a lo largo del espectro político le convierte en un fuerte líder de transición y ayudará al PMDB en su labor de elegir un candidato.

No obstante, Rafael Cortez, analista político de Tendencias, una consultora de Sao Paulo, cree que el pasado de Temer y sus cordiales maneras pueden ser una carga.

"Las crisis económicas y políticas que enfrentamos requerirán una confrontación tanto con la oposición como con sus aliados para aprobar reformas", dijo Cortez. "El éxito de una presidencia de Temer dependerá de su voluntad de ser confrontacional".

Como Temer procede de la vieja y elitista clase política, no sacia el apetito del público por una renovación, comentó Cortez.

"Por esa razón, la urgencia subyacente de su presidencia es cumplir al menos en el crecimiento económico. Si logra sólo eso, el PMDB no solo tendrá mejores posibilidades en las elecciones de 2018, pero no es irreal asumir que el mismo Temer podría presentarse".

(Editado en español por Carlos Serrano)

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