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Imagen de archivo de Khalid al-Falih, quien el sábado se convirtió en el ministro de Energía de Arabia Saudita, en reemplazo de Ali al-Naimi. REUTERS/Hamad I Mohammed

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Por Dmitry Zhdannikov y Rania El Gamal

LONDRES/DUBÁI, 7 mayo (Reuters) - Transcurría enero del 2016 y los precios del petróleo se habían derrumbado a su menor nivel en más de una década. El entonces ministro de Salud de Arabia Saudita, Khalid al-Falih, el favorito para asumir como ministro del Petróleo y sustituir a su mentor Ali al-Naimi, no entró en pánico.

Falih dijo a una audiencia de ejecutivos de la industria de energía, banqueros y autoridades en el Foro Económico Mundial en Davos que Arabia Saudita, el mayor exportador de crudo del mundo, podría beneficiarse de precios por debajo de 30 dólares por barril.

Eso podría ayudarle a agilizar las reformas y reestructurar la economía, llevando a Arabia Saudita a contar con un Gobierno más reducido y eficiente que además impulsaría a su sector privado, declaró.

Durante décadas Arabia Saudita, el líder de facto de la OPEP, tuvo como objetivo precios del petróleo a ciertos niveles. Si no estaba conforme con el precio, intentaba organizar un recorte o un aumento de la producción que estuviera coordinado con los otros miembros del cártel.

Pero las cosas eran diferentes esta vez. Por primera vez en décadas, los recortes de producción no estaban en la agenda para contener el exceso global de suministros que Arabia Saudita había ayudado a crear elevando la oferta para sacar del mercado a productores de más alto costo, como las firmas de gas de esquisto de Estados Unidos.

Y también por primera vez en décadas, un miembro de la realeza - el príncipe Mohammed bin Salman - había sido nombrado hace poco para supervisar las políticas petróleras del reino, alentando las reformas económicas.

¿Acaso no cree que el príncipe Mohammed - de apenas 30 años - impulsa las reformas un poco demasiado rápido para la conservadora sociedad saudí?, preguntaron a Falih.

"Su Alteza Real es muy ambicioso. Puedo asegurarles que todos los que trabajan con él están muy emocionados con su visión y vigorizados con su energía", dijo Falih a la audiencia. "A algunos les preocupaba que en el pasado fuéramos muy lento (...) Como un ex corredor, puedo decirles que ayuda ir rápido algunas veces para ganar fuerza muscular. Vamos a acelerar las reformas", sostuvo.

EL FIN DE UNA ERA

La intención estaba clara para los ejecutivos cuando dejaron la conferencia en Davos. Falih se convertiría pronto en el ministro del Petróleo que reportaría directamente al príncipe Mohammed, quien se estaba transformando rápidamente en la figura más importante del sector energético en el mundo.

Tres meses más tarde, el príncipe Mohammed tuvo la oportunidad de exhibir su influencia cuando efectivamente ordenó a la delegación saudí, encabezada por Naimi, que no accediera a un acuerdo para congelar la producción de crudo con miembros dentro y fuera de la OPEP, incluyendo a Rusia.

Varios miembros de la OPEP acusaron entonces al octagenario Naimi, que inicialmente había dicho que le gustaba la iniciativa, de no contar más con autoridad. Tres semanas más tarde, Naimi fue reemplazado y Falih asumió como el nuevo ministro de Energía. [nL2N1840C3]

"Es el fin de una era en la que la Naimi trabajó duro para crear un ambiente de precios que fuera bueno tanto para los consumidores como para los productores", dijo Gary Ross, un veterano analista de asuntos de la OPEP y fundador de la consultora PIRA, con sede en Nueva York.

"No estamos moviendo a una nueva era en la que la OPEP ya no controla al mercado cuando el suministro y la demanda están determinados por el precio. El nuevo liderazgo de Arabia Saudita cree que el mercado dictará el precio y eso implica una mayor volatilidad. Veremos muchas más oscilaciones (de precios)", afirmó Ross.

(Escrito por Dmitry Zhdannikov. Editado en español por Marion Giraldo)

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