Pobreza en Suiza Tiendas para los pobres, un "escándalo" que dura 25 años

Las 24 tiendas de Cáritas en Suiza facturaron más de 13 millones de francos en 2015.

Las 24 tiendas de Cáritas en Suiza facturaron más de 13 millones de francos en 2015.

(Keystone)

¿Un supermercado para los más desfavorecidos en un país rico como Suiza? Christoph Bossart, uno de los fundadores de la primera tienda de Cáritas, en Basilea, relata la historia de un “escándalo” que con el tiempo se ha convertido en una ayuda imprescindible para miles de personas.

“Mira, aún queda algo”, me dice Christoph Bossart, mientras apunta con el dedo un rótulo en la fachada de un edificio. En el rótulo figura el nombre de la primera tienda de comestibles en Suiza destinada a los pobres. Se inauguró en 1992. “Inicialmente se llamaba ‘Carisatt’, una fusión de los términos ‘Cáritas’ y ‘satt’, que en alemán significa ‘saciado’. El juego de palabras no le gustó a todos y hoy hablamos simplemente de tiendas Cáritas”, afirma Bosshart.

La primera tienda de comestibles destinada a los pobres en Suiza se llamaba ‘Carisatt’ y fue fundada en 1992 en Basilea.

(Carisatt/Caritas)

Estamos en KleinbaselEnlace externo, un barrio del casco antiguo de Basilea a orillas del Rin. Esta zona popular, donde residen muchos extranjeros, es una de las más animadas de Basilea, con restaurantes, bares y comercios de todo tipo. Entre ellas, una tienda discreta, donde todo cuesta la mitad de lo que se paga en un supermercado. 

Es la tienda de CáritasEnlace externo, que se ha mudado a unas cuantas calles de la primera que se fundó hace 25 años. Hoy, el surtido es mayor que entonces y en los estantes hay un poco de todo, desde fruta fresca hasta colonia. El objetivo, sin embargo, sigue siendo el mismo: “Aliviar el día a día de las personas que disponen de recursos limitados para que puedan hacer la compra sin gastar demasiado. Con el dinero que se ahorran pueden costearse un nuevo par de zapatos o una entrada al cine. Es importante para que sientan que forman parte de la sociedad”, explica Bossart.

Entre los clientes de la tienda hay personas con bajos ingresos, ciudadanos endeudados, gente que vive de la asistencia social o percibe una renta por invalidez o una pensión. 

Los 'nuevos' pobres

Christoph Bossart, hoy jubilado, trabajó durante más de veinte años en una asociación caritativa católica y es uno de los fundadores de la primera tienda de Cáritas. “Ya en aquel entonces había gente que caía en la indigencia porque no encontraba trabajo o a causa de una enfermedad”, recuerda.

En la década de 1990, prosigue, surgió una nueva forma de pobreza. “Cada vez más personas no llegaban a fin de mes a pesar de tener un trabajo. Había también parados de larga duración, madres solteras y, en general, gente con un bajo nivel de formación”.

Según un informe oficial de la época que causó cierta consternación, eran cerca de 20 000 los ciudadanos que podían verse en estas circunstancias de precariedad en el semicantón de Basilea-Ciudad, es decir, una de cada diez. ¿Cómo ayudarles?

El modelo francés

La solución estaba en un artículo aparecido en un periódico de la Iglesia. “Hablaba de los bancos de alimentos en Francia, un sistema para recuperar los excedentes alimentarios y redistribuirlos a las organizaciones caritativas que ayudan a los indigentes”, recuerda Bossart. Él mismo viajó a París para estudiar cómo funcionaban esos bancos de alimentos.

El colaborador de Cáritas se dio cuenta de que el sistema francés no se podía exportar tal cual a Suiza. “Se basaba esencialmente en el voluntario, un concepto que en Suiza, y concretamente en los cantones de habla alemana, apenas se conocía, explica Bossart.

Tampoco la distribución gratuita o a precios simbólicos de los productos, una de las características de los bancos de alimentos en Francia no correspondía a la filosofía de la sección basiliense de Caritas. “Nuestra intención no era regalar los alimentos, sino dejar que la gente tuviera la opción de elegir y comprar a precios asequibles. No queríamos que los clientes pidieran limosna, sino que asumieran su responsabilidad”, anota Bossart.

Christoph Bossart es uno de los fundadores de la primera tienda de Cáritas en Suiza.

Christoph Bossart es uno de los fundadores de la primera tienda de Cáritas en Suiza.

(swissinfo.ch)

Chocolate por “error”

Al regresar a Suiza, Bossart contactó con los productores y mayoristas de Basilea. “El objetivo era recibir gratuitamente o a precio de ganga mercancías que ya no podían vender, pero sí estaban en perfecto estado para consumir. Para los productores esto tenía ventajas: se evitaban tener que pagar para eliminar los excedentes. Los grandes minoristas, en cambio, se mostraron reticentes. Temían perder parte de la clientela y querían mantener el control sobre la calidad de sus productos”.

Así comenzaron a llegar a la sede de Cáritas en Basilea los primeros productos mal etiquetados, latas de conservas abolladas, con errores de producción, a punto de caducar o retirados del surtido. Al inicio, el propio Bossart salía con su furgoneta a recoger las cajas de plátanos o caramelos. “Una vez recibimos chocolate de calidad de un conocida marca suiza. Había sacado al mercado una nueva línea que no tuvo buena acogida entre los consumidores. Gracias a este error de producción pudimos poner eses chocolates a disposición de los pobres”.

El éxito de un “escándalo”

La apertura de la primera tienda de Cáritas, el 1 de julio de 1992, no pasó inadvertida, dice Bossart. “En Suiza, pero no solo en este país, los medios se hicieron eco de la noticia. Algunos periódicos escribieron que la presencia de una tienda para los pobres en un país tan rico como Suiza era un escándalo”.

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La opinión pública estaba dividida. “Algunos condenaban la opción de alimentar a los pobres con los restos, con los desperdicios”, relata Bossart. Para él, la de Cáritas es más que una simple tienda de barrio. “Es también un lugar de encuentro, donde recibes asesoramiento y ayuda. Pero sobre todo, es un lugar que nos permite poner un rostro a la pobreza”.

Cada vez más personas en situación precaria han salido así a la luz. “Al inicio nos dirigíamos sobre todo a la población suiza. Pero rápidamente nos centramos en los inmigrantes y los refugiados de la antigua Yugoslavia”. En poco tiempo, lo que se lanzó como un simple proyecto piloto creció y en 1994 se abrieron tiendas similares en Lucerna, San Gall y Berna.

Gracias a un acuerdo con una importante empresa de transporte y a la profesionalización progresiva de la actividad –con una cooperativa central que se ocupa de la logística– la red de tiendas se extendió a todo el territorio suizo. En 24 puntos de venta del país trabajan, según los cantones, empleados a tiempo parcial, parados y voluntarios.

En 2015, las tiendas de Cáritas facturaron más de 13 millones de francos. En un año se vendieron 1,3 millones de litros de leche, 140 000 kilos de harina y 240 000 kilos de azúcar.

Pese al creciente éxito, Christoph Bossart no se da por satisfecho. Ahora que no tiene que ocuparse de la contabilidad de la tienda en Basilea ve las cosas desde otra perspectiva. “El aumento del número de tiendas y de la facturación es una mala noticia. Sería mejor que no las necesitáramos”, afirma. La aparición de nuevas cadenas de supermercados de descuento es positiva”, sostiene. “Si permiten echar una mano a la gente en situación de precariedad, pues bienvenidos sean los productos a precio de oferta”.

Las cifras de la pobreza

Cerca de 530 000 personas en Suiza, es decir, el 6,6% de la población tienen ingresos inferiores al umbral de la pobreza, según las estimaciones de Cáritas. La Conferencia Suiza de las Instituciones de Acción Social sitúa ese umbral en 2 600 francos para una persona sola y en 4 900 en el caso de una familia de cuatro miembros (cifras de 2015). Además, otras 500 000 personas se encuentran en una situación económica precaria: al mínimo imprevisto corren el riesgo de caer en la indigencia.

Los principales grupos de riesgo son las personas sin una actividad profesional o sin formación postobligatoria, los trabajadores con ingresos bajos (los denominados ‘working poor’, gente que trabaja pero no llega a fin de mes), las familias con más de dos hijos y las familias monoparentales. En Suiza, una de cada siete familias monoparentales vive en la pobreza.

Según un reciente informe de la Oficina Federal de Estadística, en Suiza hay 73 000 niños en situación de pobreza.

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Traducción del italiano: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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