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Colombia


Mariposas amarillas y banderas blancas en amanecer de la paz




Juan Manuel Santos, presidente de Colombia,  y el líder de las ahora extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Rodrigo Londoño, se estrechan la mano tras firmar el capítulo de la historia que escribieron entre ambos. Cartagena, 26.09.16 (AFP)

Juan Manuel Santos, presidente de Colombia,  y el líder de las ahora extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Rodrigo Londoño, se estrechan la mano tras firmar el capítulo de la historia que escribieron entre ambos. Cartagena, 26.09.16

(AFP)

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia pidieron perdón a las víctimas del conflicto luego de cerrar 52 años de guerra con el Gobierno durante una ceremonia acompañada por la comunidad internacional y en la que el presidente Juan Manuel Santos anunció el cese de “la horrible noche de la violencia”.

Más de 2 000 invitados acudieron a la firma del acuerdo de negociaciones para la paz que deberá ser refrendado el domingo 2 de octubre por el pueblo colombiano y que, como lo dejaron bien claro sus signatarios, no representa una claudicación sino la elección de la vía política para hacer frente a los retos del país.

Los discursos del comandante Rodrigo Londoño (‘Timochenko’) y del presidente Santos reflejaron la voluntad inequívoca de acabar con el espectro de la guerra, coincidieron también en el reconocimiento a todos aquellos que contribuyeron en los esfuerzos de paz: el pueblo colombiano, la comunidad internacional y figuras como Fidel Castro, Hugo Chávez y García Márquez.

"Gabo –el gran ausente en este día–, que fue artífice en la sombra de muchos intentos y procesos de paz, no alcanzó a estar acá para vivir este momento, en su Cartagena querida, donde reposan sus cenizas.

"Pero debe estar feliz, viendo volar sus mariposas amarillas en la Colombia que él soñó, nuestra Colombia que alcanza –por fin–, como él dijo…“una segunda oportunidad sobre la tierra”, celebró Santos.

Suiza, compañera de la paz

En el espléndido escenario de Cartagena de Indias y en presencia de representantes internacionales, Juan Manuel Santos y  Rodrigo Londoño rubricaron el documento de 297 páginas en el que las partes trabajaron entre noviembre de 2012 y agosto de 2016 con el apoyo de expertos de una veintena de países, incluida Suiza.

El camino de La Habana a Cartagena fue arduo, pleno de temores y acechanzas, pero también estuvo bordeado de esperanza y conoce los primeros frutos de la reconciliación. Suiza, con sus 20 años de apoyo al anhelo colombiano de conciliación, se une al festejo de “la mayor victoria del país: la victoria de la paz”.

“La reconciliación del país no deja ni vencedores ni vencidos; ha ganado Colombia y ha ganado el continente. Que la paz nos abrace a todos”:  Ivan Márquez, jefe del equipo negociador de las FARC

¿El resultado? Un acuerdo “ejemplar” como señala el asesor suizo Julian Hottinger y en lo que coinciden los expertos Jean Pierre Gontard, otrora mediador entre las FARC y el Gobierno de Colombia, y Kristian Herbolzheimer, especialista en construcción de la paz, quien también participó en las negociaciones de La Habana.

Narra Hottinger que entre los problemas técnicos que debieron superar estaba el de la ambigüedad del lenguaje. Por ejemplo, no se hablaba de desarme sino de dejación de armas. No se hablaba de desmovilización militar, sino de removilización política.

“Había diferencias de lenguaje, pero no necesariamente de percepción. Es decir, los dos lados eran bastante pragmáticos, los dos se habían preparado bien, los dos, hasta cierto punto diría yo, sabían lo que era realizable o no, y al mismo tiempo había una real voluntad de poder encontrar una solución”.

El objetivo, subraya el enviado del Ministerio suizo de Exteriores (DFAE),  nunca fue resolver todos los problemas de Colombia. “El objetivo era decir ‘demos un nuevo impulso a la democracia. Intentemos dirigir esos problemas a un período de posconflicto que va a durar 10 años y al mismo tiempo resolvamos el problema de la violencia’”.

De hecho, y en una situación inédita para Colombia en muchos años, reina ahora el silencio de las armas.

Sandra Ramírez, viuda de Manuel Marulanda, artífice de las FARC, conversa con 'Timochenko' (Rodrigo Londoño), líder de la insurgencia en el marco de la histórica X Conferencia en la que los guerrilleros aprobaron dejar las armas.  (AFP)

Sandra Ramírez, viuda de Manuel Marulanda, artífice de las FARC, conversa con 'Timochenko' (Rodrigo Londoño), líder de la insurgencia en el marco de la histórica X Conferencia en la que los guerrilleros aprobaron dejar las armas. 

(AFP)

Un mismo mensaje: “¡Ya basta!”

“La negociación duró cuatro años que no siempre fueron fáciles”, recuerda Hottinger. A través de ese tiempo hubo seis períodos de grave crisis que los interlocutores lograron superar para llegar a un acuerdo “sin que hubiera un sentimiento, de un lado o de otro, de que alguno había perdido”.

Entre los artífices del documento que será sometido al escrutinio popular (02.10), explica, la cuestión era: “¡Ya basta! Luego de 52 años, no se puede continuar así. Esa violencia puede perdurar por mucho tiempo, pero nadie va a ganar. No hay victoria”.

A pedido de Bogotá, el DFAE envió a finales de 2012 a Colombia al especialista en negociaciones para la paz. Su misión era explicar al Gobierno y a las Fuerzas Armadas aspectos técnicos vinculados con el proceso de cese al fuego, el desarme, la desmovilización y la reinserción, y al mismo tiempo, dar cuenta de las experiencias que existían a nivel internacional.

En 2015, Hottinger se trasladó a La Habana para integrarse a la  subcomisión creada entonces para el fin del conflicto. Le  sorprendió el respeto y la cortesía que primó en los debates aun en los momentos más ásperos. También considera “ejemplares” los encuentros entre víctimas y victimarios, el reconocimiento del dolor infligido y el perdón solicitado.

Y es que en el marco del proceso se han producido momentos de gran intensidad emocional como aquel del 6 de diciembre de 2015 cuando en un primer acto público de contrición, las FARC pidieron perdón a las víctimas de la masacre de Bojayá: 79 civiles fueron muertos y 110 resultaron heridos y/o mutilados cuando durante una ofensiva contra los paramilitares, la guerrilla lanzó una bomba contra una iglesia en la que se refugiaba la población el 2 de mayo de 2002.   

“Nos pesa su dolor”

“Hace 13 años que pesa en nuestros hombros el dolor desgarrador que les afecta a todas y todos ustedes”, dijo el comandante Pastor Aldape.

En sendos actos de reconciliación, dirigentes de la insurgencia han reconocido y pedido perdón por los secuestros y muertes. Han escuchado los testimonios del dolor que causaron y se han unido a las víctimas en una catarsis colectiva.

Así, la paz se abre paso en Colombia.

Este martes, los colombianos despertaron con un acuerdo que allana el camino para la pacificación. El sábado anterior, del paisaje había desaparecido la principal y más antigua guerrilla del país. El próximo domingo, la ciudadanía dará (o no) su aprobación a ese convenio que, en cinco puntos, analiza la problemática esencial del país, incluido el tema agrario que dio origen al conflicto armado.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia nacieron en 1964, en Marquetalia (en la gráfica)  como respuesta a la exclusión de los campesinos y a las violentas arremetidas estatales en su contra. (Dialogos del Paz)

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia nacieron en 1964, en Marquetalia (en la gráfica)  como respuesta a la exclusión de los campesinos y a las violentas arremetidas estatales en su contra.

(Dialogos del Paz)

Asimismo, establece la bitácora para que las ya otrora Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia abandonen sus centros de operación y se concentren en las 22 zonas designadas ‘ex profeso’, en las que en un lapso de 180 días, bajo el control de las Naciones Unidas, dejarán las armas. Vendrán luego los procesos de justicia transicional, de indemnización y de reinserción para que la guerrilla pueda continuar su lucha pero desde la escena política.

“No se repetirá la tragedia de la UP”

El acuerdo, como lo menciona Hottinger, prevé una fuerza de 600 hombres y mujeres que protegerán la vida de los dirigentes de las FARC por un período de seis años. La idea es evitar que se reproduzca la tragedia que enlutó al país en los años 80, cuando 6 000 integrantes de la Unión Patriótica (UP) fueron asesinados por el paramilitarismo.

“Me comprometo solemnemente a que los movimientos políticos, incluida la organización que se conforme una vez se desmovilicen las FARC, tendrán plenas garantías para expresar sus ideas. El exterminio de la UP no se repetirá”, dijo el presidente Juan Manuel Santos al reunirse con los sobrevivientes, las viudas y los huérfanos de la masacre, el pasado 15 de septiembre, en la Casa de Nariño.

Reconoció Santos que esa arremetida, que conllevó la desaparición del movimiento político, causó un daño indecible. “El Estado no tomó medidas suficientes para prevenir los asesinatos, atentados y las demás violaciones, a pesar de las evidencias de que esa persecución estaba en marcha (...) esa tragedia nunca debió suceder”.  

El dirigente de un Gobierno que, junto con las FARC, marcó un hito en la historia de Colombia, aseguró igualmente que la firma del acuerdo de paz, celebrada este lunes en Cartagena, es también “ese compromiso de que la política no volverá a ser víctima de las balas de la violencia”. 

Adiós de las FARC a las armas

En su X Conferencia, las FARC aprobaron de forma unánime el acuerdo de La Habana y el tránsito definitivo del grupo armado a la vida política y civil.

De esa manera, el 23 de septiembre de 2016, en los Llanos del Yarí, Meta, quedó disuelta la primera y más antigua guerrilla de Colombia.

Las ahora ex Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia manifestaron, entre otros, su acuerdo a la realización de un plebiscito para refrendar el acuerdo de negociación con el Gobierno y su confianza en que se imponga el SI.

Descartaron la renegociación “de un acuerdo cerrado y construido con tanto cuidado. No hay otro posible como no lo fue en el pasado”.

Reconocen que “se ha alcanzado un cierre digno de nuestra experiencia de rebelión armada”. No es una rendición “sino la continuidad de la lucha social y de clase”.

“El Acuerdo Final es una demostración de la validez de nuestro alzamiento armado por 52 años. Gracias a él ha sido posible dejar sentadas las bases para abrir un campo de reformas que en otras condiciones difícilmente se habría podido alcanzar”.

Insisten en la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente y se fijan como meta el mes de abril de 2017 para dar inicio formal a su actividad política legal.

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