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Maurice Lemoine


¿Y si las FARC, armadas, se incorporaran al Estado?


Por Marcela Águila Rubín, Ginebra


Las FARC no dejarán la selva ni soltarán las armas a cambio de nada, considera el periodista Marice Lemoine, en particular cuando en Colombia hay un estimado de 7 000 paramilitares en diferentes agrupaciones. (Reuters)

Las FARC no dejarán la selva ni soltarán las armas a cambio de nada, considera el periodista Marice Lemoine, en particular cuando en Colombia hay un estimado de 7 000 paramilitares en diferentes agrupaciones.

(Reuters)

Más de medio siglo de conflicto en Colombia hace que el país tenga muchos desafíos, pero también mucha experiencia. ¿Cómo podría frenar el impacto negativo del neoliberalismo y las trasnacionales? ¿Qué camino podrían emprender las FARC tras la firma de paz?

El periodista Maurice Lemoine, exredactor en jefe de Le Monde Diplomatique, participó en Ginebra en la campaña informativa ‘Los Desafíos de la Cooperación Suiza para la Paz en Colombia’, organizada recientemente por E-CHANGER/CoMundo con el apoyo de una veintena de ONG. En ese marco, el también escritor y uno de los más avezados investigadores sobre Latinoamérica conversó con swissinfo.ch.  

swissinfo.ch: Durante su ponencia, usted habló de “un empate” entre la insurgencia y el ejército colombianos. ¿Se equivocan entonces quienes pretenden que la muerte de varios dirigentes debilitó a las FARC?

Maurice Lemoine: En Colombia hay un empate. Es decir, aunque (Álvaro) Uribe dio golpes fuertes a la guerrilla en los que murieron varios líderes, como Raúl Reyes, Fernando Cano o el Mono Jojoy, exjefe militar, el Gobierno, el ejército colombiano no puede derrotar a la guerrilla. Eso es imposible. Por otra parte, tampoco la guerrilla puede tener una victoria militar, así que, o negocian y logran un acuerdo de paz para abrir un espacio democrático, o no negocian y el conflicto se prolonga y con ello se prolonga también el sufrimiento de la población.

A diferencia de lo que pensó el Gobierno en un primer tiempo, no está negociando con una guerrilla derrotada. Las FARC cuentan con 8 000 hombres en armas, pero también con una amplia base civil y milicias urbanas. Tienen  reivindicaciones y no van a abandonar las armas a cambio de nada. Es una guerrilla que está en la selva, en las montañas, desde 1964 y más, para los más viejos. No van a abandonar la lucha a cambio de nada.

swissinfo.ch: La agenda de las negociaciones de La Habana incluye una temática muy amplia. ¿Será posible resolver toda la problemática planteada?

M.L.: Las reformas estructurales es el tema central de las negociaciones en La Habana, a las que se suma el reclamo del movimiento social y popular colombiano. No es una negociación para dejar las armas, es una negociación para ver de qué manera se puede abrir un espacio democrático porque hasta ahora, aparte de ciudades grandes como Bogotá, Medellín o Cali, la izquierda no ha podido luchar nunca de manera igual con las fuerzas conservadoras.

swissinfo.ch: Una verdadera reforma supondría la adopción de un modelo económico diferente al que aplica Bogotá. ¿Puede lograrse ese cambio? 

M.L.: Yo creo que la apuesta de la guerrilla y de la izquierda es conseguir un espacio democrático y después, dentro de ese espacio democrático, y ya también con el movimiento social, luchar en contra de esa política porque también el contexto sudamericano es bueno actualmente para eso.

El modelo neoliberal fue rechazado en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y aunque, poco menos, también en Brasil. Entonces, el contexto está a favor del fortalecimiento de una izquierda colombiana. Es el momento o jamás. Eso es muy importante.

swissinfo.ch: Diversos informes señalan que la presencia de las FARC, aunque no de manera gratuita, ha frenado la entrega de territorio a trasnacionales mineras, por ejemplo ¿Qué sucedería cuando se retiraran de esas zonas? 

M.L.: El Gobierno de Santos quiere la paz para permitir la entrada de las transnacionales, eso está claro. Entonces hay dos visiones, incluso en la izquierda colombiana hay gente que está criticando las negociaciones. Dicen: las FARC van a abrir el camino a las trasnacionales. El problema es que impedir la entrada de las multinacionales por la vía armada, significaría seguir en la guerra durante décadas y décadas, y con una guerra que es una guerra sucia.

Entonces, lo repito porque es central, están apostando a abrir espacios democráticos para regular, para que el Estado haga lo que están haciendo en Venezuela, Bolivia o Ecuador: imponer nuevas reglas a las multinacionales, proteger a los campesinos en zonas de reservas campesinas, establecer reglas y eso se puede hacer, pero en el marco democrático.

swissinfo.ch: La desmovilización de la guerrilla es un tema delicado, en particular por la experiencia de la Unión Patriótica. ¿Cómo podría abordarse ese problema?

M.L.: Por supuesto, es un tema muy importante que inclusive viene de muy lejos porque si consideramos que el conflicto empezó en 1948, con la muerte de Eliecer Gaitán, en ese periodo, conocido como La Violencia, hubo 200 mil muertos. En los años 50 a 54, había guerrillas liberales que se desarmaron y sus líderes fueron ejecutados. Entonces, esa tradición colombiana de pasar un acuerdo de paz y después matar a la gente una vez desarmada viene de muy lejos, por eso es muy complicado.

La experiencia de la Unión Patriótica, en 1984, con 3 000 o 4 000 muertos, por ejemplo, hizo que el actual jefe de la delegación de las FARC en La Habana, Iván Márquez, que había sido elegido diputado de la UP, volviera a la guerrilla (en el seno de las FARC esta vez)  cuando vio morir a todos sus compañeros.

Y además, un elemento que hay que sumar es la existencia todavía hoy en día, de paramilitares, como 7 000. Entonces es muy difícil para el Gobierno pedir a las FARC desarmarse cuando se sabe que sus enemigos, bandidos de ultraderecha, delincuentes, están actuando muy fuertemente en contra del movimiento social, de los líderes campesinos, de los líderes en derechos humanos. Entonces, por eso no se puede esperar que la negociación pueda terminarse rápido. Es un proceso muy largo.

swissinfo.ch: ¿Cuál podría ser la manera de integrar a las FARC tras la firma de un acuerdo de paz?

M.L.: Primero, siempre es muy difícil, dejar en el aire a miles de hombres que no conocen otra cosa que las armas. ¿Qué van a hacer con ellos? ¿Taxistas? ¿Tenderos? Es complicado. Hay zonas enteras en Colombia, en el campo, donde no hay presencia del Estado. ¿Por qué no transformar a las FARC, en distintas zonas, en policía rural? Conservan las armas pero están reintegrados al Estado, no se sienten desarmados y amenazados por los paramilitares y están en zonas donde todo el mundo les conoce y a donde son la ley, porque en las zonas donde están desde hace décadas, son los jueces, cobran el impuesto, organizan todo. Entonces, lo pueden hacer en el marco del Estado y eso permite una transición más positiva que si se dice a esos 8 000 hombres: ‘Bueno ahora están libres’. ¿Qué van a hacer??

swissinfo.ch: Una última pregunta, ya no específicamente de Colombia, sino sobre esta campaña de información organizada por E-CHANGER CoMundo con el apoyo de una veintena de ONG. ¿Qué le parece?

M.L.: Europa está totalmente desinformada sobre lo que está pasando en Colombia porque tenemos el mismo problema que tienen allá: la desinformación de los medios de comunicación que definitivamente han integrado el discurso de los sectores más conservadores. Te presentan a las FARC como narcoterroristas, olvidan a los paramilitares. Nadie sabe en la prensa francesa, por ejemplo, que exministros de Uribe han sido encarcelados por conductas delictivas, que en la fosa común de La Macarena, los paramilitares botaron 1500 cuerpos en 2012.

Los medios de comunicación en Colombia y en Europa, por lo menos en Francia y España, que conozco mejor, están centrados en la denuncia de los Gobiernos progresistas, han integrado el neoliberalismo como la única política que hay que apoyar. Todo lo que sale de eso es desacreditado.

Esta campaña tiene el rol de sensibilizar a la población de Europa. Es difícil, pero la lucha política es difícil. Hay que pelear y punto.

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