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Día Mundial de la Democracia


¿Amenazadas las democracias occidentales?


Por Frédéric Burnand Genève


En agosto de 2012, unos 200 extremistas de derecha en la mítica pradera del Grütli, donde se reunieron los primeros confederados.  (Keystone)

En agosto de 2012, unos 200 extremistas de derecha en la mítica pradera del Grütli, donde se reunieron los primeros confederados. 

(Keystone)

La actualidad lo muestra con fuerza: las democracias europeas y de Estados Unidos atraviesan una crisis profunda. Los partidos antisistema están viento en popa en varios países, incluida Suiza. ¿Se verá el crepúsculo de la democracia liberal en los países que la vieron nacer? swissinfo.ch ofrece algunas pistas de reflexión en el debate, desprovisto de certitudes.

En los últimos años, numerosos comentaristas y clasificaciones han señalado el estancamiento del número de países con régimen democrático y el aumento de los regímenes autoritarios ya sea en Europa oriental, África o Asia. Y esto tras la caída de las dictaduras latinoamericanas de los años 80, los procesos democráticos provocados tras la implosión de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín en 1989. 

Una mirada exterior al « populismo » en Suiza

Según Clive H. Church, del ‘Centre for swiss politics’ de la Universidad de Kent en Inglaterra, el sistema político suizo está bajo presión. Las instituciones como la democracia directa han cambiado de papel: “En el pasado era un medio para que las personas excluidas del sistema político tuvieran alguna influencia. Hoy se ha convertido en una herramienta de los partidos políticos”.

Clive H. Church apunta, en particular, el papel de la UDC, el principal partido del país, conservador y situado a la derecha de la derecha liberal: “Ese partido se inscribe en la gran corriente del populismo autoritario en Europa. La UDC forma parte de los primeros en la preferencia electoral y es uno de los más antiguos en estar bajo la influencia populista”.

¿La UDC es un partido antisistema? Desde sus inicios en la política, el orador Christoph Blocher ataca regularmente a las elites políticas y a las instituciones suizas.

Al anunciar en 2014 su salida del Consejo Nacional – La cámara baja del Parlamento de Suiza – el líder de la UDC declaró no querer “malgastar su tiempo en el Parlamento”. Dijo que “la eficacia del parlamento descendió considerablemente tras una burocratización exagerada”.

Sea como fuere, las elecciones en Suiza reposan sobre un sistema proporcional.

“Esto es muy importante. Con un sistema mayoritario, Suiza tendría grandísimos problemas. Con el sistema proporcional, todo se atenúa”, destaca el profesor inglés que acaba de firmar ‘Cambio político en Suiza: de la estabilidad a la incertitud’ (Political Change in Switzerland: From Stability to Uncertainty, Routledge, 2016).

Este año, en el corazón mismo de las democracias bien establecidas del mundo occidental la inquietud aumenta, con el empuje de los partidos antisistema, sobre todo a la derecha de la jerarquía política, pero no solamente. ¿Se necesita un voto protestatario ante las dificultades de los gobiernos para afrontar las crisis múltiples que afectan el mundo, como la transformación rápida del sector económico, la redefinición de la relación de fuerzas de las grandes potencias, el terrorismo, los amplios movimientos de población entre continentes, el recalentamiento climáticos y la crisis medioambiental?

El mal es más profundo, subraya un artículo aparecido en la última edición de julio del ‘Journal of Democracy’, una revista trimestral publicada por el National endowment for democracy, una institución financiada por el Congreso estadounidense para la promoción de la democracia liberal en el mundo.

Intitulado ‘el peligro de la desconsolidación, la desconexión democratica’ (The danger of Deconsolidation, the democratic disconnect), el artículo analiza los datos reunidos por el World Values Surveys entre 1995 y 2014, un proyecto internacional de investigaciones sociales con sede en Suecia.

Sus autores, Roberto Stefan Foa y Yascha Mounk, escriben que en las décadas de los años 80 y 90, “los jóvenes interrogados estaban mucho más entusiastas que sus hijos para proteger la libertad de expresión y mucho menos susceptibles de adoptar el extremismo político. Hoy, los papeles se invirtieron: en conjunto, el apoyo al extremismo político en Norteamérica y en Europa occidental es más alto entre los jóvenes y el apoyo a la libertad de expresión se debilita”.

El régimen militar: una opción que seduce

Los autores destacan que en los Estados Unidos, desde hace 30 años, crece el número de personas que estiman que un gobierno militar es una buena o muy buena solución. En 1995, representaban una de cada 16 personas cuestionadas al respecto; hoy es una de cada seis. Más sorprendente aún: en 1995, 6% de los jóvenes estadounidenses ricos consideraban como buena la posibilidad de que el ejército tomara el poder; hoy esta apreciación la tiene el 35% de este grupo. La misma tendencia se observa en Europa, aun cuando la amplitud es menor: 6% de los nacidos después de 1970 en familias con altos ingresos económicos eran favorables al poder militar en 1995. Hoy, el 17%.

“Esta constatación es impresionante: el apoyo creciente a políticas antiliberales motiva no solo a los necesitados de edad media y subempleados. Se encuentran también fervientes partidarios entre los jóvenes ricos y privilegiados”.

Pero al declararse abiertos a un gobierno de militares, ¿acaso esos jóvenes estadounidenses no exprimen así su descontento de cara al sistema actual? El director de la redacción del ‘Journal of democracy’, Marc Plattner responde: 

“Es lo que me dije cuando vi por primera vez esos datos citados en el artículo. Me pareció difícil creerlo, porque los Estados Unidos jamás han conocido un régimen militar. Siempre permanezco un tanto escéptico. Pero luego de lo que ha pasado en los últimos seis meses en EEUU en la escena política, cada vez lo soy menos. Una parte del electorado, aún minoritaria, está extremadamente insatisfecha del funcionamiento de la democracia y parece estar dispuesta a considerar alternativas políticas no democráticas o no liberales”.

Problemas de método

Doctorando en el marco del proyecto de investigación ‘Democracy Barometer’ del Fondo Nacional Suizo de Investigación Científica (FNS), Karima Bousbah se muestra indecisa. “Se produjo un cambio relativo al apego a los valores que fundan la democracia en los países occidentales. No obstante, creo que el artículo sigue una línea demasiado alarmista. Además, compara a los Estados Unidos con Europa, pero esta comparación general no es aplicable a todos los países que componen este continente, en vista de su diversidad”. La investigadora precisa también que no hay datos en Suiza sobre el apego de los jóvenes a los valores liberales de la democracia.

Profesor del Instituto Universitario de Estudios Superiores Internacionales y de Desarrollo en Ginebra, David Sylvan se muestra también reservado. “El artículo es respetable desde el punto de vista académico. Pero plantea varios problemas, por ejemplo, sobre la elección de los datos, de los periodos temporales tomados en cuenta, las comparaciones hechas, etc. La tesis del artículo tal vez sea cierta, pero los datos presentados no permiten en ningún caso tales conclusiones.

Debate de neoconservadores

David Sylvan sitúa también este análisis en el paisaje político e intelectual de los Estados Unidos. Este experto en Relaciones Internacionales y en Ciencia Política estima que “este artículo es una contribución a un debate entre diferentes componentes de la corriente neoconservadora”. Un debate personificado tras la caída del muro de Berlín por dos autores conocidos mundialmente: Francis Fukuyama con ‘The End of History and the Last Man’ de 1992 y Samuel Huntington con ‘The Clash of Civilizations’, publicado por primera vez en 1993. Es decir, una visión optimista en cuanto a la victoria de la democracia liberal opuesta a la tesis según la cual los valores democráticos occidentales son atacados por otros sistemas de pensamiento en el mundo. Un debate que continúa agitando los espíritus más allá de EEUU, y en el que se incluyen responsables políticos.

Nadie ignora el resultado desastroso de esta visión neoconservadora cuando fue la base de la política extranjera del presidente Georges W. Bush luego de los atentados del 11 de septiembre. La invasión de Irak en 2003 es uno de los moldes de las guerras actuales en el Medio Oriente. 


Día Mundial de la Democracia

Desde 2008, la ONUcelebra cada año el Día Mundial de la Democracia, el 15 de septiembre.

Este año, el tema de la jornada se consagra a la democracia y a la Agenda 2030 por el desarrollo sostenible. Ese programa de desarrollo fue adoptado el año pasado por la Asamblea General de la ONU para incluirlo en el horizonte 2030 de los Objetivos de Desarrollo Durable que buscan “poner fin a todas las formas de pobreza, luchar contra las desigualdades y el cambio climático, evitando que cualquier persona sea abandonada en el camino”.

¿Pero esas realidades no anulan la credibilidad de esos análisis, en particular, el expuesto en el artículo del ‘Journal of democracy’ y que Marc Plattner no considera como fruto de autores neoconservadores? El empuje de los partidos populistas en Europa no es un milagro. La campaña polarizadora y antisistema de Donald Trump en EEUU tampoco.

¿Democracias rescindidas?

Director del Instituto de Estudios Globales (GSI) de la Universidad de Ginebra, René Schwok se muestra, por tanto, relativamente sereno. “Lo que no se dice de manera suficiente es que los partidos extremistas de izquierda y de derecha me parecen realmente unidos a la democracia y al Estado de derecho. Marine Le Pen puede eventualmente ganar las elecciones francesas. Pero si perdiera la próxima vez, ella se sumaría a la oposición y no haría un golpe de Estado.

En Polonia puede haber ciertos ataques contra la democracia y el Estado de derecho, pero ese país es todavía una democracia. Entonces sí, la revolución tecnológica en curso es desestabilizante y el desahogo se ejerce contra los extranjeros, los inmigrantes y la Unión Europea. Hay entonces que permanecer vigilantes. Pero antes que todo, la democracia no significa la ausencia de conflicto, dificultades económicas y sociales, frustraciones, corrupción y otros”.

La época turbia que atravesamos dirá hasta qué punto las democracias estables soportan los choques y los cambios en curso. 


La democracia, según la ONU

El Pacto internacional relativo a los derechos civiles y políticos (1996) plantea los fundamentos jurídicos de la democracia en relación con el derecho internacional, en particular:

La libertad de expresión.  

El derecho de reunión pacífica.

El derecho de libre asociación.

El derecho y la posibilidad de formar parte en la dirección de asuntos públicos, sea directamente, o sea por intermediación de representantes libremente electos.

El derecho de votar y ser elegido, en el curso de elecciones periódicas, limpias, o sufragio universal o escrutinio secreto, asegurando la expresión libre de la voluntad de los electores. 


(Traducción: Patricia Islas)

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