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Enzo Nussio


FARC: Dejación de armas y perspectivas


Por Marcela Águila Rubín, Zúrich


Miembros del Frente 36 de las FARC, en Antioquia el 03.01.16. Con la paz al alcance de la mano, los guerrilleros pueden pensar finalmente en una vida fuera de la selva. (Keystone)

Miembros del Frente 36 de las FARC, en Antioquia el 03.01.16. Con la paz al alcance de la mano, los guerrilleros pueden pensar finalmente en una vida fuera de la selva.

(Keystone)

La paz avanza en Colombia: El ‘Congreso del Posconflicto’ inició labores y la Corte Constitucional aprobó el plebiscito para refrendar los acuerdos FARC-Bogotá. ¿Qué pasará con la guerrilla una vez desmovilizada? ¿Podría repetirse la masacre que sufrió la Unión Patriótica? ¿Qué difiere en este proceso respecto al desarme paramilitar? Análisis de Enzo Nussio, experto suizo en postconflictos.

“Las condiciones son muy diferentes”, enfatiza el investigador en referencia al proceso de paz de la década de los 80 y la violencia que se produjo en los años siguientes. “No solamente las negociaciones en La Habana incluyen garantías de seguridad y reintegración para los desmovilizados, sino que no existe el mismo paramilitarismo de entonces. Además, el Gobierno diseña ahora una política para la paz”.

La Corte Constitucional Colombiana aprobó (18.07) la realización de un plebiscito para que la ciudadanía se pronuncie en torno a los acuerdos de paz que el Gobierno y las FARC podrían firmar este mismo mese como corolario de las negociaciones que iniciaron en 2012 en La Habana.  

Otro contexto

Enzo Nussio, del Centro de Estudios para la Seguridad, de la Escuela Politécnica de Zúrich, ha realizado una serie de investigaciones sobre temas vinculados con los postconflictos en América Latina, en particular en Colombia, país en el que vivió varios años y en el que dio seguimiento al proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia AUC/paramilitares.        

Recuerda el especialista que en la época de los 80 y 90 los paramilitares eran muy importantes. Había una estrecha colaboración entre el ejército, los paramilitares y los servicios secretos. “Eso ha cambiado. Aún hay quienes llaman paramilitares a algunas organizaciones criminales, pero no creo que tengan la misma relación con el Estado, ni el mismo poder de intimidación y no creo que tengan ya la capacidad de producir ese resultado”.

LAS FARC

EE UU contempla retirar a las FARC de su lista de organizaciones terroristas (en la que figuran desde 1997) una vez que la guerrilla “firme la paz y renuncie a la violencia”: John Kerry, secretario de Estado (01.08.16)

Según los acuerdos de paz (que se desarrollan desde 2012 en La Habana), tras la firma (prevista para este mes de agosto), las FARC serán concentradas en 23 zonas de paz, bajo el control de la ONU, encargada de reunir y destruir sus armas. Un proceso que durará 180 días.

Constituyen la más importante guerrilla del país (la segunda es el ELN, con unos 1 500 miembros) y cuentan con un estimado de 7 000 efectivos (contra unos 20 000 alrededor del año 2000) y un número igual de milicias.

Su dirigente es Rodrigo Londoño Echeverri, alias ‘Timochenko’. Su fundador, Manuel Marulanda, alias ‘Tirofijo’.

Integradas por militantes comunistas y grupos campesinos de autodefensa, surgieron en 1964, en un contexto de brutal represión contra cualquier actividad considerada subversiva y en un país con una enorme desigualdad social y una alta concentración de tierras en manos de una pequeña élite.

Empero, la comisión de actividades delictivas, incluidos el reclutamiento forzado de menores, la extorsión, el secuestro y el narcotráfico, constituyen el lado obscuro de su lucha, la que también registra un alto número de víctimas civiles.

Es decir: el exterminio de más de 3 000 miembros de la Unión Patriótica (UP).

“A diferencia de lo que sucedió con la UP, que era el brazo político de las FARC, hay ahora un movimiento armado que va a desarmarse para convertirse luego en movimiento político”, precisa.

Unión Patriótica

De una manera paradójica, analiza Nussio, Colombia fue el primer país en negociar con grupos armados marxistas y el último en el que todavía persiste ese tipo de grupos armados en América Latina: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a punto de firmar un acuerdo de paz con el Gobierno, y el Ejército para la Liberación Nacional (ELN), en conversaciones con el Gobierno, pero aún incipientes.

El inicio de las negociaciones con las guerrillas marxistas en Colombia data de los años 80 y se produjo bajo el Gobierno del presidente Belisario Betancur, quien acordó un cese bilateral del fuego con las FARC. La principal insurgencia del país apostó entonces a la paz y creó la UP, que debía preparar su participación política, pero que fue masacrada por los paramilitares.

“No fue solamente gente que se desarmó sino más bien simpatizantes de las FARC que se formaron en partido político y que participaron exitosamente en algunas elecciones. Tras los ataques, algunos regresaron o se incorporaron a la lucha armada. El caso más conocido es el de Iván Márquez, uno de los actuales líderes de las FARC”, precisa nuestro interlocutor.

Otros grupos marxistas lograron desmovilizarse al inicio de los años 90, como el M19, el EPL y algunos otros menos grandes.

Las condiciones, reitera el investigador, son muy otras, aunque no descarta que se produzcan asesinatos por venganzas o por fuerzas reaccionarias opuestas a la participación de la izquierda en la política, “pero no creo que sean más que casos aislados que no pondrán en riesgo el proceso de paz en general”.

Paramilitarismo

Sobre la situación actual del paramilitarismo en Colombia, Enzo Nussio indica que hay varias organizaciones criminales, algunas de las cuales son herederas de las paramilitares y consideradas paramilitares por algunos observadores y por la guerrilla. “Pero yo creo que es un poquito más complejo que eso”.

Explica que la esencia de un grupo paramilitar es que tenga alguna relación con el Estado, por lo menos de tolerancia, “y eso no lo podemos decir hoy en día del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos que ha tratado de luchar contra esos grupos. Ya no es una política secreta de Estado, como lo era anteriormente. Hay casos de colaboración pero aislados y obedecen a conductas de corrupción, pero no es ya una relación entre el Gobierno central y esos grupos”.

Señala igualmente que si bien algunas asociaciones funcionan de manera muy parecida a como lo hacían los paramilitares antes de su desmovilización en 2006, hay otros grupos que son simplemente narcotraficantes pero con una gran estructura y un control de ciertos territorios.

Advierte también de la existencia de nuevos grupos armados al servicio de terratenientes en algunas zonas del país, en línea con lo que representaban los paramilitares: los autodenominados ‘ejércitos antirrestitución’, contra el retorno de víctimas desplazadas. “Es un fenómeno que se ha visto pero no ha tenido el tamaño y la intensidad que tuvieron los paramilitares”.

Considera que es posible que ese fenómeno aumente con el proceso de paz, sin embargo, descarta que alcance la magnitud del paramilitarismo de antaño. “Puede ser un riesgo para el proceso pero no creo que lo va a poner en peligro”.

Los integrantes de las FARC viven en un ir y venir constante y tortuoso. (Imagen de enero de 2016 en Antioquia). (Keystone)

Los integrantes de las FARC viven en un ir y venir constante y tortuoso. (Imagen de enero de 2016 en Antioquia).

(Keystone)

Desmovilización de paramilitares

Enzo Nussio indica que entre 2003 y 2006 poco más de 30 000 paramilitares se desmovilizaron, el doble de los efectivos anunciados por la dirigencia. Una diferencia debida a que algunos de aquellos que “dejaron las armas” fueron reclutados ex profeso. Es decir, fueron falsos desmovilizados que actuaron como tales para mostrar un tamaño más grande de las llamadas Autodefensas Unidas Colombianas (AUC), y para obtener los beneficios de la reintegración.

Su alistamiento de última hora obedeció igualmente a la estrategia de las AUC de no entregar en primer término a los mejores hombres, ante la desconfianza de lo que pudiera suceder. Un ejemplo se produjo en Medellín en 2003, en donde gran parte de los “desmovilizados” eran jóvenes de barrios populares.

Otro factor que explica la diferencia podría adjudicarse al hecho de que no se consideró inicialmente al personal de logística: cocineros, administradores, que sí tenían derecho a desmovilizarse porque eran parte del grupo. “Es difícil calcular cuántos fueron los falsos desmovilizados y cuántos de logística. En todo caso se infló el número”.

Falsas desmovilizaciones

El doctor en Asuntos Internacionales anota que el recurso a las “falsas” desmovilizaciones es bastante usual en procesos de dejación de armas y no descarta que pueda producirse en el caso de las FARC (que tendrían entre 7 000 personas en armas y un número similar de milicias) pero no de manera importante toda vez que para las FARC el número de desmovilizados es menos relevante, merced a que se quieren convertir en un movimiento político.

“Para ellos es más importante mostrar muchos miembros en su futuro movimiento político. O sea, ir a la calle y manifestarse masivamente. Mostrar que han tenido mucho más impacto entre la población civil de lo que se piensa. Para ellos, los hombres y mujeres en armas no son la cifra clave, mientras que para los paramilitares sí lo eran porque era lo único que tenían. Ellos no eran un movimiento político”.

Rebeldes de las FARC en la faena de cortar pedazos de carne. La mayor parte de los 7 000 miembros armados de esa guerrilla proceden de los más modestos sectores del campesinado colombiano. (Imagen de enero de 2016 en Antioquia). (Keystone)

Rebeldes de las FARC en la faena de cortar pedazos de carne. La mayor parte de los 7 000 miembros armados de esa guerrilla proceden de los más modestos sectores del campesinado colombiano. (Imagen de enero de 2016 en Antioquia).

(Keystone)

Rechazo a la desmovilización

Con respecto a sectores de los frentes (1 y 7) de las FARC que han descartado deponer las armas, el investigador alude a las declaraciones de la dirigencia guerrillera en el sentido de que quienes no se desmovilicen serán consideradores traidores. A lo que el presidente Santos ha agregado “les espera la tumba o la prisión”.

La disidencia, anota el experto, no es infrecuente. También la hubo entre las AUC. Sin embargo, estima que será inferior entre las FARC y que aquellos que pretendan mantener las armas será por razones económicas (narcotráfico/extorsión) o por radicalismo ideológico: “no dejamos las armas porque nuestros objetivos no se han cumplido”.    

Reintegración de la guerrilla

Nussio considera que las guerrillas tendrán posibilidades de reinserción social. “En el caso de las FARC habrá un movimiento al que todos los desmovilizados podrán adherirse. Probablemente organizarán diferentes actividades relacionadas con la política y la comunidad, y eso les dará cohesión y contribuirá a que no pierdan totalmente los lazos sociales que han tenido durante la guerra y puedan coadyuvar de una manera pacífica dentro de una estructura organizada”.

Eso no existió en el caso de los paramilitares, precisa. “Se trató prácticamente de dispersar a esas personas y tenerlas desorganizadas. Aunque existían ciertas organizaciones, no hubo movimiento así. Esa cohesión se perdió y esas personas estaban prácticamente sin orientación en su nueva vida civil. Eso es una diferencia importante y creo que puede ayudar en el caso de las FARC si se maneja bien, si no se estigmatiza al movimiento y se permite que trabaje en favor de las comunidades”.

Política para la paz

Enzo Nussio considera que con esa estructura social hay más probabilidades de que haya menos reincidentes y menos actos delictivos, lo que no significa “que no vaya  a haber problemas de ese tipo, violencia doméstica o de personas que no puedan cambiar de ‘chip’ y sigan con la mentalidad del arma y el poder”.

El investigador estima que la reinserción social de las FARC no va ser un proceso fácil, pero cree que va a ser más positivo que en el caso de los paramilitares porque las condiciones son mejores y, principalmente, porque a futuro, “la política del Estado va a ser una política más ampliamente concebida como una política para la paz”.

EL CONFLICTO ARMADO

En los últimos 60 años, el saldo del conflicto es de 220 000 muertos, 25 000 desaparecidos y 5,7 millones de desplazados, pero la violencia en Colombia data de hace más tiempo.

En 1948, en el marco de las disputas entre Radicales y Liberales, el asesinato del candidato presidencial de estos últimos, Eliecer Gaitán, desencadenó un período conocido como ‘La Violencia’ (1948-1958), con unos 200 000 muertos.

Desde los años 60 surgieron diversas guerrillas (muchas de las cuales se desmovilizaron posteriormente) en contra de la exclusión política y en pro de una efectiva distribución de la riqueza, en particular de la tierra.

Lo prolongado de la lucha armada (la última de América Latina y una de las más antiguas del mundo) se tradujo en una degradación del conflicto con expresiones ignominiosas atribuibles tanto a las guerrillas como al mismo ejército, así como a los actores armados que se sumaron luego: paramilitares y narcotraficantes.

Entre 2003 y 2006, y en el marco del Proceso de Paz y Justicia, 30 000 paramilitares dejaron las armas. Sin embargo, muchos de ellos siguieron operando con el apoyo de militares corruptos, en bandas criminales o en ejércitos privados al servicio de terratenientes.

El desarme de las FARC significará un paso capital en el camino hacia la paz, pero faltará lograr un acuerdo con el ELN, así como desarmar a los disidentes (guerrilleros y paramilitares) y controlar a los grupos armados de índole delincuencial (bacrim y narcotraficantes).

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