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En Colombia


“La paz se juega en las zonas rurales”


Por Marcela Águila Rubín


La firma de los acuerdos de paz para Colombia está prevista para el próximo 23 de marzo. Concluiría entonces el último conflicto armado de América y uno de los más viejos del mundo. (AFP)

La firma de los acuerdos de paz para Colombia está prevista para el próximo 23 de marzo. Concluiría entonces el último conflicto armado de América y uno de los más viejos del mundo.

(AFP)

Habrá sido difícil, pero las negociaciones FARC-Bogotá llegarán a buen puerto y el pueblo refrendará los acuerdos de paz, sea por la vía constitucional o por plebiscito, estima André-Noël Roth. “La gente tiene bien claro que la vía no es la de las armas”, afirma el politólogo suizo. Empero, no desestima los retos para un país sumido en más de medio siglo de conflicto armado.

Si bien en Colombia ya no hay grandes capos del narcotráfico, sí hay pequeños cárteles, y la producción de drogas incluso aumentó durante 2014; han disminuido los asesinatos pero todavía hay niveles importantes de corrupción y de violencia; no han cesado las agresiones contra los defensores de derechos humanos y aún son altos los índices de pobreza, sintetiza el catedrático de la Universidad Nacional de Colombia.

La dejación de las armas por parte de la primera insurgencia del país supondrá sin duda un avance histórico para el país, y la apertura de nuevos retos encabezados por el de lograr una paz con justicia. Además, falta la incorporación de la segunda guerrilla del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) al tren de la paz. Con todo, el doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Ginebra ratifica su confianza en el adiós a las armas.   

“Hay una gran expectativa. La gente espera que haya paz aunque sabe que no se dará de un día para otro”, subraya André-Noël Roth en entrevista vía telefónica desde Bogotá.

La disputa de la refrendación

Fijada inicialmente para el 23 de marzo próximo, la firma de un acuerdo de paz entre el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) podría producirse no exactamente ese día, según el avance de las negociaciones.

Las partes deben acordar los mecanismos de refrendación e implementación de los acuerdos de paz, temática que ha generado contrapunteos públicos entre las partes. “Lo que se firme en La Habana lo someteré a plebiscito, les guste o no a las FARC”, declaró Santos en respuesta al rechazo de la guerrilla, que se pronuncia por una Asamblea Nacional Constituyente.

Recuerda Roth que desde la campaña de reelección, focalizada en poner término al último conflicto armado de América y uno de los más antiguos del mundo, Santos se comprometió a que la última palabra en los acuerdos para la paz la tendría el pueblo. La opción del plebiscito, explica nuestro entrevistado, enfrentaría la problemática de una abstención tradicional, por lo que se ha reducido el umbral de la aprobación necesaria a 13% del censo electoral; es decir pasa de 17 millones de votos a 4,4 millones.

La Asamblea Constituyente, por su parte -estrategia que también pregona, desde el otro extremo, el expresidente Álvaro Uribe, principal detractor de una paz negociada-, conllevaría el riesgo de poner en tela de juicio los acuerdos de La Habana.

“Una constituyente, más que un mecanismo de refrendación es un escenario de nueva deliberación. No es el punto final del diálogo, es por el contrario, un nuevo comienzo del mismo”, sentenció Humberto de la Calle, jefe de la delegación del Gobierno en las negociaciones de la capital cubana.

El camino aún es arduo, pero André-Noël Roth se muestra optimista.

La refrendación y la implementación constituyen la última parte de una agenda de negociación que comenzó en septiembre de 2012 y que pese a múltiples obstáculos se ha abierto camino con el concurso y el apoyo, de una manera u otra, de diferentes sectores colombianos, incluidas las universidades. 

La participación académica

“La academia ha participado de una manera importante, mediante la organización de foros, publicaciones y propuestas que han sido llevadas a La Habana”, precisa nuestro entrevistado. Subraya que muchos de los investigadores tienen una gran credibilidad social porque han pasado muchos años trabajando en el tema de la paz. Algunos, toda su vida.

En ese tenor, el politólogo suizo destaca la visita que Manuel Santos efectuó a la Universidad Nacional a finales de enero, la primera que realiza un mandatario colombiano en 50 años. “Fue a pedir apoyo para la paz”. Hubo aplausos y abucheos, pero el mandatario logró establecer un diálogo con los estudiantes. “Pese a las críticas, la visita salió bien. Causó buena impresión”. 

Amén de los sectores sociales colombianos, el proceso para la paz cuenta con un apoyo reiterado en el contexto internacional, tanto de los países que contribuyeron directamente al establecimiento de los diálogos (Cuba, Noruega, Venezuela), como de la ONU -que acompañará el cese de hostilidades-, la Unión Europea, del Papa Francisco y de la América en su conjunto.

Del Plan Colombia al Plan de Paz

En el reciente decimoquinto aniversario del polémico Plan Colombia, el presidente Barack Obama comprometió un aumento en la ayuda estadounidense para la era posconflicto. Es decir, la contribución inicial, que naufragó en los objetivos de someter a la insurgencia y de poner coto al narcotráfico, pero que contribuyó a incrementar la violencia, deberá ser sustituida por un aporte destinado a solventar la economía. Un afán para el que Bogotá mira también en otras direcciones, mediante el establecimiento de acuerdos económicos.

“Colombia requerirá mantener el nivel de inversión en los municipios”, asienta el catedrático. De hecho, subraya, “la paz no se juega en Bogotá, sino más bien en las zonas rurales”. Es ahí donde los actores armados (ejército, paramilitares, guerrillas, narcotraficantes y las bacrim) han golpeado con mayor contundencia.

Una vez que los insurgentes depongan las armas, habrá que ocupar los vacíos so pena de que otros grupos, incluidos los emergentes, se apoderen de ellos, anota el experto.

La tierra y el modelo económico

El reto, explica, no es solamente tomar el control de esos lugares y restituir las tierras a las poblaciones desplazadas y despojadas por terratenientes con el concurso del paramilitarismo, sino ofrecer opciones viables a los campesinos que optan por el cultivo de drogas para poder subsanar sus necesidades. De hecho, de acuerdo con la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen, el área de cultivo de la coca subió un 44% en 2014, respecto al año previo.

A lo anterior, aúna el especialista, se suman fenómenos como la sequía que enfrentan diversas zonas del país, algunas de las cuales han tenido que declarar “emergencia sanitaria”, y la tensión social que han generado trasnacionales cuyas operaciones han socavado el entorno ecológico y violentado los derechos humanos de los pobladores.

Para algunos, la fórmula idónea para el campo colombiano estaría en impulsar el desarrollo agroexportador y mantener las tradicionales reservas campesinas. De hecho, precisa el politólogo, las FARC pretenden generar trabajo agrícola en las zonas (de concentración) donde mantendrían su influencia. Sin embargo, como lo señala, es difícil precisar hasta qué punto serían compatibles ambos modelos si se considera la presión sobre el país con base en los TLC firmados por Bogotá.

¿Sería imaginable entonces ampliar la participación estatal y reducir la política neoliberal?

“Aquí hay un rumbo económico muy fuerte de tipo neoliberal moderado. Pocos creen adecuada la empresa estatal porque también hay una fuerte tradición de corrupción". 

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