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El Gobierno suizo se ve en una posición delicada frente a la Unión Europea. (Reuters)

El Gobierno suizo se ve en una posición delicada frente a la Unión Europea.

(Reuters)

La prensa suiza compara la aprobación de la iniciativa que limita el acceso de trabajadores al mercado laboral helvético al terremoto que provocó en 1992 el ‘no’ al ingreso de Suiza en el Espacio Económico Europeo. Los diarios coinciden en que se abre un periodo de incertidumbre en las relaciones con la UE.

Prácticamente todos los rotativos se preguntan cuáles son los desafíos que plantea esta decisión que abre una brecha entre la región francófona, que votó en contra, y la de habla alemana e italiana, que votaron a favor.

Un país dividido

“El país está dividido en dos: los suizos francófonos están en minoría, al igual que las zonas urbanas, que son las que realmente están expuestas a la inmigración. Esto significa que una parte de este país tiene miedo de la evolución en curso”, comenta Le Temps. Y el cantón Tesino, que limita con Italia y está especialmente expuesto a los trabajadores fronterizos que cruzan a diario la frontera para ganarse la vida en suelo helvético, ha expresado su “exasperación”.

Según el diario ginebrino, los suizos de habla alemana conciben a la UE como “un enemigo”. O en palabras de Le Matin, “se acurrucan en sus pequeñas creencias, celosos de sus privilegios y nostálgicos de unos tiempos gloriosos que solo existen en los lienzos de Anker” (1881-1910).

Las instituciones no han sabido “conectar” con una parte de la población, que “ha escuchado las sirenas populistas de la UDC”, escribe 24 Heures, y ha decidido “saltar al vacío creyendo que es la opción más segura”.

Salir del atolladero

Los periódicos de habla alemana destacan el carácter histórico del voto. El Neue Zürcher Zeitung habla de una “cesura” comparable a la del 6 de diciembre de 1992, cuando los suizos rechazaron el ingreso del país en el Espacio Económico Europeo (EEE).

Como entonces, no será responsabilidad de la euroescéptica Unión Democrática del Centro (UDC, derecha conservadora) contener los perjuicios económicos de la decisión, escribe el NZZ, pues la UE es el principal socio comercial de Suiza. Esta ardua tarea recaerá en el Gobierno, recalca La Liberté.

El diario de Friburgo presagia, de hecho, “una era glaciar” entre Berna y Bruselas. Pues la decisión de reestablecer cupos de inmigrantes ha propinado una “magistral bofetada a Europa”, según la Tribune de Genève, y habrá que dotarse de una buena dosis “de ingenio y pragmatismo” para salir del atolladero.

Prensa internacional

Los principales diarios europeos se han hecho eco de la votación, especialmente la de los países que comparten frontera con Suiza.

Suiza da un portazo a la Unión Europea”, titula El País. “El referéndum es un ejemplo claro de la irracionalidad que se ha apoderado del debate migratorio en todo el continente. La economía suiza experimentó un gran auge a raíz de la entrada en vigor de la libre circulación —entre otras cosas porque también llevaba asociado el acceso de los productos suizos al mercado único europeo—, el paro se ha mantenido en un modestísimo 3%, los salarios han crecido un 0,6% anual y el control de las condiciones laborales es mayor que nunca”.

“Suiza levanta un muro frente a Europa” es el titular que elige El Mundo, que se refiere a las repercusiones del voto para ciudadanos comunitarios que viven y trabajan hoy en Suiza.

“Tras la consulta de este domingo, tampoco queda claro el futuro de los ciudadanos de la UE que ya trabajan y viven en Suiza, entre ellos más de 100.000 españoles. La Oficina Federal de Inmigración explicó a EL MUNDO que, en principio, las normas adoptadas ayer no afectarían a los extranjeros ya residentes en la Confederación. Pero al mismo tiempo no lo quiso asegurar”.

 El NZZ subraya que la libre movilidad de trabajadores es un fundamento de la Europa unida y el mercado único, y se pregunta sobre las consecuencias de este veredicto para las relaciones bilaterales con Bruselas. Lo único cierto, escribe, es que “no favorece a la economía suiza y, por ende, tampoco al bienestar de la población”.

En ese sentido, la Tribune de Genève recuerda que Ginebra necesita 27.000 permisos anuales para contratar a personal extranjero. Y en muchas ocasiones son trabajadores muy cualificados. No puede ser que las empresas y los cantones no puedan atender sus necesidades por la imposición de cupos, sentencia el rotativo ginebrino.

Para el Basler Zeitung, se trata de “la mayor derrota que han sufrido el sector económico y los sindicatos”, porque no solo es la primera vez desde 1992 que los suizos se oponen a la política europea del Gobierno, sino  también la primera que votan en contra de las recomendaciones de los partidos (a excepción de la UDC), de los sindicatos y de las asociaciones empresariales.

Victoria de la democracia directa

El escrutinio del domingo es también una señal de una “Suiza que sufre, a la que le cuesta llegar a fines de mes y que teme por su futuro”, señala LeCourrier.

Y el tabloide Blick afirma que la democracia directa ha sacado a la luz una problemática central de nuestra época: “El consumo desenfrenado de recursos, el tráfico incontrolado y el incesante crecimiento económico que agobia a la gente. Y en este pequeño país que es Suiza esto se manifiesta en una inmigración masiva”.

A la victoria de la democracia directa se refiere también Thomas Minder, el padre de la iniciativa contra las remuneraciones desmesuradas de los ejecutivos que los suizos avalaron en marzo en las urnas. “Hace tiempo que el Gobierno ha perdido su credibilidad en lo que se refiere a la libre circulación de personas. Hoy el pueblo ha decidido cambiar las cosas”, escribe Minder en el Basler Zeitung.

Las consecuencias del “representan un gran desafío para Suiza, mucho más importante que la votación de 2009 contra la construcción de nuevos alminares. Si la prohibición de alminares constituye un acto de intolerancia religiosa, con escasos efectos políticos, el no a la libre circulación de personas constituye un rechazo parcial de la globalización y de la integración europea”, sostiene el Tages-Anzeiger.

Pero más grave que la incertidumbre que planea sobre el futuro de las relaciones con la UE, según el rotativo de Zúrich, es “la señal xenófoba transmitida este 9 de febrero (…) Muchos de los problemas que condujeron a la victoria de la iniciativa de la UDC son reales. Pero no pueden resolverse dentro de las fronteras étnicas y nacionales, como pretende hacer creer el mito de la excepción suiza”.

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