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Suiza-UE: libre circulación


Un gesto simbólico que no frenará la inmigración


Por Steffania Summermatter


A partir de junio próximo, Suiza limita la concesión de permisos de trabajo a ciudadanos de la Unión Europea. (Keystone)

A partir de junio próximo, Suiza limita la concesión de permisos de trabajo a ciudadanos de la Unión Europea.

(Keystone)

La decisión que acaba de adoptar el Gobierno para limitar la llegada de mano de obra de la Unión Europea es más una medida simbólica que efectiva, sostiene la prensa suiza. Se necesitarán instrumentos más contundentes para convencer a la población de las ventajas de la libre circulación de personas.

El Gobierno ya no podía hacer oídos sordos ante las preocupaciones de la población, señalan los diarios, un día después del anuncio de que en junio próximo entrará en vigor la denominada cláusula de salvaguardia.

La llegada de mano de obra de la UE –en aumento debido a la crisis que golpea a los países meridionales de Europa– conlleva una serie de efectos colaterales, subrayan el TagesAnzeiger (Zúrich) y el Bund (Berna).

Dumping salarial, presiones sobre los salarios, aumento de los alquileres, trenes repletos, estructuras escasas… Algunas eran previsibles, otras menos”.

Con esta medida, el Gobierno reconoce que estos problemas existen y trata de atajarlos, “pero no basta con la simple intención”, sostienen ambos rotativos.

Cláusula de salvaguardia

El miércoles, el Gobierno suizo decidió aplicar la denominada cláusula de salvaguardia, una opción contemplada en los acuerdos bilaterales que suscribieron Suiza y la Unión Europea (UE).

La cláusula permite limitar la libre circulación de personas, cuando los permisos de estancia y de trabajo emitidos en Suiza superan al menos en un 10% la media registrada durante los tres años precedentes.

En mayo de 2012, el Gobierno introdujo la cláusula para 8 de los 10 países que se adhirieron a la Unión Europea en 20004: Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania.

La medida, que se aplicará a partir de junio y cuya vigencia está limitada a un año, afecta a los otros 17 miembros de la UE.

Una medida fácil de esquivar

No cabe duda de que el Ejecutivo debe tomar en serio los ataques contra la libre circulación de personas. ¿Pero cómo? L’Express (Neuchâtel) y L’Impartial (La Chaux-de-Fonds) consideran que la “cláusula de salvaguardia no tendrá prácticamente impacto sobre el número de inmigrantes europeos, porque se puede esquivar fácilmente emitiendo permisos de corta duración. Así lo demuestra la experiencia adquirida en el último año con los países del este europeo”.

En mayo de 2012, Berna introdujo contingentes para los trabajadores  de Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Eslovenia y la República Checa. Pero el efecto de las medidas fue limitado, como reconoció el propio Gobierno.

De ahí que La Liberté (Friburgo) escriba: “El arte de responder a un problema de verdad con una solución… simbólica”. El carácter “cosmético” de la medida contrasta con su objetivo, sostiene el ginebrino Le Temps: “Es ingenuo pensar que de esta manera se reconfortará a los suizos. Como no son estúpidos, se darán cuenta de que la presión que supone la inmigración europea no disminuirá realmente”.

La Regione coincide en que se trata de una medida paliativa:

“No es limitando la llegada de titulares de permisos B –los anuales, para que nos entendamos – que se protegen los derechos de los trabajadores residentes, ya sean suizos o extranjeros", escribe el rotativo de Bellizona. 

"No es empeorando las condiciones de acceso al mercado laboral para los más débiles (los extranjeros) ni precarizando su estatus jurídico (…) que se defienden los derechos sociales (…). El trabajo se defiende reforzando la legislación laboral, las medidas de acompañamiento y con convenios colectivos dignos de ese nombre”.

Una decisión coherente y leal

El Neue Zürcher Zeitung, sin embargo, no considera que se trate de una medida simbólica. El diario de Zúrich destaca la exasperación que genera la inmigración. “Las ventajas económicas de la liberalización del mercado laboral se ven ensombrecidas por las consecuencias sociales y una fuerte inmigración, que hay que limitar –sobre todo en vista de las próximas votaciones sobre el tema”.

El Corriere del Ticino (Lugano) habla de un gesto de “coherencia y lealtad” hacia la población. “Una decisión afortunada que contribuye a generar confianza (se necesita) entre el Gobierno y los ciudadanos”. El rotativo del Tesino se pregunta, no obstante, si Berna puede darse por contenta con esta medida o si precisa renegociar los acuerdos con la UE.

“Es más que oportuna e ineludible una reflexión global sobre los efectos de la libre circulación, ya que en breve la población acudirá a las unas para pronunciarse sobre una iniciativa de la UDC que quiere volver a introducir los contingentes, la iniciativa Ecopop contra la sobrepoblación y la extensión de la libre circulación a Croacia”.

Consecuencias concretas

La introducción de contingentes para los ciudadanos de los 15 miembros históricos de la Unión Europea (UE), además de Chipre y Malta, tendrá efectos mínimos sobre la inmigración. Impediría previsiblemente la llegada a Suiza de 4.000 a 5.000 personas menos que en la actualidad.

La cláusula de salvaguardia no podrá extenderse a estos 17 países, si de aquí a fines de mayo no se supera el límite de 56.268 permisos de estancia del tipo B (cinco años, renovable). Según la ministra de Justicia, Simonetta Sommaruga, seguramente se alcanzará este tope.

Actualmente faltan aún 3.376 permisos B para que Suiza pueda cerrar sus fronteras. En los últimos meses se ha concedido una media de 4.868 documentos de esta índole a franceses, italianos, portugueses, españoles y alemanes. A partir del 1 de mayo y hasta finales de abril de 2014, Suiza emitirá solamente 53.700 permisos.

Además, el Gobierno ha prolongado los contingentes para los ciudadanos comunitarios de Estonia, Hungría, Letonia, Polonia, Eslovaquia y República Checa. Para este grupo se contemplan cerca de 2.180 permisos. En la práctica, sin embargo, la limitación de los permisos B no hace sino aumentar la demanda de permisos L (de breve duración), que dependen del contrato de trabajo y que oscilan entre los 3 y los 12 meses de duración.

A partir del próximo 1 de junio, se limitará también la concesión de permisos L a ciudadanos de los miembros orientales de la UE.  La medida estará en vigor durante un año, pero no afecta a los otros 17 países de la UE en cuyo caso no se ha alcanzado el tope máximo de 49.180 permisos.

Urgen medidas colaterales

En esa perspectiva, los diarios Bund y TagesAnzeiger, consideran que el Gobierno no tendrá más remedio que reforzar urgentemente las medidas de acompañamiento.

“Suiza debe asociarse con los Estados (Alemania, Austria, Países Bajos y Gran Bretaña) que exigen de Bruselas una actuación más contundente contra los inmigrantes de la pobreza. (…) Quienes sostienen que no se puede ajustar la libre circulación no hacen nada por un mercado laboral abierto – sino seguirle el juego a quienes pretenden abolir completamente la libre circulación”.

Es imprescindible adoptar medidas para restablecer la confianza en la libre circulación, sostiene Le Temps: “Los suizos deben convencerse de que el dumping salarial se combate con la firmeza prometida y la pequeña delincuencia, que pende como una sombra sobre todos los inmigrantes, se castigará debidamente”.

Nada que perder

Frenar la inmigración no es un asunto que repercute únicamente en la política nacional. El Gobierno se ve entre la espada y la pared. ¿Qué es peor: crispar a Europa o a Suiza?

El Gobierno helvético logrará vender su decisión a Bruselas, según Le Temps: Suiza respeta el acuerdo sellado con la UE. La medida permite evitar discriminaciones entre los ciudadanos comunitarios y se aplica solo a los permisos de estancia de larga duración. Las puertas seguirán abiertas para las estancias hasta un año de duración, que sin duda aumentarán.

Suiza no tiene nada que perder, sostiene 24 Heures (Lausana): “Los acuerdos bilaterales están en un punto muerto, las relaciones con nuestros vecinos son tensas. Pero sobre todo, la presión que ejercen Estados Unidos y la OCDE sobre el secreto bancario es tal que convierten las fanfarronadas de Bruselas en simples jueguecitos. Sí, Suiza tiene un problema, incluso un gran problema en su política exterior. Pero aplicar o no la cláusula de salvaguardia no cambiará nada”.

Reacción de Bruselas

La Comisaria europea para Asuntos Exteriores, Catherine Ashton lamenta la decisión de Suiza. Según ella, la libre circulación de personas beneficia tanto a Suiza como a los Veintisiete.

La jefa de la diplomacia comunitaria recalca que en 2008 y 2009 se dieron las condiciones para aplicar la cláusula de salvaguardia y que, sin embargo, Suiza se abstuvo de hacerlo.


(Adaptación: Belén Couceiro), swissinfo.ch



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