Your browser is out of date. It has known security flaws and may not display all features of this websites. Learn how to update your browser[Cerrar]

Por un mundo mejor


Recuerdos del frente suizo en la Revolución Sandinista


Por Marcela Águila Rubín, Aigle y Biel


1984. Arte y combate: Jóvenes milicianos se preparan para la defensa en las islas Solentiname, famosas por los talleres de pintura organizados por el teólogo y escritor Ernesto Cardenal, ministro sandinista de Cultura.   (Keystone/Magnum/Larry Powell)

1984. Arte y combate: Jóvenes milicianos se preparan para la defensa en las islas Solentiname, famosas por los talleres de pintura organizados por el teólogo y escritor Ernesto Cardenal, ministro sandinista de Cultura.  

(Keystone/Magnum/Larry Powell)

Vencido Somoza, Nicaragua atrajo un movimiento internacionalista como no se había visto desde la Guerra Civil Española. Más de 800 suizos se sumaron al esfuerzo de la Revolución Sandinista para reanimar un país desangrado por casi medio siglo de dictadura. Más de tres décadas después, una brigada helvética rinde homenaje a los caídos.

“30 años, homenaje y solidaridad”

Medio centenar de ciudadanos suizos, miembros de asociaciones, hermanamientos, sindicatos y ONG integran la brigada que se encuentra en Nicaragua.

Objetivo: rendir homenajear a los caídos durante la Revolución Sandinista y la ofensiva de la Contra: internacionalistas y víctimas nicaragüenses.

La brigada tiene lugar en el 30 aniversario de los asesinatos por la Contra del suizo Maurice Demierre, junto a cinco campesinas nicaragüenses (16.02), y de su compatriota Yvan Leyvraz, el francés Joël Fieux, el alemán Berndt Koberstein y los técnicos locales William Blandón y Mario Acevedo (28.07).

“Es importante una brigada como esta para reafirmar que Nicaragua resiste y que América Latina resiste”, sentencia Bernard Borel, médico pediatra forjado entre los cantones de Neuchâtel y Vaud y entre las urgencias de Bluefields, Managua y Matagalpa.

¿Siente nostalgia de esos diez años en Nicaragua? “No. Siento todavía esa fuerza para seguir creyendo que a pesar de todo, otro mundo es posible”, responde el galeno, quien arribó a Nicaragua en 1980, a poco del triunfo de la Revolución Sandinista.

Una energía que mantienen su compañera, Marion Held, quien contribuyó al esfuerzo sandinista de llevar la cultura al pueblo, y los también brigadistas Roland Sidler y Charlotte Krebs, promotores de un hermanamiento entre San Marcos (Nicaragua) y Biel (Suiza).

Previo a su salida a Nicaragua para participar en la Brigada ‘30 Años, Homenaje y Solidaridad’, las dos parejas comparten con swissinfo.ch sus recuerdos de aquellos años de “cheles” (internacionalistas) en un país que empuñaba el arado para reconstruirse, sin soltar el rifle para defenderse de la andanada contrarrevolucionaria ‘Made in USA’.

Charlotte Krebs (asistente social) y Roland Sidler (otrora maestro, carpintero y sindicalista), regresaron a Suiza pero sin dejar Nicaragua. Promovieron el Hermanamiento Biel-San Marcos que pronto cumplirá 30 años. (cortesia)

Charlotte Krebs (asistente social) y Roland Sidler (otrora maestro, carpintero y sindicalista), regresaron a Suiza pero sin dejar Nicaragua. Promovieron el Hermanamiento Biel-San Marcos que pronto cumplirá 30 años.

(cortesia)

Revolución pluralista

“Me fascinó la idea de colaborar en un país en el que todo era posible”, recuerda Roland Sidler. “Había una enorme democracia participativa. Gobierno, pueblo, intelectuales, ideólogos, pastores, todo mundo trabajaba codo a codo por alfabetizar a la población, darle techo, salud, establecer una reforma agraria”.

Oriundo de Courtelary (Berna), el otrora profesor de Matemáticas y Física volvió a las aulas, pero no como enseñante. Siguió un curso de español urgente en la Misión Católica Española y viajó a Managua en 1986 con un grupo de diez militantes de izquierda que, como él, querían unirse a esa revolución afanada en restituir al pueblo su derecho a una vida digna.

“Trabajamos en la cosecha de café. Era la primera vez que veíamos un cafetal. Nos dijeron: ‘tomen los granos rojos’, pero uno del grupo era daltónico…” La explosión de risa precede otra anécdota. “Hubo una especie de concurso para ver quién lograba el mejor rendimiento y una mujer nicaragüense cosechó más que nosotros diez juntos”. 

Más en lo suyo, el también sindicalista y carpintero colaboró luego en la construcción de un centro recreativo comunitario en San Marcos, y en la fundación de un hermanamiento entre esa ciudad y Biel.

Lazos permanentes

“La idea era crear lazos permanentes”, anota Charlotte. “Hubo otras iniciativas, pero muchas murieron con la derrota sandinista en 1990. Nosotros seguimos. Ahí estaba esa gente que conocíamos y que continuaba con la reconstrucción del país. Teníamos que apoyarlos aún más en esos momentos de incertidumbre”.

Merced a ese vínculo, Biel ha colaborado con San Marcos en obras de infraestructura (electricidad, agua potable) amén de otros proyectos como la construcción de una escuela en 2014 en la que participaron jóvenes del lugar y voluntarios del sindicato suizo Unia.

Charlotte y Roland vivieron en el seno de una familia de la que entraron a formar parte y con la que la asistente social ginebrina aprendió a lavar la ropa asoleándola enjabonada, a reconocer un terremoto y a entender que los nicaragüenses vivían intensamente cada día, porque el mañana podía ser solo una mera posibilidad.

Para Bernard Borel (médico y diputado) y su compañera, Marion Held (artista) las vivencias en Nicaragua, en donde contribuyeron con las brigadas médicas y la socialización cutural, constituyeron una escuela de vida.  (cortesia)

Para Bernard Borel (médico y diputado) y su compañera, Marion Held (artista) las vivencias en Nicaragua, en donde contribuyeron con las brigadas médicas y la socialización cutural, constituyeron una escuela de vida. 

(cortesia)

Socialización de la cultura

Marion y Bernard arribaron a Managua, como miembros de la ONG GVOM, procedentes de Neuchâtel, en 1980, un año después del triunfo sandinista. Él con su diploma de doctor, ella con el suyo de la Escuela de Teatro Jacques Lecoq, y en poco tiempo el médico estaba incorporado al Ministerio de Salud y su compañera al de Cultura.

La tarea de Marion consistía en capacitar a instructores y participar en el rescate y difusión de la cultura nacional.

“Antes de la Revolución estaba solamente el elenco del Teatro Nacional, para los ricos”, narra Marion. Tras la llegada sandinista “había montones de grupos con mujeres, gente del ejército, estudiantes. Todos querían hacer teatro, pero también poesía, baile”.

La población combinaba sus tareas de corte de café y de algodón con sus actividades artísticas, pero el recrudecimiento de la Contra- ofensiva hizo que muchos grupos se dislocaran porque los jóvenes tenían que ir al frente.

Marion creó entonces el teatro infantil Triquitraque que presentaba obras en parques y en barrios, y trabajó también con invidentes con una metodología especial para que pudieran subir a escena. Entre las piezas, alude a aquella en la que un actor provoca la hilaridad con su queja: “¡Ay, pero este barrio está tan mal iluminado! ¡No se ve nada”! 

Ese espíritu festivo y la capacidad crítica de “los nicas” le encantaban. “Es algo que nunca vi en otra parte”. Marion considera “una suerte increíble” su experiencia en Nicaragua.

Escuela de vida

Una posición que comparte su compañero. “Fue tan impactante para mí que influyó en todo lo que he hecho o tratado de hacer”. Médico y militante político (Partido Obrero Popular), Bernard Borel se especializó en Pediatría (Managua y Lausana). Ahora, instalado en Aigle (Vaud), impulsa una Pediatría Social no ajena a sus tiempos de brigadista sanitario.

“Era hermoso ver esa movilización social durante las campañas de vacunación o de limpieza para prevenir la malaria y el dengue”.

Como eran pocos los recursos y muchos los apremios, los brigadistas capacitaban a promotores comunales, a los que visitaban mes con mes, para que pudieran detectar y tratar las enfermedades más comunes, lo que ayudó mucho a resolver problemas de atención primaria.

El galeno evoca sus consultas en escuelas, en la parte trasera de las iglesias o en las casas. El cariñoso mote que le pusieron sus pacientes de ‘Dr. Píldora’ porque evitaba las inyecciones. El pasmo de los primeros tiempos cuando le hablaban de “dolores de cerebro” y “retuerzos de barriga”. La generosidad de esa gente que lo hacía volver a casa cargado de fruta los días de consulta…

Rememora las imágenes de aquellos avances que pueblo y gobierno iban logrando en la reconstrucción del país pese a una hostilidad armada que no cesó nunca, que se cobró miles de vida y engulló buena parte de un presupuesto que era vital para la población.

“En 10 años se redujo a la mitad la mortalidad infantil. Fue tremendo. No es que se mejorara mucho el estatus de la gente. Al empezar la revolución eran pobres y una década después seguían siéndolo, pero sabían un poquito más de cómo cuidar a sus niños y tenían gente cerca para que los atendiera”.

Nicaragua hoy

Bernard Borel: “Ya no es la revolución con la que soñamos a los 25 años pero es un gobierno que beneficia al pueblo más que lo hizo la oposición. A la Revolución Sandinista le cortaron las alas con la impulsión de la guerra interna”.

“En 1990 la gente no votó por el FSLN porque era la única manera de poner fin a la guerra. Para volver al poder en 2007, el FSLN tuvo que hacer concesiones, incluida la prohibición del aborto”.

Roland Sidler: “El Gobierno de Daniel Ortega hoy es muy diferente al de los años 80. No hay participación popular y la cúpula decide todo. Sin embargo, la situación de la gente ha mejorado con respecto a los gobiernos neoliberales de 1990 a 2007”.

Charlotte Krebs: Es lamentable la decisión de prohibir el aborto. Muchas mujeres participaron en la lucha y ahora les niegan el derecho a decidir sobre su cuerpo.

¿Comparte usted la idea de que “a pesar de todo, otro mundo es posible”? 

Únete a la nueva página de SWISSINFO EN ESPAÑOL en Facebook

×