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Presidenta de la Confederación Doris Leuthard: "Suiza es el país de los derechos humanos"

Doris Leuthard ocupa por segunda vez la presidencia rotativa de la Confederación Helvética. 

Doris Leuthard ocupa por segunda vez la presidencia rotativa de la Confederación Helvética. 

(Keystone)

"En Suiza, la población puede participar en las decisiones políticas y criticar al gobierno. Con este sistema tenemos más éxito que en países en los que impera la censura", dice Doris Leuthard en una entrevista con swissinfo.ch. Según la nueva presidenta de la Confederación, "no hay que temer al pueblo, sino informar y convencer", pues esa es la legitimación más poderosa para cualquier gobierno.

swissinfo.ch: Este año vuelve a ser usted por segunda vez presidenta de la Confederación. La primera fue en 2010. ¿El mundo es mejor o peor que entonces?

Doris Leuthard: Actualmente tengo la impresión de que hay más factores que han empeorado, más conflictos en todo el mundo, tantos refugiados como nunca. Lo que sí ha mejorado es el creciente número de personas que han salido de la pobreza. 

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swissinfo.ch: Aparte de la problemática de los refugiados, ¿qué ha empeorado?

D.L.: Nuestra relación con la Unión Europea (UE) es más tensa. Europa tiene problemas que repercuten en nuestras relaciones bilaterales.

Actualmente reina una gran incertidumbre a nuestro alrededor, por ejemplo por el Brexit y la política del nuevo presidente de Estados Unidos. Uno de mis cometidos será transmitir a la población suiza una sensación de seguridad, estabilidad y orientación. Suiza es un país sólido como una roca y debe seguir siéndolo.

swissinfo.ch: ¿El Brexit está en la lista de las mejoras o en la de los empeoramientos para Suiza?

D.L.: A mí no me parece positivo. Para Suiza es importante que la UE sea fuerte. Los países de la UE son nuestros principales socios comerciales, pero hay que respetar que Gran Bretaña haya elegido otro camino. No obstante, habrá que esperar mucho tiempo hasta que se perfilen claramente las consecuencias. Me parece positivo que dentro de la UE se discuta sobre la situación y se reflexione sobre las medidas que se necesitan. Y esto no es negativo para Suiza, porque pone de manifiesto que hay que dejar participar a los ciudadanos. Bruselas tiene que hacer concesiones a determinados miembros si quiere una UE, una Europa, fuerte y estable.

swissinfo.ch: Siempre se ha considerado a Suiza un país abanderado de la libertad, la dignidad humana y el derecho internacional. ¿Seguirá defendiendo estos valores al mundo o priman cada vez más los intereses económicos?

D.L.: Ya solo por los Convenios de Ginebra [del que Suiza es país depositario] somos el Estado de los derechos humanos. Suiza apoya a numerosas organizaciones internacionales – desde la Organización Internacional del TrabajoEnlace externo (OIT), pasando por la Ginebra humanitaria como sede del Comité Internacional de la Cruz RojaEnlace externo (CICR) hasta la Organización Mundial del Comercio (OMC) Enlace externo – que encarnan nuestros valores, y no cambiaremos de rumbo.

El verdadero desafío son los grandes flujos migratorios en el mundo. Esperamos que el espacio Schengen funcione, que los diversos países se muestren solidarios y acojan a aquellos que verdaderamente necesitan ayuda y protección, sin preguntar por su religión ni su origen.

Pero los que no puedan demostrar que cumplen algún criterio de los establecidos por nuestra ley de asilo y el Convenio de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados tienen que marcharse de Suiza. Los verdaderamente perseguidos y aquellos que necesitan nuestra protección provisionalmente, deben recibirla. No obstante, los motivos económicos que impulsan a abandonar un país no son una razón para obtener asilo.

swissinfo.ch: La elección de Donald Trump o el Brexit reflejan que mucha gente se siente arrinconada por la globalización. ¿Hay señales similares de insatisfacción también en Suiza?

D.L.: Es un sentimiento que percibo cuando hablo con la gente, pero es un hecho que hoy la clase media es tan amplia como nunca. Solo una cifra relativamente baja de ciudadanos en Suiza depende de los servicios sociales. Pero es obvio que los afectados no ven todo positivo.

Si la economía quiere seguir orientándose hacia la apertura y las reformas económicas, tendrá que ocuparse asimismo de la gente, de sus empleados. Por ejemplo, tienen que posibilitarles la formación continua, para que puedan superar los futuros retos en el mundo laboral y tengan así una oportundiad en el mercado de trabajo.

La digitalización inquieta a muchas personas y les atemoriza. También el Estado tiene que ponerse manos a la obra en este asunto, y asegurarse de que haya cursos de formación continua para que la gente adquiera los conocimientos necesarios y las capacidades requeridas para satisfacer las exigencias en sus puestos de trabajo.

swissinfo.ch: ¿Puede interpretarse el sí de los electores a la iniciativa ‘contra la inmigración masiva’ como una señal de insatisfacción en Suiza?

D.L.: Más bien es la expresión de un sentimiento, algo así como “¡ya está bien, tenemos que cambiar algo!”. En Suiza viven más de dos millones de extranjeros, lo que de vez en cuando genera conflictos. Pero por lo general, la inmigración no nos causa ningún problema porque la población extranjera está bien integrada, en comparación con otros países.

Aun así, los extranjeros también tienen que querer integrarse, aprender nuestras lenguas, buscar trabajo y contribuir al bien de la comunidad. Así se puede mantener un elevado nivel de aceptación por parte de la población. De lo contrario habrá cada vez más críticas de aquellos que se sientan desfavorecidos.

swissinfo.ch: Próximamente se votará una iniciativa de la UDC, la derecha conservadora, que aspira a rescindir el Convencio de Libre Circulación de Personas firmado con la UE. ¿Le preocupa esta consulta ciudadana?

D.L.: Sí, me preocupa porque se trata de cuestiones clave para nuestro país. Siempre se puede agitar las emociones cuando se trata de ciertos asuntos, siempre se encuentra gente que se enfada o se siente arrinconada en el lado de los perdedores. El Gobierno debe asumir la responsabilidad de convencer a los partidos y los cantones y demostrar que las cifras revelan otra realidad: conretamente que Suiza siempre se ha beneficiado de la apertura y la buena mano de obra de la que no puede disponer por sí misma. Sin crecimiento tampoco podemos mantener las prestaciones sociales al nivel actual.

swissinfo.ch: ¿Cuál es la contribución de Suiza para paliar las injusticias mundiales?

D.L.: La meta de los tratados comerciales bilaterales es que las importaciones y exportaciones sean más económicas e invertir en esos países. Esto es beneficioso para el crecimiento y la lucha contra la pobreza. No obstante, nosotros preferimos el enfoque multilateral, en el que rigen las mismas reglas de juego para todos. Suiza lucha tanto en el sector social, por ejemplo en la OIT, a fin de que rijan ciertos estándares para todos los trabajadores, como en el sector medioambiental.

En este último tenemos que avanzar en los próximos 10 años. El Acuerdo de París sobre el Cambio Climático fue un excelente ejemplo de solución global pese a diversos niveles de desarrollo y pone de relieve la convicción de que se puede lograr un crecimiento económico tomando en consideración la sostenibilidad en cuestiones sociales y ecológicas.

Esto es una realidad en Suiza, también en el mundo empresarial. Yo me alegraría mucho si cada vez más países incorporaran a sus respectivas políticas este aspecto como estándar.

swissinfo.ch: En su discurso de Año Nuevo dijo que miraba hacia el futuro “optimista y orgullosa”. ¿También se siente orgullosa de la democracia directa que una y otra vez provoca revuelos a nivel internacional?

D.L.: Sí, mucho. No siempre es fácil para el Gobierno, pero la experiencia nos muestra, por ejemplo, que el hecho de que el pueblo pueda influir sobre asuntos financieros conduce a reducir la deuda pública y a mantener un atractivo sistema fiscal.

En Suiza, el pueblo tiene derecho a participar en las decisiones políticas y a criticarnos. Con nuestro sistema tenemos más éxito que en países en los que impera la censura.

La democracia es un complejo sistema que requiere un aprendizaje. No se puede apretar un botón y esperar que la gente esté perfectamente informada inmediatamente.

Me gustaría que otros países también hicieran este tipo de votaciones populares. No hay que temer al pueblo, sino informar y convencer. Así, el Gobierno se siente plenamente legitimado.

swissinfo.ch: Usted está afiliada al  Partido Demócrata-Cristiano (PDC)Enlace externo y ahora es la presidenta de la Confederación de un país multicultural. ¿Qué es cristiano en su política?

D.L.: Los valores de toda Europa se basan en el cristianismo occidental y muchos de ellos están estipulados en nuestra Constitución. También el liderazgo de la UE ha estado siempre en manos de los demócrata-cristianos. En esta escala básica de valores relativos a derechos de libertad individual, democracia, Estado de derecho y dignidad humana me siento muy bien. Mi partido los representa, sobre todo cuando dichos valores se ponen en tela de juicio una y otra vez. No solo no nos oponemos a otras religiones, sino que por el contrario abogamos por la libertad de culto, que asimismo forma parte de los derechos fundamentales que la democracia cristiana ha alcanzado y aplica.

swissinfo.ch: ¿Pero denominando al partido “cristiano” no se excluye automáticamente a otras religiones?

D.L.: Esto no consta en nuestros estatutos. No somos un partido confesional. Ni la CDU en Alemania ni el ÖVP en Austria, nuestros partidos hermanos, excluyen tampoco a nadie. Nosotros concebimos la sociedad como una forma de convivencia profundamente influida por la mentalidad cristiana occidental. Pero esto no significa que no seamos abiertos y tolerantes frente a otros. Aun así, la base de nuestros valores, el Estado de derecho, la igualdad de género, son para mí valores cristiano-occidentales, y espero que todos los que quieran vivir aquí los apoyen y respeten.


Traducción del alemán: Raquel Ruíz

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