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Refugiados sirios


Generosidad alemana frente a discreción suiza




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Suiza no es Alemania. Comité de acogida para una única siria en la estación de Buchs (cantón San Gall), el 1 de septiembre de 2015. (Keystone)

Suiza no es Alemania. Comité de acogida para una única siria en la estación de Buchs (cantón San Gall), el 1 de septiembre de 2015.

(Keystone)

Alemania ha abierto sus puertas y su corazón a los refugiados sirios. ¿Y Suiza? Las cifras son opacas y pueden llevar a conclusiones erróneas. En realidad, Suiza es un alumno aplicado, pero podría hacer más en materia de asilo.

Después del horror silencioso del niño muerto en una playa turca, las imágenes del pasado fin de semana en Alemania conmovieron al mundo. La solidaridad en Múnich y Fráncfort de muchos ciudadanos que acogieron a los refugiados con los brazos abiertos han demostrado que las decisiones adoptadas unas horas antes por el gobierno de Angela Merkel no eran meras palabras.

Ese mismo día, en el andén de la estación de Buchs, en la Suiza oriental, un puñado de voluntarios daban la bienvenida a una única familia siria: una imagen que produce más bien desolación. ¿Tiene Suiza motivos para sonrojarse ante la generosidad de su gran vecino del norte?

“Lo que está ocurriendo estos días en Alemania es efectivamente excepcional. El país vuelve a ejercer el papel impulsor que tuvo durante la crisis en los Balcanes, a principios de los años 90. Angela Merkel emite un triple mensaje, a su pueblo, a los sirios y a Europa, a la que dice: ‘Ahora os toca a vosotros seguir el ejemplo’, confirma Robin Stünzi, doctorando en la Universidad de Neuchâtel. Aunque Suiza no se muestra proactiva como Alemania, este especialista en cuestiones de asilo tampoco lo considera un país “demasiado cauto. En términos de apertura, lo es incluso más que la media superior de los estados europeos”.

Para determinar si Suiza ha hecho bastante, “podemos recordar las medidas que emprendió a partir de 2013 y de las que los medios no se hicieron necesariamente eco”, responde Céline Kohlprath, portavoz de la Secretaría de Estado de Migración.

3 000 frente a 800 000

En 2013, cuando se hablaba de la utilización de armas químicas en Siria, el Consejo Federal (gobierno) decide que los sirios acogidos en Suiza pueden traer a sus familiares (incluidos los hijos mayores de edad, hermanos y abuelos). Hasta hoy son 4 700 personas las que han llegado al país por razones de reagrupación familiar. “No todas han presentado una demanda de asilo. Pero las que sí lo han solicitado han obtenido de todas formas un permiso de estancia provisional”, precisa Céline Kohlprath.

En 2013 se decide igualmente acoger a un contingente especial de 500 refugiados sirios particularmente vulnerables, sobre todo mujeres y niños. Hoy, cerca de 410 de ellos han llegado a Suiza y se benefician de este programa piloto que se centra en facilitar su integración y brindarles asesoramiento.

El 6 de marzo de 2015, el Gobierno anuncia que los sirios admitidos provisionalmente puedan traerse a su familia, antes del plazo de tres años que se exige normalmente en estos casos. El Consejo Federal espera la llegada de unas 1 000 personas de aquí a fines de año y se propone acoger unas 2 000 más en los próximos dos años.

La cifra que aparece a menudo en la prensa parece ridícula en comparación con los 8 000 refugiados que Alemania está dispuesta a acoger de aquí a finales de año. Hay que prestar atención a los errores de perspectiva, advierte Robin Stünzi: “Los medios se han precipitado al adoptar la cifra de 800 000 que se citó al principio como tope. Esto significaría medio millón de refugiados más en los últimos meses del año. Pero sabemos por experiencia que los picos de entradas se registran en verano. Sinceramente, no veo cómo podríamos llegar a semejante número”.

Detrás de las cifras

Alemania no acogerá pues a 800 000. Pero tampoco en Suiza las cifras reflejan toda la realidad. De las 1 000 admisiones especiales previstas este año, las autoridades solo han registrado la llegada de 79 personas, o sea, “muchas menos de las que esperábamos después de la experiencia vivida en 2013”, reconoce Céline Kohlprath.

¿Por qué tan pocas? Y es que quienes se acogen a estas medidas gubernamentales no son personas que se presentan en la frontera, sino seleccionadas “en estrecha cooperación con el Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR)”, en los campos que la agencia de la ONU tiene en los países vecinos de Siria (actualmente, hay más de 1,9 millones en Turquía, 1,1 millones en Líbano, 630 000 en Jordania y 250 000 en Irak). Además, sus expedientes pasan por los servicios de inteligencia para evitar que se puedan filtrar yihadistas. Y este proceso requiere tiempo.

A diferencia del gobierno germano, Suiza no ha abierto de par en par sus fronteras a los refugiados y, de todos modos, la afluencia aquí no ha sido masiva. Ya sea por vía marítima o terrestre, los caminos que eligen los refugiados no pasan necesariamente por suelo helvético. Se sabe, además, que muchos intentan reunirse con sus compatriotas o familiares en el extranjero y en Suiza, la colonia siria no es muy numerosa. Y la política más liberal de Alemania o Suecia en materia de asilo resta atractivo a Suiza como país de destino.

Esto explica sin duda las últimas estadísticas que ha publicado la Secretaría de Estado de Migración: en agosto, Suiza recibió 3 899 solicitudes de asilo, solo 3 más que un mes antes. Y de ellas, 1 610 ciudadanos son de Eritrea, 461 de Afganistán y solamente 401 de Siria.

Desde el inicio de la guerra en 2011, Suiza ha acogido (a fecha del 31 de agosto de 2015) a exactamente 9 199 sirios. De ellos, 2 307 recibieron asilo y 5 540 una admisión provisional. La suerte de los 1 300 restantes aún está pendiente.

“Un alumno aplicado, pero no heroico”

¿Es mucho o demasiado poco? En un blog del semanario ‘L’Hebdo’, Etienne Piguet, geógrafo y vicepresidente de la Comisión Federal de Migración, ha conjugado las cifras suizas con los criterios que podrían aplicarse para la clave de reparto en Europa, pero que aún no se han establecido.

Si se considera la superficie del país y su población, Suiza va más allá de su obligación. En 2014 acogió a 22 000 solicitantes de asilo (todas las nacionalidades), cuando hubiera podido limitarse a 9 000. No obstante, el experto considera que estos criterios no son suficientes, porque no tienen en cuenta la riqueza del país. Si sumamos el PIB y el índice de desempleo, entonces Suiza debería acoger a más solicitantes de los que acepta actualmente.

La conclusión de Etienne Piguet es que “Suiza es ciertamente un alumno aplicado en materia de acogida, pero su actitud no tiene nada de heroico dada la prosperidad del país. Si quiere rendir honor a su tradición humanitaria, puede abrir mucho más sus fronteras”.

Robin Stünzi quiere creer también en la tradición humanitaria: “Percibo que en Suiza crece la concienciación, sobre todo, sobre la situación de los sirios. Y las decisiones recientes que han adoptado Alemania, Francia, Gran Bretaña, y a las que tal vez se sumen pronto otros países, la van a reforzar. A ello contribuyó sin duda el pequeño Aylan, pero incluso antes de que se divulgara su foto la gente ya era consciente de que hay que ayudar a esas personas”.


Traducción del francés: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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