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Retrospectiva


2015: la ola migratoria llega a Europa




Número récord de solicitudes de asilo, fronteras abiertas y luego cerradas, llamamientos a la solidaridad y tensiones entre Estados: la crisis migratoria ha hecho que el en sí frágil proyecto comunitario se tambalee y centra el debate político, también en Suiza. Retrospectiva de un año movido a través de una serie de gráficos.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) había lanzado el grito de alarma el año pasado: desde la Segunda Guerra Mundial nunca se habían contado tantos refugiados, solicitantes de asilo y personas desplazadas. Forman un país fantasma de más de 60 millones de personas; el 24º más poblado del mundo.

¿De dónde vienen y a dónde van los migrantes?

En 2015, la crisis migratoria llegó al corazón de Europa: se estima que de aquí a fines de año las demandas de asilo alcanzarán el millón en los Veintiocho y en los países miembros de la EFTA (Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia). El destino principal es Alemania, que ha acogido hasta ahora un tercio de los migrantes. El siguiente gráfico muestra la afluencia de solicitantes de asilo en Europa en los primeros nueve meses de 2015.

Casi la mitad de los solicitantes de asilo que buscaron protección en Europa en 2015 provienen de países azotados por un conflicto: Siria, Afganistán e Irak. En Europa, el debate se centra principalmente en los refugiados sirios, sin duda el grupo más numeroso, pero desde luego no el único, y en ligero aumento.

El número de iraquíes se ha cuadruplicado respecto a 2014,  mientras el de afganos ha aumentado dos veces y media. Son muchos también los kosovares que, empujados sobre todo por la crisis económica, han emigrado aunque son conscientes de que sus posibilidades de obtener asilo son extremadamente reducidas, si no nulas.

Un millón de refugiados: ¿una crisis sin precedentes?

Mientras Europa se ve confrontada con una creciente afluencia de migrantes, que supera el pico de 700 000 registrado en los años 90, el fenómeno afecta solo marginalmente a Suiza. Es verdad que la Secretaría de Estado de Migración (SEM) prevé la llegada de 34 000 refugiados para este 2015, unos 10 000 más que el año pasado. Pero estas cifras son inferiores a las registradas en 1999 durante la guerra en Kosovo, cuando Suiza acogió a más de 44 000 personas.

Aun así, la crisis en Europa ha generado encendidos debates en el país alpino, especialmente durante la campaña electoral para la renovación del Parlamento federal que se centró esencialmente en el tema del asilo.

¿Por qué los migrantes optan por la vía marítima?

Desde que las embajadas han dejado de entregar visados y con la clausura de casi todas las vías terrestres, el levantamiento de muros y vallas alambradas, el Mediterráneo se ha convertido en la principal puerta de acceso a Europa. Pero nunca tantas personas habían arriesgado sus vidas en alta mar como ahora: más de 900 000 en 2015, cuatro veces más que el año pasado. Y según los datos de ACNUR, al menos 3 580 personas fallecieron durante la travesía o han sido dadas por desaparecidas.

Mientras los africanos siguen optando por la vía del Mediterráneo meridional –que les lleva de Libia o Túnez a Italia– los migrantes sirios o afganos han abierto la ruta de los Balcanes –desde Turquía a las islas griegas– que actualmente es la más concurrida. Esta afluencia inesperada de migrantes ha pillado a varios países por sorpresa, pero ha contribuido –al menos sobre el papel– a dar a la problemática del asilo una dimensión europea y no reducida fundamentalmente a Italia.

¿Cómo ha reaccionado la Unión Europea a la crisis?

Pese a los múltiples debates y la conmoción que causó la muerte del pequeño Alyan, la Unión Europea no logra hallar una política migratoria común. En septiembre, los países miembros llegaron a un acuerdo para el reparto –voluntario– de 160 000 solicitantes de asilo en el plazo de los dos próximos años. Un pequeño gesto de solidaridad hacia Grecia e Italia que, en virtud de los acuerdos de Dublín, deberían asumir solas la responsabilidad de la acogida.

El 17 de diciembre, solamente 232 solicitantes de asilo habían sido transferidos de Grecia o Italia hacia otros países. Suiza se ha comprometido a acoger hasta 1 500 refugiados, pero la cuota sigue en 0. Por su parte, Eslovaquia y Hungría han presentado denunciado contra el sistema de reparto ante el Tribunal Europeo de Justicia.

En 2015, Hungría se vio repentinamente en el centro de la crisis migratoria. No es uno de los destinos preferidos, sino un país de tránsito. Sin embargo, registró el número más elevado de demandas de asilo en los países de la UE y la EFTA, después de Alemania. Con el fin de detener el flujo migratorio, el primer ministro Viktor Orban ordenó construir dos muros en la frontera con Serbia y Croacia y autorizó a la policía disparar contra los migrantes. Una política que han condenado con contundencias las organizaciones humanitarias.

El siguiente gráfico muestra las solicitudes de asilo en función de la población y del PIB per cápita. Si en 2014 Suiza se situaba en 4º

lugar por millón de habitantes, en los primeros nueve meses de 2015 ha descendido al 6º puesto.

Ante la ausencia de una política común, varios Estados han optado por soluciones unilaterales, que han derivado en cierto caos en las fronteras. En el frente de la solidaridad, el gesto más simbólico ha sido sin duda el de Angela Merkel, quien garantizó el libre acceso a los sirios, aunque durante un periodo limitado. A los aplausos iniciales siguieron las críticas cada vez más encendidas, tanto en ‘casa’ como en el extranjero. Varios países, Alemania incluida, han suspendido los acuerdos de Schengen y han restablecido los controles fronterizos. De la noche a la mañana, Europa se ha visto dividida en su interior por una serie de muros y barreras que creía habían desaparecido con el fin de la Guerra Fría.

En el último mes, las políticas de asilo se han vuelto a reforzar, a raíz de los atentados de París y la confirmación de que uno de los terroristas se hizo pasar por un refugiado para poder llegar a Europa.

¿Y más allá de Europa?

Para tratar de frenar la afluencia de refugiados, la Unión Europea ha solicitado ayuda a Turquía. Ankara se ha comprometido a amparar a los refugiados en suelo turco a cambio de 3 000 millones de euros en ayuda, una liberalización de los visados y la reanudación del proceso de adhesión a la UE.

Pero Turquía acoge ya en su territorio a más de 2 millones de sirios, sobre una población de 78 millones. De hecho, según ACNUR, el 86% de los refugiados en el mundo (12,4 millones a finales de 2014) viven en un país emergente o en desarrollo. Turquía, Pakistán, Líbano, Irán, Jordania y Etiopía juntos acogen prácticamente la mitad (45%) de ellos.  


Traducción del italiano: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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