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Por Marc Frank y Sarah Marsh

LA HABANA (Reuters) - La muerte de Fidel Castro puede ofrecer a su hermano menor Raúl un mayor margen para profundizar reformas económicas, pero el cambio dependerá también de si el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, decide trabajar con Cuba o enfrentarse a ella.

Raúl Castro ha adoptado reformas orientadas al mercado en años recientes, pero su implantación ha sido lenta y muchos cubanos decían que Fidel Castro seguía influenciando a la vieja guardia del Partido Comunista, que desconfía tanto del mercado como del acercamiento a Washington.

Hace dos años, el menor y más pragmático de los Castro gestionó un acercamiento con su viejo enemigo de la Guerra Fría que ha permitido que los vuelos comerciales, las remesas de dólares y los turistas estadounidenses se multipliquen en la isla caribeña necesitada de recursos.

Los avances pueden revertirse fácilmente si Trump mantiene la línea dura que mostró en el final de su campaña, cuando prometió cerrar la embajada en La Habana abierta hace sólo un año y renegociar los acuerdos de Barack Obama para normalizar las relaciones con Cuba.

Sin embargo, la muerte de Castro ofrece a Trump la oportunidad de seguir involucrado con un acercamiento a Cuba que es popular entre los votantes y los empresarios de Estados Unidos.

Con Fidel Castro muerto a los 90 años y con la promesa de Raúl Castro, de 85 años, de retirarse a comienzos de 2018, la relación con Cuba se hace más fácil en un plano simbólico.

Trump no se había referido a Cuba desde su elección y su primera respuesta a la noticia ofreció pocas luces de hacia dónde irá.

"Si bien las tragedias, muertes y dolor causados por Fidel Castro no se pueden borrar, nuestro gobierno hará todo lo que pueda para asegurarse que finalmente el pueblo cubano pueda comenzar su camino hacia la prosperidad y la libertad", dijo en un comunicado.

Richard Feinberg, un ex consejero de seguridad nacional del ex presidente estadounidense Bill Clinton, dijo que ahora es menos probable que Trump revierta la apertura de Obama hacia la isla.

"La partida de Fidel Castro saca un objeto de odio, temor y venganza para muchos cubanos americanos, llevando al final la que ha sido una larga historia de un enfrentamiento con rencor y abriendo una ventana a la reconciliación de la muy dividida familia cubana", dijo.  

"Estados Unidos tiene que tener un interés nacional en competir con China y Rusia en la influencia en Cuba y en todo el Caribe, y en ver a Cuba como un aliado natural en contraterrorismo", dijo Feinberg, autor de un libro sobre la economía cubana.

En el corto plazo, sin embargo, Cuba puede esperar de su Gobierno una orquestada muestra de apoyo a la idea de comunismo sin renuncia de Castro.

La primera señal fue la campaña lanzada el sábado para que millones de cubanos firmen un compromiso para ser fieles a la Revolución de Castro "como expresión de la voluntad de dar continuidad a sus ideas y a nuestro socialismo".

Incluso años después de dejar la presidencia, Fidel Castro siguió siendo un apoyo para la vieja guardia dentro de la burocracia y la jerarquía, que no está convencida de las medidas de Raúl que llevan a Cuba a un alejamiento gradual de la economía socialista y a un papel más fuerte del sector privado.

Con el tiempo esa influencia se disipará, lo que facilitará las cosas para los reformistas en el Gobierno.

"Elimina una corte de apelación para los conservadores y ofrece esperanza a los reformistas del partido, usualmente más jóvenes, para un cambio económico más rápido en el futuro", dijo David Jessop, consultor empresarial en asuntos del Caribe.

TRANSICIÓN

El entramado interno de la estructura de poder en Cuba siempre ha sido difícil de leer y no todos creen que Fidel Castro haya estado detrás de las recientes reformas en la economía, como la de dejar que los agricultores vendan productos a precios de mercado o permitir las importaciones y exportaciones de manera privada.

Los funcionarios de rango medio, temerosos de perder poder en el sistema, son considerados a menudo como una de las razones por las que las reformas económicas no han avanzado al ritmo anunciado por Raúl Castro en un documento político en el 2011.

"Él estaba completamente retirado, por lo tanto su muerte probablemente no alterará el curso del programa de modernización económica de Raúl", dijo William LeoGrande, coautor de un libro sobre las relaciones cubano-estadounidenses.

"Por supuesto que hay burócratas todavía en el poder que comparten la hostilidad ideológica de Fidel hacia los mercados. Están ahí y continuarán siendo un obstáculo al cambio", agregó.

Trump podría decidir que la partida de Castro es una oportunidad para presionar al gobierno comunista a hacer concesiones, como liberar a disidentes políticos apresados o otorgar algún acceso preferencial al mercado cubano para productos y servicios estadounidenses.

"El presidente electo Trump podría de manera simplista ver una opción de reiniciar una relación de adversarios (...) para probar que es el hombre fuerte que ha dicho que es", dijo Paul Hare, un ex embajador británico en Cuba.

Cuba depende en gran medida de la ayuda económica de Venezuela, pero la profunda crisis económica y política en Caracas ha implicado que la isla recibe menores volúmenes de petróleo a precios subsidiados en comparación con el pasado.

Las relaciones más cercanas con Estados Unidos han ayudado y un retroceso en esa área podría debilitar aún más la economía cubana, atribulada ya por el bajo precio internacional de las materias primas.

Pero una política agresiva por parte de Trump cerraría lucrativas oportunidades para empresas estadounidenses y las pondría a disposición de firmas europeas o asiáticas. Ello afectaría a empresas como American Airlines, que tiene previsto iniciar vuelos directos a La Habana el lunes por primera vez en 50 años.

"La muerte de Fidel es otra razón para continuar las políticas de los últimos dos años. El cambio llegó para quedarse en Cuba y Estados Unidos puede ser parte de él o sentarse en un costado en los próximos cuatro años", dijo Jason Marczak del centro de análisis Atlantic Council en Washington.

(Escrito por Frank Jack Daniel; Editado en español por Gabriela Camila Donoso y Javier López de Lérida)

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