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Foto de archivo de la ex presidenta argentina Cristina Kirchner hablando cerca de un busto de su fallecido esposo y ex presidente Nester Kirchner, durante una ceremonia en Buenos Aires, Argentina. 9 de diciembre de 2015. Cada vez que caminaba por la casa de Gobierno de Argentina, el presidente de centroderecha Mauricio Macri se topaba con bustos o cuadros del ex mandatario Néstor Kirchner, un símbolo del peronismo que lo antecedió en el poder, o de líderes latinoamericanos izquierdistas como Hugo Chávez. REUTERS/Marcos Brindicci

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Por Nicolás Misculin

BUENOS AIRES (Reuters) - Cada vez que caminaba por la casa de Gobierno de Argentina, el presidente de centroderecha Mauricio Macri se topaba con bustos o cuadros del ex mandatario Néstor Kirchner, un símbolo del peronismo que lo antecedió en el poder, o de líderes latinoamericanos izquierdistas como Hugo Chávez.

Por eso, además de los cambios que ejecutó sobre la economía para liberar los mercados, Macri decidió extender su batalla contra el "kirchnerismo" a la herencia cultural dejada por la ex presidenta Cristina Fernández, viuda de Kirchner, en un país que está totalmente polarizado a nivel político.

Luego de abandonar la presidencia en diciembre y de haber perdido el respaldo incondicional del peronismo, la narración épica de su gestión y la de su marido es uno de los pilares del apoyo popular que todavía tiene Fernández, quien enfrenta duras acusaciones en la Justicia por irregularidades.

Pero desde diciembre, Macri movió bustos de Kirchner y Juan Perón y retiró cuadros del Che Guevara y Emiliano Zapata, entre otros, de la Casa Rosada. También cerró una sala dedicada a Kirchner en un monumental centro cultural y rediseñó por completo un museo dedicado a los presidentes para morigerar la impronta kirchnerista.

Otros emprendimientos como el centro de entretenimiento y ciencia Tecnópolis, un icono del kirchnerismo que gobernó entre el 2003 y el 2015, permanecen cerrados.

"El museo (dedicado a los presidentes) era una puesta en escena de lo que en los últimos 12 años se llamó 'un relato'. Era una celebración del Gobierno" de entonces, explicó el historiador Luciano de Privitellio, uno de los funcionarios a cargo de las remodelaciones.

"La mitad estaba dedicada al pasado y la otra mitad al Gobierno de los Kirchner", agregó.

Fotos y videos de la pareja presidencial de entonces y una camiseta del club de fútbol Racing -del que Kirchner era seguidor- con la inscripción "100 por ciento K (kirchnerista)" eran parte del museo, que dejará de exhibir algunos de esos objetos para mostrar más recuerdos de otros presidentes.

Habitualmente encabezado por líderes carismáticos, el peronismo siempre ha tenido predilección por los símbolos. En ninguna reunión partidaria faltan imágenes de Perón y de su esposa Eva Duarte, o la "marcha peronista".

Con la muerte de su marido en el 2010, la entonces mandataria Fernández inició un proceso de homenajes que incluyó calles y monumentos con su nombre, en busca de perpetuar en la memoria popular los logros de una gestión cuyo mensaje combativo aún atrae a multitudes.

"El ámbito cultural es fundamental para la construcción de una identidad política. Es por ello que cada Gobierno nuevo busca mostrarse como opuesto a lo que la sociedad rechazó del Gobierno inmediato anterior", dijo la socióloga Mercedes González Bracco, del órgano científico estatal Conicet, tratando de explicar la actitud del nuevo Gobierno.

"En tal sentido, el macrismo entiende que hay que realizar una lavada de cara del estilo kirchnerista en tanto constituye su propio espejo negativo. Por eso el combate se da con el discurso del trabajo en equipo (versus la verticalidad), la moderación (versus la crispación), la anticorrupción", añadió.

Si bien el Gobierno de Kirchner (2003-2007) y los de su esposa y sucesora ahuyentaron inversiones con sus regulaciones de los mercados y dejaron una economía desordenada, lograron mejorar varios indicadores sociales con el fomento del mercado interno y la ayuda social para los pobres.

Pero muchos han criticado que la exaltación de su Gobierno y el de su marido no ha hecho más que ahondar la división política entre los argentinos.

SIN CAÑONES PROPIOS

Sin mayoría propia en el Congreso ni apoyo de los sindicatos y gobernadores, Macri aspira a sostener su Gobierno con un despegue de la economía que, en medio de un ajuste fiscal y del estancamiento de la actividad, aún parece lejano.

El Gobierno ha acusado reiteradamente a Fernández de haber dejado una compleja herencia económica, con un amplio déficit y una alta inflación, que lo obligó a tomar medidas impopulares.

El último sondeo de la consultora Management & Fit muestra que la imagen positiva de Macri ha caído casi 13 puntos porcentuales desde diciembre al 42,5 por ciento actual, principalmente por las dificultades que atraviesa la economía.

Con el peronismo dividido, la facción kirchnerista apuesta a un mal desempeño de la economía para retornar al poder. Para ello, es clave que los votantes conserven una buena imagen de la gestión de Fernández, quien cuenta con el apoyo de un tercio de la sociedad pero genera un fuerte rechazo en el resto.

"Hay un intento vano de borrar símbolos del kirchnerismo. (El Gobierno) se quiere mostrar como algo distinto, pero no se pueden borrar los símbolos", dijo Gustavo López, ex funcionario de Fernández que tenía su oficina en la Casa Rosada.

A pesar de todo, el Gobierno de Macri asegura que no busca reemplazar la narración de la historia reciente y lejana impulsada por el kirchnerismo.

"En esta batalla hemos decidido sacar los cañones enemigos pero no poner ninguno. Nosotros no vamos a reemplazar los cuadros por otros cuadros que nos parezcan buenos. Se ha renunciado a tener una historia oficial", dijo De Privitellio.

(Editado por Pablo Garibian y Juana Casas)

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