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Henry Acosta, un mediador entre el gobierno de Colombia y las guerrillas de las FARC, durante una entrevista con Reuters en Cali. 17 de septiembre de 2016. Durante una década, Henry Acosta recorrió varias veces a pie y a lomo de mula trochas, montañas, atravesó ríos, quebradas y evadió los servicios de inteligencia militar para lograr lo que parecía una misión imposible: sentar al Gobierno de Colombia y a la guerrilla de las FARC a negociar un acuerdo de paz. REUTERS/Jaime Saldarriaga

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(Resumen de la entrevista a Henry Acosta en video: http://reut.rs/2d0jYJz)

Por Luis Jaime Acosta

CALI, Colombia (Reuters) - Durante una década, Henry Acosta recorrió varias veces a pie y a lomo de mula trochas, montañas, atravesó ríos, quebradas y evadió los servicios de inteligencia militar para lograr lo que parecía una misión imposible: sentar al Gobierno de Colombia y a la guerrilla de las FARC a negociar un acuerdo de paz.

Su historia como facilitador clave del proceso para poner fin al violento conflicto interno de Colombia, comenzó en 1998, cuando viajaba a conocer un proyecto de producción agrícola y unos guerrilleros detuvieron la camioneta que conducía por un territorio montañoso controlado por los rebeldes.

Para dar explicaciones de su presencia, el economista, que ahora tiene 67 años, fue llevado ante Pablo Catatumbo, jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en esa región y quien luego se convirtió en negociador de la guerrilla.

"Con Pablo empezamos una conversación larguísima, todo el día, terminé quedándome ahí, porque ya era tarde de la noche", recuerda el hombre, casado y padre de tres hijos.

"¡Qué me iba a imaginar!", dice sentado en la sala de su casa campestre en las afueras de la ciudad de Cali. "Él dijo 'siga viniendo, me trae libritos y hablamos de historia, de política y de costumbres de los campesinos'".

Al líder rebelde le llamó la atención la experiencia profesional de Acosta que incluía 14 años como gerente de las cooperativas de caficultores en Colombia y tres años al frente de un proyecto en Brasil con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hasta 1996.

A pesar de que entonces eran frecuentes los secuestros por parte de los guerrilleros, Acosta no sintió miedo y comenzó a visitar a Catatumbo en esas montañas con cierta regularidad.

Con las visitas empezó una relación en la que intercambiaban opiniones sobre política y el conflicto armado que se convirtió en una amistad. El facilitador siempre contó con el apoyo y la confidencialidad de su esposa Julieta, quien lo acompañó en varias travesías y reuniones con el jefe guerrillero.

La inteligencia militar se enteró de su cercanía con Catatumbo y en más de una ocasión oficiales del Ejército le pidieron que entregara al jefe rebelde. Pero él se negó a hacerlo y para evadir los seguimientos dejaba su automóvil en estacionamientos de centros comerciales o en casas de amigos que le prestaban otros vehículos para sus viajes a la montaña.

Unos cuatro años después de ese primer encuentro, en abril del 2002, Acosta comenzó por primera vez como mediador luego de que las FARC secuestraron en Cali a 12 diputados regionales, entre ellos el hijo de un amigo suyo.

Sus gestiones durante cinco años no prosperaron y once de los 12 políticos acabaron muertos en un episodio de fuego amigo entre dos columnas guerrilleras. Pero Acosta ya estaba inmerso en las mediaciones de paz.

El encargo fue oficial cuando el entonces presidente Álvaro Uribe le pidió que buscara un intercambio de rehenes con la guerrilla y sondeara la posibilidad de que dejaran las armas.

Al asumir la presidencia Uribe, a quien Acosta ya conocía, lo contactó a través de su comisionado para la paz, lo autorizó para las gestiones de los rehenes y desde entonces comenzó a enviar con él mensajes a las FARC.

REUNIONES Y MENSAJES SECRETOS

Acosta se reunió varias veces en secreto con Uribe -que gobernó entre 2002 y 2010- y con su alto comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, en el palacio de gobierno o en habitaciones de hoteles para entregar mensajes de una a otra parte, que solo años después transcendieron a la luz pública.

El economista asegura que el interés de Uribe no era negociar una solución consensuada al conflicto interno -que se negaba a reconocer- sino que la guerrilla entregara las armas mientras ordenaba la mayor ofensiva militar contra el grupo rebelde en la historia colombiana.

"Henry, yo no voy a negociar nada, yo lo que tengo es que rendirlos porque estamos en una guerra con ellos. Dígales que entreguen esos fierros (armas)", le dijo Uribe en uno de los mensajes que envió en junio del 2006.

A pesar de no estar convencido de la alternativa, Uribe envió en marzo del 2010 una carta a las FARC de su comisionado de paz planteando un encuentro secreto en el exterior para explorar un diálogo.

Pero la reunión nunca se concretó. Cinco meses después de que se hiciera la propuesta, Uribe le pasó la banda presidencial a su antiguo ministro de Defensa, Juan Manuel Santos.

Acosta le escribió al nuevo presidente proponiendo que se iniciara una negociación de paz para poner punto final a cinco décadas de conflicto que ha dejado más de 220.000 muertos. Santos accedió y envió un mensaje con el facilitador.

"Dígales que sí, que si Pablo Catatumbo y Alfonso Cano (máximo líder de las FARC en ese momento) van a esa reunión yo también voy", le dijo Santos a Acosta en septiembre del 2010 en su despacho.

En octubre, las FARC aceptaron reunirse para explorar la posibilidad de una negociación y Acosta llevó de inmediato la buena nueva a Santos.

"Ese fue para mí uno de los días más felices de mi vida", dice Acosta, quien asegura que las FARC aceptaron pese a que semanas antes había muerto en un bombardeo Víctor Julio Suárez, alias el "Mono Jojoy", el jefe militar de esa guerrilla.

Con total discreción, el proceso despegó en secreto mientras los bandos seguían combatiendo en selvas y montañas.

Más de un año después, en noviembre del 2011, las conversaciones sufrieron su primer cimbronazo: Cano, que encabezaba el diálogo secreto con el Gobierno, murió en un combate con el Ejército.

Acosta temió que esa muerte sepultara los acercamientos entre Santos y la guerrilla. Pero dos días después del enfrentamiento mortal, recibió un mensaje de las FARC: lo citaban en una zona montañosa cerca de donde Cano había caído.

Mientras helicópteros sobrevolaban la zona, se encontró allí con un jefe guerrillero. "Señor, le manda decir el camarada que le diga al señor presidente que todo lo que se viene conversando continúa, que esto no afecta los diálogos", le dijo.

El "camarada" era su viejo conocido Catatumbo. Acosta regresó a Cali, llamó al presidente y todo siguió adelante.

El resto es historia conocida. Las partes ahora se preparan para firmar un acuerdo final que tendrá que ser refrendado en un plebiscito por los colombianos.

"Henry cumplió un papel extraordinariamente importante. Sin Henry nada de esto hubiera ocurrido, esa es la realidad", dice el alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo.

Con satisfacción, Acosta reconoce que tuvo que interceder en momentos difíciles. Uno de los más críticos fue en noviembre del 2013 cuando los negociadores del Gobierno se levantaron de la mesa y regresaron a Bogotá ante la insistencia de las FARC para negociar temas que no estaban en la agenda. Santos escuchó su consejo de no romper el proceso y la crisis se superó.

"Fui paciente, confiado, positivo, discreto, resuelto y ante todo muy transparente con las partes del conflicto", dijo Acosta, satisfecho con el desenlace de sus 14 años de misión.

"Si se implementa el acuerdo, esta generación de colombianos podemos gritar: valió la pena haber vivido".

(Reporte de Luis Jaime Acosta, Editado por Juana Casas y Pablo Garibian)

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