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Un policía camina junto a un puente que colapsó en Guayaquil tras el sismo que sacudió el Pacífico ecuatoriano. 17 de abril 2016. REUTERS/Henry Romero

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Por Julia Symmes Cobb y Daniel Tapia

PEDERNALES, Ecuador (Reuters) - Sobrevivientes del mayor terremoto que sufrió Ecuador en casi cuatro décadas pasaban la noche a la intemperie junto a sus derrumbadas viviendas, mientras otros lloraban a algunos de los 272 muertos que dejaba la tragedia.

El sismo de magnitud 7,8 desató el sábado por la noche pánico hasta en los habitantes de la capital andina Quito, y provocó devastación en pueblos a orillas del Pacífico y graves daños en Guayaquil, la ciudad más populosa del país.

El presidente, Rafael Correa, anticipó su regreso de un viaje a Italia por el desastre y recorrió a pie las localidades de Manta y Portoviejo.

"Ecuador ha sido tremendamente golpeado", dijo el mandatario a periodistas desde Portoviejo, detallando que la cifra de muertos había crecido a 272. "Seguramente el número aumentará y posiblemente en forma considerable. Todavía hay muchísimos cadáveres entre los escombros".

A pesar de todo, aseguró que se estaba dando prioridad a la búsqueda de sobrevivientes. "Hay señales de vida en muchos de los escombros", sostuvo

En Pedernales, la ciudad más cercana al epicentro y donde todas las viviendas que no habían sido destruidas tenían algún tipo de daño, la gente buscaba personas entre los pedazos de mampostería o intentaba recuperar objetos, según un testigo de Reuters.

"Se veía como se caían las casas, los postes, se fue la luz y todo era devastador. Todas las calles se cuartearon, estaban abiertas las vías, hubo derrumbes", relató Enner Muñoz, un profesor de educación física de 40 años de Pedernales, una zona de construcciones rústicas y pequeños hoteles a la vera del mar.

Portoviejo también sufrió un duro golpe con el sismo. Temerosos, decenas de vecinos sacaron a la calle colchones y cunas para pasar la noche, en un poblado con zonas sin electricidad ni servicio de agua.

"Aquí nadie ha venido a ayudar, esto es un caos, estamos muy aterrorizados", dijo Guillermo León, un comerciante de 71 años.

Más de un centenar de reos escapó del penal El Rodeo en Portoviejo cuando el sismo derrumbó dos paredes. Si bien algunos fueron recapturados, la mayoría de ellos siguen prófugos, dijo el viceministro del Interior, Diego Fuentes, a periodistas.

"Para mal de males se fugaron unos presos", dijo uno de los habitantes de la zona, mientras las excavadoras seguían buscando sobrevivientes por la noche.

MÁS Y MÁS RÉPLICAS

El terremoto, que azotó el sábado en la noche frente a las costas de la nación andina a 19 kilómetros de profundidad, castigó también la costera Guayaquil y activó por unas horas alertas de tsunami en Perú, Colombia, Costa Rica y Panamá.

"Fue algo horrible, parecía que (el edificio) se desmoronaba como un cartón. Yo rezaba y me arrodillé para pedir a Dios nos proteja", dijo Galo Valle, de 56 años, custodio de un edificio en el centro de Guayaquil, mientras limpiaba los vidrios y pedazos de mampostería.

Muchas casas se derrumbaron en la ciudad, otras estaban cuarteadas, un puente colapsó aplastando un auto y los escombros obstruían varias calles.

El terremoto fue el más fuerte desde el sismo de magnitud 7,7 que golpeó al país en diciembre de 1979 y causó entonces unos 600 muertos y 20.000 heridos, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS por su sigla en inglés).

Hasta el domingo se habían registrado 230 réplicas.

El vicepresidente Jorge Glas dijo que las autoridades estaban elaborando listas desaparecidos, mientras llegaba ayuda de países latinoamericanos y de la Unión Europea.

México enviará a 25 rescatistas del grupo Topos, un equipo que se formó tras el sismo de 1985 y que suele auxiliar en emergencias a nivel mundial.

Estados Unidos también ofreció ayuda para "el pueblo ecuatoriano en este momento difícil", escribió en Twitter el secretario de Estado, John Kerry.

El terremoto puso más presión sobre la economía del miembro más pequeño de la OPEP, que ya estaba sufriendo por los menores precios del petróleo y pronosticaba un crecimiento cercano a cero para este año.

Unos 600 millones de dólares en líneas de crédito de contingencia con organismos multilaterales estaban disponibles para atender la emergencia.

"S.O.S. AL MUNDO"

Algunos poblados sufrieron saqueos aislados en comercios, según medios locales. El Gobierno dijo que movilizó a 13.500 efectivos de las fuerzas de seguridad para garantizar el orden y declaró el estado de emergencia en seis provincias de la costa.

En Quito, a 170 kilómetros del epicentro, no hubo reportes de víctimas. El domingo, algunas personas en la capital donaron agua, alimentos y ropa y médicos se registraron para ser enviados a las zonas más golpeadas.

El epicentro del terremoto no estuvo muy lejos de la localidad costera de Esmeraldas, donde está la refinería del mismo nombre, que se mantiene detenida preventivamente. Los poliductos del país operaban con normalidad, según el ministro de Sectores Estratégicos, Rafael Poveda.

La situación era grave en la costa. En algunos lugares se habilitaron alojamientos temporales en centros comerciales tras la destrucción de hoteles, casas y carreteras, pero en otros la gente estaba en la calle.

"Mi casa se me cayó y también me robaron", dijo Consuelo Solano, una artesana de 40 años que trataba de ingresar al coliseo de Pedernales, adonde las autoridades llevaban a los muertos y heridos. "Mi casa se me ha ido pero lo importante es que estamos bien con mi familia".

Mucha gente en Pedernales improvisaba ataúdes y vigilias para velar a sus deudos, dijo un testigo de Reuters.

"Pido un S.O.S. al mundo, más que nunca solicitamos su solidaridad, esas oraciones para este pueblo que por los embates de la naturaleza estamos sufriendo", dijo el alcalde de Pedernales, Gabriel Alcívar.

(Reporte adicional de Alexandra Valencia y Cristina Muñoz en Quito, de Yury García en Guayaquil, de Ana Isabel Martínez en Portoviejo y de Adriana Barrera en Ciudad de México.; Editado por Javier López de Lérida y Pablo Garibian)

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