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Sanidad en India Dilema del sector farmacéutico en los países pobres

Diosos hindúes 'protegen' los medicamentos en una clínica de Puna, cerca de Bombay.

(Reuters)

Si inversiones importantes en investigación y desarrollo, las farmacéuticas no están en condiciones de producir nuevos tratamientos. Gran parte de la población en la India vive en el umbral de la pobreza y carece de medios para costear los medicamentos que necesita.

El ruido del tráfico invade la sala de espera de un hospital público al sur de Bombay. Pacientes de todas las edades aguardan con resignación su turno. El calor es sofocante, corre una leve brisa gracias a las puertas abiertas de par en par.

Una mujer vestida con un elegante sari espera a su esposo, que padece una enfermedad psíquica. La medicación que recibe es gratuita, afortunadamente, de lo contrario no podrían costearla, dice.

Otro matrimonio ha acudido a la consulta por un problema cardiovascular del marido. No parece gente adinerada, pero tiene que pagar los medicamentos de su bolsillo. Los comprimidos son caros para la India. Un paquete de diez unidades cuesta 230 rupias (4 francos suizos). El precio de 10 analgésicos oscila entre 2,5 y 25 rupias, dependiendo de la marca.

El hombre debería ingerirlas tres veces al día, pero de vez en cuando se salta una toma para ahorrar dinero. En una ocasión solicitó que se le recetara un genérico, que es más barato, pero su médico descartó esta opción.

El King Edward Hospital de Bombay es menos caro que los hospitales privados, pero sus pacientes no son desde luego los más pobres del país, ya que disponen de medios para acudir a un hospital de la metrópoli. ¿Cómo hace la población que vive en pueblos pobres?

Estos contrastes ilustran el dilema al que se enfrenta el sector farmacéutico del país. Si no se destinan recursos suficientes a la investigación y el desarrollo es imposible que las empresas produzcan medicamentos para salvar vidas. A ello se suma que no todos los ciudadanos se pueden permitir el tratamiento que necesitan, lo que alimenta el debate sobre el precio de los medicamentos y las patentes en países como la India.

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Dificultades de la política de sanidad

Según Gopa Dabade, médico y representante de la red All India Drug Action Network, el 60% de la población no tiene acceso a la sanidad básica.

“A diferencia de los países industrializados, India invierte muy poco en sanidad, apenas el 1,7% del Producto Interno Bruto, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda el 5%”, explica Dabade a swissinfo.ch.

Esto significa que los recursos para comprar medicamentos son escasos. Para que los fármacos sean más asequibles, el Gobierno indio se niega a renovar las patentes de marcas consolidadas, incluso si los productores aseguran que han desarrollado versiones más eficaces. La legislación india estipula que una vez vencidas las patentes, otras empresas están autorizadas a producir legalmente genéricos.

Los grandes grupos farmacéuticos suizos han emprendido medidas legales: Novartis, en el caso del medicamento contra el cáncer Glivec; y Roche, en el de un fármaco análogo y otro contra la hepatitis.

“Ambos tienen repercusiones graves para el acceso a los medicamentos, ya que podrían frenar o retrasar la producción de genéricos”, afirma Patrick Durisch, experto en sanidad de la ONG Declaración de Berna.

India

Con más de 1.200 millones de habitantes, India es la mayor democracia y el segundo país más poblado del mundo, después de China.

Según el Banco Mundial, el Producto Interno Bruto per cápita rondaba los 1.400 dólares en 2011. El 40% de la población, sin embargo, vive con menos de 1 franco diario.

Las expectativas de vida son de 67 años para las mujeres y de 63 en el caso de los hombres. La tasa de mortalidad infantil se sitúa en 50 por cada 1.000 nacimientos.

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El precio de la innovación

La filial de Novartis en Bombay sostiene que no pueden producirse genéricos sin un sistema de patentes para los productos de marca.

“Somos el segundo productor mundial de genéricos, por lo que conocemos las dos caras de la moneda. Es verdad que la producción de genéricos está ligada a la de los medicamentos patentados”, explica Ranjit Shahani, vicepresidente y director de Novartis India.

“Glivec, uno de los fármacos más novedosos en el mundo, está patentado en los 40 países donde se comercializa, a excepción de la India”. Pero incluso si el Tribunal Supremo indio ha emitido un fallo a favor de Novartis, agrega Shahani, existe una cláusula que permite a otras empresas seguir produciendo la versión genérica del Glivec.

“Novartis quiere esclarecer cómo se atribuyen los derechos de patentes en el país”, agrega Shahani.

La prioridad de Lupin, una empresa especializada en genéricos, son precios razonables. “Cuando la fundé hace 40 años, mi sueño era proporcionar medicamentos asequibles contra las enfermedades más frecuentes al mayor número posible de personas”, explica Desh Bandhu Gupta, su creador y presidente.

En cuanto a la enorme diferencia de precios de medicamentos que supuestamente curan lo mismo, el portavoz de la empresa, Shamsher Gorawara, afirma: “Es increíble las sumas que se gastan en investigación, desarrollo y marketing”.

El año pasado, Novartis demandó a Lupin por violar los derechos de patentes con la producción de un genérico contra la hipertensión. No es la primera vez que un grupo farmacéutico suizo y la empresa india se ven en un tribunal.

Renovación de las patentes

En un esfuerzo por optimizar sus inversiones en investigación y desarrollo, las farmacéuticas suelen intentar prolongar sus patentes sobre los medicamentos para preservar los derechos exclusivos de producción.

Las patentes expiran generalmente después de un periodo definido, 20 años en Suiza y la India, 12 años en Estados Unidos, por ejemplo. Pero los fabricantes afirman que, en la práctica, ese periodo es más breve.

“La vida efectiva de una patente oscila entre 6 y 8 años, a veces menos, porque solo genera beneficios a partir de la fecha de comercialización”, explica Ranjit Shahani, vicepresidente y director general de Novartis India.

Los partidarios de los genéricos consideran injusto que se renueven las patentes, sobre todo cuando apenas se ha modificado el medicamento en cuestión. En su opinión, los pacientes necesitados deberían tener acceso a variantes menos costosas que puede producir cualquier fabricante una vez que venza la patente.

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Marca patentada versus genérico

“Una gran mayoría de los indios tienen que pagar los medicamentos de su bolsillo y no pueden costear productos de marca”, puntualiza Durisch, de la Declaración de Berna. Los pacientes desfavorecidos reciben atención médica gratuita en algunos estados del país, incluidos los fármacos recetas. Sin embargo, se ha generalizado la idea de que la calidad de los genéricos es inferior.

“Los hospitales gubernamentales reparten genéricos, pero disponen de muchas marcas para quienes pueden costearlas”, explica la ginecóloga y obstetra Prema Kania. Aunque la doctora, que trabaja en Bombay, no puede asegurar que los medicamentos de marca sean mejores, “sí que son más conocidos”, reconoce.

El hecho de que algunas farmacéuticas ofrezcan de vez en cuando medicamentos a precios asequibles o gratuitamente no es suficiente, sostienen ONG como All India Drug Action Network o la Declaración de Berna.

“Dado que el Estado no puede pagar semejantes precios y el Gobierno indio quiere aumentar la distribución de genéricos, las multinacionales del sector recurren a técnicas de marketing agresivas para tratar de adjudicarse el beneplácito de los médicos y de las clínicas privadas”, explica Patrick Durisch. Y algunas de estas tácticas “no son moralmente éticas”, opina.

Ranjit Shahani, de Novartis, considera que el acceso a una sanidad asequible es tarea de todos. “Sin embargo, se responsabiliza únicamente a las farmacéuticas, cuando los medicamentos representan poco menos del 15% del coste sanitario per cápita. El resto corresponde a hospitalizaciones, diagnósticos, intervenciones quirúrgicas y honorarios médicos”.

A ello se suma que la política sanitaria en la India varía de un estado a otro. Algunos disponen de suficiente presupuesto para responder a las necesidades de los pacientes, mientras otros fracasan en el intento.

Regresamos al King Edward Hospital de Bombay. La joven pareja que espera su primer hijo para octubre tiene buenas noticias. La madre solo necesita ácido fólico para curar la deficiencia de hierro. Cada comprimido cuesta una rupia, un tratamiento muy barato.


(Traducción: Belén Couceiro), swissinfo.ch

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