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SEGURO DE DEPENDENCIA ¿Quién pagará el cuidado de las personas mayores?

Un cuidador trata la herida de una persona mayor

Un enfermero limpia la herida de un paciente en la residencia de ancianos Langgrüt de Zúrich.

(© Keystone / Christian Beutler)

En 20 años la generación del baby boom habrá alcanzado la edad en la que necesite ayuda. El coste de esta atención se multiplicará por dos, y el dinero ahora ya no llega. ¿Debería contar Suiza con un seguro obligatorio de dependencia para hacer frente a este “tsunami gris”?     

La Sra. Müller tiene 86 años, se ha caído durante un paseo y se ha roto la cadera. Después de su ingreso en el hospital, ya no puede vivir sola y tiene que ir a una residencia de ancianos. Viuda desde hace un tiempo, la Sra. Müller está contenta porque tiene compañía. Sin embargo, su economía le preocupa.  

Hasta ahora esta pensionista ha vivido bien con una pensión de 4 800 francos del seguro de vejez y supervivencia (AHV/AVS, por sus siglas en alemán/francés) y de su caja de pensiones. Pero el asilo cuesta 8 973 francos al mesEnlace externo. El seguro médico y el cantón únicamente cubren 1 660 y 1 405 francos, respectivamente.

Gráfico cuánto cuesta la estancia en una residencia de ancianos en Suiza
(Kai Reusser / swissinfo.ch)

No obstante, si la Sra. Müller vive muchos años más –lo que todo el mundo espera–, antes o después tendrá que vender su casa. Y si su hija gana más de 120 000 francos al añoEnlace externo, como consecuencia de la obligación de manutención, tal vez tenga que contribuir a los gastos en vez de heredar una casa.  

Personas almorzando en una residencia de la tercera edad

Las personas mayores tienen que hacerse cargo de la asistencia en todo aquello que no forma parte de la atención médica.

(© Keystone / Christian Beutler)

Ahorrar no sirve de nada

Este ejemplo ficticio –con cifras objetivas para Suiza– muestra que los costes de asistencia consumen todo el patrimonio privado. Para el 60% de quienes viven en una residencia de ancianos en SuizaEnlace externo, la pensión no es suficiente para cubrir los gastos de alojarse en una residencia de ancianos.

“En Suiza, no tenemos una buena solución para financiar los cuidados”, dice Carlo KnöpfelEnlace externo, profesor de Trabajo Social en la Escuela Técnica del noroeste del país. “Las prestaciones necesarias para envejecer bien tienen que abonarlas las propias personas afectadas”.

De la misma opinión es Thomas GächterEnlace externo, profesor de Derecho de la Seguridad Social en la Universidad de Zúrich. “Los costes de asistencia destruyen el patrimonio, lo que equivale a expropiar a los herederos. La señal es catastrófica. “Somos tontos si ahorramos, porque no podremos dejar ese dinero a nuestros hijos”. Recuerda que cuando la gente no tiene interés en ahorrar, el Estado también sufre. Bismarck ya se dio cuenta de ello. “Necesitamos ciudadanos que tengan algo que perder. Ellos sostienen al Estado”.

Una cuidadora le lava los pies a una señora en una residencia de ancianos

Los gastos de alojamiento en una residencia de ancianos tienen que abonarlos los propios residentes.

(© Keystone / Christian Beutler)

Los gastos se disparan

Los gastos de los cuidados no son solo un problema privado, sino también estatal. En los próximos 10 - 25 años, el número de personas que necesitarán cuidados de larga duraciónEnlace externo y el gasto públicoEnlace externo correspondiente se duplicarán con creces, según diversas previsiones. Hay quien habla de un “tsunami gris” que barrerá Suiza.

¿Quién pagará la factura? Otros países confían en el seguro de dependencia. En el año 2000, Japón introdujo un sistema de seguro de dependenciaEnlace externo que cubre hasta el 90% de los gastos. El seguro se financia a partes iguales con las cotizaciones de los asegurados y de los contribuyentes.

Desde 1995, Alemania (dentro de su sistema de seguro de enfermedad) cuenta con un seguro obligatorio de dependencia, que cubre en torno al 50% de los costes hospitalarios. Se financia con las cotizaciones salariales: la mitad la paga el empleado; la otra mitad, la empresa.

La rica Suiza espera

En Suiza no existe un seguro obligatorio de dependencia. “Aquí, las prestaciones complementarias desempeñan el papel de un seguro de dependencia”, explica Carlo Knöpfel.

Las prestaciones complementarias se introdujeron en 1966 como complemento del AHV/AVS (seguro estatal de vejez y supervivencia). Las personas mayores tienen derecho a las prestaciones complementariasEnlace externo si su pensión no cubre las necesidades básicas, algo que ocurre muy pronto si están en una residencia de ancianos. En 2017, 322 800 personasEnlace externo en Suiza se beneficiaron de prestaciones complementarias (al AHV/ AVS, al seguro de invalidez IV/AI o a los subsidios por discapacidad). Esta cifra representa a cerca del 16% de las personas jubiladas. La proporción de beneficiarios de las prestaciones complementarias llega hasta el 50% en las residencias de ancianos.

Thomas Gächter añade que, “hace unos años, el Parlamento de manera deliberada decidió aligerar la carga de las compañías de seguros de salud y que el coste de los cuidados se financiara a través de prestaciones complementarias, en vez de introducir un seguro de dependencia”. Gächter teme que el sistema fracase. “Cuando la generación del baby boom necesite cuidados, los costes se dispararán”, dice.     

Es difícil encontrar la solución ideal

Para Thomas Gächter, la cuestión delicada del seguro de dependencia es saber quién asume los costes. Hay toda una serie de propuestas, pero todas caen en la misma trampa. El profesor señala que el sistema actual del seguro médico de primas por persona para muchos es insostenible. “No sé cómo, pero está claro que tenemos que hacer algo y todos lo sabemos”, dice.  

Como ideal, Carlo Knöpfel imagina una doble solución. “El cuidado seguirá siendo financiado por las prestaciones complementarias, pero de una manera más generosa. Y la asistencia podría financiarse a través de un subsidio de invalidez reestructurado y más espléndido”. En cualquier caso, el Estado es quien entraría en conflicto con el dinero de los contribuyentes.

Contar más con la ayuda de las familias

En lo que a la atención en el domicilio se refiere, Carlo Knöpfel cree que Suiza podría inspirarse en el modelo holandésEnlace externo, que se basa en pequeños equipos autogestionados de atención que va a las casas a ocuparse de las personas mayores, idealmente con la ayuda de vecinos, amigos y familiares.

A diferencia de los países del sur de Europa, donde las personas mayores principalmente son atendidas de forma privada, en Suiza los hijos adultos a menudo ayudan a los padres que lo necesitan, pero no de forma intensiva. Contrariamente a lo que ocurre en muchos países europeos, los familiares que se ocupan del cuidado todavía no reciben subvenciones o apoyo del Estado. Esta puede ser también la razón por la que en Suiza, si se compara con otros países de Europa, un número relativamente alto de personas mayores ingresa en instituciones.       

Otro escenario podría ser promover el apoyo de familiares. Esto no solo sería menos costoso, sino también del interés de las personas mayores, ya que la mayoría prefiere quedarse en su casa hasta el final de su vida.

No hay dinero suficiente para permanecer en casa

En Suiza, la mayoría de las personas mayores preferiría quedarse en su casa. Cada vez más ancianos son atendidos en sus hogaresEnlace externo por los servicios de ayuda a domicilio o se trasladan a viviendas para personas mayores. Ya casi no hay residencias de ancianos tradicionales, y sí más instituciones para quienes necesitan muchos cuidados en los últimos meses de su vida.

Paradójicamente, se ven obligadas a acudir a una residencia de ancianos las personas mayores en situación económica precaria, incluso aunque no sea absolutamente necesario. “Quienes no tienen parientes que puedan ayudarles en su día a día y que tienen muy poco dinero para pagar la ayuda a domicilio, para hacer las compras, limpiar o cocinar, por ejemplo, a menudo tienen que acudir a un organismo de pensiones, incluso si la persona interesada apenas necesita cuidados”, explica Judith Bucher, de Pro SenectuteEnlace externo. Para las compañías de seguros médicos es menos costoso ocuparse de los pacientes ingresados de manera estable, ya que los cantones cubren una gran parte de los costes.

Esta situación es insatisfactoria tanto para las personas afectadas como para el Estado. Desde el punto de vista operativo, los servicios de ayuda a domicilio y el apoyo ofrecido por las organizaciones que trabajan con voluntarios resultan mucho más baratos que las residencias de ancianos.

Fin del recuadro

Contacte con la autora @SibillaBondolfi en FacebookEnlace externo o TwitterEnlace externo.


Traducción del francés: Lupe Calvo

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