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SER GAY EN SUIZA “Ojalá pudiera llevar a mi novio a casa de mis padres por Navidad”

David Leuenberger sentado en una cafetería con un vaso de agua y un libro

Para David Leuenberger, Suiza aceptará, indudablemente, el matrimonio para todos.

(Thomas Kern/swissinfo.ch)

Sueña con casarse y –¿por qué no?– también con tener hijos. Dos derechos que la ley suiza no reconoce a las parejas homosexuales. Aunque le ha tocado luchar, David Leuenberger cree que la sociedad suiza es abierta y tolerante, y está convencido de que las leyes cambiarán. Espera que no sea demasiado tarde.

“La única forma de rechazo que he sufrido ha estado motivada por el amor de mis padres”. Esta es la mirada optimista –amable, sí, pero también dolorosa– sobre la vida y sus peligros de David Leuenberger.

En la terraza de su vivienda en el centro de la capital suiza, una hermosa noche de verano antes de que los últimos rayos de sol se escondan, este gestor de proyectos de diseño, de 30 años, cuenta con tranquilidad su historia. “En Suiza ser homosexual no es un problema. Me siento aceptado en todas partes, incluso en el trabajo. Tenemos ya igualdad, ahora deben adaptarse las leyes”, dice.

 ¿Qué significan las siglas LGTBIQ?

Este acrónimo se utiliza para designar a lesbianas, gays, personas transgénero, bisexuales, intersexuales y queer. Para definir las distintas orientaciones sexuales e identidades de género van surgiendo nuevos términos.  

Sin embargo, detrás de cada una de esas palabras se esconden historias de personas cuyas vidas a veces han resultado difíciles. Otras, sencillas. Y todas, únicas. Por eso hemos dedicamos esta serie de artículos a retratar a las personas que hay detrás de cada uno de los términos que componen el acrónimo LGTBIQ.

Queremos darles la palabra y revivir con ellas sus sueños, logros y reivindicaciones. Esta serie se publicará en suwisinfo.ch a lo largo de las próximas semanas.

Fin del recuadro

Como en toda historia, hay un escollo todavía por superar y vencer. En el caso de David esta dificultad adopta forma de distanciamiento familiar, como consecuencia de haber hecho pública su homosexualidad. “Mi madre conoció mi homosexualidad por casualidad cuando yo tenía veinte años. Me llamó inmediatamente, llorando para que fuera a casa”, recuerda.

Fue como si aquel telefonazo destruyera su mundo. Sus padres no entienden. Intentan que su hijo razone. Creen que va por el mal camino. Piensan que él puede elegir cambiar y “volver a la norma”.

A la incomprensión le sigue un silencio ensordecedor. Y cuando ese silencio se prolonga se convierte en tabú. “Durante 10 años no hemos vuelto a hablar de ello. Evitamos el tema. Cuando trataban la homosexualidad en la tele, me sentía angustiado. Después de abandonar el hogar familiar, cuando veía a mis padres seguía estando tenso”. Un conflicto latente que afecta profundamente a la relación con sus padres y que le aleja de una familia que para él tiene gran valor.

“Me sentí ‘normal’”

Cuando se cuestiona su orientación sexual, hacia los 12 años, no puede imaginar estas dificultades. “Tenía la impresión de que todo el mundo era como yo, y me sentía completamente ‘normal’”. Luego surgen las dudas y preguntas que no paran de dar vueltas en su cabeza. ¿Cómo y dónde encontrar respuestas? “La primera vez que tuve frente a mí a una persona homosexual fue en un ‘reality show’ de televisión. Nadie antes me había hablado de la homosexualidad”.

La llegada de internet, sin embargo, abre todo un abanico de posibilidades. “Como todos los jóvenes de mi edad, empecé a charlar en ‘chats’. Entonces me di cuenta de que lo que para mí era normal, en realidad no lo era, y que yo no era el único en esta situación”, cuenta David.

Con el paso del tiempo, las dudas desaparecen y dejan paso a las evidencias. Los primeros encuentros; el primer amor. Siempre en silencio; hasta las clases de inglés en el instituto. “Tuve que hacer una presentación sin entender nada en inglés. En mitad de la clase me eché a llorar. No podía parar a pesar de que el profesor fue a buscar a mi mejor amiga a otra clase. Fue la primera vez que pude decirle a alguien que soy homosexual”. Desahogo infinito.

 La reacción de mis padres estaba motivada por un gran amor. Querían protegerme

Fin de la cita

“Desde los 18 años, fuera del círculo familiar, nunca he intentado esconderme”, señala. Sin ser militante, jamás ha ocultado su homosexualidad: ni en el trabajo ni con los amigos. “Nadie en absoluto ha tenido una reacción negativa. Mis amigos lamentaron no haberlo sabido antes para poder apoyarme”, recuerda.

¿Matrimonio para todos, también en Suiza?

Este joven bernés no teme a los desafíos –deportivos o personales– y al mismo tiempo muestra una gran sensibilidad. Así lo ve su entorno. “Detrás de este conquistador a la caza de resultados se esconde alguien sensible que necesita afecto y al que le encanta estar rodeado”, dice Isaline Mercerat, una amiga de la infancia.

Hoy vive su vida libremente y sueña con casarse. Quizá, también con tener hijos. “Suiza finalmente dirá ‘sí’ al matrimonio para todos, igual que ha aceptado con retraso el derecho de las mujeres a votar. Mi único temor es que el cambio llegue demasiado tarde para que yo pueda disfrutarlo”. Explica que muchos niños ya han crecido en familias arco iris, lo que debería tranquilizar a los escépticos.

David mira constantemente su teléfono. En la era de las redes sociales, los encuentros se hacen, casi exclusivamente, en la red. “Mientras que entre los heterosexuales Tinder no se ha hecho popular hasta hace poco, hace tiempo que la comunidad gay usa internet cuando quiere encontrar una pareja seria”, dice. Para él, los bares y discotecas gay no cuentan tanto.  

Romper el hielo

Los hombres homosexuales siguen viviendo con mayor riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual. Un riesgo que obliga a ser más precavidos. “Como parto del principio de que todo el mundo puede ser seropositivo, me protejo de manera sistemática. Tengo la impresión de que ocurre menos con los heterosexuales; más preocupados por un embarazo no deseado”.

Detrás del deseo de compartir su vida con alguien se esconde otro sueño. “Ojalá pudiera hablar libremente con mis padres sobre mi novio e invitarlo por Navidad, igual que hace mi hermano con su novia”. Ya ha conseguido romper el hielo hablando con ellos sobre su vida. Y, a pesar de que el diálogo sigue siendo difícil, ahora es posible. “Mantengo la esperanza y espero que un día podamos estar tan cerca como lo estuvimos en el pasado”, concluye.

David mira su pasado con optimismo. “Es importante entender que la reacción de mis padres estaba motivada por un gran amor. Me querían y querían protegerme”.

Suiza e Italia con retraso

Suiza no reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin embargo, el 1 de enero de 2007 introdujo la pareja de hecho (solo para parejas del mismo sexo), una especie de ‘PACS en versión light’ [Pacto de Solidaridad Civil, en Francia]. Pero los derechos y deberes resultantes no son los mismos que los de un matrimonio civil, sobre todo en lo relativo a la reproducción asistida o a la naturalización facilitada del cónyuge. A las parejas homosexuales, en general, no les está permitida la adopción, aunque a partir de enero de 2018 las personas inscritas como pareja de hecho podrán adoptar al hijo de su pareja.

El debate en torno al matrimonio entre personas homosexuales podría reanudarse en Suiza después de que Alemania (en un tiempo récord) haya legalizado el matrimonio para todos. En diciembre de 2013 ya se publicó una iniciativa parlamentaria en ese sentidoEnlace externo que sigue pendiente todavía.

Italia también tiene, desde hace poco más de un año, una unión civil abierta tanto a las parejas homosexuales como heterosexuales. Pero, como en el caso de Suiza, los derechos no son los mismos. Y la ley todavía tampoco permite adoptar al hijo de la pareja.

En Francia, por el contrario, las parejas homosexuales pueden casarse y adoptar niños, desde mayo de 2013. Sin embargo, esta ley ha sido objeto de numerosos debates y ha encontrado mayor resistencia que en otros países europeos.

(Texto: Stefania Summermatter)



Traducción del francés: Lupe Calvo

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