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#GenerationE: los jóvenes emigrantes “Me gustaría poder decir: de aquí no me muevo más"

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Lorena Cruzado dejó Madrid cuando la economía española iba viento en popa. Hoy vive y trabaja como diseñadora gráfica en Suiza, un país donde se siente muy a gusto. Tiene claro que es más afortunada que sus compañeros que se quedaron en España. Aun así, la incertidumbre del futuro le preocupa.



¿Volver a España? Lorena Cruzado no lo descarta, pero solo si tiene asegurado un sueldo digno.

¿Volver a España? Lorena Cruzado no lo descarta, pero solo si tiene asegurado un sueldo digno.

(zVg)

El salto a Suiza ha sido una bocanada de aire fresco para Lorena Cruzado. Esta española llevaba ya quince años fuera de su país –en Dinamarca donde compaginaba estudios y trabajo– cuando en 2015 se mudó a Lausana con su pareja. Cambió el ‘perfecto’ país escandinavo por Suiza y asegura que no volvería atrás. Hoy reside en Renens, a quince minutos en coche de Lausana, la capital del cantón de Vaud.  

"Los suizos no son en absoluto tan fríos y cerrados como se les pinta desde España"

Fin de la cita

Lorena trabaja a media jornada como diseñadora gráfica y tiene su oficina en un centro de ‘coworking’. En este espacio compartido “somos casi todos extranjero”, dice. Y de sus compañeros suizos se ha llevado una grata sorpresa: “No son en absoluto tan fríos y cerrados como se les pinta desde España. Al menos aquí, en la parte francesa, son muy abiertos”.   

Su empleo no le quita más de veinte horas semanales. No envidia a sus amigos que se quedaron en España, el país con el mayor porcentaje de desempleo juvenil en Europa: “Los pocos que consiguieron trabajar en lo que han estudiado tienen empleos precarios y mal pagados. La mayoría, de hecho, o se han ido fuera o trabajan en otros sectores”. Y casi todos los que están fuera, admite, “estamos muy bien”.

En 2007, cuando estalló la crisis económica en España, Lorena llevaba ya seis años en el extranjero. No es una de los 270 000 españoles que, según las estimaciones más conservadoras, han abandonado el país desde 2008. Pero tiene mucho en común con ellos. Se fue en cuanto tuvo la oportunidad y desde entonces ve desde fuera, con algo de amargura, cómo el momento de volver parece no llegar nunca.

Erasmus le cambió la vida

“Me fui en 2001... y sigo fuera de España”, confiesa. Dejó Madrid cuando la economía española atravesaba una etapa “brillante”. El Producto Interior Bruto crecería el 20% en los seis años siguientes y no se empezaría a hablar de crisis hasta 2008. ¿Para qué irse?

“Todo empezó con el [intercambio] Erasmus en Dinamarca”. En Aarhus, una ciudad –la segunda más grande del país después de Copenhague– que a menudo huele al plástico de las industrias químicas que la rodean. Allí Lorena completó sus estudios de Filología Inglesa, pero decidió no seguir por ese camino. “Me quedé 15 años que no fueron nada fáciles”. La situación laboral “es una maravilla”, pero “hasta conseguir un buen trabajo he tenido que trabajar en fábricas o limpiar en casas”, recuerda.

El cambio a Suiza, cuenta, ha sido a mejor. Hasta Lausana la llevó la relación con su actual marido, un danés que conoció tras el Erasmus. “No vine a Suiza por elección, sino porque mi pareja consiguió un puesto para hacer el doctorado en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL)”. Ella no echa de menos ni Dinamarca ni España: “Ahora vivo en un entorno único, puedo coger un tren y perderme entre los montes en pocos minutos”.

Un sueldo digno

A pesar de que Suiza no forma parte de la Unión Europea, Lorena notaba más hastío hacia los extranjeros en Dinamarca, que sí es país miembro: “En alguna ocasión me gritaron por la calle al darse cuenta de que no hablaba danés”. Desde que vive en Suiza nunca le ha pasado nada parecido. No habla francés y las veces que intenta hacerse entender en ese idioma ve cómo “los suizos aprecian el esfuerzo, se nota que están acostumbrados a estar en contacto con personas de otros países”.

A España ya va casi solo como turista, de vacaciones o a ver a su familia: “El hecho de estar lejos cambia totalmente las relaciones con familiares y amigos. Algunas se enfrían y tienes que ser capaz de construir otras. Por suerte, vivir en el extranjero te enseña a conocer a gente aunque no domines el idioma”.

Lorena reconoce que los precios en Suiza son prohibitivos. Como la mayoría de los extranjeros en el país alpino, vive de alquiler y no se plantea comprar vivienda. ¿Quizás porque piensa regresar a España? “Para volver tendría que cambiar, ante todo, la situación laboral. Debería haber sueldos dignos. Cada vez que me planteo volver y hablo con amigos que están en España... me entra la depresión”.

Comparte así una inquietud con muchos expatriados: “Más allá de volver o no, lo que más me preocupa es no saber dónde estaré dentro de unos años”. La inseguridad y la movilidad laboral que caracterizan a los jóvenes trabajadores europeos hacen que sea difícil echar raíces de forma definitiva: “Me valdría con saber que puedo decir: ‘vale, aquí me quedo ya para siempre, de aquí no me muevo más’”. 

Contactar al autor vía Twitter @danielegrassoEnlace externo

Daniele GrassoEnlace externo es un periodista italiano que reside en Madrid. Desde 2013 trabaja para el ‘El Confidencial’, donde ha creado y dirige el departamento de periodismo de datos. Ha colaborado en varias investigaciones periodísticas internacionales, entre ellas LuxLeaksEnlace externoSwissLeaksEnlace externo y Enlace externoPanama Papers. En 2014 participó en The migrant filesEnlace externo, un proyecto internacional de periodismo de datos sobre emigración en Europa. Es miembro del equipo de Generación EEnlace externo, el primer proyecto ‘crowdsourcing’ de historias sobre jóvenes que emigran en Europa. Este artículo está basado en datos recopilados por Generación E.

Fin del recuadro

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