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Editorial


Debate sobre la muerte: Suiza como ideal del suicidio




La posibilidad de decidir la propia muerte ocupa a la humanidad desde la antigüedad. El suicidio más famoso de la historia es 'La muerte de Sócrates'. La pintura de Jacques Louis David (1748-1825) realizada en 1787. (akg-images)

La posibilidad de decidir la propia muerte ocupa a la humanidad desde la antigüedad. El suicidio más famoso de la historia es 'La muerte de Sócrates'. La pintura de Jacques Louis David (1748-1825) realizada en 1787.

(akg-images)

La autodeterminación es esencial y el último argumento en el debate sobre el suicidio asistido de enfermos terminales o personas cansadas de vivir. Una práctica muy utilizada y aceptada en Suiza. Esta posición liberal no deja ver en el exterior que el debate sobre el suicidio asistido es recurrente en este país.

Suiza es uno de los países más progresistas en el tema. De allí que haya una explosión del denominado turismo de la muerte, debido a que el derecho al suicidio para los ancianos prácticamente no está reglamentado. Esta posición liberal no permite ver que en Suiza también hay debates intensos – políticos, religiosos, sociales y éticos – sobre cuestiones fundamentales en torno a la eutanasia: ¿Puede darse fin a la vida humana en situaciones de emergencia? El debate sobre la prohibición del turismo de la muerte es recurrente.

En Suiza existen organizaciones especializadas en la ayuda al suicidio como Dignitas o Exit. Para ellas, esa tarea es “el último derecho humano”. Una persona solicita ese acompañamiento para morir porque no puede por sí solo alcanzar su objetivo.

La voluntad del paciente tiene derecho prioritario. Y el deseo de morir debe ser respetado, sin juicios morales. El político de Glarus This Jenny, por ejemplo, decidió su suicidio asistido en el hospital de su cantón. Los medios informaron al respecto, pero dieron una imagen algo simplista, al presentarlo como una personalidad capaz de defender su decisión independiente hasta el final.

El paso al suicidio de gente conocida se refleja en los medios siempre de ese modo. La libertad de quitarse la vida – aceptada, por así decirlo, por una instancia externa y, por consiguiente, con dignidad; y no como antes, despreciada sobre todo por los creyentes – se presenta como un logro. Y en este contexto Suiza es la meca.

Pero la realidad es otra, como se observa en los cuidados paliativos, que intentan abordar la muerte o el deseo de morir de modo transparente y sin tabúes. Otro camino en lugar del suicidio que puede ser difícil de sostener para los familiares, mientras que para el paciente significa un acto muy ambivalente hasta el final. ¿Quiero irme o no? 

¿Cómo procede la ley y los círculos concernidos?

Cada cantón suizo reglamenta la asistencia al suicidio.

Cada vez más residencias para personas mayores permiten la libertad de morir.

Exit realizó en 2014 583 acompañamientos suicidas; 60 de ellos en asilos.

En Basilea, por ejemplo, las residencias pueden decidir si aceptan este procedimiento.

En el Valais, católico, las organizaciones de ayuda al suicidio no tienen acceso, pero no existe una ley que las prohíba.

En hospitales cantonales, como por ejemplo, el de Lausana, se practica la muerte asistida. También en los centros de atención para ancianos en la ciudad de Zúrich. 

Cierto, la decisión el paciente es el juicio supremo, pero ese deseo debe ser claro, y no siempre es así. Justo aquí interviene el acompañamiento paliativo. La experiencia muestra que el deseo de morir disminuye a medida que avanza la enfermedad, pero también gracias a las explicaciones al paciente y su adecuado acompañamiento. De esta forma, en ese momento de debilidad, no está solo para tomar una decisión.

Si las personas afectadas se implican en este proceso puede ser sorprendente el desarrollo subsecuente: la claridad de pensamiento y la reconciliación se estimulan y los temores se reducen, comenta la teóloga y pastora Susanna Meyer Kunz en una entrevista con el diario grisón ‘Bündner Tagblatt’.

Hay personas cansadas de vivir, ancianos que sienten haber vivido “lo suficiente”. Pero para muchos, la cuestión llega abruptamente en la plenitud de sus vidas con el diagnóstico de una enfermedad incurable. En ese momento diversos factores influyen en el deseo del paciente, como la opinión de terceros, los valores personales, las creencias o los miedos. De allí que sea aún más necesaria la cuidadosa tarea de identificar si su voluntad toma realmente en cuenta todo ese contexto tan complejo sobre su destino final.

Los cuidados paliativos nos son la panacea, pero permiten que una sociedad instruida tenga un discurso transparente sobre la muerte. Un debate que le debemos a la sociedad, tal y como ocurre con la cuestión del derecho a la autodeterminación. La ayuda al suicidio tiene una imagen demasiado positiva en Suiza. Pero existen otras formas de morir con un alto grado de humanidad en un momento de total dependencia, en lugar del vaso con veneno y el mero ejercicio de la autonomía.

Cuando la independencia absoluta de nuestra existencia al final no significa otra cosa que un acto suicida, entonces es urgente cuestionarnos en Suiza al respecto. El suicidio asistido no puede, en ningún caso, volverse una simple rutina.

¿Qué opina? ¿El suicidio asistido es un derecho humano fundamental y éticamente justificable o debe limitarse este derecho a la autodeterminación?

Ayuda a la muerte en Suiza

Eutanasia pasiva: la muerte se induce por la interrupción de un tratamiento.

Eutanasia activa indirecta: los médicos aceleran la muerte con fuertes dosis de analgésicos, sin dar de beber al paciente.

Suicidio asistido: El médico ayuda al paciente a preparar su muerte. El paciente ingiere por sí mismo la dosis letal.

La eutanasia activa directa, en la que el médico responde a la solicitud del paciente con la administración de una inyección o un medicamento, está penada por ley en Suiza.

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(Traducción del alemán: Patricia Islas), swissinfo.ch

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