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Migraciones


Museo habitable y APP para conocer el pasado


Por Mariel Jara, Santiago de Chile


Casa-Museo de Alberto Baeriswyl Pittet, emigrado suizo, fundador del asentamiento maderero más austral del mundo en 1908. (cab)

Casa-Museo de Alberto Baeriswyl Pittet, emigrado suizo, fundador del asentamiento maderero más austral del mundo en 1908.

(cab)

Empeñada en rescatar el legado de sus antepasados suizos, la artista visual María Luisa Murillo inició un complejo proyecto de recuperación patrimonial en Tierra del Fuego. Tras 12 años de intensa labor, logró restaurar la antigua casona patronal de su bisabuelo, convertirla en museo habitable y crear una aplicación tecnológica que permite recorrerla virtualmente.

No es nada fácil llegar a Puerto Yartou, antiguo caserío ubicado en la costa suroeste de Tierra del Fuego, en el extremo sur de Chile. Saliendo desde Punta Arenas (capital de la región) se debe abordar un transbordador que recorre durante dos horas y media las gélidas aguas del Estrecho de Magallanes, luego continuar en vehículo doble tracción por escarpados 225 km. y atravesar una zona boscosa. Sólo entonces es posible encontrar las tierras escogidas por Alberto Baeriswyl Pittet para vivir y fundar, en 1908, la factoría maderera más austral del mundo. Y probablemente, una de las más modernas de la época.

Entre 1908 y 1940 ese lugar fue un asentamiento maderero que llegó a tener entre 300 y 500 habitantes, siete aserraderos, viviendas para trabajadores, una escuela, una lechería, dos muelles y línea de tren.

“A principios de 1900, mi bisabuelo comenzó a viajar por mar hacia la isla de Tierra del Fuego y encontró en ella, específicamente en la zona que hoy se conoce como Puerto Yartou, una bahía excelente para el atraque de embarcaciones, un buen lugar para comenzar con su negocio maderero”, precisa María Luisa Murillo, artista visual, fotógrafa y principal impulsora del proyecto de recuperación patrimonial de este lugar.

Una vez instalada, la factoría comenzó a abastecer a la región - incluyendo a la Patagonia argentina- de todo tipo de partes y piezas de madera para la industria y la construcción. Vivió una época de gran esplendor. Pero la crisis mundial de 1929, unida a factores regionales, afectaron fuertemente el desarrollo de la industria forestal magallánica. En 1936 Baeriswyl decide vender su empresa y cinco años después, también sus tierras. Finalmente, el lugar queda abandonado.

“Solo a través de la investigación y el recuerdo de nuestros antepasados hemos podido revivir la historia de la factoría maderera”, señala María Teresa Böhm, madre de María Luisa y nieta de Alberto Baeriswyl. 

En 2004, madre e hija viajaron a Puerto Yartou para conocer el estado real de aquel lugar. “Quedaban alrededor de 15 construcciones, a punto de la destrucción total. Fue ahí que sentimos la necesidad de tratar de salvar esa historia que se estaba perdiendo”, relata María Luisa.

Comienza entonces un largo trabajo de recopilación de documentos, fotografías y bibliografía para reconstruir la historia del sitio y su fundador. Escrituras públicas y un inventario de los muebles de la Casa Administración en 1935 permitieron conocer en detalle cómo era el interior de la vivienda. También cuentan con numerosas fotos tomadas por Alberto  durante las faenas que se realizaban en la factoría. “Pienso que él estaba consciente de la importancia de lo que estaban haciendo”, señala María Luisa.

En forma paralela, buscaron fuentes de financiamiento, las que comienzan a llegar a partir de 2008, tanto del lado chileno -mediante fondos públicos para el fomento de la cultura y las artes- como del suizo, a través del gobierno, el cantón de Friburgo y la Embajada de Suiza en Chile.

Vivir (en) el museo

Con el tiempo, María Luisa se fue dando cuenta que su proyecto inicial, convertir la casona en un museo tradicional, era poco viable debido a las distancias y el aislamiento del lugar. “Era complejo invitar gente al museo y no tener dónde alojarlos. El proyecto tuvo que cambiar, de otra forma no iba a funcionar”, explica.

Asesorada por diversos expertos en disciplinas como arquitectura, museografía, historia magallánica, artistas y escritores, reorienta su idea inicial. Por un lado, convierten la casa patronal en un museo-habitable, donde los visitantes pueden quedarse hasta 5 días, acompañados de guías bilingües. En su interior, la exposición fotográfica con códigos QR permite profundizar en la información, con relatos de expediciones europeas, la historia de los pueblos originarios, la fauna y flora de la zona, entre muchos otros temas.

Y por el otro lado, junto a especialistas en diseño y programación web, desarrollan una aplicación informática que permite recorrer el lugar en forma virtual, conociendo su historia, geografía y muchos datos recolectados durante sus investigaciones.

El concepto detrás de estas dos formas de abordar la Casa Alberto Baeriswyl (CAB) es que el espectador viva una experiencia integral y multisensorial, ya sea habitando la casa-museo y conociendo en ‘terreno’ cómo vivieron los primeros colonos suizos  o, desde la aplicación, navegando con libertad a través de los contenidos, imágenes y sonidos.

Un gen colono. Un gen suizo.

Mirando a la distancia, estima que el trabajo iniciado en 2004 ha sido una verdadera odisea, de alguna manera comparable a la que vivió su bisabuelo. Admite que en ocasiones, seguir adelante  se hacía tan complejo que varias veces se cuestionó si seguir o no con su proyecto. Finalmente, la respuesta siempre fue positiva:

“Fuimos tenaces y de a poco fuimos logrando nuestros objetivos. Sin duda, este es un proyecto ambicioso, por lo grande  y difícil. Por lo mismo, estamos muy orgullosas de lo que hemos alcanzado. Obviamente, las dificultades que vivió mi bisabuelo fueron más duras aún. Ahora tenemos tecnología y otras comodidades que antes no había. Pero el espíritu colono existe todavía entre nosotros. Me emociona pensar en ello. Es lindo sentir que se hereda esa fuerza creadora. Quizás el gen suizo está en ser trabajador, perseverante y tenaz”.

Y ya convencida, agrega que “definitivamente, hay un gen colono en nuestra sangre, de otro modo, no hubiésemos podido hacer este proyecto. Hemos vuelto a habitar estas tierras con una nueva mirada, respetando el entorno, aprendiendo de los errores del pasado, rescatando sus aciertos. Ha sido un trabajo muy enriquecedor, agotador por cierto. Pero estamos muy contentas con el resultado”.  

App CAB (Casa-museo Alberto Baeriswyl)

Es una aplicación gratuita y trilingüe diseñada para dispositivos ipads y desarrollada por la Fundación Suiza en Puerto Yartou para la Casa-Museo Alberto Baeriswyl. El guión multimedia de la aplicación integra textos, fotografías, audios, ilustraciones, videos e imágenes 3D que muestran la historia del territorio austral y la épica de su poblamiento, desde los pueblos ancestrales hasta la historia de un asentamiento industrial al borde del estrecho de Magallanes llamado Puerto Yartou. 

A través del portal español rusticae.com, es posible agendar visitas al museo habitable. “Nuestro proyecto calza perfecto con la línea de turismo de intereses especiales, que ofrece cultura y patrimonio”, señala Murillo.

140 años de la colonización suiza

El lanzamiento de la aplicación CAB fue parte de las actividades efectuadas a fines de octubre en la ciudad de Punta Arenas (3090 km al sur de Santiago) con motivo de la conmemoración de los 140 años de la llegada de los primeros colonos suizos a la región de Magallanes (Patagonia chilena). Al encuentro asistieron miembros de las comunidades suizas residentes en Chile y Argentinas y delegaciones suizas, representantes del cantón de Friburgo (lugar de origen de los colonos) y el embajador de Suiza en Chile, Edgard Doerig, entre otras autoridades.

“Recibimos muy buenos comentarios de la APP durante su presentación, en medio de las actividades de celebración de los 140 años de la inmigración suiza a Magallanes. La gente valoró mucho el gran trabajo que hay detrás. También les llamó la atención el diseño gráfico y encontraron muy innovadora la forma de mostrar los contenidos  de la APP (recursos audiovisuales, programación y el 3D), comenta María Luisa. 

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