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Serie emigración (parte 4)


Los diferentes rostros de la inmigración en Europa




La inmigración centra el debate político en Europa y varios países cuestionan la libre circulación de personas. Los perfiles de los inmigrantes varían mucho de un país a otro. Panorama y análisis en gráficos.

Hace más de 14 años que el acuerdo de libre circulación de personas entre Suiza y la Unión Europea (UE) entró en vigor. Gracias a él, los ciudadanos suizos y comunitarios pueden estudiar, trabajar y jubilarse en cualquier país miembro de la UE o de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, Suiza Noruega, Liechtenstein e Islandia). La libre circulación de personas es una de las cuatro libertades fundamentales de la UE garantizadas por el mercado común, junto con la libre circulación de bienes, capitales y servicios.

Tanto en Gran Bretaña como en Suiza se cuestiona la libre circulación de personas. Los ciudadanos han manifestado su voluntad de que se regule mejor la inmigración.  Como quedó mostrado en capítulo precedente de la serie de swissinfo.ch sobre el tema, la migración en el Viejo Continente es ante todo intraeuropea y, lógicamente, se ve favorecida por la libre circulación de personas.

El gráfico más arriba ilustra que el saldo migratorio varía mucho de una región a otra. No sorprende que los países y las regiones más ricas sean las que más inmigrantes atraen. Suiza, Alemania, Austria, Reino Unidos, así como las naciones escandinavas tienen un saldo migratorio positivo.

En 2015, en todos los Estados miembros de la UE y la EFTA había más de 37,7 millones de ciudadanos extranjeros, lo que equivale al 8% de la población total. Más del 45% de ellos tenían la nacionalidad de otro país miembro.

Una gran proporción de los inmigrantes proviene del sur y el este de Europa. Los rumanos y polacos juntos representan cerca del 30% de la población extranjera en la UE y la EFTA, pero los perfiles de la inmigración varían mucho de un país al otro. El siguiente gráfico desglosa la nacionalidad de los inmigrantes en los distintos países europeos.

Varios estudios han mostrado que la libre circulación de personas tiene un efecto globalmente positivo para los países de acogida. Contrariamente a lo que pretenden algunos populistas, por lo general los inmigrantes aportan más de lo que cuestan al Estado.

Menos evidentes, en cambio, son los beneficios de la libre circulación en los países de origen de los emigrantes. Según un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI), la fuga de los trabajadores más jóvenes y mejor formados puede frenar el crecimiento tanto económico como demográfico en los países del este europeo.

Contacte al autor vía Twitter @duc_qn


Traducción del francés: Belén Couceiro

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