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SwissLeaks


El escándalo HSBC causa indignación en el Parlamento




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El pasado 18 de febrero, tras las revelaciones de SwissLeaks, la fiscalía ginebrina registró la sede de la sucursal suiza del HSBC, el mayor banco europeo. (AFP)

El pasado 18 de febrero, tras las revelaciones de SwissLeaks, la fiscalía ginebrina registró la sede de la sucursal suiza del HSBC, el mayor banco europeo.

(AFP)

Mientras la justicia ginebrina ha ordenado una investigación sobre el HSBC de Ginebra por blanqueo agravado de capitales, las revelaciones de SwissLeaks reabren interrogantes sobre la autoridad supervisora del mercado financiero. Varios diputados exigen explicaciones al Gobierno.

“Quisiera saber, ante todo, desde cuándo la Autoridad Supervisora de los Mercados Financieros (FINMA) estaba al tanto de la existencia de estos datos. ¿Qué medidas de vigilancia adoptó en el caso del HSBC? ¿Hay otros bancos implicados?” Son preguntas que Daniel Vischer se propone trasladar al Gobierno suizo. Además del diputado del Partido Ecologistas Suizo (PES), el Partido Socialista (PS) también ha decidido plantear una serie de cuestiones y preguntas, durante la actual sesión del Parlamento suizo, sobre el escándalo que salpica a la sucursal ginebrina del banco británico.

SwissLeaks

El mes pasado, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación publicó los resultados de una amplia investigación, según la cual el HSBC de Ginebra organizó un vasto sistema de estructuras transnacionales, entre ellas trust y sociedades pantalla, para ayudar a la clientela a evadir impuestos o blanquear dinero.

Entre 2006 y 2007, los capitales opacos en las cuentas de la sucursal ginebrina del banco británico sumaban más de 180 000 euros, que pertenecían a más de 106 000 personas físicas y 20 000 personas jurídicas.

Las revelaciones de SwissLeaks han indignado a varios miembros del Legislativo, y no solo a los de la izquierda. Según el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, el HSBC puso en pie, al menos hasta el año 2007, una vasta estructura financiera transnacional que permitió a decenas de miles de clientes evadir impuestos o blanquear capitales. Entre ellos figuran políticos, industriales y estrellas del espectáculo, pero también potentados, traficantes de armas y drogas, mafiosos y personas que financian el terrorismo.

Estos datos, que sustrajo ilegalmente el exinformático del HSBC, Hervé Falciani, llegaron hace tiempo a manos de varios Estados. Algunos países ordenaron una investigación sobre el banco y los clientes sospechosos de violar las respectivas legislaciones nacionales. Según la prensa, hace al menos cinco años que FINMA estaba en posesión de la denominada ‘lista Falciani’. Una investigación abierta en 2010, sin embargo, se limitó a verificar que el HSBC hubiera adoptado medidas de seguridad adecuadas para evitar la fuga de datos – y, por tanto, la violación del secreto bancario – en lugar de indagar las actividades opacas del banco.

Una mera advertencia

La autoridad de supervisión rechaza las acusaciones. “FINMA no disponía de los datos concretos del caso Falciani, solo recibió información del HSBC sobre el volumen y el tipo de los datos. Además, FINMA no depende de datos robados para llevar a cabo su labor”, indica Tobias Lux. Según el portavoz de FINMA, a raíz del caso Falciani la autoridad supervisora reforzó considerablemente la vigilancia del HSBC en materia de blanqueo de dinero. En el marco de los dos procedimientos abiertos al HSBC, FINMA descubrió que el banco había violado normas de la autoridad supervisora, tras lo cual le pidió que renunciase a entablar nuevas relaciones de negocio con personas políticamente expuestas (PEP). Desde entonces, el HSBC ha cambiado fundamentalmente de estrategia y de organización, y actualmente no hay indicios de una infracción de la antiblanqueo, precisa Lux.

Justicia ginebrina

Tras las revelaciones de SwissLeaks, el Ministerio Público de la Confederación renunció a abrir una investigación sobre el HSBC alegando que no podía basarse únicamente en artículos de prensa y datos sustraídos ilegalmente.

La fiscalía de Ginebra, en cambio, ordenó el registro de las oficinas del banco y la apertura de una investigación penal por blanqueo agravado de capitales. En las últimas semanas también se han abierto investigaciones en Francia y Bélgica.

En Reino Unido, el número uno del banco Stuart Gulliver – citado a declarar ante una comisión parlamentaria – ha pedido perdón por los “métodos inaceptables” que utilizó en el pasado la sucursal en Ginebra y por la falta de controles y reglas.

La investigación de FINMA concluyó en 2011 con una simple advertencia al banco de que se habían detectado “lagunas en la organización interna y en el control de las actividades informáticas”. Demasiado poco, sostiene Daniel Vischer, como confirman las revelaciones de SwissLeaks. “FINMA debe comunicar ahora de qué informaciones disponía efectivamente y si las transmitió al menos al Ministerio Público de la Confederación. No entiendo por qué no se emprendieron acciones concretas contra el HSBC”.

Yves Nidegger, diputado de la Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora) defiende el ‘modus operandi’ de la autoridad supervisora. “Siempre se culpa a FINMA de no hacer lo suficiente. Pero hay que poner las cosas en su justo sitio: Hasta hace poco, la evasión fiscal no era delito en Suiza, a diferencia del fraude. En los últimos años, la situación cambió de forma extremadamente rápida: Suiza se ha adherido al acuerdo multilateral de intercambio automático de información y a las nuevas normas del GAFI en materia de blanqueo de dinero. Pero no se puede pretender que la FINMA sea profeta y adivinase estos cambios”.

Revisar las normas

Suiza ha aceptado solamente en los últimos años atenerse a los estándares internacionales contra la evasión fiscal, pero hace mucho tiempo que presumía de disponer de normas antiblanqueo entre las más avanzadas a escala mundial. Las revelaciones de SwissLeaks causan, por tanto, cierta perplejidad en el Palacio Federal: entre los clientes del HSBC figuraban supuestamente muchos potentados, miembros de su clan, barones de la droga y financiadores del terrorismo.

“Es muy preocupante. En aquella época los delitos fiscales aún no estaban contemplados en la ley antiblanqueo. Sí lo estaban, en cambio, delitos como la financiación del terrorismo o el narcotráfico. Por tanto, debemos saber exactamente por qué no notificaron a las autoridades supervisoras del mercado financiero estos delitos. Pues si hay lagunas en el ámbito de la vigilancia, entonces tenemos que replantearnos el mecanismo en su conjunto. Esto sería un tanto embarazoso, porque el Parlamento acaba de aprobar, a finales de 2014, una nueva revisión de las normas antiblanqueo”, declara Christophe Schwaab, diputado socialista. 

Caso Falciani

Las revelaciones conocidas como SwissLeaks se basan en gran parte en los datos que sustrajo al HSBC Hervé Falciani, informático del banco hasta 2008.

En 2014, el Ministerio Público de la Confederación denunció a Falciani, aún fugitivo, por espionaje económico cualificado, apropiación ilícita de datos, violación del secreto comercial y del secreto bancario.

La ministra de Justicia y Policía, Simonetta Sommaruga, declaró el lunes pasado que Falciani no podrá comparecer como testigo en el Parlamento sin antes declarar ante la justicia suiza. El diputado socialista Cedric Wermuth ha presentado una demanda en ese sentido.

Yves Nidegger, sin embargo, no comparte esta opinión: “En el caso hipotético de que el HBSC no informara a las autoridades de vigilancia sobre los casos sospechosos de blanqueo, el banco sería punible. Pero esto no significa que haya que revisar la ley. No porque alguien mate a su suegra hay que revisar el Código Penal”.

Plataforma de blanqueo

Para la Asociación Suiza de Banqueros, las revelaciones sobre el HSBC constituyen un caso aislado. Daniel Vischer lo pone en duda: “Cada vez que sale a la luz un caso, el mundo bancario afirma que se trata de una excepción. Así ocurrió cuando el UBS se vio bajo investigación en Estados Unidos por haber ayudado a miles de clientes a evadir impuestos. Luego, una decena de bancos suizos terminaron en la mira de la justicia estadounidense y ahora hay muchos otros que corren el riesgo de ser sancionados en Estados Unidos. La verdad es que desde hace tiempo se sabía que la plaza financiera ginebrina servía de plataforma para evadir impuestos y blanquear capitales”.

A juicio de Vischer, si en Suiza se hubiera intentado esclarecer los datos que contenía la lista Falciani, varios otros países, entre ellos algunos vecinos, habrían tenido que rendir cuentas. Ahora, en cambio, Suiza se encuentra sola bajo los focos de la comunidad internacional. “Desde la perspectiva legal, creo que Suiza está dando los pasos justos para estar en regla con los estándares internacionales y ser excluida de las listas negra y gris. Otro cantar es la reputación, aquí queda mucho por hacer”, coincide Christophe Schwaab.

Para Yves Nidegger, sin embargo, “Suiza ha aceptado el intercambio automático de información, o sea el grado máximo de colaboración a escala internacional. No veo, por tanto, qué más se puede exigir de nuestro país. Si Suiza sigue siendo blanco de ataques internacionales, es más bien porque nuestra plaza financiera provoca cierta voracidad en otros países y este apetito no se calmará mientras los bancos suizos alberguen muchos capitales”.


Traducción del italiano: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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