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Talentos suizos


Entrenamiento para ser los mejores: campeonato de aprendices


Por Jo Fahy, Berna


Una muy dura competencia, mucho público y la presión del tiempo hacen que solamente los muy buenos puedan participar en el torneo de aprendices.  (flickr.com_SwissSkills Bern 2014)

Una muy dura competencia, mucho público y la presión del tiempo hacen que solamente los muy buenos puedan participar en el torneo de aprendices. 

(flickr.com_SwissSkills Bern 2014)

La élite del sistema suizo de aprendizaje compite una vez al año por la mejor posición en su campo. Es el escaparate de un modelo de carrera del que otros países toman nota, pero que requiere continuar su evolución.  

“¿Cuánto tiempo me queda?”, grita un aprendiz de panadero mientras arroja cucharadas de crema en un tazón.

“¡20 minutos!”, responde alguien de entre la multitud. El adolescente es uno de los muchos que buscan ser coronados como el mejor aprendiz de Suiza en su área durante el ‘Swiss Skills’, campeonato que se lleva a cabo en Berna, capital helvética, por espacio de cuatro días.  

Alrededor de 155.000 personas, en su mayoría adolescentes, acudieron para observar a los chocolateros estrella y a los diseñadores de moda del futuro sudar bajo la penetrante mirada de los jueces y la multitud.

En Suiza, alrededor de dos terceras partes de los jóvenes optan por convertirse en aprendices, en lugar de seguir una ruta puramente académica para su futura carrera. Hay aprendizajes para todas las áreas, de panaderos a carniceros, de limpiadores a albañiles.

Popularidad con los empleadores

El sistema de formación de aprendices, al contrario de muchos otros sistemas en el extranjero, no es un camino sin salida para los jóvenes”, explica el profesor Stefan Wolter, director gerente del Centro Suizo de Coordinación para la Investigación en la Educación (CSRE), a swissinfo.ch.

Wolter se refiere a la gama de opciones que existe para los aprendices al término de su formación. Pueden continuar su educación al nivel terciario o ir a una universidad de ciencias aplicadas, por ejemplo.

Suiza tuvo una tasa media de desempleo juvenil de 3,4% en 2013, y otros países están interesados en la posibilidad de adoptar el modelo helvético de formación dual.

La realización de ‘SwissSkills’, coincidió con el Congreso Internacional sobre Formación y Educación Profesional, que atrajo a especialistas en educación de todo el mundo.

Entre los presentes, una comitiva de Estados Unidos con “la segunda dama”, Jill Biden (esposa del vicepresidente, Joe Biden), una profesora de un centro de estudios superiores, con un Doctorado en Educación. Durante una visita a la empresa manufacturera Bühler, manifestó que “me impresionó saber que el 80% (de los aprendices) continúan trabajando en Bühler después de la formación, y que otras empresas también se benefician, creando un efecto de eco”.

Y para que eso funcione, la voluntad de participación de los empleadores es uno de los factores clave, de acuerdo con Wolter.

“Lo hacen porque es rentable para ellos, pero lo hacen de forma colectiva, lo que es importante”. El aprendizaje sigue un marco conjunto, lo que permite a los jóvenes aplicar sus conocimientos en cualquier empresa dentro de la industria.

Valentin Vogt, presidente de la Confederación Suiza de Empleadores, está convencido de la pertinencia de dar acceso a los aprendices.  

“El Gobierno proporciona la educación, las empresas ofrecen los puestos de trabajo y las asociaciones suministran básicamente el contenido de la educación. Al final, si se suman los costos y la rentabilidad, se obtienen ganancias”.

Cualquier oficio puede ser aprendido

Los participantes en la competencia de ‘Swiss Skills’ son la élite del sistema suizo. Algunos destacan en campos muy específicos. 

Para la mayoría de personas que efectúan labores de limpieza, esa es una mera tarea al deseable tiempo parcial, pero para Anette Lanz, la satisfacción de una habitación limpia ha hecho que convierta esa actividad, su ‘hobby’, en su futuro.

Lanz está en el primero de un aprendizaje de tres años como limpiadora de edificios. En un rincón de la sala de exposiciones del concurso, responde con entusiasmo las preguntas de los jóvenes. Atraídos por una máquina de limpieza de suelos, se acercan a preguntar a la chica por qué hace esas tareas.

“Es agotador, pero es divertido. Trabajas en equipo, siempre estás en movimiento, ves un montón de mundos de trabajo diferentes y realmente trabajas con la gente”, narra a swissinfo.ch.

Es una revelación para adolescentes que vienen de todas partes del país, unos para mirar la competencia entre los mejores aprendices, otros para ver qué aprendizaje podrían elegir.

Martin Dürrenmatt, estilista, se convirtió en campeón del mundo al ganar diversas medallas en la competencia internacional del ramo en Frankfurt, en mayo pasado.

Este joven de 23 años participó primero como aprendiz en un concurso local para coronarse después en justas nacionales y convertirse finalmente en campeón mundial al nivel profesional. 

“¡Mucha gente supo de mí, leyeron sobre mí en revistas y periódicos ... eso fue muy bueno para mí!”

El sistema de aprendizaje y las competiciones de alto nivel dieron a Dürrenmatt la oportunidad de demostrar lo que podía hacer ante un amplio público. “Es una muy buena oportunidad para conocer gente y formar una red”.

“Es muy útil para cualquier trabajo. En las competiciones se aprende mucho sobre las técnicas… la preparación… cómo trabajar en situaciones cotidianas de estrés... sin importar qué trabajo tengas”.  

Una revisión del sistema

Los aprendizajes necesitan mantenerse al ritmo de los acontecimientos del mundo laboral.  

Cuando la ley de formación profesional fue revisada hace diez años, el objetivo era que la cifra de los diferentes aprendizajes fuera comparable.   

“El cambio más importante fue que nos permitió reformar el sistema mucho más rápido que antes”, precisa Wolter a swissinfo.ch.

Alinear las habilidades de trabajo con las prácticas modernas solía llevarnos hasta una década, agrega. “Tenemos alrededor de 230 ocupaciones diferentes  que se pueden aprender y ahora pueden ser reformadas y adaptadas a los diferentes retos y avances en un lapso de entre tres y cinco años”.

Aunque el número de jóvenes que optan por la formación en el puesto de trabajo se ha mantenido bastante estable en los últimos años, profesionales de la educación y empresarios reflexionan sobre el reto de asegurar que los adolescentes mantengan el interés en la formación vocacional.

Alrededor de 5.000 puestos de aprendizaje son ocupados cada año, según Vogt, lo cual, dice, será “un problema a largo plazo”.

“Tenemos una tendencia al aumento en el número de personas que quieren ingresar en el mundo académico, lo que creo que es un problema, porque en última instancia, los niños no se hacen más inteligentes. Lo que va a pasar es que el nivel será reducido, lo que no es bueno para los académicos ni para el sistema de educación profesional”, apunta Vogt a swissinfo.ch.

Hacer del sistema suizo un punto de referencia internacional, una estructura que otros países emulen, es clave para muchos especialistas en educación profesional en Suiza, incluyendo a Wolter.

“El 30 o 40% de los directivos más importantes (en Suiza) son extranjeros, así que tienen que estar convencidos de que este es un buen modelo”. 

Ley de la Formación Profesional

La ley suiza de formación profesional fue revisada en 2004. Establece que la responsabilidad de la educación y la formación vocacional y profesional debe ser compartida a través de los niveles federal y cantonal, con las organizaciones profesionales.

Define el financiamiento e introduce nuevos cursos.

Según la Oficina Federal de Estadística, unos 60.000 concluyeron un programa de formación y educación profesional en 2013. Dividían su tiempo entre el aprendizaje en el aula y la obtención de experiencia práctica en una empresa.

En 2011, más del 71% de los jóvenes concluyó la educación secundaria superior con un diploma profesional, tras haber seguido un programa de formación vocacional. 


Traducido del inglés por Marcela Águila Rubín , swissinfo.ch

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