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Trabajadores birmanos


Avances lentos en los derechos laborales




Marzo de 2013: protesta popular contra la extracción de cobre en la región de Sarlingyi, al noroeste de Myanmar. (Reuters)

Marzo de 2013: protesta popular contra la extracción de cobre en la región de Sarlingyi, al noroeste de Myanmar.

(Reuters)

Birmania, hoy Myanmar, ha aunado esfuerzos para mejorar las condiciones laborales y la sociedad civil gana dinamismo. Pero se podría hacer mucho más, porque muchos trabajadores no conocen sus derechos, explica la experta Htwe Htwe Thein.

Htwe Htwe Thein es profesora asociada de Economía y Estrategia Internacional en la Curtin University de Perth, en Australia. Sus trabajos se centran en el comercio internacional y las inversiones en Myanmar. En las declaraciones remitidas a swissinfo.ch, analiza la situación actual en el país asiático y las reformas que ha emprendido el gobierno civil que tomó posesión en 2011, tras varias décadas de dictadura militar.

swissinfo.ch: ¿Cuáles son los principales problemas en el mundo laboral en Myanmar?

Htwe Htwe Thein: Algunos patrones niegan la libertad de asociación a sus empleados. Estos empleados tienen que trabajar muchas horas seguidas, a las que se suman horas suplementarias obligatorias. También hay graves problemas sanitarios y de seguridad, sobre todo en la industrial minera y de manufactura.

Esencialmente, los trabajadores no conocen sus derechos ni saben a quién dirigirse. Incluso entre los funcionarios del gobierno hay gente que desconoce cómo afrontar los problemas laborales.

swissinfo.ch: El trabajo forzado e infantil, la represión de las manifestaciones en los alrededores de grandes proyectos (presas, minas,….) no son una realidad nueva en el país. ¿Ha habido alguna mejora significativa?

H.H.T.: Tardaron en lograrlo, pero ahora los activistas pueden organizar protestas y hacer oír su voz, algo que en el pasado estaba prohibido. Los trabajadores y activistas deben intentar ser más eficaces. Por ejemplo, cuando organizan una manifestación de protesta o quieren presentar una queja justificada ante los ministerios.

swissinfo.ch: La inversión extranjera en Myanmar crece exponencialmente. ¿El gobierno está en condiciones de gestionar este flujo de capital de modo que beneficie a la población?

H.H.T.: Los inversores ansían operar en esta nueva economía del sureste asiático que, al menos por el momento, ofrece perspectivas más que interesantes. El gobierno a su vez necesita inversión extrajera para llevar a cabo proyectos de desarrollo, sobre todo en el ámbito de las infraestructuras, la sanidad, la educación y la producción manufacturera.

Desafortunadamente, las instituciones económicas son débiles. En el pasado, no había una aplicación coherente de la ley. Aun así, hay un aspecto positivo: en el país emerge una sociedad civil más activa, que incluye a ambientalistas y sindicalistas. Además de este activismo, las ONG internacionales observan de cerca a Birmania e intentan fomentar actividades económicas y comerciales responsables.

swissinfo.ch: Varias ONG han pedido que las empresas extranjeras respeten el medio ambiente y los derechos humanos. ¿Cuál es su valoración, algo más de un año después de que se levantaran las sanciones internacionales?

H.H.T.: Cuando las sanciones aún estaban en vigor, los activistas a favor de la democracia solicitaban que no se invirtiera en Birmania, debido a las violaciones de los derechos humanos que cometió el precedente gobierno militar y el trato que recibían la líder de la oposición [Aung San Suu Kyi] y su partido. Ahora se han revocado las sanciones y los activistas piden que se invierta con responsabilidad y se sopese dónde y con quién se hacen negocios.

Las empresas estadounidenses están obligadas a presentar informes al gobierno de Washington que acrediten una actuación ética y responsable. Esto afecta en especial a las sociedades del sector del petróleo o del gas, donde los inversores extranjeros tienen que trabajar en estrecho contacto con las autoridades.

Dadas las lagunas en los órganos de reglamentación y la aplicación de la ley, las empresas extranjeras deben atenerse a sus propios códigos de conducta, incluso cuando las normativas locales no prevén una obligación en este sentido. Las sociedades tienen que colaborar con el gobierno y las ONG. Así, los activistas pueden seguir de cerca las actividades de una empresa en Myanmar y en su país de origen. Y esto puede resultar positivo para la población birmana.

¿Fin del trabajo forzoso?

Birmania es uno de los pocos países en el mundo donde las autoridades imponen el trabajo forzoso. Se trata de una práctica muy difundida, sobre todo, en las zonas rurales.

En cualquier momento, el ejército o las administraciones locales pueden convocar a los ciudadanos –e incluso a los niños- para ejecutar toda una serie de trabajos: construcción de carreteras, puentes, cuarteles, transporte de material,…

El trabajo, no remunerado, puede oscilar entre unas horas a varias semanas. Para sustraerse a esta explotación, una familia o un pueblo pueden pagar una especie de compensación.

Desde 2007, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) colabora con el gobierno birmano en la lucha contra el trabajo forzado.

Recientemente, el responsable de la oficina de la OIT en el país, Steve Marshall, anunció que se pretende poner fin a esta práctica de aquí a 2015.

swissinfo.ch: ¿Son suficientes los esfuerzos del gobierno de Rangún?

H.H.T.: Podría hacer mucho más para fomentar las inversiones responsables que pide Aung San Suu Kyi. La nueva ley de inversión extranjera constituye un paso en la buena dirección. Se trata de establecer zonas en las que se puede invertir o no. Por ejemplo, fijando límites para proteger los intereses y los empleos locales.

No obstante, cuando hablamos de ‘proteger los intereses locales’ cabe ser cautelosos: la idea no es apoyar a los socios comerciales del gobierno que tienen prácticamente un monopolio en varios sectores económicos. El objetivo consiste en proteger los empleos, el desarrollo de pequeñas y medianas empresas, la cultura y el medioambiente locales.

La nueva ley laboral que ha aprobado el gobierno permite crear sindicatos, proporciona mecanismos para resolver las disputas industriales y contempla negociaciones entre patrones y empleados. El gobierno está elaborando, además, nuevas leyes sobre el salario mínimo, la salud y la seguridad laborales, entre otras.

swissinfo.ch: Ahora se trata de ver si estas leyes se van a aplicar…

H.H.T.: Es el gran interrogante. También habrá que observar si los patrones, funcionarios y los propios trabajadores se atienen a las leyes. La adopción de reglamentaciones estrictas en materia laboral y medioambiental representa un concepto bastante nuevo en Myanmar. Y lo es para todos, incluidos los funcionarios públicos y los órganos encargados de aplicar la ley.

swissinfo.ch: ¿Cómo valora la colaboración entre Myanmar y la Organización Internacional del Trabajo (OIT)?

H.H.T.: La colaboración ahora es estrecha. La OIT ha prestado asistencia técnica al gobierno para establecer las nuevas reglamentaciones en los ámbitos laboral e institucional. En varios aspectos, la OIT desempeña un papel único en el país, ya que puede investigar de forma independiente las acusaciones de trabajo forzado. Aunque reconoce que el gobierno ha avanzado considerablemente en este último punto, la OIT sigue preocupada e intenta que la situación mejore.

La colaboración con la OIT es sumamente importante. Si quiere recuperar una imagen positiva en el seno de la comunidad internacional, Myanmar tiene que demostrar avances concretos y afrontar la cuestión de los derechos humanos y de la violación del derecho laboral.


(Traducción del italiano: Belén Couceiro), swissinfo.ch



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