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Tras el acuerdo de Lausana


Suiza se prepara para hacer negocios con Irán




Se vislumbra un rayo de esperanza sobre Teherán: El acuerdo nuclear terminaría también con las sanciones económicas impuestas en su contra. Y en otras latitudes también los ojos están puestos en el mercado iraní. (Dietmar Denger/laif)

Se vislumbra un rayo de esperanza sobre Teherán: El acuerdo nuclear terminaría también con las sanciones económicas impuestas en su contra. Y en otras latitudes también los ojos están puestos en el mercado iraní.

(Dietmar Denger/laif)

Aun cuando el acuerdo sobre el programa nuclear de Irán no es una realidad, ya crecen las esperanzas del sector económico occidental, para volver a hacer negocios con ese país. También en Suiza.

Con el acuerdo marco en materia nuclear alcanzado en Lausana entre las potencias con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU (G5+1) e Irán, crecen las posibilidades de que se llegue a un arreglo sobre los detalles más delicados del esperado acuerdo global para limitar el programa nuclear de Teherán.

Todo esto a cambio del retiro de algunas sanciones impuestas por Estados Unidos, Europa y Naciones Unidas a los sectores financiero y energético de ese país asiático. De este modo, la confianza en que se alcance un acuerdo nuclear aumenta también fuera de los círculos diplomáticos: Los sectores económicos occidentales buscan, incluso por vías oficiales, establecer contacto con Irán, que por años ha enfrentado la presión política y económica de Estados Unidos y de otros países occidentales. 

Acuerdo marco sobre programa atómico

Los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania alcanzaron, a principios de abril, en la ciudad suiza de Lausana, un acuerdo marco en materia nuclear con Irán.

Teherán aceptó limitar y someter a la observación internacional su programa nuclear, para demostrar el carácter pacífico del mismo. Con ello, las sanciones impuestas contra Irán deben suspenderse.

El acuerdo concluido sienta las bases para uno definitivo, que debe concretarse de aquí a  finales de junio. 

La reacción no sorprende. Irán - con su riqueza en gas y petróleo y sus casi 80 millones de habitantes, entre ellos excelentes especialistas y una numerosa clase adinerada-, promete un potencial económico interesante para los negocios, en caso de que las sanciones se levanten.

En Suiza, la Secretaria de Estado de Economía (seco) envía aún en este mes a Teherán a una delegación compuesta por representantes económicos, bajo la dirección de Livia Leu, responsable del centro de prestaciones ‘Relaciones Económicas Bilaterales’. El objetivo: Averiguar las perspectivas coyunturales. “Queremos saber cómo se imagina el Gobierno de Teherán los siguientes pasos hasta la conclusión de las negociaciones y después de la supresión de las sanciones”, indica Leu, delegada del Gobierno para acuerdos comerciales y hasta 2013 fue la embajadora de Suiza en la capital iraní.

Pero Livia Leu no dice nombres de aquellos que la acompañan. “Además de colaboradores de seco, participan representantes de diversos sectores de la Federación de Empresas Suizas economiesuisse. La delegación se reunirá con representantes gubernamentales y económicos. 

Negocios discretos

También subsiste la actitud reservada a las preguntas de los medios dirigidas a las empresas helvéticas de los sectores farmacéutico, alimenticio, industrial, relojero y de la maquinaria, activas en Irán y que no se vieron afectadas por las sanciones.

Además de Pymes helvéticas, en Irán también están presentes multinacionales como Nestlé, Holcim y Novartis. Un representante de este consorcio farmacéutico participa en la delegación.

Novartis tiene una oficina de representación en ese país y un contrato con una empresa local para la elaboración ‘in situ’ y la distribución y venta. Novartis afirma que se compromete en Irán a “dar acceso a medicamentos con el estricto respeto de las sanciones económicas y las reglas dictadas por los Estados Unidos, la Unión Europea y Suiza”.

Pero sobre la forma en que se realizan las transacciones económicas en Irán, que está excluido del sistema internacional de transacciones interbancarias SWIFT, el gigante de Basilea prefiere no pronunciarse. “No damos a conocer detalles financieros”.

Bühler SA, con sede en Uzwil, San Gall, tiene representación en Irán desde 1976. “Además de su sede principal en Teherán, Bühler cuenta con una unidad de producción en Astara. La presencia local permite una óptima atención a los clientes iraníes”, escribe la empresa, con más de 150 años de existencia, que en Irán vende  molinos y maquinaria destinada a la industria alimentaria. La compañía, que emplea a más de 10 000 personas en el mundo y se dedica también a la venta de componentes para la industria automovilística, electrónica y de embalajes, tampoco da información sobre cómo hace sus transferencias.

"El embargo afecta a los más pobres”

El director de la filial de Bühler en Teherán, Sharif Nezam-Mafi, también es director de la Cámara de Comercio Iraní-Suiza, de la que forman parte la mayoría de las empresas helvéticas con presencia en ese país, y que también recibirá a la delegación de seco.

“Las sanciones han afectado mucho a la economía de este rico país”, comentó Sharif Nezam-Mafi a la corresponsal de la radio suiza SRF. Cabe decir que el fin del embargo permitiría repatriar a Irán unos 100 000 millones de dólares, producto de la exportación petrolera, que están actualmente congelados en cuentas bancarias en el exterior.

Entre tanto, “la economía iraní ansía inversiones”, agregó Sharif Nezam-Mafi en sus comentarios a la SRF. Sin embargo, reconoció que gran parte de las inversiones están controladas por el Estado y “están carcomidas por la corrupción y el nepotismo”.

El embargo ha causado grandes daños, admite el director de la Cámara de Comercio Suiza-Iraní, fundada en 1976 y con sede en Zúrich. Hassan Akbarzadeh, de origen iraní, vive desde hace 40 años en Suiza.

“Las sanciones afectaron, sobre todo, a los más desfavorecidos, provocándoles mayor pobreza; en cambio aquellos con más recursos no han resultado tan perjudicados”, indica el otrora vendedor de alfombras, que vuelve con regularidad a su país.

En general, para la mayoría de los iraníes las relaciones privadas y profesionales se volvieron más complejas y onerosas con las sanciones, explica Hassan Akbarzadeh a swissinfo.ch. Con frecuencia, solo tener relación con Irán puede significar que se trate a una persona de modo sospechoso, añade.

La imposibilidad de transacciones bancarias por el embargo es un asunto que afecta a la vida privada y de negocios de los iraníes.

La mayoría de los pagos pasan por Estados terceros, como Dubái o Turquía, precisan los representantes de sendas Cámaras de Comercio. Pero no hay confirmación alguna por parte del sector financiero.

Akbarzadeh indica que el Banco Cantonal de Zúrich fue durante un tiempo uno de los bancos más condescendiente ante el problema de las transferencias. Sin embargo, la institución financiera explica a swissinfo.ch que “debido a las sanciones de la ONU y de la UE, desde 2010 se retiró completamente del mercado iraní”. 

Sanciones contra Irán

El Gobierno de Suiza aplicó en 2007 las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y decretó sanciones contra Irán. En 2011 adaptó su régimen de medidas coercitivas al de su principal socio comercial, la Unión Europea. En 2012, las reforzó y, en 2014, las suspendió puntualmente.

Esas restricciones conciernen principalmente al suministro de armamento, tecnologías y bienes de doble uso (civil y militar). También se prohíbe el abastecimiento de ciertos bienes destinados a la industria del gas y del petróleo y para la explotación de diamantes.

Los servicios financieros y otras actividades comerciales relacionadas con esos bienes también están prohibidos. Además, los fondos de ciertas personas, empresas y organizaciones fueron congelados. 

De este modo, el tráfico de pagos sigue siendo el principal obstáculo al comercio con Irán, confirma la embajadora Livia Leu.

Aun cuando Suiza y la UE adoptaron sanciones menos duras que EEUU, el embargo de Washington en los últimos 35 años también ha afectado indirectamente a las relaciones económicas entre Suiza e Irán. Desde el punto de vista de Washington, las empresas deben decidir entre Irán y EE.UU. para hacer negocios.

Los bancos suizos han tomado en cuenta ese factor en sus análisis de riesgos. “La mayoría rompió toda relación con los establecimientos iraníes, incluso con aquellos que no están en la lista de afectados por las sanciones”, observa la diplomática helvética.

Por otra parte, Irán ocupa la posición 144 de 177 del Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional (TI). Pero no es el único aspecto que preocupa a los inversionistas.

“La corrupción es un fenómeno mundial”, responde Livia Leu a la pregunta de cómo invertir en Irán sin resultar afectado o señalado. “En el marco de la OCDE se han establecido fundamentos para evitar la corrupción, los mismos que seco transmite a la iniciativa privada helvética para sus actividades comerciales internacionales”.

En definitiva, los intereses económicos estarán en primera línea del viaje de la delegación suiza a Teherán, asegura Leu, cuestionada sobre la posibilidad de abordar el tema de derechos humanos. Pero, gran conocedora del país, no excluye que otros asuntos surjan en las conversaciones. O al menos, salten a la vista, como ocurría cuando era la embajadora de Suiza en Teherán. “Las mujeres iraníes siempre me decían cuanto apreciaban que Berna enviase una mujer a Teherán, una señal clara de la igualdad de género”. 


Traducción del alemán: Patricia Islas, swissinfo.ch

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