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Un misterioso inversor


¿Quién está especulando con acciones del banco central suizo?




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El Banco Nacional Suizo opera como una sociedad anónima y no es propiedad del Estado.   (Keystone)

El Banco Nacional Suizo opera como una sociedad anónima y no es propiedad del Estado.  

(Keystone)

Un incógnito comprador acumula una significativa cantidad de acciones del Banco Nacional Suizo, lo que ha llevado el precio de cada título a 2 000 francos suizos (2 046 dólares), el doble de su valor a principios de 2016. Una estrategia que podría ser riesgosa para quien la emprendió.

Una súbita fiebre de adquisición de títulos del banco central suizo ha despertado el interés de la prensa helvética, que se pregunta quién podría tener tal interés en estos títulos y por qué. Este comportamiento atípico también está dirigiendo la atención mediática hacia la poco convencional estructura del Banco Nacional Suizo (BNS).

Banco Nacional Suizo

El Banco Nacional de Suiza (BNS) está encargado de dirigir la política monetaria. Su mandato constitucional consiste en actuar en función del interés del país, concediendo particular importancia a la estabilidad de precios y a la generación de un marco propicio para un sano desarrollo económico.

Entre sus responsabilidades se cuenta también la de velar por la estabilidad del franco suizo, decidiendo a qué ritmo acumula o vende reservas de oro y divisas extranjeras.

El BNS tiene dos sedes operativas, una en Berna y otra en Zúrich, y oficinas de representación en Basilea, Ginebra, Lausana, Lucerna y Lugano.

El principal sospechoso de estas compras es Theo Siegert, un profesor y experto en negocios de origen alemán que es miembro de los consejos de administración de diversas empresas. Siegert era poseedor del 6,6% del capital social del BNS a finales de 2015, lo que le convertía en el segundo inversor más importante del banco central después del cantón de Berna.

Siegert siempre ha jugado con una gran discreción sus cartas con respecto a las inversiones que tiene en el BNS, dejando que los observadores especulen sobre si actúa exclusivamente en función de sus propios intereses, o si representa los de alguien más.

La realidad es que no se conocerá la identidad del comprador misterioso hasta que el BNS presente su informe anual (a principios de 2017), ya que este documento obliga al banco a hacer público el nombre de sus accionistas. Por ahora, el instituto central está optando por no hacer comentarios sobre los vaivenes de sus acciones.

Así, sigue en suspenso la respuesta de por qué una persona, o institución, estaría interesada súbitamente en comprar tantas acciones del banco central. El propio BNS reconoce que cada día se comercian entre 30 y 60 de sus títulos. Sin embargo, en los primeros días de octubre, el volumen diario ha sido de más de 151 acciones. Esta demanda inhabitual ha hecho que el precio de estas aumente un 86% en el mercado bursátil.

Las posibles razones

¿Por qué se multiplicaron las inversiones de gatillo fácil en el BNS en días pasados? Claramente, no se debe a la promesa de dividendos que darán a sus inversores. Las ganancias que ofrece el banco central se calculan a partir del valor nominal (250 francos suizos por título) de las 100 000 acciones en circulación, esto es, se estiman sobre un monto total de 25 millones de francos suizos (y no sobre su valor bursátil).

Por otra parte, los dividendos están limitados a un monto máximo equivalente al 6% de dicho capital, lo que puesto en números implica un rendimiento máximo de 15 francos suizos por acción.

Los mecanismos de cálculo son sofisticados, pero cuanto más paguen los inversores por cada acción del BNS, más estarán diluyendo el pago de dividendos futuros. Actualmente, de hecho, producto del auge en la demanda de títulos del BNS, la rentabilidad de los dividendos del banco es inferior al 1% (lejos del 6% máximo).

Los inversores que compran papel del BNS están apostando quizás al hecho de que el banco central ha invertido grandes cantidades de dinero durante el segundo trimestre de 2016 en empresas de alta rentabilidad, como Amazon, Apple y Facebook, entre otras.

El periodista financiero suizo, Lukas Hässig, tiene una teoría personal que publicó recientemente en el periódico ‘Tages-Anzeiger’: Quien acumula acciones del BNS espera que su nueva política de inversión genere jugosas ganancias al instituto central. Una estrategia de “fondos de cobertura” [como es conocida en la prensa suiza] que acrecentará el valor (nominal) de los títulos del banco a largo plazo, generando ganancias a quien tenga acciones del BNS.

Sin embargo, Christos Maloussis, analista del IG Bank, opina distinto. Para él, el BNS tiene claro que, al aumentar su acervo de acciones estadounidenses, el banco también genera presiones indeseables sobre el franco suizo y lo sabe. Para memoria, la estrategia de mantener un franco suizo relativamente estable en años previos le ha costado al BNS la cifra récord de 635 000 millones de francos suizos que ha destinado a la compra de valores extranjeros.

 “La idea de la estrategia del ‘fondo de cobertura’ solo tendría lógica para mí si permitiera una depreciación del franco, ofreciendo al BNS la posibilidad de cerrar posiciones (vender divisas) y obtener ganancias (cambiarias). Pero no creo que sea el caso a corto plazo”, dice Maloussis a swissinfo.ch

“Y a menos que este escenario se confirme”, sentencia, “no veo al BNS actuando como un mero gestor de activos que busca algunas ganancias. Por ello, creo que la estrategia [del comprador misterioso de acciones del BNS] es muy riesgosa”.

Propiedad inusual

Pero también podría ser que la estrategia del inversor incógnito sea simple y busque exclusivamente una posición defensiva. Es decir, esté eligiendo comprar activos de alta fiabilidad en Suiza, mercado que es un refugio financiero por excelencia en tiempos de volatilidad.

Esto podría deberse a que, a diferencia de muchos otros bancos centrales, la estructura del BNS no es común. El banco opera como una sociedad anónima –y no como una entidad propiedad del Estado– y posee la siguiente distribución accionaria: cantones (45%), bancos cantonales (15%), inversores privados o instituciones (40%).

Los derechos de voto están monopolizados por los cantones y los bancos cantonales, y el peso de los votos de inversores privados es mínimo, un candado que evita que personas o empresas puedan influir en la política del BNS. Y para asegurar el sano ejercicio de esta institución, también se ha establecido que su superávit operacional se distribuya anualmente entre los cantones (dos tercios) y el gobierno federal (un tercio).

Un sistema decidido desde que el BNS se fundó –en 1907– a partir de una estructura pensada para garantizar siempre su autonomía absoluta.


Traducción del inglés: Andrea Ornelas

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