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Vista del Parlamento tunecino, en la ciudad de Túnez, el 30 de julio de 2016

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El partido islamista radical tunecino Hizb ut Tahrir denunció este miércoles la suspensión de sus actividades durante un mes decretada por la justicia a petición del Estado, una medida que a su juicio llegó dictada desde el extranjero.

"No vamos a interrumpir" las actividades políticas, declaró en rueda de prensa Mohamed Nacer Shuija, un responsable de esta formación, legal desde 2012.

"Trabajamos a plena luz del día, en los cafés y plazas públicas, desde la época de Ben Ali y Burguiba. No desaparecemos bajo tierra y no trabajamos clandestinamente", añadió, en alusión a ambos mandatarios, Habib Burguiba y Zine el Abidine ben Ali, quienes en su época reprimieron a los islamistas.

El Gobierno actual está formado por "simples funcionarios de los colonialistas británicos y estadounidenses (...) que declararon la guerra a Hizb ut Tahrir a través del mundo para disolverlo e impedirle trabajar", acusó Mohamed Nacer Shuija.

El partido, que quiere reinstaurar un califato en el país, dio al Gobierno 30 días para revocar su decisión, sin explicar qué hará en caso contrario.

Las actividades del partido fueron suspendidas durante un mes a causa "de infracciones al decreto 2011 sobre las asociaciones", indicó el martes, sin más precisiones, el portavoz del tribunal de primera instancia de Túnez, Sofiène Sliti.

El lunes, Hizb ut Tahrir denunció mediante un comunicado el allanamiento policial de su sede.

En junio, el Ministerio del Interior prohibió el congreso anual del partido "por razones de seguridad". El Gobierno acusa a la formación de no reconocer el carácter civil del Estado.

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