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Un terremoto devastador


Haití sigue a la espera de una verdadera recuperación




En la planicie de Canaan, en las afueras de Puerto Príncipe, decenas de miles de personas sobrevivientes del terremoto viven en chabolas. (imago/Westend61)

En la planicie de Canaan, en las afueras de Puerto Príncipe, decenas de miles de personas sobrevivientes del terremoto viven en chabolas.

(imago/Westend61)

Cinco años después del terremoto que costó la vida a más de 250.000 personas en Haití, gran parte de las promesas de la comunidad internacional se han quedado en papel mojado. Si el país se mantiene a flote es, sobre todo, gracias al petróleo venezolano. ¿Por cuánto tiempo más?

12 de enero de 2010. Un fortísimo temblor de tierra sacude los alrededores de la capital haitiana, Puerto Príncipe. En pocos segundos, las viviendas de cemento y piedra sillar se desploman como castillos de naipes y atrapan en su caída a la población más pobre del hemisferio norte. El balance es aterrador: más de 250.000 muertos, 300.000 heridos y 1,5 millones de personas sin techo.

¿Edificios más sólidos?

Aunque los edificios públicos y los grandes centros comerciales se han reconstruido según normas parasísmicas más adecuadas, “el balance es mucho más mitigado” en gran parte de las viviendas privadas que suelen ser hechas por artesanos o por los mismos habitantes, subraya la Agencia Suiza para la Cooperación y el Desarrollo (COSUDE). Pese a las campañas de sensibilización y formación destinadas a los obreros, “esas mejoras se han divulgado lo suficiente” en las zonas populares, donde no se dominan las técnicas de construcción como para aplicarlas y asegurar que los nuevos edificios serán más resistentes que los anteriores”, recalca la COSUDE. Franz Duval, redactor jefe del ‘Nouvelliste’, tampoco es optimista: “Según los expertos, en cualquier momento podría producirse otro terremoto de la misma magnitud que el del 12 de enero de 2010”.

La comunidad internacional se moviliza, llega ayuda de todas partes. Hay que reconstruir Haití. Mejor aún, ‘refundar’ la primera República negra de la historia que abandona décadas de subdesarrollo y reiteradas crisis políticas, repiten los responsables políticos haitianos y los representantes de la comunidad internacional.

Cinco años después, ¿se ha emprendido ese camino? Las grandes organizaciones internacionales con una larga presencia en Haití están persuadidas de ello. “Se nota avances a pesar de la inmensidad de la tarea”, afirma el Banco Mundial. La agencia de la ONU cita los esfuerzos de reconstrucción, educación, y la lucha contra la pobreza extrema, además de ponderar que la situación política en el país es “relativamente estable” y la economía está en fase de “recuperación”.

Dudas sobre la ayuda internacional

Esta visión positiva dista mucho de ser compartida en Haití y en el seno de la diáspora. El sociólogo haitiano establecido en Suiza, Charles Ridoré, pudo constatar ciertamente algunos progresos sustanciales: ya casi no hay sectores de fortuna, gran parte de los escombros se han limpiado y las rutas están perfectamente transitables. “Los logros no son desdeñables si consideramos las esperanzas nacidas tras el 12 de enero de 2010, subraya. El Estado haitiano, ya débil y frágil antes del seísmo, no estaba en condiciones de dirigir la ayuda internacional para la reconstrucción”.

En cuanto se refiere a la comunidad internacional, a pesar de sus declaraciones grandilocuentes, no supo dar una visión de conjunto y coherencia a su acción, sostiene el sociólogo: “La ayuda no coordinada conduce a numerosas aberraciones y a la marginación de la sociedad haitiana en el proceso de reconstrucción”. El redactor jefe del ‘Nouvelliste’, rotativo de referencia en Haití, Franz Duval traza un balance similar: “El dinero se dilapidó rápidamente y, con frecuencia, a propósito”.

De los 12 000 millones de dólares prometidos tras el terremoto, solo 4.000 millones han llegado concretamente a Haití, denunció hace poco el presidente haitiano Michel Martelly.  Estados Unidos, muy influyente en Haití, ha destinado menos del 5% de la ayuda prometida. Las responsabilidades son compartidas, recalca, sin embargo, Franz Duval. “El Estado haitiano no tuvo interlocutores adecuados para recibir esa agua de mayo”, comenta.

La sanidad en segundo plano

En ese contexto, los temores se focalizan ahora en la perennidad de las operaciones ejecutadas por las organizaciones internacionales. Muy presentes tras el seísmo, muchas han hecho maletas o han reducido drásticamente su participación. Dada la ayuda de urgencia cumplida, los socios capitalistas apenas desbloquean los fondos necesarios para respaldar medidas estructurales en un país privado de recursos materiales y humanos.

Un ejemplo elocuente es el de la sanidad. Las estructuras hospitalarias en la zona afectada son reconstruidas y algunas están bien equipadas. “A menudo, desgraciadamente, no son completamente funcionales porque falta personal y material”, subraya Yves Sonnay, jefe de misión de la sección suiza de Médicos sin Fronteras.

Los fondos consagrados a la reconstrucción son insuficientes para crear un sistema de salud eficaz y de buenas prestaciones en un país donde el acceso a la sanidad no está entre las prioridades del gobierno, recalca Yves Sonnay. Respecto al cólera, importado a la isla por los cascos azules nepaleses de la ONU poco después del seísmo, ya ha causado 8 500 muertos. El gobierno carece de medios para enfrentar los brotes de esta “enfermedad de los pobres”, hoy considerada endémica.

Suiza cumple sus promesas

“Suiza ha cumplido sus compromisos financieras de apoyo a la reconstrucción postseísmo en Haití”, afirma el Ministerio de Asuntos Exteriores. Doce escuelas con capacidad para 6 490 alumnos han sido o están siendo construidas. Servirán de modelo para 60 escuelas que serán edificadas en los próximos 4 años con financiación del Banco Internacional de Desarrollo (BID). La cooperación suiza ha formado además a varios centenares de obreros en técnicas de construcción parasísmica. Ese método será integrado próximamente en el curso regular de formación de los albañiles haitianos. Una treintena de ONG han recibido asesoramiento para sus proyectos de reconstrucción.

“Dada la falta de recursos de asistencia y la carente implicación de las autoridades, tuvimos que reabrir nuestros centros para el tratamiento del cólera.  MSF paga excepcionalmente una parte de los salarios de los empleados del Ministerio de Sanidad para brindar esa asistencia”, afirma Yves Sonnay.

Despilfarro de fondos venezolanos

Otra preocupación es la fuerte caída del precio del petróleo en el mundo. Gracias a los préstamos otorgados por Venezuela en el marco de la alianza PetroCaribe, Haití pudo disponer de 1 300 millones de dólares en líquido en los últimos cuatro años. Pero el grifo está a punto de cerrarse y nadie sabe cómo rembolsará esa deuda a Caracas. “Para quedar bien con la población, el gobierno ha distribuido kits alimentarios y financiado varios proyectos sociales, aun sabiendo que esos fondos debían ser invertidos en el sector productivo”, lamenta Charles Ridoré.

Un sector productivo que no logra despegar. “En el Parque Industrial Caracol, gran promesa después del terremoto, se han creado 20 000 puestos de trabajo, aunque se esperaba que fueran 60 000. Se puede hablar de un polo de crecimiento, pero aún no de desarrollo económico”, afirma Franz Duval. Ese tipo de estructura demuestra que los países donantes quieren hacer negocios en Haití y que la ayuda no es totalmente desinteresada, sostiene Charles Ridoré. “Ese no es un problema en sí, pero de momento no beneficia a los obreros haitianos”.

Con todo, hay un sector que alberga esperanzas concretas: el turismo. Gracias a la relativa estabilidad política y la seguridad, la antigua ‘perla de las Antillas’ vuelve a atraer a los extranjeros. Algo nunca visto en 30 años. “Es uno de los sectores más dinámicos de la economía haitiana, estima Charles Ridoré. Se han reconstruido varias atracciones turísticas y han creado hoteles y escuelas hoteleras”. Pero habrá que velar por que el retorno de los turistas beneficie a los haitianos, y no únicamente a los operadores extranjeros.”

Proyectos a largo plazo

De modo paralelo a las actividades ‘postseísmo, Suiza realiza proyectos de cooperación a largo plazo en Haití, sobre todo en materia de acceso al agua potable, apoyo a la producción agrícola y protección de reservas naturales. En 2014, Suiza asignó 16,5 millones de francos a la ayuda humanitaria y cooperación al desarrollo en Haití. En los próximos años, COSUDE concentrará su atención en tres sectores: Estado de derecho y gobernanza, agricultura y seguridad alimentaria, reconstrucción y reducción de riesgos de catástrofes naturales.


Traducción del francés: Juan Espinoza, swissinfo.ch

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