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Raisa Maistrenko, superviviente de la matanza de Babi Yar, durante una visita al monumento en memoria de las víctimas el 23 de septiembre de 2016 en Kiev

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"Nos juntaron aquí y nos enviaron hacia 'el camino de la muerte'", cuenta Raisa Maistrenko, señalando con un dedo un valle de Kiev, donde murieron asesinados unos 34.000 judíos hace 75 años, en plena Segunda Guerra Mundial.

Raisa tenía 3 años cuando el 29 y 30 de septiembre de 1941 los nazis, con la ayuda de milicianos ucranianos, cometieron la atroz matanza en Babi Yar, en las afueras de Kiev.

Los alemanes, que ocuparon Kiev el 19 de septiembre de 1941, difundieron carteles escritos en ucraniano ordenando a "todos los judíos congregarse el 29 de septiembre de 1941 hacia las 8 horas de la mañana en el cruce de las calles Melnik y Dokterivska" con su documentación, dinero y ropa de abrigo. "El que desobedezca esta orden será fusilado", advertía el texto. Ellos creyeron que serían deportados.

Decenas de miles de personas, sobre todo ancianos, mujeres y niños, fueron asesinadas salvajemente con ametralladoras en un barranco.

"Todos los judíos decidieron ir creyendo que serían evacuados en tren, porque la estación de ferrocarril se encontraba cerca. Nadie podía imaginarse que habría una ejecución masiva", cuenta a la AFP Raisa, quien sobrevivió de forma milagrosa.

- '¡Soy rusa!'-

Su padre fue reclutado por el ejército soviético y ella vivía con su madre en el apartamento de sus abuelos paternos, unos ucranianos no judíos.

Cuando se publicó la orden de juntarse en Babi Yar, su abuelo intentó convencer a la parte judía de la familia para que no fueran, prometiendo que los escondería. Fue en vano.

El abuelo materno, Meer, prefirió seguir las consignas y juntó a la familia, incluidas Raisa y su madre Tsilia. La abuela paterna, una ucraniana, quiso acompañar a su nieta. Le salvó la vida.

Cuando se empezaron a escuchar disparos, la abuela se dio cuenta de que no era una evacuación sino ejecuciones. Agarró a la niña y empezó a gritar: "¡Soy rusa!". Salieron corriendo y no fueron alcanzadas por los disparos de los soldados.

"Escuchábamos gritos detrás nuestra pero mi abuela siguió corriendo todo lo que pudo y se detuvo, agotada, en medio de las tumbas del cementerio cercano", recuerda Raisa. Durante ese tiempo, 18 familiares suyos, incluida su madre, murieron en Babi Yar.

La abuela y la nieta se quedaron allí hasta el anochecer y luego volvieron a casa. Nadie las denunció.

- 'Imposible olvidar' -

"Había dos casas grandes en nuestro patio con familias con personas de varias nacionalidades, pero eran muy amigas las unas de las otras", afirma Raisa.

"Es imposible olvidar algo así", resume esta mujer de 78 años, directora de una compañía de danza para niños.

Hasta 1943 se llevaron a cabo ejecuciones masivas en Babi Yar. Murieron hasta 100.000 personas, entre ellas judíos, gitanos, combatientes de la resistencia y prisioneros de guerra soviéticos.

El drama salió a relucir en los juicios de Nuremberg (sur de Alemania), pero la URSS, de la que formaba parte Ucrania, intentó restar importancia a lo ocurrido para no tener que admitir que las víctimas eran judías.

Durante décadas se prohibieron actos conmemorativos en el lugar. Un monumento de 1976 recuerda a los "ciudadanos y prisioneros de guerra soviéticos", sin mención alguna a las víctimas judías. En 1991, un mes después de la caída de la URSS, cerca de allí la comunidad judía levantó en homenaje a las víctimas una escultura en forma de candelabro judío de siete brazos.

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