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Una vida centenaria “Fíjate, todavía sigo aquí”

Agnès Parodi ha vivido en muchos lugares, pero poco en Suiza. A sus 104 años disfruta de su vejez en la Costa Azul, en Cannes – una vejez que es todo menos aburrida.

Agnes Parodi muestra una foto de cuando tenía 22 años

Agnès Parodi nació un año antes de estallar la Primera Guerra Mundial. Aquí nos muestra un retrato de cuando tenía 22 primaveras.

(Lars Gotsch/swissinfo.ch)

“Y dos meses”, nos corrige Agnès Parodi. “Tengo 104 años y dos meses, no solo 104”. Cada nuevo día es un regalo para esta dama centenaria. “Cada mañana al despertarme me digo: Fíjate, todavía sigo aquí”.

Los días no pasan sin ton ni son para ella. Sabe aprovecharlos y llenarlos, tanto que la cita con el periodista de Suiza pasa a un segundo plano. Habíamos quedado de vernos a las doce en su casa. Pero cuando llegamos y tocamos el timbre, el interfono nos devuelve un susurro que se asemeja a un canto de grillos y se confunde con el ruido de la soleada Avenue des Coteaux.

“Cada mañana al despertarme me digo: Fíjate, todavía sigo aquí”

Fin de la cita

Agnès Parodi vive desde hace más de medio siglo en una urbanización a las afueras de Cannes. “Mi casa está en el más alto de los edificios. La encontrará sin problema”, nos explicó por teléfono. La vivienda la encontramos enseguida, pero no a su propietaria. Ha salido un momento, pero volverá pronto, nos dice el portero.

Encontró el amor en África

Han pasado veinte minutos cuando una mujer menuda se aproxima al bloque de color beige. Camina sin bastón ni andador – despacito, pero con paso firme. ¿Será ella la mujer de 104 años? Sí, sí, soy Agnès Parodi, confirma la señora. “Disculpe el retraso, tuve que ir al centro”. Nos invita a pasar a su casa. Su amiga está a punto de llegar, dice.

Es una de las numerosas amigas que Agnès Parodi tiene en la actualidad. Una suiza originaria del Tesino que vive, como ella, en el extranjero, mayor también, aunque casi treinta años más joven que Agnes. Se conocieron en Dakar.

Fue en Senegal donde Agnès Parodi se convirtió definitivamente en una suiza residente en el exterior. En 1938 se mudó a Dakar para contraer matrimonio. Había conocido a su esposo un año antes. En el verano de 1937 trabajaba como empleada del hogar en casa de un lord británico y viajaba con él, su familia y toda su corte a la Costa Azul donde pasaban las vacaciones.

“No sabría decir qué me gustó de él. Era un hombre apuesto”

Fin de la cita

Un joven apuesto

Entonces tenía 24 años y los días que libraba salía a bailar por la noche en Cannes. En un club conoció a Justin Parodi, un francés de Dakar que estaba de vacaciones en Cannes. ¿Qué le gustó de él? “No sabría decir que me gustó de él, era un hombre apuesto”, dice y suelta una estrepitosa y contagiosa carcajada. La cuestión es que estaba loco por ella y ella se sentía halagada.

Las vacaciones se terminaron y los dos se despidieron después de intercambiar sus respectivas direcciones. Siguieron en contacto y el apuesto joven, que era contable en Senegal, insistía en que le visitara en la excolonia francesa.

Agnès Parodi se dejó convencer, presentó su dimisión al lord y viajó en barco a Dakar. Se quedó tres meses en el país y al final de las vacaciones Justin Parodi le pidió matrimonio. Se casaron y vivieron 20 años en Senegal. De la Segunda Guerra Mundial apenas se percataron o solo cuando escaseaba la comida. Y es que su esposo no fue llamado a la guerra, pues había quedado dispensado del servicio militar por una deficiencia auditiva.

Agnes Parodi muestra la felicitación que recibió por su 104 cumpleaños

Agnès Parodi vive rodeada de amigos: una tarjeta de felicitación por su 104 cumpleaños.

(Lars Gotsch/swissinfo.ch)

Una casa llena de recuerdos

En el año 1961, cuando Senegal consiguió la independencia, el matrimonio se mudó a Cannes donde más adelante se comprarían una vivienda. Como no podían tener hijos, dos habitaciones eran suficientes. Agnès Parodi vive hasta hoy en ese piso.

Su vivienda denota una vida centenaria. En las cómodas reposan tarjetas de felicitación por los 100, 101, 102, 103 y 104 cumpleaños. Las paredes están repletas de fotos y arte africano. En las dos mesas y en prácticamente todas las sillas del salón hay papeles apilados. “Esto no suele estar siempre así”, explica Agnès Parodi. “Es que hace poco tuve que vaciar la cava y me traje todo a casa. Ahora estoy seleccionando lo que voy a tirar”. Pero hoy no tiene tiempo para ello. Pasa delante de los papeles apilados y se sienta en el sofá. Su amiga tesinesa toma asiento a su lado.

“Me arrepiento de una cosa. Me hubiera gustado ser cocinera”

Fin de la cita

Demasiado nerviosa para los fogones

Hace 104 años el mundo era muy diferente. En Europa llevaban la batuta los emperadores y las emperatrices. En medio la Suiza democrática y neutral, y al noreste del país, Alstätten, en San Gall. Aquí creció Agnès Coray, como se llamaba de soltera. Nació el 22 de mayo de 1913 y era hija de un carpintero y una de siete hermanos.

Con quince años se fue de casa para estudiar labores domésticas. Trabajó en varios hoteles antes de ser contratada por el lord. “Hay una cosa de la que me arrepiento”, confiesa. “Me hubiera gustado ser cocinera, como mi hermana mayor”. Pero su hermana y su padre le quitaron esa idea. “Agnes, eres demasiado nerviosa para este oficio”, le advirtieron. “Eso de los fogones y el fuego no es para ti”.

Hoy, casi 90 años después, podemos llegar a entender lo que su padre y hermana querían decir. Pese a su avanzada edad, Agnès Parodi no ha perdido un ápice de ese nerviosismo, esa impulsividad. Mientras relata su vida, salta de un recuerdo a otro, y se levanta cada dos por tres del sofá para ir a buscar algún objeto de la época. O habla por teléfono.

Agnes Parodi al teléfono

Una mujer muy solicitada: en la casa de Agnès Parodi el teléfono suena cada quince minutos.

(Lars Gotsch/swissinfo.ch)

Buenos amigos

Cada quince minutos suena el teléfono. Son llamadas de amigos y amigas que quieren charlar o quedar con ella. “Sí, tengo muchos amigos”, dice. Cada día se cita con al menos uno. “La familia te toca, a los amigos los eliges”, puntualiza. “Y yo he sabido elegir bien”. La amiga tesinesa sentada a su lado en el sofá asiente con la cabeza: “Agnes no debe tener miedo a la soledad”.

Siempre mantuvo el contacto con su familia en Suiza. Pero en los momentos difíciles se apoyó en sus amigos.

“La familia te toca, a los amigos los eliges”

Fin de la cita

Un día triste

Su esposo llevaba un abrigo negro. Agnès Parodi lo recuerda como si hubiese sido ayer. Se había dejado algo en el coche y cruzó la calle para volver. Era 15 de octubre de 1988, un día frío de otoño. Le tiembla la voz cuando lo evoca. El conductor del coche dijo que circulaba solo a 35 km/h. “Eso es mentira”, exclama. “Nadie salta por los aires cuando es embestido por un automóvil que va a 35 km/h”.

Justin Parodi murió como consecuencia de ese accidente. Faltaban pocos meses para cumplir las bodas de oro. Después de perder a su esposo, Agnès Parodi decidió no regresar a Suiza y quedarse en Cannes donde estaban su casa y sus amigos.

Agnes Parodi el día que cumplió 100 años

Agnès Parodi es una personalidad en Cannes: El alcalde de la ciudad francesa (izqd) la felicitó personalmente por su 100 cumpleaños.

(Agnès Parodi/Privatbild)

Viajar hasta que el cuerpo aguante

Y con sus amigos ha recorrido el mundo. El último viaje fue al Mar Negro, poco antes de cumplir los 100 años. “La llegada de una dama casi centenaria fue todo un acontecimiento para los lugareños”.

Pero los largos viajes pertenecen al pasado. Ahora Agnès Parodi elige destinos más cercanos. “A finales de agosto vuelo a Basilea para asistir al Congreso de los Suizos en el Extranjero (OSE), como cada año”. Y agrega orgullosa: “Soy el miembro más veterano”.

Falta de tiempo

“Bueno, una última pregunta”, interrumpe la amiga tesinesa. “Agnès tiene otros compromisos hoy”. Van a cenar juntas a un restaurante y es hora de prepararse.

Entonces, señora Parodi: ¿Hay momentos en los que se aburre? Usted vive desde hace casi treinta años sola en este piso. “No”, responde Agnès Parodi y suelta una carcajada. “No tengo tiempo para aburrirme”.



Traducción del alemán: Belén Couceiro

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