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Vacas con cuernos


Un agricultor de montaña logra un milagro democrático




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Una de las iniciativas ciudadanas lanzadas en 2015 en Suiza exige que el Estado subvencione a los ganadores que crían vacas con cuernos. Hoy, casi todas las razas bovinas no tienen cornamenta. (Keystone)

Una de las iniciativas ciudadanas lanzadas en 2015 en Suiza exige que el Estado subvencione a los ganadores que crían vacas con cuernos. Hoy, casi todas las razas bovinas no tienen cornamenta.

(Keystone)

El electorado suizo decidirá mediante votación si los agricultores reciben un incentivo por dejar intactos los cuernos de vacas y cabras. Un granjero de montaña ha conseguido convocar una iniciativa popular prácticamente sin ayuda ajena. Para lograrlo puso en juego su matrimonio y su caja de pensiones.

En un remoto lugar de la cordillera del Jura bernés el matrimonio Armin y Claudia Capaul y sus hijos regentan una pequeña granja. Las vacas y cabras en el establo de los Capaul llevan cuernos, lo que podría parecer natural, pero no lo es tanto: en Suiza suelen quemarse las cornamentas de la mayoría de las novillas para que las astas dejen de crecer. Los bovinos con cuernos necesitan más espacio porque de lo contrario se lesionarían mutuamente. Aproximadamente el 90% de las vacas suizas no tienen cuernos, cosa que entristece a Armin Capaul. En su opinión, los cuernos son importantes para el comportamiento social de vacas y cabras.

Al agricultor le molestaba que las organizaciones protectoras de los animales permanecieran inactivas. Por eso decidió emprender algo: el 6 de diciembre de 2010 escribió, junto con un compañero de profesión, una carta abierta a la Oficina Federal de Agricultura. En ella exigía que cada ganadero recibiese un franco por día como subvención por vaca que no estuviera descornada; y 20 céntimos por cabra. Cuando vio que no pasaba nada, envió cartas abiertas al ministro de Economía, Johann Schneider-Ammann, y una circular electrónica abierta a todos los miembros del Legislativo. Sin embargo, dos mociones parlamentarias sobre el tema de los cuernos no tuvieron éxito. Capaul lo atribuye a la campaña de presión de la Unión Suiza de Agricultores. Pero Capaul no tiró la toalla: el día de San Nicolás de 2013 unció tres cabras a un carrito, amarró con una cuerda una vaca y desfiló por las calles de Berna hasta la Cancillería Federal [Ministerio de Presidencia], donde presentó una petición suscrita por 18 000 personas. Pero también esta tentativa quedó sin consecuencias. 

Un milagro de la “democracia de base”

Tras estas decepciones, Capaul decidió en 2014 lanzar una iniciativa popular y creó para este fin una comunidad de intereses. “Todos decían: ¡Estás loco! Alegaban que iba a necesitar dinero y apoyo de organizaciones para llevarlo adelante”, cuenta Capaul antes de interrumpir su relato para hacer una significativa pausa. “¡Pero eso no es cierto! También es posible lanzar una iniciativa popular como particular”. Recientemente, un periodista calificó la iniciativa de “milagro democrático”, comenta Capaul, visiblemente orgulloso de su proeza. 

Pero sin dinero vil no hay nada: la iniciativa ha costado hasta ahora 100 000 francos. La mitad proviene de los donativos de una asociación en Zúrich consagrada al bienestar animal, del banco cooperativo Freie Gemeinschaftsbank y, sobre todo, de particulares. Capaul conserva una esquela en la que los allegados del difunto pedían donativos para la iniciativa en lugar de flores. Armin Capaul invirtió 55 000 francos de su patrimonio. Se trata de dinero que sacó de la caja de pensiones que comparte con su esposa. A ella no le gustó nada la idea. Capaul confiesa que estuvo a punto de dejarle por este asunto. Hoy apenas se notan rastros de esta crisis matrimonial. “Estaré contenta cuando todo esto acabe”, suspira Claudia Capaul.

Entre 15 y 20 personas colaboran en el proyecto, pero la carga principal recae sobre Armin y su familia. Su esposa contesta las llamadas telefónicas, su hija gestiona la cuenta de Facebook, otro hijo se ocupa de la página web y el tercero se hace cargo del trabajo en el establo. Capaul formuló el texto de la iniciativa con el apoyo de la Cancillería Federal. “Es gente muy amable”, dice. Los funcionarios le echaron una mano con la terminología jurídica pertinente y le corrigieron las traducciones a las otras tres lenguas nacionales.

Suizos del exterior enviaron sus firmas por correo

Capaul logró reunir cerca de 50 000 firmas por su cuenta, en lugares como los colegios Rudolf Steiner, en fiestas de la lucha suiza, en el Museo de Ballenberg, en representaciones teatrales de Guillermo Tell, en la feria otoñal de Basilea y delante de centros comerciales. Para promover la recolecta de firmas puso a disposición el formulario en su página web para que los interesados lo pudiesen descargar e imprimir. De este modo llegaron otras 20 000 firmas por correo postal, entre ellas las de no pocos suizos que residen en el extranjero, por ejemplo en Noruega, Estados Unidos y Francia. Solo al final –cuando ya no le quedaban fuerzas– contrató a profesionales que consiguieron reunir unas 30000 firmas más. Además, la controvertida asociación esotérica Alpenparlament [Parlamento alpino] decidió ‘motu proprio’ hacerse cargo de la legalización de las firmas. Y ahora ha llegado la hora de la verdad: el 23 de marzo, Armin Capaul presenta su primera iniciativa popular.

Después toca la campaña electoral. Va a ser interesante porque la poderosa Unión Suiza de los Campesinos se opone a la iniciativa. Un estudio de la Oficina Federal Veterinaria, cuyos resultados se publicarán previsiblemente a finales de año, podría echar más leña al debate. La investigación pretende esclarecer si existen diferencias en el comportamiento social entre vacas con astas, vacas descornadas y razas vacunas mochas. Capaul no quiere desvelar con qué armas intenta ganar esa lucha de David contra Goliat. Pero es optimista: solo la abolición del sufragio femenino sería capaz de frenarlo. Y es que son, sobre todo, las mujeres las que sienten compasión por los animales.

De repente llega el hijo: “Papá, ¿me acompañas esta tarde al establo?” El padre le asegura que estará listo a las seis. Antes tiene que pasar por la oficina de correos para enviar las listas de las firmas recogidas a los ayuntamientos. Capaul ha dedicado miles de horas de trabajo a la iniciativa. Trabaja delante del ordenador hasta la una y media de la noche. No está claro si podrá recuperar los ahorros retirados de su caja de pensiones, pero Armin Capaul sonríe satisfecho: “La iniciativa es una especie de bálsamo para el alma”.


Traducción del alemán: Antonio Suárez Varela

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