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Viajeros del yodel


Vaqueros y artistas trasatlánticos cantan yodel


Por Veronica De Vore


Erika Stucky (Nici Jost)

Erika Stucky es parte del movimiento de vanguardia experimental del yodel.

(Nici Jost)

¿El yodel es un llamado entre pastores, un melancólico lamento montañés o un arte? La respuesta dependerá, en mucho, de a quién y en dónde usted haga esta pregunta, dicen los seguidores de este canto a ambos lados del Atlántico.

Los jóvenes Tim Nybroten, de origen noruego, y Ed Brand, descendiente de suizos, crecieron en el asentamiento suizo de New Glarus, Wisconsin, en los Estados Unidos. Cuando iban a la escuela secundaria y conducían sus autos entre los campos de maíz escuchaban AC/DC y Boston…pero también el yodel, cantado por conjuntos suizos y por el propio grupo de New Glarus.

Hoy, Nybroten y Brand son partícipes activos del club de yodel de New Glarus. Ambos lo cantan a la manera más tradicional, empleando el dialecto suizo-alemán, que han aprendido con ayuda de sus colegas del grupo musical, de origen helvético.

Por su parte, Bart Plantenga, investigador y DJ radiofónico interesado en este tipo de canto indica que la tradición del yodel llegó a Estados Unidos con la inmigración de los grupos menonitas y los colonos suizos, que se establecieron principalmente en regiones de Pennsylvania, Wisconsin, Indiana y Virginia occidental. Sobre el tema ha escrito dos libros.

No obstante, otros cantos similares aparecieron en los campos occidentales del paisaje nortemericano, incluido México. Plantenga explica que existe una cierta controversia entre los conocedores musicales sobre si esas vocalizaciones también pueden incluirse en el yodel. En su opinión, se trata de versiones "más duras", si se comparan con el canto helvético. “Al principio, este canto era el llamado del vaquero y los que lo utilizaban, probablemente se influenciaron entre sí para desarrollar este estilo musical”.

“En Estados Unidos existe [aún] algo llamado ‘hollerin’, el primo rudo del canto tirolés. No todos los conocedores coinciden en que se trata del canto alpino, pero si bien menos melódico, contiene el mismo cambio de voz”, explica Plantenga.

Adaptaciones

¿Cómo este modo de comunicación campirano se transformó en un canto melodioso, al grado de influir en la música popular estadounidense? Según Plantega, este cambio inició cuando los compositores clásicos de la música popular exploraron las tradiciones europeas para insertarlas en sus propias composiciones.

“Suiza fue uno de los primeros países que recibió turismo organizado; de este modo, poetas, músicos y compositores realizaron viajes con regularidad a este país para dejarse influir por la naturaleza, las montañas y los paisajes, pero también por la interesante experiencia de sus cantantes”.

Luego, en los albores de la era de la grabación musical, en la década de 1920, muchos grupos de yodel de inmigrantes suizos en los Estados Unidos comenzaron a vender sus pistas. Entre los artistas más exitosos se encontraba Fritz Zimmermann, que evocaba imágenes de la patria suiza en sus canciones - a pesar de que vivía en la 239 West y la Calle 76 de la ciudad de Nueva York", como describe el investigador de la música popular Christoph Wagner, en un documento sobre el tema..

De vanguardia

Unos 40 años más tarde, Shelley Hirsch se encontró con grabaciones del yodel tradicional y trató de imitarlos en el patio del edificio donde vivía, en Brooklyn. Según Plantenga, esas "hermosas y a la vez extrañas y encantadoras voces exóticas " inspiraron a la joven judía que creció en la pobreza en Nueva York. Hirsch - junto con los artistas suizos Erika Stucky y Christine Lauterburg, entre muchos otros - se convirtió en parte de un movimiento "de vanguardia" de vocalistas fuertemente influenciados por el carácter experimental de esta expresión artística. Ellos se interesan en descubrir nuevos sonidos que puedan hacer emerger de su caja torácica, y muchas de las expresiones vocales extremas del yodel les atraen”, añade Plantenga.

Stucky, que creció en San Francisco, pero se mudó a su Suiza natal a la edad de nueve años, mezcló el canto vaquero americano y el alpino. Pero no le fue fácil marcar su sello en el escenario en ambos lados del Atlántico. La cantante considera que a veces es difícil para estos públicos comprender su trabajo musical, extravagante y bicontinental.

"Los estadounidenses tienden a reír, porque es divertido. Los suizos piensan que se trata algo así como vudú, como si llamase a los espíritus de los Alpes".

Tres escuelas de pensamiento

A pesar de haber recibido en marzo pasado una distinción del gobierno suizo destinada a los músicos innovadores, Stucky no ha sido hasta ahora invitada a participar en la Fiesta Federal del Yodel, una manifestación que se realiza cada tres años en algún punto del mapa helvético y la cita por excelencia de los seguidores de esta expresión artística, dentro y fuera de las fronteras suizas. En un festival como ese “probablemente yo sería mejor recibida como cantante extranjera y no como representante valesana”, comenta la propia intérprete.

La observación de Stucky denota esas fronteras perceptibles en las ramificaciones del yodel, que Plantega subdivide en tres: los tradicionalistas, representados por la Asociación Federal de Yodel (AFY) y precursora de la Fiesta Federal; los modernistas, difíciles de categorizar, como es el caso de Stucky; y los intérpretes del ‘yodel natural’. Estos últimos cantan con una voz gutural pero tienen menos oído y su estilo se asemeja mucho más al canto de los vaqueros estadounidenses. El suizo que mejor encarna esta tercera categoría, según Plantenga, es Bernhard Betschart. 

“La AFY estableció líneas directivas estrictas para definir y salvar el yodel suizo de la extinción, a inicios de siglo pasado, con reglas muy restrictivas y alejándose de las otras corrientes emergentes.

Los tradicionalistas quedaron consternados cuando una cantante de vanguardia, Christine Lauterburg, fue honrada como la nueva cara del yodel suizo, al aparecer en un timbre postal helvético. Con violín en mano, Lauterburg mezcla diversos estilos bajo la inspiración de los violinistas estadounidenses.

Pero poco a poco "las cosas han ido cambiando", opina Plantenga, quien concede que hayuna mayor aceptación entre las diversas corrientes. Baste decir, por ejemplo, que en su versión 2014, la Fiesta Federal del Yodel contó con la presencia, justamente, del Club de Yodel de New Glarus, junto con otros grupos procedentes de Latinoamérica y Asia.

Por su parte, Erika Stucky se mantiene siempre a la búsqueda de esas variaciones del yodel, para su propia inspiración. “Hace unas semanas estuve en una fiesta tradicional y en medio de sus exponentes hice una 'Alpsäge', una bendición para los valles alpinos”.


Traducción del inglés: Patricia Islas, swissinfo.ch



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